
Europa
El continente donde un fin de semana alcanza para cruzar de la niebla escocesa al sol mediterráneo. Historia a pie de calle, trenes puntuales y una cocina distinta cada pocos cientos de kilómetros: la puerta de entrada clásica para cualquiera que empieza a viajar por su cuenta.

Albania
Albania es un país balcánico sobre el Adriático y el Jónico, con costas de arena y acantilados, montañas del norte con tradición de sangre y hospitalidad, y una capital, Tirana, que pasó de la dictadura comunista de Enver Hoxha a ser una de las ciudades más animadas y económicas de Europa.

Escocia
Escocia es la nación de las Highlands, los lagos (lochs) y el whisky: una historia de reyes guerreros y clanes que resistió siglos de invasiones inglesas antes de unirse voluntariamente al Reino Unido en 1707, y que hoy conserva su propio parlamento, su propia moneda impresa y una identidad cultural inconfundible.

España
España combina playas mediterráneas y atlánticas, un patrimonio histórico que va de la Alhambra nazarí a la Sagrada Familia modernista, y una cultura gastronómica y social construida alrededor de la sobremesa y el tapeo. De Madrid a Barcelona, de Sevilla a San Sebastián, es el país más visitado de Europa por turistas de habla hispana.

Francia
Francia, el país más visitado del mundo, combina el patrimonio artístico y monumental de París con la Costa Azul mediterránea, los viñedos de Burdeos y la capital gastronómica de Lyon. Cuna del Louvre, la Torre Eiffel y la revolución de 1789, sigue siendo el destino de referencia obligada de Europa.

Inglaterra
Inglaterra es la mayor de las cuatro naciones del Reino Unido: de Londres a los pueblos de piedra dorada de los Cotswolds, combina la vida de una capital global con paisajes rurales, universidades milenarias y una costa que nunca queda demasiado lejos.

Italia
Italia es la bota del sur de Europa: veinte regiones que van de los Alpes al Mediterráneo, cuna del Imperio Romano y del Renacimiento, con más sitios declarados Patrimonio de la Humanidad que ningún otro país del mundo.

Portugal
Portugal combina la Lisboa de los siete cerros y los tranvías amarillos con el Oporto del vino y el Duero, los palacios de cuento de Sintra, las playas del Algarve y la ciudad universitaria de Coimbra. País marítimo por excelencia desde la Era de los Descubrimientos, sigue siendo uno de los destinos más queridos de Europa por su hospitalidad y su gastronomía.

Bélgica
Bélgica, cruce de caminos entre la cultura latina y la germánica, condensa en un territorio pequeño la Grand-Place de Bruselas, los canales medievales de Brujas, el retablo de Van Eyck en Gante, el Rubens de Amberes y una tradición cervecera e infraestructura europea sin comparación.

Bulgaria
Bulgaria cautiva por la monumental Catedral Alexander Nevsky en Sofía, el legado romano y renacentista de Plovdiv, las fortalezas medievales de Veliko Tarnovo, el sagrado Monasterio de Rila entre cumbres alpinas y las doradas costas del Mar Negro en Varna y Burgas.

