
África
Un continente inmenso donde un safari en sabana abierta, un desierto de dunas rojas y una isla con especies que no existen en ningún otro lugar del planeta pueden estar a pocas horas de vuelo entre sí. Naturaleza a una escala que en otros continentes ya no existe.

Marruecos
Marruecos cautiva con su fascinante mezcla de medinas milenarias, zocos de especias, palacios andalusíes, kasbahs de adobe en el Atlas y las dunas doradas del Sáhara, coronado por una hospitalidad legendaria y una de las gastronomías más ricas del Mediterráneo y el mundo árabe.

Botsuana
Botsuana es la cúspide del ecoturismo salvaje de bajo impacto en África. Tierra bendecida por el laberinto acuático del Delta del Okavango, las masivas concentraciones de elefantes del río Chobe y los leones de melena negra del Kalahari, ofrece una experiencia de safari exclusiva y virgen.

Egipto
Egipto, cuna de una de las civilizaciones más fascinantes y longevas de la humanidad, deslumbra con las milenarias Pirámides de Guiza, los majestuosos templos faraónicos del Nilo en Lúxor y Asuán, el encanto mediterráneo de Alejandría y los arrecifes de coral de categoría mundial en el Mar Rojo.

Etiopía
Cuna de la humanidad y una de las naciones más antiguas del planeta, Etiopía fascina por su patrimonio espiritual milenario, sus sobrecogedores relieves geológicos y su irreductible independencia histórica. Desde los fósiles de los primeros homínidos en el valle del Awash y las once iglesias monolíticas excavadas en roca de Lalibela, hasta las ciudadelas y castillos medievales de Gondar, los abismos vertiginosos de las montañas Simien y los paisajes psicodélicos de lava y azufre en la depresión de Danakil, el país brinda una inmersión etnográfica, natural y mística única en el Cuerno de África.

Kenia
Kenia es la cuna del safari africano y uno de los destinos de vida salvaje más apasionantes del planeta. Desde las llanuras infinitas de Masai Mara donde millones de ñus y cebras cruzan el río Mara, hasta las manadas de elefantes de Amboseli bajo la sombra del Kilimanjaro y el ritmo cosmopolita de Nairobi.

Madagascar
Madagascar es un microcontinente aislado en el océano Índico donde más del 80% de las especies de flora y fauna son endémicas. Desde los baobabs milenarios de Morondava hasta los laberintos de piedra de los Tsingy de Bemaraha, el canto del lémur Indri en las selvas de Andasibe y las aguas coralinas de Nosy Be, constituye un santuario de biodiversidad irrepetible en la Tierra.

Namibia
Namibia es la meca del viaje de aventura en África Austral. Un país de horizontes infinitos donde las dunas de arena roja más altas del planeta en Sossusvlei se funden con las acacias petrificadas de Deadvlei, los safaris de bajo impacto y balsas iluminadas en el Parque Nacional Etosha, la costa brumosa de Swakopmund y los paisajes lunares de Damaraland.

Ruanda
Conocida como 'La Tierra de las Mil Colinas', Ruanda es uno de los destinos ecoturísticos y de conservación más admirados y vanguardistas del planeta. Célebre por el legendario santuario de gorilas de montaña en los volcanes Virunga, su capital limpia y reconciliada (Kigali), la selva milenaria de Nyungwe con su canopy walk suspendido a 70 metros, la serenidad esmeralda del lago Kivu y la restauración triunfal de los Cinco Grandes en las sabanas y humedales de Akagera, el país ofrece una experiencia de viaje íntima, sostenible y profundamente transformadora.

Sudáfrica
Sudáfrica, la célebre 'Nación del Arcoíris', deslumbra por su inabarcable diversidad: la silueta mítica de Table Mountain en Ciudad del Cabo, los safaris de los 'Cinco Grandes' en el Parque Kruger, la vibrante historia de reconciliación en Johannesburgo, las cálidas playas del Índico en Durban y los señoriales valles vinícolas de Stellenbosch.

Tanzania
Tanzania es la joya indiscutible de la naturaleza salvaje africana. Hogar de las infinitas llanuras del Serengeti donde late la Gran Migración, la colosal caldera del Cráter del Ngorongoro, las cumbres nevadas del Monte Kilimanjaro y las idílicas playas de arena blanca y aguas turquesas del archipiélago suajili de Zanzíbar.

Túnez
Encrucijada histórica del Mediterráneo donde confluyen civilizaciones bereberes, fenicias, romanas, árabes y andalusíes, Túnez cautiva por su fascinante dualidad entre el mar turquesa y el Gran Desierto del Sáhara. Desde los vestigios inmortales de la Cartago de Aníbal y los mosaicos sin par del Museo del Bardo, hasta el colosal anfiteatro romano de El Jem, los oasis de palmeras datileras en Tozeur y la enigmática isla de Djerba, el país ofrece un viaje cultural denso, acogedor y accesible en el umbral septentrional de África.

