Dos chimeneas de 33 metros marcan el Palácio Nacional de Sintra
El Palácio Nacional de Sintra, una de las residencias reales medievales mejor conservadas de Portugal, combina elementos mudéjares, góticos, manuelinos y renacentistas, resultado de sucesivas ampliaciones desde su origen árabe. Sus dos enormes chimeneas cónicas, de casi 33 metros de altura y visibles desde casi cualquier punto de la villa, se elevan desde las cocinas del palacio, y se convirtieron en el símbolo visual de Sintra.
Por Florencia
- Ubicación
- Centro histórico de Sintra
- Origen
- Palacio árabe, renovado desde el siglo XV
- Chimeneas
- Casi 33 metros de altura, símbolo de Sintra
- Reconocimiento
- Patrimonio de la Humanidad UNESCO
El Palácio Nacional de Sintra es la residencia real más antigua de Sintra.

De palacio árabe a residencia real portuguesa
El palacio tuvo origen en un edificio de estilo árabe, renovado a partir del siglo XV bajo un estilo manuelino que se fue superponiendo a lo largo de los siglos a construcciones y ampliaciones anteriores.
Durante el reinado de Manuel I, entre 1495 y 1521, distintas campañas de renovación enriquecieron el palacio con elementos decorativos manuelinos y revestimientos de azulejos mudéjares, entre ellos la célebre Sala de los Moros (Sala Moura), con azulejos de inspiración hispanomorisca.
Las chimeneas que se ven desde toda la villa
El palacio se distingue especialmente por sus dos enormes chimeneas cónicas, visibles prácticamente desde cualquier punto de Sintra, que se elevan casi 33 metros desde las cocinas del palacio. Su estilo cónico de inspiración morisca y su color blanco convirtieron a estas chimeneas en el símbolo visual por excelencia de la villa, y el conjunto del palacio forma parte del paisaje cultural de Sintra reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Siglos de vida en la corte
A diferencia de otros palacios de Sintra, que nacieron del capricho romántico del siglo XIX, este fue una residencia real en uso durante siglos.
Los reyes de Portugal lo utilizaban sobre todo como refugio de verano y como base para las cacerías en la sierra, y cada monarca fue añadiendo salas, patios y decoración según los gustos de su tiempo.
Por eso el edificio no responde a un plano único, sino a una suma de ampliaciones que se entienden mejor recorriéndolas.
Las dos grandes etapas de transformación fueron las de Juan I, a comienzos del siglo XV, y la de Manuel I, un siglo después.
Manuel I, enriquecido por el comercio con Oriente, quiso dar al palacio un aire más fastuoso y lo llenó de azulejos traídos de Sevilla, que hoy forman uno de los conjuntos de azulejería mudéjar más importantes de Portugal. La caída de la monarquía, en 1910, puso fin a su papel como residencia real.
El palacio también fue escenario de episodios menos amables.
El rey Alfonso VI, apartado del poder por su hermano Pedro, pasó sus últimos años confinado en una de sus habitaciones, y todavía hoy se muestra el cuarto donde vivió recluido, con el suelo de baldosas que, según la tradición, quedó gastado por sus pasos de un lado a otro.
Las salas principales del recorrido
La visita sigue un itinerario marcado por las salas más destacadas. Además de la Sala de los Moros, que ya mencionamos, estas son las que no te conviene pasar por alto:
Sala de los Cisnes: el gran salón de ceremonias, con un techo artesonado en el que cada casetón muestra un cisne pintado con una corona dorada al cuello.
Sala de las Urracas: su techo está cubierto de urracas que sostienen en el pico una rosa y la divisa Por bem.
Sala de los Blasones: una cúpula dorada con los escudos de armas de la familia real y de las principales casas nobles del reino.
Capilla palatina: con un techo de influencia mudéjar y un suelo de azulejos de gran antigüedad.
Cocinas: el espacio que está justo debajo de las dos chimeneas cónicas, donde entiendes por fin su tamaño desde dentro.
La Sala de los Blasones es, para muchos visitantes, el punto culminante. Fue un encargo de Manuel I para afirmar su autoridad sobre la nobleza, y reúne en la cúpula los escudos de las familias más poderosas del momento, ordenados en torno a las armas reales.
Las paredes están revestidas con paneles de azulejo azul y blanco muy posteriores, con escenas de caza y de la vida en el campo.
Entre sala y sala vas a pasar por patios interiores con fuentes, galerías abiertas y pequeños rincones como la gruta de los baños, un espacio pensado para refrescarse en los días de calor.
Esos pasos intermedios, con vistas a los tejados y a la sierra, ayudan a entender cómo se vivía en un palacio de verano.
Leyendas y detalles poco conocidos
La Sala de las Urracas tiene una de las leyendas más conocidas de Sintra.
Se cuenta que la reina sorprendió al rey Juan I besando a una de sus damas, y que él, para zanjar los rumores de la corte, respondió que lo había hecho por bem, es decir, con buena intención.
Luego mandó pintar el techo con tantas urracas como damas había en palacio, una forma burlona de representar a las parlanchinas de la corte.
El techo de la Sala de los Cisnes también tiene su historia: una tradición lo relaciona con la boda de una hija de Juan I con el duque de Borgoña, en cuya corte el cisne tenía un valor simbólico.
Fíjate, además, en que cada cisne está en una postura diferente. Son esos detalles, más que el tamaño de las salas, los que hacen de este palacio una visita tan agradable para quien disfruta observando.
Consejos para organizar la visita
El palacio está en pleno centro histórico, junto a la plaza principal de la villa, así que es la visita más fácil de encajar en cualquier plan: no hace falta subir la sierra ni tomar transporte adicional. Para recorrerlo con calma calcula entre una hora y una hora y media.
Conviene consultar horarios y precios en la web oficial de Parques de Sintra, que gestiona el monumento, y valorar las entradas combinadas si piensas ver otros palacios.
Sintra recibe muchísimos visitantes, sobre todo en verano y los fines de semana. Te conviene entrar a primera hora, antes de que lleguen las excursiones de un día desde Lisboa, o bien dejarlo para la tarde, cuando los grupos ya se han ido hacia los palacios de la montaña.
Como es un monumento interior, también es una buena opción para un día de lluvia o niebla, algo bastante habitual en la sierra.
Si llegas en tren desde Lisboa, el paseo desde la estación hasta el palacio es corto y agradable. Evita llegar en coche al centro en temporada alta: las calles son estrechas y aparcar es complicado.
Lleva calzado cómodo, porque aunque el palacio no presenta grandes desniveles, casi seguro vas a combinarlo con otros lugares con cuestas y escaleras.
Qué ver cerca del palacio
Desde la plaza del palacio salen las calles empedradas del centro histórico, llenas de tiendas y pastelerías donde probar los dulces típicos de la villa, como las queijadas y los travesseiros.
A poca distancia a pie está la Quinta da Regaleira, con su jardín simbólico y su célebre pozo iniciático, una visita que encaja muy bien a continuación.
Por encima de la villa se alzan el Castelo dos Mouros, con sus murallas sobre las rocas de la sierra, y el Palacio da Pena, con su mezcla de colores y estilos.
Un poco más lejos, en dirección a la costa, está el Palacio de Monserrate, rodeado de un jardín botánico con plantas de todo el mundo. Con dos días en Sintra puedes ver lo principal sin prisas.