Noruega
Noruega deslumbra por sus colosales fiordos glaciares como el Geirangerfjord y el Nærøyfjord, las cumbres alpinas de las islas Lofoten, la vanguardista arquitectura de Oslo, los muelles hanseáticos de Bergen y la magia de las auroras boreales y el sol de medianoche en el Círculo Polar Ártico.
Qué hace única a Europa para viajar
Europa concentra en un territorio relativamente pequeño una cantidad enorme de países, lenguas y tradiciones. En pocas horas de tren se pasa de ciudades medievales amuralladas a capitales modernas, de la costa mediterránea a montañas alpinas, y cada frontera trae consigo una cocina y un ritmo de vida distintos. Esa densidad es lo que permite armar un viaje de dos o tres semanas con varios países sin pasar la mitad del tiempo en traslados.
La otra gran ventaja es la historia visible a cada paso. Ruinas romanas, catedrales góticas, palacios renacentistas y barrios que recuerdan las guerras del siglo veinte están en el centro de las ciudades, no en lugares remotos. Buena parte de lo esencial se descubre caminando, y los museos europeos guardan algunas de las colecciones de arte más importantes del mundo. A eso se suma una red de transporte público muy desarrollada que hace posible viajar sin auto casi en cualquier parte.
Las grandes regiones de Europa
La Europa occidental reúne a Francia, Bélgica, los Países Bajos y las islas británicas: ciudades grandes, muy buena conexión en tren y un costo de viaje en general alto. El sur mediterráneo, con España, Portugal, Italia y Grecia, ofrece clima más cálido, vida en la calle hasta tarde y una gastronomía que por sí sola justifica el viaje. Es la región más visitada en verano y la que más cambia entre temporada alta y baja.
El norte escandinavo, con Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia, se define por la naturaleza: fiordos, lagos, bosques y, en invierno, auroras boreales. Es una de las zonas más caras del continente. Europa central y del este, junto con los Balcanes, completan el mapa con ciudades de arquitectura imperial, montañas poco concurridas y costas sobre el Adriático y el mar Negro. Es la región donde el presupuesto rinde más y donde todavía se encuentran destinos con pocos turistas fuera de las capitales.
Los países de Europa en esta guía
España
España combina capitales con mucha vida, como Madrid y Barcelona, con el sur andaluz de Sevilla y Granada, donde se levanta la Alhambra. El norte cambia por completo el paisaje: costa verde, montañas y una cocina que en San Sebastián tiene en los pintxos su expresión más conocida. Las islas Baleares y Canarias suman opciones de playa durante buena parte del año.
Portugal
Portugal es uno de los países más fáciles de recorrer del continente por su tamaño y sus buenas conexiones. Lisboa y Oporto son el eje de casi cualquier viaje, con sus barrios en pendiente, sus tranvías y sus azulejos. Desde la capital se visita Sintra, con sus palacios entre bosques, y hacia el sur el Algarve ofrece acantilados y playas. Coimbra, con su universidad histórica, y el valle del Duero completan el recorrido clásico.
Francia
Francia es uno de los países más visitados del mundo y tiene de todo: París con sus museos y bulevares, los castillos del valle del Loira, las playas de Normandía, los campos de lavanda de la Provenza y la Costa Azul alrededor de Niza. Lyon tiene fama de capital gastronómica y Burdeos es la puerta de una de las regiones vinícolas más conocidas. El tren de alta velocidad une buena parte de estos destinos.
Italia
Italia es uno de los países con más sitios declarados Patrimonio de la Humanidad. Roma, Florencia y Venecia forman el triángulo clásico de un primer viaje, pero el país ofrece mucho más: Nápoles y la costa de Amalfi, Sicilia, los lagos del norte cerca de Milán y los Dolomitas. La comida cambia de región en región, y comer bien es parte central de cualquier recorrido.
Inglaterra
Inglaterra gira en torno a Londres, una de las grandes capitales culturales del mundo, con museos de primer nivel, mercados y barrios muy distintos entre sí. Fuera de la capital valen el viaje las ciudades universitarias de Oxford y Cambridge, la arquitectura georgiana de Bath, las murallas de York y el legado musical de Liverpool. Los trenes conectan casi todo el país desde Londres en pocas horas.
Escocia
Escocia es sinónimo de castillos, lagos y paisajes de montaña. Edimburgo, con su ciudad vieja y su castillo sobre una roca volcánica, es la entrada habitual, y Glasgow aporta una vida cultural más contemporánea. Hacia el norte, Inverness funciona como base para las Tierras Altas, el lago Ness y la isla de Skye. El clima cambia muchas veces en un mismo día, así que conviene llevar ropa para todo.
