Portugal en tren, de las colinas de Lisboa a las playas del Algarve
Portugal es un país atlántico del extremo suroeste de Europa, pequeño y fácil de recorrer, que reúne en pocas horas de tren la Lisboa de las colinas y los tranvías, el Oporto del vino, los palacios de Sintra, la universidad de Coimbra y las playas del Algarve. Vale la pena por su historia marinera, su cocina y su trato cercano.
Por Florencia · Publicado el 30 de septiembre de 2026
Portugal, un país pequeño con mucho mar
Portugal ocupa la franja occidental de la península ibérica y comparte frontera terrestre con un solo país, España.
Todo lo demás es océano Atlántico, y esa relación con el mar explica buena parte de su carácter: los navegantes que salieron desde Lisboa en los siglos XV y XVI, la cocina basada en el bacalao y las sardinas, los faros de la costa y una manera de mirar hacia afuera que todavía se nota en sus ciudades.
Además del territorio continental, el país incluye dos archipiélagos atlánticos con estatuto de región autónoma: las Azores y Madeira.
Para quien viaja por primera vez, la gran ventaja de Portugal es la escala. Las distancias son cortas, las ciudades principales están bien conectadas por tren y autobús, y en una o dos semanas se puede combinar capital, norte vinícola, pueblos históricos y costa.
A eso se suma una hospitalidad que muchos viajeros destacan, una gastronomía abundante y un patrimonio que va de castillos medievales a azulejos barrocos y arquitectura contemporánea. Aquí tienes lo necesario para organizar el viaje y te lleva a las guías de cada ciudad.
Geografía y regiones
El relieve portugués cambia de norte a sur. El norte es verde, montañoso y lluvioso, con valles profundos como el del Duero, donde las viñas se escalonan en terrazas sobre las laderas.
El centro combina sierras, como la Serra da Estrela, que tiene el punto más alto del territorio continental, con llanuras agrícolas y el valle del Mondego. Al sur del río Tajo se abre el Alentejo, una región de horizontes amplios, alcornocales, olivares y pueblos blancos.
Y en el extremo sur, protegido del viento del norte por sus sierras, está el Algarve, con acantilados dorados y playas de aguas tranquilas.
Tres ríos ayudan a orientarse. El Duero desemboca en Oporto después de atravesar la región del vino que lleva el nombre de la ciudad. El Mondego pasa por Coimbra, en el corazón del país.
Y el Tajo, que nace en España, forma un amplio estuario frente a Lisboa antes de llegar al Atlántico.
Las regiones que más visitan los viajeros son el Norte con Oporto y el Duero, el Centro con Coimbra, el área de Lisboa con Sintra y la costa cercana, el Alentejo y el Algarve. Las Azores y Madeira, por su distancia, suelen merecer un viaje aparte.
Historia breve
Por estas tierras pasaron lusitanos, romanos, pueblos germánicos y, desde el siglo VIII, los musulmanes, que dejaron su huella en la toponimia, en la agricultura y en el trazado de barrios como la Alfama de Lisboa.
El reino de Portugal nació en el siglo XII con Afonso Henriques, su primer rey, y a mediados del siglo XIII la conquista del Algarve fijó unas fronteras que casi no cambiaron desde entonces, lo que convierte a Portugal en uno de los estados con límites más estables de Europa. Coimbra fue capital del reino en sus primeros tiempos.
Los siglos XV y XVI fueron la Era de los Descubrimientos. Impulsados por el infante Enrique el Navegante, los marinos portugueses exploraron la costa africana, Vasco da Gama llegó a la India por mar en 1498 y Pedro Álvares Cabral alcanzó Brasil en 1500.
La riqueza de esas rutas se tradujo en el estilo manuelino, que decora monumentos como el Monasterio de los Jerónimos. En 1755 un terremoto seguido de un maremoto e incendios arrasó Lisboa, y la capital se reconstruyó con un plan racional impulsado por el marqués de Pombal.
