Faro, base del Algarve con casco amurallado y la Ria Formosa enfrente
Faro es la capital del Algarve, en el extremo sur de Portugal. Merece la visita por su casco antiguo amurallado, la catedral con vistas a la Ria Formosa, la Capela dos Ossos y las islas de arena del parque natural, y porque su aeropuerto y su estación de tren la convierten en la base más práctica para recorrer la costa del Algarve.
Por Florencia · Publicado el 30 de septiembre de 2026
Faro, mucho más que la puerta del Algarve
Mucha gente conoce Faro sólo por su aeropuerto: aterriza, recoge el coche de alquiler y sale disparada hacia las playas de Albufeira o Lagos. Es una pena, porque la capital del Algarve tiene bastante más que ofrecer que una pista de aterrizaje.
Detrás de la marina se esconde un casco antiguo rodeado de murallas, con calles empedradas, una catedral con vistas a la laguna y cigüeñas anidando sobre los arcos de piedra.
Es una ciudad pequeña, cómoda de recorrer a pie y con una vida local que no depende del turismo de playa.
Lo que hace distinta a Faro es su posición frente a la Ria Formosa, un parque natural formado por lagunas, canales, marismas e islas de arena que se extiende a lo largo de buena parte de la costa oriental del Algarve.
Desde el muelle, a pocos pasos de las murallas, salen barcos hacia islas donde apenas hay construcciones y las playas miran al Atlántico.
Esa mezcla de ciudad histórica y naturaleza a un paseo en barco es el gran argumento para quedarse unos días en lugar de usarla sólo como lugar de paso.
Además, Faro funciona muy bien como base. Tiene estación de tren en la línea que recorre el Algarve, estación de autobuses junto al centro y carreteras que conectan en poco tiempo con Tavira, Olhão, Loulé o la costa de acantilados del oeste.
Esta guía te ayuda a organizar la visita: qué ver dentro y fuera de las murallas, qué comer, en qué época ir, dónde dormir según lo que busques y cómo repartir uno, dos o tres días.
Historia e identidad de Faro
El origen de Faro está en Ossonoba, una ciudad de época romana que fue uno de los núcleos más importantes del sur de la antigua Lusitania.
Durante la dominación musulmana, la ciudad pasó a llamarse Santa Maria, y en el siglo XIII el rey Afonso III de Portugal la conquistó en 1249.
Con esa conquista se cerró la Reconquista en territorio portugués, un hito que la ciudad todavía recuerda en rincones como el Arco do Repouso, donde, según la tradición, el rey descansó tras tomar la plaza. Puedes leer más sobre esa etapa en la guía de la Cidade Velha.
En el siglo XVI la sede del obispado del Algarve se trasladó de Silves a Faro, lo que reforzó su papel como capital religiosa y administrativa de la región. Poco después, en 1596, la ciudad fue saqueada e incendiada por tropas inglesas.
Uno de los episodios más recordados de aquel ataque es el robo de la biblioteca del obispo, cuyos libros acabaron formando parte de la Biblioteca Bodleiana de Oxford. La catedral de Faro sufrió en aquel saqueo uno de los varios golpes que explican su mezcla de estilos.
El terremoto de 1755, que devastó Lisboa, también causó grandes daños en el Algarve, y buena parte de lo que ves hoy en Faro es fruto de la reconstrucción posterior.
Un nombre clave de esa época es el obispo Francisco Gomes do Avelar, impulsor de obras como el Arco da Vila, la puerta neoclásica por la que hoy entra casi todo el mundo al casco antiguo.
En el siglo XX la llegada del aeropuerto transformó la economía de la ciudad, que pasó a ser la gran puerta de entrada del turismo internacional al sur de Portugal.
Aun así, Faro conserva una identidad propia que la diferencia de los grandes centros turísticos de la costa.
Es sede de la Universidad del Algarve, capital administrativa del distrito y una ciudad donde la vida cotidiana transcurre en cafés, plazas y calles comerciales pensadas para quien vive allí todo el año.
Esa normalidad es parte de su encanto: aquí el turismo convive con el día a día en lugar de ocuparlo todo.
Barrios y zonas de Faro
Cidade Velha (Vila-Adentro)
El casco antiguo, conocido también como Vila-Adentro, es el corazón histórico de Faro y está rodeado por murallas de distintas épocas. Se entra por el Arco da Vila, desde el jardín Manuel Bívar, o por el Arco do Repouso, en el lado este.
