Un socio de Eiffel diseñó los dos tableros del Ponte Dom Luís I

El Puente Dom Luís I, construido entre 1881 y 1886, fue diseñado por el ingeniero belga Théophile Seyrig, antiguo socio de Gustave Eiffel en la empresa que construyó la cercana Puente María Pía. se buscaba un diseño de dos tableros para asegurar mayor capacidad de cruce, y Seyrig propuso un tablero superior apoyado en el propio arco del puente, ganando el concurso frente a la propuesta de Eiffel. Se inauguró el 31 de octubre de 1886.

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Ubicación
Sobre el río Duero, entre Oporto y Vila Nova de Gaia
Construcción
1881-1886
Ingeniero
Théophile Seyrig, ex socio de Gustave Eiffel
Inauguración
1 de noviembre de 1886

El Puente Dom Luís I une Oporto con Vila Nova de Gaia sobre el río Duero.

El Puente Dom Luís I sobre el río Duero en Oporto.
Diego Delso (CC BY-SA 3.0)

El discípulo de Eiffel que le ganó el concurso

El puente se construyó entre 1881 y 1886 como una estructura metálica de dos tableros, y su conexión con Gustave Eiffel llega a través del ingeniero belga Théophile Seyrig, quien había sido socio de Eiffel en la empresa que ambos fundaron en 1868 y que había construido pocos años antes el cercano Puente María Pía, terminado en 1877.

La propuesta de Eiffel de 1879, con un solo tablero, fue rechazada y se buscó una solución con dos tableros para asegurar mayor capacidad de cruce.

Un tablero superior apoyado en el propio arco

Fue Seyrig, ya trabajando para la firma belga Société Willebroeck en Bruselas, quien propuso la solución finalmente adoptada: un tablero superior sostenido directamente por el arco del puente, un diseño que terminó ganando el concurso frente a la propuesta de su antiguo socio Eiffel.

El puente se inauguró finalmente el 31 de octubre de 1886, y el cobro de peajes entró en vigor apenas un día después de la inauguración.

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El tablero superior y las panorámicas del metro

Caminar por el nivel superior del puente sitúa al viandante a casi cuarenta y cinco metros sobre las aguas del Duero. Este corredor aéreo está reservado a los peatones y a las unidades de la línea D del metro ligero metropolitano.

Sentir el paso pausado de los convoyes mientras contemplas la caída vertical hacia el río produce una intensa emoción estética. Desde esta atalaya se aprecia la compleja orografía de Oporto escalonándose en terrazas empinadas sobre la margen derecha.

La perspectiva abarca las torres graníticas de la Catedral de la Sé, el campanario esbelto de los Clérigos y los muros almenados de la muralla fernandina. En la orilla opuesta de Gaia, las cabinas acristaladas del teleférico sobrevuelan los almacenes centenarios de vino de Oporto.

Cruzar a pie este tablero durante una mañana despejada brinda un encuadre fotográfico formidable de la ciudad histórica.

El nivel inferior y los saltadores del río

El tablero inferior discurre a escasa distancia de la lámina de agua, enlazando directamente el muelle peatonal de la Ribeira con el Cais de Gaia. En esta plataforma inferior conviven aceras peatonales con un carril para transporte público, taxis y bicicletas.

Frente a sus estribos de piedra descansan los barcos rabelos tradicionales, antiguas embarcaciones de madera que transportaban las barricas de vino desde los viñedos del Alto Duero.

Durante los meses más calurosos del verano es habitual presenciar a intrépidos jóvenes locales encaramados a las barandillas y al arco de hierro inferior. Desde allí se arrojan en clavados hacia las aguas fluviales ante la atenta mirada de cientos de paseantes congregados en las terrazas ribereñas.

Esta costumbre espontánea añade una nota festiva y desenfadada al tránsito cotidiano sobre el río.

El atardecer desde el cerro de la Serra do Pilar

Tras cruzar el viaducto hacia la orilla de Gaia, conviene ascender por la rampa empedrada que conduce al Mosteiro da Serra do Pilar. La explanada circular de este antiguo cenobio renacentista domina el puente en toda su longitud arqueada.

Conforme cae la tarde, el sol desciende hacia la desembocadura atlántica de Foz do Douro, encendiendo el cielo con tonalidades violáceas y anaranjadas de enorme belleza plástica.

Al encenderse el alumbrado artificial nocturno, los remaches y vigas de celosía del puente quedan dibujados con precisión sobre el cauce oscuro del río.

Decenas de viajeros y parejas locales se sientan en los jardines colindantes de Morro para disfrutar de la música de artistas callejeros mientras contemplan las luces de Ribeira. Este enclave panorámico constituye el mirador más icónico para despedir el día en Oporto.

Los puentes que lo precedieron

Antes de que existiera el actual puente de hierro, las dos orillas del Duero se comunicaban por un puente colgante del siglo XIX, el Ponte Pênsil, que durante décadas sirvió de paso entre Oporto y Vila Nova de Gaia.

La ciudad creció rápidamente, el tráfico aumentó y aquella estructura resultó insuficiente, de modo que se convocó el concurso del que salió el diseño que hoy domina el paisaje.

Aún quedan vestigios de la antigua construcción en las orillas, y buscarlos puede ser una forma curiosa de comprender cómo ha cambiado el cruce del río.

Aguas arriba se encuentra otro puente ferroviario célebre, el Maria Pia, obra de la empresa de Gustave Eiffel y hoy fuera de servicio.

Mirar ambos puentes desde la orilla permite comparar dos soluciones de ingeniería metálica de la misma época, con arcos de gran luz que representan el entusiasmo de la Revolución Industrial por los nuevos materiales.

Esa comparación explica por qué el Duero es un museo al aire libre de la ingeniería del hierro.

El Duero y el comercio del vino

El puente no es solo una pieza técnica: está en el centro del eje comercial que dio fama a la región.

Durante siglos, los barcos de carga tradicionales, los barcos rabelos, bajaron por el Duero con los toneles de vino procedentes de los viñedos del interior hasta las bodegas de Gaia, donde el vino envejecía antes de exportarse.

Contemplar la orilla de Gaia desde el puente, con sus naves de cubiertas rojizas y sus rótulos históricos, ayuda a entender la relación entre el río, la ciudad y el vino que lleva su nombre.

Si cruzas el puente a pie, tómate tu tiempo para mirar hacia abajo y hacia ambos lados. Verás los muelles, las terrazas, las embarcaciones turísticas y el tejado de las casas apiñadas en la ladera, un panorama que resume la personalidad de Oporto.

Mantente en las zonas para peatones, cuida los objetos que puedan caer y respeta las indicaciones de circulación, pues el paso comparte espacio con el metro.

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