Saqueos ingleses y terremotos marcaron la catedral de Faro
La Catedral de Faro, o Sé, se construyó, según la tradición, sobre la antigua mezquita de la ciudad tras la reconquista cristiana de 1249. El edificio sufrió graves daños en 1596, cuando tropas inglesas comandadas por el conde de Essex saquearon e incendiaron Faro durante un ataque naval, y volvió a resultar dañado por el terremoto de 1755. Como resultado, la catedral combina hoy elementos góticos y barrocos de sus sucesivas reconstrucciones.
Por Florencia
- Ubicación
- Cidade Velha, Faro
- Origen
- Según la tradición, sobre la antigua mezquita, tras 1249
- Saqueo inglés
- Año 1596, conde de Essex
- Daños posteriores
- Terremoto de 1755
La Catedral de Faro, conocida como Sé, preside la Cidade Velha de Faro.

Una catedral levantada sobre una mezquita
Tras la conquista cristiana de la ciudad en 1249, se levantó la nueva iglesia sobre el lugar donde, según la tradición, estuvo la mezquita de Faro, un patrón habitual en las ciudades reconquistadas de la península ibérica.
El edificio original era de estilo gótico y, con el tiempo, pasó a ser la catedral del Algarve y sede de su diócesis.
Saqueada por ingleses y sacudida por un terremoto
En 1596, una flota inglesa comandada por el conde de Essex atacó y saqueó Faro, incendiando buena parte de la ciudad, incluida la propia catedral, que sufrió daños considerables en ese ataque.
Siglos más tarde, el gran terremoto de 1755 volvió a dañar el edificio, obligando a nuevas reconstrucciones que fueron incorporando elementos barrocos a la estructura original gótica.
El resultado es una catedral que combina visiblemente distintas épocas constructivas, reflejo de una historia marcada por ataques y desastres naturales sucesivos.
Una sede episcopal en el sur de Portugal
La Sé de Faro es el templo principal de la diócesis del Algarve, y esa condición explica su peso dentro de la ciudad. Una catedral no es solo un edificio religioso: es la sede del obispo, el lugar donde se concentraba la autoridad eclesiástica de toda una región.
Que Faro la albergue habla de la importancia que la ciudad tuvo durante siglos como centro administrativo del sur portugués, y de por qué el entorno de la catedral conserva todavía un aire de plaza noble, con edificios antiguos y silencio.
Lo que hoy ves no es una construcción de una sola época. Cada reforma dejó su huella, y por eso conviene recorrerla como si fuera un libro con capítulos superpuestos.
Una portada, una capilla o una torre pueden pertenecer a épocas distintas, y detectar esas diferencias es parte del placer de la visita.
No hace falta ser experto en arte: basta con comparar la sobriedad de unas piedras con la exuberancia de otras para notar que algo cambió en el gusto de cada generación.
Qué mirar en el edificio
Empieza por el exterior. La torre, que se ve desde distintos puntos de la Cidade Velha, funciona como referencia para orientarte, y su aspecto sencillo contrasta con los espacios interiores.
Fíjate en la fachada principal, en su portada y en los materiales, y trata de imaginar cómo se vería el conjunto antes de las reformas posteriores. La plaza que la rodea ofrece perspectiva suficiente para observar las proporciones y la mezcla de estilos.
Dentro, el protagonismo se reparte entre las capillas y los elementos de madera y azulejo que decoran varias zonas. Los azulejos son una de las grandes señas culturales de Portugal, y en una iglesia como esta ayudan a entender cómo el arte decorativo acompañó la devoción popular.
Presta atención también al órgano y a los retablos: son piezas que pertenecen a distintas etapas y que hablan del cuidado con que se fue renovando el templo a lo largo del tiempo.
Muchas visitas incluyen la posibilidad de subir a la torre, desde donde se obtienen vistas amplias sobre los tejados de la ciudad antigua, la laguna y los canales de la Ria Formosa.
Si esa opción te interesa, pregunta en el acceso si está disponible el día de tu visita, porque no siempre es así. Si sube contigo alguien con movilidad reducida, consulta también las condiciones de acceso con antelación.
La luz, la laguna y los cigüeñas
Uno de los detalles más fotogénicos de Faro es la presencia de cigüeñas que anidan en torres y tejados de la ciudad antigua. Con algo de suerte las verás desde la plaza de la catedral, sobre todo en los meses en que cuidan de sus nidos.
Es un recuerdo agradable que además refleja la cercanía de la Ria Formosa, una zona de humedales que atrae a muchas aves a lo largo del año.
La luz del Algarve también juega a favor del edificio. A primera hora o con el sol bajo de la tarde, la piedra clara adquiere tonos cálidos que hacen más atractivas las fotografías.
En los días de calor, el interior fresco de la catedral es una pausa agradable antes de seguir caminando por las calles empedradas del barrio amurallado. Aprovecha para sentarte unos minutos en un banco y observar el ir y venir tranquilo de los vecinos.
Cómo encajarla en un paseo por Faro
La catedral se visita bien dentro de un recorrido a pie por la Cidade Velha.
Puedes entrar por el Arco da Vila, pasear por las calles del recinto amurallado, detenerte en la plaza de la catedral y seguir hasta el museo municipal o los tramos de muralla que dan hacia la laguna.
Todo queda a corta distancia, así que el recorrido se hace con calma incluso en una mañana.
Al terminar, baja hacia el puerto deportivo y la zona del jardín para tomar algo, o acércate a la Capela dos Ossos, cuyo contraste con la catedral resulta muy interesante.
Antes de ir, consulta los horarios y las condiciones de acceso en la web oficial, porque en las iglesias pueden variar según las celebraciones religiosas y la temporada.