Dentro encontrarás el Largo da Sé con su catedral y sus naranjos, el palacio episcopal, el antiguo convento que hoy alberga el museo municipal y callejuelas tranquilas, sobre todo al caer la tarde, cuando los grupos se marchan. Es la zona más fotogénica y la que conviene recorrer sin prisa.
Baixa y la marina
Justo fuera de las murallas se extiende la Baixa, el centro comercial y animado de la ciudad. La Rua de Santo António, peatonal y pavimentada con la típica calçada portuguesa, concentra tiendas, cafés y pastelerías.
Alrededor de la marina, donde se amarran pequeñas embarcaciones, están el jardín Manuel Bívar y varias calles con terrazas y restaurantes. Es la zona más práctica para moverse: la estación de tren, la de autobuses y el muelle de los barcos a las islas quedan a poca distancia a pie.
Zona del Carmo y São Pedro
Al norte del centro, alrededor de la Igreja do Carmo y la Igreja de São Pedro, se extiende un Faro más residencial, con plazas pequeñas, comercios de barrio y menos visitantes.
Aquí está la famosa Capela dos Ossos, y pasear por estas calles te da una idea de cómo es la ciudad fuera del circuito turístico. Es buena zona para buscar cafés y tascas frecuentadas por gente local, y para ver la ciudad a su ritmo normal.
Praia de Faro y alrededores del aeropuerto
Al oeste de la ciudad, pasado el aeropuerto, un puente une tierra firme con la península de Ancão, donde está la Praia de Faro. Es una franja de arena con casas bajas, restaurantes y una playa larga en el lado del océano, y aguas tranquilas de la laguna en el otro.
Cerca del aeropuerto están también el campus universitario de Gambelas y zonas residenciales más modernas, con poco interés turístico pero útiles si tienes un vuelo muy temprano.
Cómo llegar y moverse por Faro
La forma más habitual de llegar es en avión. El aeropuerto de Faro está a pocos kilómetros al oeste del centro y recibe vuelos de muchas ciudades europeas, sobre todo en temporada alta. Hay autobuses urbanos y taxis que conectan la terminal con la ciudad en un trayecto corto.
Si vienes desde otros puntos de Portugal, el tren es una buena opción: desde Lisboa hay servicios de largo recorrido que llegan al Algarve, y la línea regional recorre la costa de Lagos a Vila Real de Santo António pasando por Faro.
Desde España, Faro está relativamente cerca de la frontera con Andalucía. Por carretera se cruza el río Guadiana entre Ayamonte y Castro Marim y se sigue por la autopista A22, que atraviesa el Algarve de este a oeste.
Ten en cuenta que esa autopista usa un sistema de peaje electrónico sin cabinas, así que conviene informarse antes de cómo pagarlo, sobre todo si conduces un coche con matrícula extranjera o alquilado. También hay autobuses de línea que conectan Sevilla y otras ciudades andaluzas con el Algarve.
Dentro de Faro no necesitas coche: el casco antiguo, la Baixa, la marina y el muelle están a distancias muy cortas y todo se recorre a pie.
Para llegar a la Praia de Faro hay autobuses urbanos, y a las islas de la Ria Formosa se va en barco desde el muelle situado junto a las murallas.
Para excursiones por la región, el tren es cómodo hacia el este (Olhão, Tavira) y hacia el oeste, mientras que el coche resulta más práctico para llegar a acantilados, pueblos del interior y playas sin estación cercana.
Qué ver en Faro: lugares para una primera visita
Arco da Vila y la Cidade Velha
La visita empieza casi siempre en el Arco da Vila, una puerta neoclásica de 1812 que da paso al casco antiguo. Coronada por una hornacina con la imagen de santo Tomás de Aquino, suele tener nidos de cigüeña en lo alto, una estampa muy típica de Faro.
Al atravesarla entras en la Cidade Velha, un recinto pequeño que puedes recorrer en una o dos horas, pero que merece más calma: murallas, puertas antiguas, casas encaladas y miradores hacia la laguna.
Catedral de Faro (Sé)
La catedral de Faro preside el Largo da Sé, una plaza rodeada de naranjos y edificios históricos. Su aspecto es el resultado de siglos de destrucciones y reconstrucciones, por eso combina elementos góticos, renacentistas y barrocos, con capillas decoradas con azulejos y tallas doradas.
Lo más recomendable es subir a la torre: desde arriba se ve el casco antiguo, los tejados de la ciudad y, sobre todo, la extensión de la Ria Formosa con sus islas y canales. Los datos prácticos conviene consultarlos en la web oficial antes de ir.