El siglo XX trajo el fin de la monarquía en 1910, la larga dictadura del Estado Novo y la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, que devolvió la democracia sin apenas violencia y abrió el camino a la independencia de las colonias africanas.
Portugal entró en la entonces Comunidad Económica Europea en 1986 y hoy forma parte de la Unión Europea y de la zona euro. Muchas de las calles y plazas del país llevan fechas y nombres de estos episodios, y conocerlos ayuda a entender lo que vas a ver.
Cuándo ir a Portugal
La primavera, de abril a junio, y el comienzo del otoño, en septiembre y octubre, son las épocas más cómodas para recorrer el país: temperaturas suaves, días largos y menos aglomeraciones que en pleno verano.
Julio y agosto son la temporada alta, sobre todo en el Algarve, cuando las playas se llenan y el calor aprieta en el interior, especialmente en el Alentejo y en el valle del Duero.
En junio las fiestas populares de los santos llenan de música y olor a sardinas asadas los barrios de Lisboa y Oporto.
El invierno es suave en la costa y lluvioso en el norte, con menos visitantes y un ambiente más local en las ciudades.
Es buena época para museos, cafés y paseos urbanos, aunque conviene llevar ropa de lluvia si vas a Oporto o a Sintra, que tiene un microclima húmedo y a menudo nublado incluso cuando Lisboa está despejada.
Si tu idea es combinar ciudad y playa, septiembre suele ser un buen equilibrio: el mar todavía está agradable en el sur y las ciudades recuperan el ritmo después de agosto.
Cómo moverse entre ciudades
La mayoría de los viajeros llega en avión a Lisboa, Oporto o Faro, los principales aeropuertos del territorio continental.
Entre ciudades, el tren es cómodo y funciona bien en el eje principal: la compañía pública Comboios de Portugal une Lisboa, Coimbra y Oporto con servicios rápidos, y también hay conexiones hacia el Algarve. Sintra se alcanza con tren de cercanías desde Lisboa.
Los autobuses de larga distancia cubren muchas rutas que el tren no toca y son una buena opción para pueblos y ciudades medianas.
Alquilar un coche tiene sentido si quieres recorrer el valle del Duero, el Alentejo o la costa del Algarve con libertad.
Las carreteras están en buen estado, pero algunas autopistas cobran el peaje de forma electrónica, sin cabinas, así que conviene preguntar a la empresa de alquiler cómo se gestiona antes de salir.
Dentro de Lisboa y Oporto el coche es más un estorbo que una ayuda: las calles son estrechas y empinadas, aparcar cuesta y el transporte público, con metro, tranvías, autobuses y ferris, resuelve casi todos los trayectos.
Lisboa, la capital de las siete colinas
Lisboa se asoma al estuario del Tajo desde sus colinas, con miradores que se abren a tejados rojos y al río.
El barrio de Alfama, de callejuelas que sobrevivieron al terremoto de 1755, sube hasta el Castelo de São Jorge; abajo, la Baixa reconstruida por Pombal desemboca en la gran Praça do Comércio, abierta al agua.
El Chiado y el Bairro Alto concentran librerías, cafés históricos y vida nocturna, y el fado suena por las noches en las tabernas de los barrios antiguos.
A unos kilómetros del centro, Belém guarda el legado de los navegantes: el Mosteiro dos Jerónimos, donde descansa Vasco da Gama, la Torre de Belém y el monumental Padrão dos Descobrimentos. Hacia el este, la zona de la Expo 98 muestra la cara moderna de la ciudad con el Oceanário de Lisboa. Para organizar tu estancia, la guía de Lisboa reúne barrios, monumentos y consejos.
Oporto y el valle del Duero
Oporto es la segunda ciudad del país y tiene una personalidad propia, más granítica y sobria que la de Lisboa.
Su casco antiguo baja en cascada hasta la Ribeira, a orillas del Duero, frente a las bodegas de vino de Oporto de Vila Nova de Gaia, donde se envejece el vino que dio fama internacional a la ciudad.