Uganda
Bautizada por Winston Churchill como 'La Perla de África', Uganda es un crisol de biodiversidad donde convergen las sabanas del este de África y las selvas húmedas de la cuenca del Congo. Santuario supremo de los gorilas de montaña en Bwindi y de los chimpancés en Kibale, alberga además la fuerza titánica del Nilo en Murchison Falls, los leones trepadores de árboles en Queen Elizabeth y las aguas del lago Victoria.

Zimbabue
Tierra de maravillas geológicas descomunales, reinos medievales de piedra y una de las faunas salvajes más densas del planeta, Zimbabue seduce al viajero por su naturaleza indómita y la proverbial hospitalidad de sus pueblos shona y sindebele. Desde el estruendo sobrecogedor del río Zambeze precipitado en las Cataratas Victoria —el humo que truena (Mosi-oa-Tunya)— hasta las llanuras atestadas de elefantes del Parque Nacional Hwange, las caminatas a pie entre faunística pura en Mana Pools y los enigmas arquitectónicos ciclópeos del Gran Zimbabue, el país personifica la esencia más genuina, noble y aventurera del África austral.
Qué hace único un viaje por África
África es el segundo continente más grande del planeta y tiene más de cincuenta países, así que cualquier intento de resumirlo se queda corto. Lo que más atrae a quien viaja por primera vez es la fauna: en pocos lugares del mundo puedes ver leones, elefantes, jirafas o rinocerontes viviendo en libertad en ecosistemas enteros, sin vallas a la vista. Pero el continente es mucho más que un safari. También tiene medinas medievales, templos faraónicos, iglesias excavadas en la roca, desiertos de dunas rojas y una costa índica de arena blanca y arrecifes.
Otro rasgo que define un viaje por África es la escala. Las distancias entre parques nacionales son largas, los paisajes cambian por completo de una región a otra y el clima depende mucho más de las lluvias que de las cuatro estaciones clásicas. Eso obliga a pensar el viaje con más calma que en otros continentes: elegir bien la región, la temporada y el ritmo marca la diferencia entre un viaje agotador y uno memorable. A cambio, la recompensa es enorme: amaneceres en la sabana, cielos nocturnos sin contaminación lumínica y encuentros con culturas muy distintas entre sí.
Las grandes regiones de África
Para organizar un viaje ayuda pensar el continente por regiones. El norte de África, con Marruecos, Túnez y Egipto, mira al Mediterráneo y al mundo árabe: medinas, zocos, mezquitas, restos fenicios, romanos y faraónicos, y el desierto del Sahara como telón de fondo. Es la región más accesible desde Europa y la que menos exige en materia de vacunas y logística. África oriental, con Kenia, Tanzania, Uganda y Ruanda, es la tierra de los grandes safaris, del Kilimanjaro, de la gran migración de ñus y de los gorilas de montaña.
El Cuerno de África tiene en Etiopía su gran destino cultural, con una historia cristiana antiquísima y paisajes de montaña muy distintos a la imagen habitual del continente. África austral, con Sudáfrica, Namibia, Botsuana y Zimbabue, combina safaris de primer nivel con ciudades cosmopolitas, desiertos costeros y las cataratas Victoria. Por último, las islas del océano Índico, con Madagascar a la cabeza, tienen una naturaleza propia que evolucionó aislada del continente durante millones de años. África occidental y central también tienen mucho que ofrecer, aunque por ahora este sitio se concentra en los países más visitados.
Los países de África que puedes descubrir en esta guía
Marruecos
Marruecos es, para muchos, la puerta de entrada al continente. Sus medinas, como las de Marrakech y Fez, siguen funcionando como ciudades vivas, con zocos, talleres artesanos, riads y mezquitas. Desde allí puedes cruzar la cordillera del Atlas, con sus pueblos de adobe y sus valles, hasta las dunas del Sahara en la zona de Merzouga, donde es habitual pasar una noche en un campamento. El país combina además ciudades azules como Chefchaouen, en el Rif, y una costa atlántica con ciudades como Esauira, muy apreciadas por quienes buscan un ritmo más tranquilo.
Egipto
Egipto reúne algunos de los monumentos más famosos de la humanidad. Las pirámides de Guiza y la Esfinge, junto a El Cairo, son solo el comienzo: en Luxor están los templos de Karnak y Luxor y el Valle de los Reyes, y más al sur, Asuán y el templo de Abu Simbel. Un crucero por el Nilo entre Luxor y Asuán es una de las formas más clásicas de recorrer el país. A eso se suma el mar Rojo, con arrecifes de coral que atraen a buceadores de todo el mundo.
Túnez