Museo Municipal de Faro
Dentro de las murallas, el antiguo convento de Nossa Senhora da Assunção acoge el museo municipal. El edificio ya justifica la visita por su claustro renacentista, uno de los más bonitos del Algarve.
Entre sus colecciones destacan los hallazgos arqueológicos de época romana, incluido un gran mosaico dedicado al dios Océano encontrado en la ciudad, que ayuda a entender la importancia que tuvo la antigua Ossonoba. Es una visita tranquila y perfecta para las horas de más calor.
Igreja do Carmo y la Capela dos Ossos
La Igreja do Carmo es una iglesia barroca de fachada imponente, flanqueada por dos torres, con un interior muy decorado con madera dorada.
Pero lo que atrae a la mayoría de visitantes está detrás: la Capela dos Ossos, una pequeña capilla cuyas paredes están recubiertas con huesos y calaveras procedentes del antiguo cementerio de los frailes carmelitas. Sobre la entrada, una inscripción invita a reflexionar sobre la fugacidad de la vida.
Impresiona, pero es un espacio sobrio y respetuoso que se visita en pocos minutos.
Igreja de São Pedro
A pocas calles de la Baixa, la Igreja de São Pedro es menos conocida pero muy agradable de visitar. Su interior conserva paneles de azulejos azules y blancos y retablos de talla dorada, un buen ejemplo del arte religioso portugués de los siglos XVII y XVIII.
La plaza que la rodea es uno de los rincones más tranquilos del centro, ideal para sentarse un rato en una terraza antes de seguir el paseo hacia la zona del Carmo.
Rua de Santo António y la Baixa
La Rua de Santo António es la calle comercial por excelencia de Faro. Peatonal y pavimentada con calçada portuguesa, está llena de tiendas, pastelerías y cafés, y a su alrededor se abren calles con más terrazas y restaurantes.
No tiene un monumento concreto que ver, pero es el lugar donde se nota el pulso de la ciudad, sobre todo al final de la tarde. Aprovecha para probar algún dulce típico del Algarve en una pastelería tradicional.
La marina y el jardín Manuel Bívar
Entre el casco antiguo y la Baixa se abre la marina de Faro, un pequeño puerto deportivo rodeado de palmeras. El jardín Manuel Bívar, frente al Arco da Vila, es un buen punto de encuentro con bancos a la sombra y un quiosco.
Al atardecer, la luz sobre las embarcaciones y la laguna se vuelve especialmente cálida. Desde esta zona también parten muchos paseos en barco por la Ria Formosa, así que suele ser el punto de partida de más de una jornada.
Ria Formosa
La Ria Formosa es el gran tesoro natural de Faro. Este parque natural es un sistema de lagunas, marismas y canales protegido del océano por una cadena de islas barrera y penínsulas de arena.
Es una zona importante para las aves: con suerte verás flamencos, espátulas, garzas o el calamón, que es uno de los símbolos del parque. También es famosa por sus bancos de marisco y por la presencia de caballitos de mar.
Recorrerla en barco o en kayak es la mejor forma de entender el paisaje, y conviene tener en cuenta las mareas, que cambian mucho el aspecto de la laguna.
Ilha Deserta e ilhas de la laguna
Frente a Faro, la Ilha Deserta, también llamada ilha da Barreta, es un islote de arena casi sin construcciones, con una playa larguísima en el lado del Atlántico y pasarelas de madera entre las dunas. Es el punto más al sur del Portugal continental.
Otras islas cercanas, como Culatra, tienen pequeñas comunidades de pescadores y un faro que da nombre a uno de sus núcleos. Se llega en barcos que salen del muelle de Faro; conviene consultar horarios y precios en la web oficial o en los puestos del muelle.
Praia de Faro
La Praia de Faro es la playa urbana de la ciudad, aunque en realidad está en una península de arena separada de tierra firme por la laguna.
En un lado tienes el Atlántico, con una playa amplia y abierta; en el otro, las aguas calmas de la Ria Formosa, muy usadas para deportes de viento y para ver atardeceres.
Es fácil llegar en autobús urbano y tiene restaurantes junto a la arena, así que es una buena opción si sólo tienes medio día para playa.
Gastronomía típica de Faro y el Algarve
La cocina de Faro mira al mar y a la laguna.