El Ponte Dom Luís I, de hierro y con dos tableros, une ambas orillas y ofrece una de las mejores vistas del conjunto.
En la parte alta aparecen la Torre dos Clérigos, obra barroca de Nicolau Nasoni, la Livraria Lello, con su escalera de madera, y la Sé do Porto, la catedral con aspecto de fortaleza.
Desde Oporto se organiza la visita al Alto Duero, la región vinícola de terrazas junto al río, declarada Patrimonio de la Humanidad, que se puede recorrer en tren, en coche o en barco.
Sintra, los palacios de la sierra
A poca distancia de Lisboa, Sintra es la excursión de un día más popular del país y un paisaje cultural Patrimonio de la Humanidad.
En su sierra boscosa, envuelta a menudo en niebla, se reparten el colorido Palácio da Pena, emblema del romanticismo, la enigmática Quinta da Regaleira con su pozo iniciático, el Castelo dos Mouros sobre las rocas y el Palácio Nacional de Sintra, reconocible por sus enormes chimeneas cónicas.
Conviene madrugar, porque los palacios más famosos concentran muchos visitantes, y elegir dos o tres en lugar de intentar verlos todos en un día.
Si te queda tiempo, el Cabo da Roca, el punto más occidental de la Europa continental, está a un trayecto corto por la sierra y ofrece altos acantilados sobre el Atlántico.
Coimbra, la ciudad universitaria
Coimbra fue capital del reino en sus primeros tiempos y conserva la universidad más antigua del país, fundada en 1290. La Universidade de Coimbra ocupa lo alto de la colina, y dentro de su antiguo palacio real está la Biblioteca Joanina, una joya barroca de maderas doradas.
En la ciudad baja, el Mosteiro de Santa Cruz guarda los sepulcros de los primeros reyes, y la Sé Velha es una de las catedrales románicas mejor conservadas de Portugal.
Coimbra tiene su propio fado, cantado tradicionalmente por hombres vestidos con la capa académica, y un ambiente estudiantil que se nota en sus calles empinadas. Al otro lado del Mondego, la Quinta das Lágrimas evoca la historia de amor de Pedro e Inês.
Por su ubicación a medio camino entre Lisboa y Oporto, es una parada natural en el viaje por el eje principal del país.
Faro y el Algarve
Faro es la capital del Algarve y su principal puerta de entrada por avión.
Su Cidade Velha, rodeada de murallas, guarda la catedral y calles tranquilas, y la ciudad se abre a la Ria Formosa, un parque natural de islas, canales y marismas donde se observan aves y se llega en barco a playas como la de la Ilha Deserta.
Hacia el oeste, la costa se vuelve de acantilados ocres, con rincones como la Praia da Marinha, las cuevas de Benagil, que se visitan desde el mar, y la Ponta da Piedade, junto a Lagos.
Hacia el este, Tavira conserva un aire más pausado, con su puente antiguo y sus tejados. El Algarve es ideal para combinar playa con pueblos, y fuera de julio y agosto resulta mucho más tranquilo.
Cultura, costumbres y gastronomía
El fado, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial, es la música que mejor expresa la saudade, esa mezcla de nostalgia y añoranza que los portugueses consideran parte de su identidad. Los azulejos cubren fachadas, iglesias y estaciones de tren, y son otra seña reconocible del país.
En el trato, los portugueses suelen ser amables y algo reservados al principio; un saludo en portugués se agradece, y aunque muchos entienden el español, conviene no dar por hecho que prefieren hablarlo. Las comidas se hacen sin prisa y el café es casi un ritual.
En la mesa manda el bacalao, del que se dice que hay una receta distinta para cada día del año, junto con las sardinas asadas, el pulpo, los arroces de marisco y la cataplana del Algarve.