Bélgica
Bélgica es pequeña y se recorre muy bien en tren, con trayectos cortos entre ciudades. Bruselas reúne la Grand-Place, el cómic y las instituciones europeas, mientras que Brujas y Gante conservan centros medievales con canales que están entre los más bonitos del continente. Amberes suma moda, diamantes y la herencia de Rubens. Chocolate, gofres y una tradición cervecera muy variada completan la experiencia.
Noruega
Noruega es el país de los fiordos, y Bergen es la puerta más habitual para recorrerlos por carretera, tren o barco. Oslo combina museos, arquitectura moderna y naturaleza a pocos minutos del centro. En el norte, Tromsø es uno de los lugares más buscados para ver auroras boreales en invierno, y en verano la región vive el sol de medianoche. Es uno de los destinos más caros de Europa, algo a tener en cuenta al planificar.
Albania
Albania estuvo muchas décadas cerrada al exterior y hoy es uno de los destinos que más crece en los Balcanes. Tirana es una capital colorida y cambiante, y el país guarda ciudades históricas como Berat y Gjirokastër, protegidas por la UNESCO. La costa del sur, desde Vlorë hacia abajo, tiene aguas muy claras, y en el norte Shkodër es la base para los Alpes albaneses. Suele resultar bastante más económica que Europa occidental.
Bulgaria
Bulgaria mezcla herencia tracia, romana, otomana y soviética en un mismo recorrido. Sofía es una capital accesible y con mucha historia bajo sus calles, y desde allí se visita el monasterio de Rila. Plovdiv, considerada una de las ciudades habitadas más antiguas de Europa, y Veliko Tarnovo, antigua capital medieval, son paradas clave. En verano, la costa del mar Negro alrededor de Varna y Burgas concentra el turismo de playa.
Cuándo ir a Europa
La primavera y el otoño son, para la mayoría de los destinos, las mejores épocas: temperaturas agradables, menos gente que en verano y alojamiento más fácil de conseguir. El verano es temporada alta en todo el continente, con días larguísimos en el norte y calor intenso en el sur, sobre todo en el interior de España, Italia y los Balcanes. Es ideal para las playas y para Escandinavia, pero exige reservar con mucha anticipación.
El invierno tiene su propio atractivo: los mercados navideños de Europa central, las estaciones de esquí de los Alpes y las auroras boreales del norte de Noruega. Las ciudades del sur mantienen un clima templado y reciben menos visitantes, y muchos museos y monumentos se disfrutan con más calma. Conviene tener en cuenta que los días son cortos en el norte y que algunas atracciones de montaña o de costa reducen su actividad fuera de temporada.
Cómo moverse por Europa
El tren es la forma más cómoda de viajar entre muchas ciudades europeas: las líneas de alta velocidad conectan centro con centro y evitan los traslados a los aeropuertos. Existen pases de tren para varios países que pueden convenir en viajes largos, aunque conviene comparar con los billetes sueltos comprados con antelación. En trayectos largos, como entre el sur y el norte del continente, las aerolíneas de bajo costo suelen ser la alternativa más rápida.
Los autobuses de larga distancia son la opción más económica y cubren rutas que el tren no alcanza, sobre todo en los Balcanes. Los ferris unen islas y costas en el Mediterráneo, el Adriático y el mar del Norte. Alquilar un auto tiene sentido para zonas rurales como la Toscana, las Tierras Altas de Escocia o los fiordos noruegos, pero en las grandes ciudades el transporte público es casi siempre más práctico que manejar.
Consejos para planificar un viaje por Europa
Muchos países europeos forman parte del espacio Schengen, donde no hay controles de frontera entre países miembros, pero el Reino Unido y algunos países de los Balcanes tienen sus propias reglas de entrada. Antes de viajar conviene revisar en la web oficial de la Unión Europea y en la de cada país qué documentos y autorizaciones se piden según la nacionalidad, sobre todo si el itinerario combina países dentro y fuera de Schengen.
Es mejor elegir pocas ciudades y dedicarles tiempo que intentar ver una capital por día. Un buen punto de partida es agrupar países vecinos, como España y Portugal, o Bélgica con Francia e Inglaterra, y reservar con anticipación los trenes y los monumentos más solicitados. Los precios varían mucho entre el oeste y el este del continente, así que mezclar destinos caros con otros más económicos ayuda a equilibrar el presupuesto sin renunciar a nada esencial.