La Ria Formosa es una gran zona de cría de almejas y ostras, y el marisco aparece en muchos platos: almejas a la Bulhão Pato, con ajo, aceite y cilantro; arroz de marisco caldoso; o xarém, una papilla de maíz que en el Algarve se prepara con almejas.
El pescado a la brasa es otro básico, desde las sardinas en verano hasta el besugo, la dorada o el pulpo, que en esta costa se cocina de muchas formas.
El plato más emblemático del Algarve es la cataplana, que toma el nombre del recipiente de cobre en forma de concha en el que se cocina.
Dentro puede llevar marisco, pescado, carne de cerdo con almejas o mezclas de todo ello, siempre con un caldo sabroso que invita a mojar pan. Suele servirse para dos o más personas y es una buena excusa para una comida larga.
Otro producto local es el atún, protagonista de platos como la estupeta, una ensalada fría muy típica de la zona de Tavira.
La repostería del Algarve se apoya en tres productos del interior: almendra, higo y algarroba. Los dulces de mazapán de almendra con formas de frutas y animales son muy vistosos, y también encontrarás los dom rodrigos, pequeños paquetes de hilos de huevo y almendra envueltos en papel de colores.
Para terminar, en la sierra del Algarve se destila la aguardiente de medronho, a partir del fruto del madroño, que se toma como digestivo. Y en verano, las naranjas del Algarve son una delicia en zumo recién exprimido.
Cuándo ir a Faro
Faro tiene un clima mediterráneo con influencia atlántica: veranos calurosos y secos, e inviernos suaves con alguna lluvia concentrada entre noviembre y marzo. Es una de las zonas más soleadas de Portugal, lo que permite visitarla prácticamente todo el año.
La temporada de playa va de mayo o junio a septiembre, con julio y agosto como los meses de más calor y más visitantes. El agua del Atlántico es más fresca que la del Mediterráneo, incluso en pleno verano, algo que sorprende a muchos viajeros.
La primavera, de marzo a junio, es para muchos la mejor época: temperaturas agradables para caminar, campos en flor y menos gente que en verano. El otoño, de septiembre a octubre, también es excelente, con el mar todavía templado y los precios de alojamiento más moderados que en agosto.
En invierno la ciudad está tranquila y es buen momento para una escapada cultural, aunque algunos servicios de playa y barcos pueden reducir su frecuencia. Entre enero y febrero florecen los almendros en el interior del Algarve.
Si viajas en julio o agosto, reserva el alojamiento y el coche de alquiler con antelación, porque la demanda en todo el Algarve se dispara. Para la observación de aves en la Ria Formosa, las estaciones intermedias suelen ser más interesantes, ya que coinciden con los pasos migratorios.
Y si tu idea es combinar playa y ciudad, junio y septiembre ofrecen el mejor equilibrio entre clima, ambiente y afluencia, con días largos y noches agradables.
Dónde alojarse en Faro por zonas
La Baixa y los alrededores de la marina son la zona más recomendable para una primera visita. Estás a pocos minutos a pie del casco antiguo, del muelle de los barcos, de la estación de tren y de la de autobuses, y tienes restaurantes y cafés en cada esquina.
Es la mejor opción si no vas a alquilar coche o si piensas hacer excursiones en transporte público. El inconveniente es que en temporada alta algunas calles tienen bastante ambiente nocturno.
Dentro de la Cidade Velha hay pocos alojamientos, pero dormir entre murallas tiene su encanto: por la noche el casco antiguo se queda muy tranquilo y la atmósfera cambia por completo.
Si buscas algo más residencial y con precios algo más contenidos, la zona del Carmo y São Pedro está bien comunicada a pie con el centro.
Si tu prioridad es la playa, la Praia de Faro tiene alojamientos junto al mar, aunque dependes del autobús o del coche para ir a la ciudad.
Si sólo vas a pasar una noche antes o después de un vuelo, puede interesarte alojarte cerca del aeropuerto o en la zona de Montenegro y Gambelas, aunque es un entorno sin encanto.
Y si vas a recorrer el Algarve en coche, piensa en combinar Faro con otra base en el oeste, como Lagos, o en el este, como Tavira, para no pasar demasiadas horas en la carretera cada día.
Itinerarios en Faro
Faro en 1 día
Empieza la mañana en el jardín Manuel Bívar y entra a la Cidade Velha por el Arco da Vila. Recorre sus calles, visita la catedral y sube a la torre para ver la Ria Formosa desde arriba.
Después, dedica un rato al museo municipal y su claustro. Para comer, busca un restaurante en la Baixa y prueba una cataplana o un arroz de marisco.