Túnez es el país más pequeño del norte de África, pero concentra mucha historia en poco espacio. Cerca de la capital están las ruinas de Cartago y el pueblo blanco y azul de Sidi Bou Said, y la medina de Túnez es Patrimonio de la Humanidad. Hacia el interior se encuentra el anfiteatro romano de El Djem, uno de los mejor conservados del mundo, y más al sur el paisaje se vuelve desértico, con pueblos bereberes, casas trogloditas y oasis. La isla de Djerba suma playas mediterráneas a un país fácil de recorrer.
Etiopía
Etiopía es uno de los destinos culturales más singulares de África. Tiene su propio alfabeto y su propio calendario, y una tradición cristiana ortodoxa que se remonta a la Antigüedad. Las iglesias excavadas en la roca de Lalibela, las estelas de Aksum y los castillos de Gondar son su gran patrimonio histórico. En lo natural, destacan las montañas Simien, con paisajes de altura y fauna endémica, y la depresión de Danakil, uno de los lugares más calurosos y extraños del planeta. Además, es tierra de café, y la ceremonia del café forma parte de la vida cotidiana.
Kenia
Kenia es sinónimo de safari. La reserva de Masai Mara, continuación natural del Serengeti tanzano, es el escenario de los cruces de ríos de la gran migración de ñus y cebras, que suele pasar por allí en la segunda mitad del año. Amboseli ofrece elefantes con el Kilimanjaro de fondo, y Nairobi, la capital, tiene incluso un parque nacional a las puertas de la ciudad. La costa del Índico, con Mombasa y la isla de Lamu, permite terminar el viaje con playa y una cultura suajili muy marcada.
Tanzania
Tanzania tiene algunos de los parques más famosos de África. El Serengeti es el gran escenario de la migración durante buena parte del año, y el cráter del Ngorongoro concentra una densidad de fauna difícil de igualar dentro de una caldera volcánica. Tarangire, con sus baobabs y elefantes, completa el circuito del norte. El Kilimanjaro, la montaña más alta de África, atrae a quienes quieren subir a su cumbre, y la isla de Zanzíbar, con la ciudad de piedra de Stone Town y sus playas, es el cierre clásico de muchos viajes.
Uganda
Uganda es conocida sobre todo por el bosque impenetrable de Bwindi, uno de los pocos lugares del mundo donde se pueden ver gorilas de montaña en libertad. Pero el país ofrece mucho más: chimpancés en el bosque de Kibale, safaris en el parque Queen Elizabeth y en Murchison Falls, donde el Nilo se estrecha y cae con fuerza, y la zona de Jinja, junto al lago Victoria, tradicionalmente considerada el nacimiento del Nilo Blanco. Es un destino muy verde, de colinas, lagos y selva, bastante distinto a la sabana abierta de Kenia o Tanzania.
Ruanda
Ruanda, el país de las mil colinas, es otro de los grandes destinos para ver gorilas de montaña, en el parque nacional de los Volcanes, al norte del país. Es pequeño y relativamente fácil de recorrer, y su capital, Kigali, es conocida por su orden y su limpieza. El memorial del genocidio de Kigali ayuda a entender la historia reciente del país y es una visita muy recomendable. El bosque de Nyungwe, con chimpancés y otros primates, y el lago Kivu, en la frontera occidental, completan un itinerario que suele combinarse con Uganda.
Botsuana
Botsuana apostó por un turismo de bajo volumen, lo que se traduce en parques poco masificados y experiencias de safari muy exclusivas. El delta del Okavango, un delta interior que se inunda en plena estación seca y es Patrimonio de la Humanidad, se recorre en mokoro, una canoa tradicional, además de en vehículo. El parque nacional de Chobe tiene una de las mayores concentraciones de elefantes de África, y el desierto del Kalahari y las salinas de Makgadikgadi muestran una cara mucho más austera y silenciosa del país.
Namibia
Namibia es uno de los países más fotogénicos del continente. Las dunas rojas de Sossusvlei, en el desierto del Namib, y los árboles secos de Deadvlei son su imagen más famosa, pero el país también tiene el parque nacional de Etosha, con sus charcas llenas de fauna en la estación seca, la costa de los Esqueletos, el cañón del río Fish y la ciudad costera de Swakopmund. Es un destino ideal para viajar por libre en coche, con carreteras de ripio largas, poca población y paisajes enormes.
Sudáfrica
Sudáfrica es probablemente el país más completo del continente para un primer viaje. Ciudad del Cabo, con la montaña de la Mesa y el cabo de Buena Esperanza a poca distancia, es una de las ciudades más bonitas del mundo. Muy cerca están las zonas vinícolas de Stellenbosch y Franschhoek, y hacia el este arranca la Ruta Jardín, un recorrido costero muy popular. En el noreste, el parque nacional Kruger y las reservas privadas vecinas ofrecen safaris de gran nivel. En Sudáfrica se conduce por la izquierda.
Zimbabue
