¿Qué vigilaba la Torre de Belém en la boca del Tajo?

La Torre de Belém, construida entre 1514 y 1520 por orden de Manuel I con Francisco de Arruda como arquitecto, defendía la entrada del río Tajo y servía de punto de partida simbólico para las flotas hacia las Indias. Su decoración manuelina, con cuerdas, esferas armilares y cruces de la Orden de Cristo, la convierte en un símbolo del prestigio real de la época. Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

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Ubicación
Ribera del río Tajo, barrio de Belém, Lisboa
Construcción
1514-1520
Arquitecto
Francisco de Arruda
Estilo
Manuelino

La Torre de Belém es el símbolo marítimo de Lisboa, a orillas del río Tajo.

La Torre de Belém junto al río Tajo en Lisboa.
Vernaccia (CC BY 2.0)

Una torre defensiva para las flotas de las Indias

La construcción de la torre comenzó en 1514 por orden del rey Manuel I, con Francisco de Arruda como arquitecto, y se completó en 1520.

Se levantó sobre un afloramiento rocoso en las aguas del Tajo, frente a la antigua playa de Belém, con el objetivo de reemplazar una vieja nave artillada anclada en ese mismo tramo del río, desde donde partían las flotas rumbo a las Indias.

Los trabajos de construcción estuvieron también a cargo de Diogo Boitaca, que dirigía a la vez las obras del cercano Monasterio de los Jerónimos.

El esplendor manuelino como símbolo real

Como símbolo del prestigio del rey, la decoración de la torre exhibe toda la simbología propia del estilo manuelino: cordones esculpidos que envuelven el edificio y rematan en elegantes nudos, esferas armilares que representaban el poder marítimo portugués, y cruces de la Orden Militar de Cristo, la institución que financiaba buena parte de las expediciones ultramarinas.

Francisco y Diogo de Arruda asimilaron el gótico flamígero de la época y lo transformaron en este estilo manuelino característico, hoy Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Belém y la época de los descubrimientos

El nombre del barrio es la forma portuguesa de Belén, y su historia está unida a la de los grandes viajes por mar.

Desde esta orilla del Tajo zarpaban las naves que buscaban la ruta hacia la India bordeando África, y aquí regresaban cargadas de especias y noticias de tierras lejanas.

La torre, junto con el Monasterio de los Jerónimos, fue la forma que eligió la monarquía para dejar en piedra la huella de ese momento de expansión y riqueza.

Su función fue ante todo militar: formaba parte de un sistema de defensa de la desembocadura del río, junto con otras fortificaciones de la otra orilla, que permitía cruzar fuego sobre cualquier barco enemigo que intentara llegar a Lisboa.

Con el tiempo, y a medida que la artillería evolucionaba, perdió peso como defensa y pasó a usarse para otros fines, como aduana, faro de señales y, durante largos periodos, prisión.

Hoy la torre parece casi apoyada en la orilla, pero cuando se levantó estaba rodeada de agua. El margen del río fue cambiando con los siglos y se ganó terreno al Tajo, de modo que el edificio quedó mucho más cerca de tierra firme que en su origen.

Junto con los Jerónimos, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983.

Recorrido por el interior de la torre

La visita empieza en el baluarte, la plataforma baja y poligonal que avanza sobre el agua. Allí estaban las troneras para los cañones, abiertas casi al nivel del río para disparar rasantes sobre los barcos.

Bajo este nivel se encuentran los antiguos calabozos, unos espacios húmedos donde, según se cuenta, los presos padecían las subidas de la marea. En la terraza del baluarte, mirando al río, se levanta una imagen de la Virgen con el Niño, protectora de los navegantes.

Sobre el baluarte se eleva la torre propiamente dicha, con varias salas superpuestas que se conectan por una escalera de caracol muy estrecha.

En ese recorrido pasarás por la antigua sala del gobernador, la sala de los reyes, la de audiencias y una pequeña capilla, antes de salir a la terraza superior.

Las salas son bastante sobrias por dentro; lo más valioso está en los detalles de piedra, los vanos que se abren al río y las vistas que ganan altura a cada piso.

Desde la terraza alta se domina el estuario del Tajo, el Puente 25 de Abril y, al otro lado, la estatua del Cristo Rei en Almada.

Merece la pena detenerse también en la logia que se abre en la fachada que mira al río, un balcón de arcos de aire renacentista que suaviza el carácter militar del edificio y que es uno de los rincones más fotografiados.

Detalles y curiosidades de la torre

Uno de los detalles más comentados es la cabeza de rinoceronte tallada bajo una de las garitas.

Se suele relacionar con el rinoceronte que llegó a Lisboa en 1515 como regalo para Manuel I, el primero que se veía en Europa desde la Antigüedad, y que inspiró el famoso grabado de Durero.

Encontrarlo desde abajo es casi un juego: busca en la base de las torrecillas.

Las garitas que sobresalen en las esquinas, rematadas con pequeñas cúpulas, recuerdan a la arquitectura del norte de África. No es casualidad: Francisco de Arruda había trabajado en fortificaciones portuguesas en Marruecos antes de este encargo, y esa experiencia se nota en las formas.

Esa mezcla de defensa, simbolismo real e influencias lejanas es justamente lo que hace del edificio una pieza tan singular del manuelino.

Consejos para la visita

La torre tiene un aforo limitado porque las escaleras interiores son estrechas y de un solo carril, así que en temporada alta se forman colas largas. Te conviene llegar temprano, antes de que desembarquen los grupos organizados, o bien reservar la entrada con antelación.

Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir, y tener en cuenta que suele cerrar un día a la semana y algunos festivos.

Dentro del edificio no hay ascensor y los peldaños son altos, por lo que la visita no es cómoda para personas con movilidad reducida ni con carritos de bebé.

Para recorrer el interior basta con alrededor de una hora, aunque el exterior y el paseo junto al río invitan a quedarse más. Si solo quieres la foto clásica, la mejor luz suele ser la del final de la tarde, cuando el sol baja sobre el Tajo.

Para llegar desde el centro de Lisboa tienes varias opciones: el tranvía que recorre la orilla hasta Belém, el tren de cercanías que sale de Cais do Sodré o incluso un paseo en bicicleta por el carril que bordea el río.

Desde la parada de Belém hay un paseo agradable por los jardines hasta la torre.

Qué ver cerca de la Torre de Belém

Belém se recorre muy bien a pie en un día completo. A pocos minutos de la torre, junto al río, está el monumento a la primera travesía aérea del Atlántico Sur, que recuerda el vuelo de los aviadores portugueses Gago Coutinho y Sacadura Cabral hasta Brasil.

Un poco más allá se levanta el Padrão dos Descobrimentos, con su gran rosa de los vientos dibujada en el suelo.

Cruzando los jardines de la Praça do Império llegas al Monasterio de los Jerónimos y, en su ala oeste, al Museo de Marina.

En la zona también están el Centro Cultural de Belém, el MAAT, un museo de arte y arquitectura con una llamativa cubierta ondulada a orillas del río, y el Museo Nacional de Carruajes.

Y no te vayas sin probar los pasteles de nata de la pastelería histórica del barrio, famosa por su receta tradicional.

Para saber más