Por la tarde, camina hasta la Igreja do Carmo y la Capela dos Ossos, pasa por la Igreja de São Pedro y termina con un paseo por la Rua de Santo António y la marina al atardecer.
Faro en 2 días
El primer día sigue el itinerario anterior. El segundo, dedícalo a la Ria Formosa. Por la mañana, toma un barco desde el muelle junto a las murallas hacia la Ilha Deserta o hacia Culatra, y pasa unas horas entre dunas, playa y aguas tranquilas.
Muchas excursiones combinan navegación por los canales con paradas para ver aves y bancos de marisco. De vuelta en la ciudad, acércate por la tarde a la Praia de Faro para ver la puesta de sol sobre la laguna y cenar pescado a la brasa.
Faro en 3 días
Con un tercer día puedes salir de la ciudad. Una opción muy cómoda es ir en tren a Tavira, pasear por su centro, cruzar el puente sobre el río Gilão y tomar un barco hacia la isla de Tavira.
Otra alternativa, si tienes coche, es ir hacia el oeste para ver la costa de acantilados: la Praia da Marinha, las cuevas de Benagil y, más lejos, la Ponta da Piedade en Lagos.
Si prefieres algo más tranquilo, combina Olhão por la mañana con el interior, en Estói y las ruinas romanas de Milreu, por la tarde.
Excursiones desde Faro
Tavira
Tavira es para muchos el pueblo más bonito del Algarve oriental. Atravesada por el río Gilão, tiene un puente antiguo, casas con tejados a cuatro aguas, numerosas iglesias y un castillo con vistas sobre los tejados.
Desde allí salen barcos hacia la isla de Tavira, con una playa enorme, y cerca está la Praia do Barril, conocida por su cementerio de anclas de la antigua pesca del atún. Se llega fácilmente en tren desde Faro, lo que la convierte en una excursión perfecta sin coche.
Olhão
A muy poca distancia al este de Faro, Olhão es una ciudad pesquera con un carácter muy auténtico. Sus dos edificios de mercado junto al paseo marítimo, de ladrillo rojo, son el lugar ideal para ver el pescado y el marisco del día.
El casco antiguo, con casas de azoteas blancas que recuerdan a la arquitectura del norte de África, se recorre en poco tiempo. Desde su muelle salen barcos hacia las islas de Armona y Culatra, otra puerta de entrada a la Ria Formosa.
Estói y las ruinas de Milreu
Hacia el interior, a unos kilómetros al norte de Faro, el pueblo de Estói tiene un palacio de estilo rococó con jardines y azulejos, hoy convertido en alojamiento.
Muy cerca están las ruinas romanas de Milreu, los restos de una gran villa con termas, un templo y mosaicos con motivos marinos. Es una excursión corta y tranquila, perfecta para complementar la historia de Ossonoba que se ve en el museo municipal.
Loulé y Silves
Loulé, a poca distancia de Faro, tiene un mercado municipal de aire neoárabe muy animado, sobre todo los sábados, y un pequeño casco histórico con restos de muralla.
Más al oeste, Silves fue la capital del Algarve en época musulmana y conserva un castillo de piedra rojiza que domina el pueblo y la antigua catedral a sus pies. Ambos lugares permiten ver otra cara del Algarve, alejada de la costa y con una historia muy rica.
La costa de acantilados del Barlavento
Al oeste de Albufeira, la costa del Algarve cambia: aparecen acantilados dorados, arcos de roca y calas escondidas. La Praia da Marinha es de las más fotografiadas, y desde ella parte el sendero de los Siete Valles Colgantes, que recorre los acantilados.
Muy cerca están las cuevas de Benagil, que se visitan en barco o kayak, y en Lagos la Ponta da Piedade, con formaciones rocosas sobre el mar. Las normas de acceso a Benagil han cambiado en los últimos años, así que conviene informarse antes de ir.
Lisboa y el resto de Portugal
Si tu viaje es más largo, Faro puede ser el punto de llegada o salida de un recorrido por el país.
Desde aquí hay trenes hacia Lisboa, y desde la capital es fácil seguir hacia Sintra, Coimbra u Oporto. Una idea habitual es volar a Faro, recorrer el Algarve unos días y subir después hacia el norte, o al revés. En la guía para viajar a Portugal encontrarás ideas para organizar ese recorrido completo.