Zimbabue comparte con Zambia las cataratas Victoria, una de las caídas de agua más impresionantes del mundo, conocidas localmente como Mosi-oa-Tunya, el humo que truena. Desde la ciudad de Victoria Falls se puede cruzar con facilidad a Botsuana para visitar Chobe. El país tiene además el parque nacional Hwange, con grandes manadas de elefantes, Mana Pools, junto al río Zambeze, y las ruinas del Gran Zimbabue, los restos de una ciudad de piedra medieval que dio nombre al país.
Madagascar
Madagascar es casi un continente aparte. Se separó de África hace millones de años y la mayor parte de su flora y fauna no existe en ningún otro lugar, empezando por los lémures. La avenida de los Baobabs, cerca de Morondava, los tsingy de Bemaraha, un bosque de agujas de piedra caliza, y la isla de Nosy Be, con sus playas, son algunos de sus grandes atractivos. Las distancias son largas y las carreteras lentas, así que conviene elegir bien una o dos regiones.
Cuándo ir a África
En África el clima se entiende más por estaciones secas y lluviosas que por verano e invierno. En el norte, en Marruecos, Túnez y Egipto, la primavera y el otoño suelen ser las épocas más agradables, porque el verano en el interior y en el desierto puede ser muy caluroso y en invierno las noches del Sahara y del Atlas son frías. En África oriental hay en general dos estaciones secas, una larga a mediados de año y otra más corta alrededor del cambio de año, separadas por periodos de lluvias.
En África austral, la estación seca coincide con el invierno austral, aproximadamente entre mayo y octubre, y es la mejor época para los safaris porque la vegetación es menos densa y los animales se concentran alrededor del agua. Ciudad del Cabo es la excepción, con un clima mediterráneo de veranos secos e inviernos lluviosos. En Madagascar conviene evitar la temporada de ciclones, que suele concentrarse en los primeros meses del año. Como las condiciones varían mucho de un país a otro, lo mejor es revisar la guía de cada destino antes de fijar fechas.
Cómo moverte por África
Las distancias en África son enormes y la red de transporte es muy desigual, así que la mayoría de los viajes combina vuelos con traslados por carretera. Grandes aeropuertos como los de Johannesburgo, Nairobi, Adís Abeba, El Cairo o Casablanca funcionan como centros de conexión para moverse entre países. Dentro de los circuitos de safari es habitual usar avionetas para llegar a las reservas más remotas, sobre todo en Botsuana y en algunos parques de Tanzania y Kenia, donde las carreteras de tierra hacen muy largos los trayectos.
En el norte, Marruecos tiene una buena red ferroviaria, que incluye un tren de alta velocidad entre Tánger y Casablanca, y en Egipto los trenes nocturnos unen El Cairo con Luxor y Asuán. En Sudáfrica y Namibia alquilar un coche y viajar por libre es muy habitual, aunque conviene informarse bien sobre las distancias, el estado de las carreteras y la conducción por la izquierda. En los parques de África oriental, lo más frecuente es contratar el safari con un vehículo y un guía local, que conoce el terreno y sabe dónde buscar a los animales.
Consejos para planificar un viaje por África
La salud es parte real de la planificación. En buena parte del África subsahariana hay malaria, y algunos países piden el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla según el lugar de procedencia. Conviene consultar a un servicio de medicina del viajero con varias semanas de antelación para recibir recomendaciones actualizadas sobre vacunas y prevención. También es muy recomendable contratar un seguro de viaje que cubra asistencia médica y evacuación, porque en zonas remotas el hospital más cercano puede estar lejos.
Los requisitos de entrada cambian según el país y tu nacionalidad: algunos países ofrecen visados electrónicos y otros permiten tramitarlos a la llegada. Revisa siempre la web oficial de inmigración o del consulado antes de reservar. Si vas a hacer safari, reserva con mucha antelación los alojamientos dentro de los parques y las reservas, que son limitados y se llenan pronto en temporada alta. Lo mismo ocurre con los permisos para ver gorilas en Uganda y Ruanda, que se emiten en número reducido cada día.
Por último, no intentes abarcar demasiado. Un error frecuente es querer combinar muchos países en un solo viaje y pasar más tiempo en traslados que disfrutando. Funciona mejor elegir una región, como el norte de Tanzania con Zanzíbar, Sudáfrica con las cataratas Victoria o Marruecos de norte a sur, y recorrerla con calma. En los países de mayoría musulmana conviene vestir con discreción, sobre todo al visitar mezquitas y zonas rurales, y en todo el continente es de buena educación pedir permiso antes de fotografiar a las personas.