En Oporto se come la francesinha, un contundente sándwich gratinado con salsa, y en la zona de Coimbra es famoso el cochinillo asado de la Bairrada. El pastel de nata, un pequeño hojaldre relleno de crema, se encuentra en todas partes.
Para beber, además del vino de Oporto, destacan el vinho verde del Minho, los tintos del Duero y del Alentejo y la ginjinha, un licor de guindas típico de Lisboa.
Requisitos de entrada
Portugal forma parte del espacio Schengen, así que las condiciones de entrada son las comunes a ese espacio.
Los ciudadanos de la Unión Europea pueden entrar con su documento de identidad, y los de muchos países de América Latina no necesitan visado para estancias turísticas cortas, aunque las normas dependen de la nacionalidad y pueden cambiar.
La Unión Europea está poniendo en marcha nuevos sistemas de registro y autorización de viaje para visitantes de fuera del bloque. Antes de reservar, consulta los requisitos actualizados en la web oficial del Gobierno de Portugal o en el consulado portugués de tu país.
Itinerario sugerido de diez días
Un primer viaje de unos diez días puede recorrer el país de norte a sur siguiendo el tren. Si llegas a Oporto, dedica tres días a la ciudad y a una excursión al valle del Duero.
Luego baja a Coimbra para pasar una noche y ver la universidad y la ciudad antigua. Sigue hacia Lisboa, donde tres días permiten ver Alfama, la Baixa, el Chiado y Belém, y reserva otro día para Sintra y el Cabo da Roca.
Termina con dos o tres días en el Algarve, con base en Faro, Lagos o Tavira.
Días 1 a 3: Oporto y excursión al valle del Duero.
Día 4: Coimbra, la universidad y la Sé Velha.
Días 5 a 7: Lisboa, con Alfama, Baixa, Chiado y Belém.
Día 8: Sintra y el Cabo da Roca.
Días 9 y 10: Faro y la costa del Algarve.
Si tienes menos tiempo, lo más práctico es elegir un eje: Lisboa y Sintra en cuatro o cinco días, o Lisboa y Oporto con parada en Coimbra en una semana.
Con más días, el Alentejo, con ciudades como Évora, y las islas de Madeira o las Azores son extensiones muy recomendables, aunque las islas requieren un vuelo interno.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días hacen falta para conocer Portugal?
Con una semana puedes ver bien Lisboa, Sintra y Oporto, o Lisboa con una escapada al Algarve. Para recorrer el eje de Oporto a Faro pasando por Coimbra, Lisboa y Sintra sin correr, lo ideal son unos diez días.
Las Azores y Madeira merecen un viaje propio o, al menos, varios días adicionales por el tiempo que llevan los traslados.
¿Es mejor empezar el viaje por Lisboa o por Oporto?
Da igual el orden: lo importante es no volver sobre tus pasos. Si encuentras un vuelo de llegada a Oporto y de salida desde Lisboa o Faro, o al revés, podrás recorrer el país en una sola dirección siguiendo el tren y ahorrarás tiempo. Coimbra queda justo en medio y es una buena parada intermedia.
¿Se puede viajar por Portugal sin coche?
Sí. Las ciudades principales están unidas por tren y autobús, y dentro de Lisboa y Oporto el transporte público funciona bien.
El coche sólo resulta realmente útil para zonas rurales como el valle del Duero, el interior del Alentejo o para saltar de playa en playa por el Algarve con libertad.
¿Qué moneda se usa en Portugal?
El euro. Las tarjetas se aceptan en la mayoría de los comercios de las ciudades, aunque en tascas pequeñas, mercados y pueblos conviene llevar algo de efectivo. Los cajeros automáticos son fáciles de encontrar.
¿Hace falta hablar portugués?
No hace falta. En las zonas turísticas mucha gente habla inglés y bastantes personas entienden el español. Aprender unas pocas palabras, como obrigado u obrigada para dar las gracias y bom dia para saludar, es un gesto que se agradece y facilita el trato.