Consejos prácticos y de seguridad
Faro es una ciudad tranquila y, en general, segura. Como en cualquier destino turístico, conviene vigilar las pertenencias en zonas concurridas, en el transporte público y en las playas, y no dejar objetos de valor a la vista dentro del coche.
Por la noche el centro tiene ambiente, sobre todo en verano, y se puede caminar con normalidad. En Portugal se usa el euro y los pagos con tarjeta están muy extendidos, aunque en algunos puestos pequeños y mercados sigue siendo útil llevar algo de efectivo.
En las playas del Atlántico, presta atención a las banderas de los socorristas y a las corrientes, que pueden ser fuertes aunque el mar parezca tranquilo.
En la Ria Formosa, las mareas cambian el paisaje en pocas horas: bancos de arena que aparecen y desaparecen, canales que se vuelven poco profundos. Si alquilas un kayak o una tabla, infórmate antes sobre los horarios de marea y las zonas recomendadas.
El sol es muy intenso, así que no olvides protector solar, sombrero y agua, sobre todo en las islas, donde hay poca sombra.
El idioma oficial es el portugués, pero en Faro es habitual que en hoteles, restaurantes y comercios te entiendan en inglés y, con frecuencia, en español. Aprender unas pocas palabras, como obrigado u obrigada para dar las gracias, siempre se agradece.
Ten en cuenta también que en muchos restaurantes portugueses traen a la mesa entrantes como pan, aceitunas o queso sin pedirlos; si los consumes, se cobran, y si no los quieres, basta con indicarlo al principio.
Preguntas frecuentes sobre Faro
¿Cuántos días hacen falta para ver Faro?
Para ver lo esencial de la ciudad, un día completo es suficiente: casco antiguo, catedral, museo, Capela dos Ossos y la Baixa. Con dos días puedes añadir una excursión en barco por la Ria Formosa y sus islas, que es de lo más especial de la zona.
Si quieres usar Faro como base para conocer Tavira, Olhão o la costa de acantilados, lo ideal son tres o cuatro días. Así puedes alternar ciudad, islas y excursiones sin prisas.
¿Merece la pena quedarse en Faro o es mejor ir directamente a la playa?
Depende de lo que busques. Si tu prioridad es la playa de acantilados, te conviene alojarte más al oeste.
Pero Faro merece al menos una jornada por su casco antiguo y por la Ria Formosa, y es una base muy cómoda si viajas sin coche, gracias a sus conexiones de tren y autobús.
Además, suele tener un ambiente más local que los grandes centros turísticos de la costa, y más oferta cultural y gastronómica durante todo el año.
¿Faro tiene playa?
Sí, aunque no está en la misma ciudad. La Praia de Faro está en una península de arena al oeste, a la que se llega en autobús o en coche cruzando un puente.
Además, desde el muelle salen barcos hacia islas de la Ria Formosa, como la Ilha Deserta o Culatra, con playas amplias y poco urbanizadas en el lado del Atlántico.
Es una forma distinta de ir a la playa, con el trayecto en barco por la laguna como parte de la experiencia.
¿Cómo se va del aeropuerto de Faro al centro?
El aeropuerto está muy cerca de la ciudad. Hay autobuses urbanos que conectan la terminal con el centro, además de taxis y servicios de transporte con conductor. El trayecto es corto en cualquiera de estas opciones.
Conviene consultar horarios y precios en la web oficial del aeropuerto o de la empresa de autobuses, sobre todo si llegas de noche o fuera de temporada, cuando las frecuencias pueden ser menores. Si vas a alquilar coche, las oficinas de alquiler están en el propio aeropuerto.
¿Hace falta coche para visitar Faro y alrededores?
Para la ciudad, no: todo se recorre a pie. Para excursiones a Tavira, Olhão, Loulé o Lagos puedes usar el tren o el autobús.
El coche sólo resulta realmente útil si quieres recorrer la costa de acantilados, pueblos del interior o playas alejadas de las estaciones, o si prefieres organizar tus propios horarios sin depender del transporte público. En la ciudad, aparcar cerca del casco antiguo puede ser complicado en temporada alta.
¿Cuál es la mejor época para visitar Faro?
La primavera y el principio del otoño son las épocas más equilibradas para la mayoría de viajeros, con buen clima, menos gente y el mar todavía agradable en septiembre. Julio y agosto son ideales para la playa y las islas, pero hay mucha más afluencia y el alojamiento se encarece.
En invierno Faro es una escapada tranquila y suave, perfecta para visitas culturales, paseos por la Ria Formosa y la gastronomía local sin aglomeraciones.




