Tras las murallas de la Cidade Velha, el núcleo más antiguo de Faro
La Cidade Velha, el núcleo urbano más antiguo de Faro, cayó en manos cristianas en 1249, cuando Afonso III de Portugal conquistó la ciudad a los musulmanes, con lo que culminó la Reconquista portuguesa en el territorio de lo que hoy es Portugal. Sus murallas rodean el barrio conocido como 'Vila-Adentro', cuyo acceso principal, el Arco da Vila, fue construido en 1812 por el arquitecto italiano Francisco Xavier Fabri tras el devastador terremoto de 1755, sobre una antigua puerta medieval.
Por Florencia
- Ubicación
- Casco antiguo de Faro
- Conquista cristiana
- Año 1249, por Afonso III
- Arco da Vila
- Construido en 1812
- Arquitecto del arco
- Francisco Xavier Fabri
La Cidade Velha es el casco histórico amurallado de Faro, capital del Algarve.

El fin de la Reconquista portuguesa
La conquista de Faro en 1249 se dio en el contexto de la pérdida progresiva de las plazas del valle del Guadiana y del Algarve oriental por parte de los musulmanes, cuando el rey Afonso III de Portugal tomó la ciudad a los musulmanes, un hecho que marcó el final de la Reconquista cristiana en el territorio de lo que hoy es Portugal, aunque en el resto de la península continuó hasta 1492.
Un arco que sustituyó a una puerta morisca
Las murallas de Faro rodean el núcleo urbano más antiguo de la ciudad, conocido hoy como 'Vila-Adentro' o Cidade Velha.
Su acceso principal, el Arco da Vila, fue construido por orden de Francisco Gomes de Avelar, obispo de Faro en la época, quien encargó el proyecto al arquitecto italiano Francisco Xavier Fabri en 1812, tras el devastador terremoto que había sacudido Portugal en 1755.
El arco se levantó sobre una de las puertas medievales de las antiguas murallas moriscas de la ciudad.
Pasear por el recinto amurallado
La Cidade Velha se recorre mejor sin plan fijo. Es un conjunto pequeño, de calles empedradas y casas bajas encaladas, donde cada esquina ofrece una vista distinta: una portada, un patio, un tramo de muralla o un rincón con naranjos.
Después de cruzar el Arco da Vila, el ambiente cambia de golpe, porque el ruido de la ciudad moderna queda fuera y dentro se instala un ritmo mucho más pausado, casi de pueblo, aunque estés en pleno centro de la capital del distrito.
El trazado conserva la lógica de una ciudad medieval: calles estrechas, plazas pequeñas y edificios religiosos que ocupan los puntos importantes. En el centro se alza la catedral, y a su alrededor se agrupan antiguos palacios y conventos.
Uno de esos conventos alberga hoy el museo municipal, un buen lugar para conocer la historia de la ciudad a través de piezas arqueológicas y artísticas de distintas épocas. Consulta antes su horario y las condiciones de visita en la web oficial.
Murallas, lagunas y pasos de aves
Uno de los atractivos del casco antiguo es su relación con el agua. Por el lado sur, las murallas miran hacia la Ria Formosa, una laguna costera protegida donde se mezclan canales, marismas y bancos de arena.
Desde algunos tramos de muralla y desde las calles que dan al borde del recinto se ven los tejados, las torres de las iglesias y el agua al fondo, una combinación muy fotogénica sobre todo al atardecer.
Las cigüeñas son otro rasgo característico del paisaje. Suelen construir sus nidos sobre torres y chimeneas, de modo que es habitual verlas encima de la catedral y de otros edificios altos.
Si te gusta observar aves, lleva unos prismáticos pequeños y mira también hacia la laguna: flamencos y otras especies acuáticas frecuentan la zona en distintas épocas del año, aunque verlas depende siempre de la suerte y de la marea.
Un barrio vivo, no un decorado
A diferencia de otros cascos históricos convertidos en puro escaparate, la Cidade Velha sigue siendo un lugar donde la gente vive. Verás ropa tendida, vecinos conversando en las puertas y algún gato tomando el sol, y eso aporta autenticidad al paseo.
Conviene mantener el tono bajo, respetar las puertas de las casas y evitar asomarse a los patios privados. Es la mejor manera de que el barrio conserve su calma.
También hay espacio para la oferta cultural. En ciertas épocas del año se celebran conciertos y actividades en plazas y iglesias del recinto, y algunas galerías y pequeñas tiendas de artesanía abren sus puertas a lo largo de las calles principales.
Si te interesa la gastronomía, fíjate en las pastelerías y tabernas de los alrededores, donde se sirven dulces con almendra e higo, típicos del Algarve, y pescado fresco de la laguna.
Cómo combinarla con el resto de Faro
La Cidade Velha está pegada a la zona del puerto deportivo y al jardín del centro, de modo que resulta sencillo enlazarla con una vuelta por el área comercial peatonal.
Muchos viajeros la visitan por la mañana, y por la tarde se acercan a la Capela dos Ossos o toman un barco para explorar la Ria Formosa y las islas barrera. Esa combinación permite conocer en un día la cara histórica y la cara natural de Faro.
Si tu tiempo es limitado, prioriza el Arco da Vila, la plaza de la catedral y un tramo de muralla con vistas a la laguna. Con eso tendrás una idea muy completa del lugar.
Y si dispones de más tiempo, vuelve al caer la tarde: con menos gente, la luz cálida sobre las piedras y el sonido de las campanas, el recinto muestra su cara más serena.





