La Scala renació tras las bombas con un concierto de Toscanini
El Teatro alla Scala, construido entre 1776 y 1778 sobre el solar de la iglesia de Santa Maria alla Scala, es uno de los teatros de ópera más prestigiosos del mundo. Destruido en los bombardeos de 1943, reabrió en 1946 con un concierto de Arturo Toscanini. Se visita el museo de día; las funciones requieren entrada según cartelera.
Por Florencia · Publicado el 7 de septiembre de 2026
Junto a la Galería, el Teatro alla Scala es uno de los templos operísticos más prestigiosos del mundo: por su escenario pasaron los estrenos de compositores como Verdi y Puccini, y sigue siendo, hoy, el destino soñado de cualquier cantante de ópera profesional.
Un teatro construido sobre una iglesia
El teatro se construyó entre 1776 y 1778 sobre el solar de la antigua iglesia de Santa Maria alla Scala, de la que toma su nombre popular.
La obra reemplazó a un teatro anterior destruido por un incendio.

Destruido en 1943, reabierto por Toscanini
Los bombardeos aliados de 1943 destruyeron el teatro casi por completo: fue reconstruido con fidelidad al diseño original en apenas tres años, reabriendo en 1946 con un concierto dirigido por Arturo Toscanini, el director más asociado a La Scala, que había estrenado allí óperas de Puccini décadas antes.
Ese regreso de Toscanini, ya anciano, para reabrir el teatro reconstruido se recuerda todavía en Italia como un gesto casi simbólico de reconciliación nacional tras el fin de la guerra.
- Ubicación
- Piazza della Scala, Milán
- Construcción original
- 1776-1778
- Destrucción
- 1943, bombardeos aliados
- Reapertura
- 1946, con Arturo Toscanini
El edificio de Piermarini y su sala en herradura
El proyecto del nuevo teatro se encargó al arquitecto Giuseppe Piermarini, figura clave del neoclasicismo lombardo, y la sala se inauguró en 1778 con una ópera de Antonio Salieri.
La fachada que da a la plaza es sobria y casi austera, algo que sorprende a quien espera un exterior recargado: toda la teatralidad se reserva para el interior.
Detrás de esas líneas serenas se esconde una maquinaria compleja de escenario, talleres y almacenes que permite montar y desmontar producciones con enorme rapidez.
La sala responde al modelo clásico de teatro a la italiana: una planta en forma de herradura rodeada de varios órdenes de palcos, con un gran palco central frente al escenario y, por encima de todos, la galería superior, conocida como loggione.
Allí se sientan los aficionados más exigentes, los llamados loggionisti, famosos por aclamar o abuchear con la misma contundencia. Que un cantante sea recibido con aplausos o con silbidos desde esa galería forma parte de la leyenda cotidiana del teatro.
Estrenos que cambiaron la historia de la ópera
Pocos escenarios pueden presumir de un repertorio de estrenos tan largo. Allí se presentaron obras de Rossini, Bellini y Donizetti, y Giuseppe Verdi encontró en La Scala una casa muy especial: aquí subieron por primera vez a escena sus últimas óperas, Otello y Falstaff.
Puccini, por su parte, vio nacer en este escenario Madama Butterfly, que tuvo una acogida durísima en su primera noche, y mucho después Turandot, su obra inacabada, dirigida por Toscanini en una velada que todavía se recuerda por un gesto emotivo del director a mitad de la partitura.
En el siglo XX el teatro siguió siendo punto de encuentro de las grandes voces y de las batutas más célebres, y por su escenario pasaron cantantes que marcaron épocas enteras.
La temporada tradicional se abre cada año en torno al día de San Ambrosio, patrón de Milán, con una función de gala que la ciudad vive casi como una fiesta cívica. Más allá de la ópera, el teatro programa ballet y conciertos, y cuenta con una escuela de danza propia.
La visita al museo y la plaza
Cuando no hay función ni ensayo, la visita se centra en el museo teatral, al que se accede desde el vestíbulo. Reúne partituras, instrumentos, bocetos de decorados, figurines, retratos, bustos y objetos personales de compositores e intérpretes.
Según el día, desde una de las entradas a los palcos se puede asomar a la sala y contemplar el escenario, el techo y la gran lámpara. Conviene consultar en la web oficial qué espacios están abiertos, porque los ensayos y montajes pueden cambiar el recorrido en cualquier momento.
Antes o después de entrar, dedica un rato a la plaza. En el centro se alza el monumento a Leonardo da Vinci, rodeado de cuatro discípulos, y enfrente se extiende la fachada del Palazzo Marino, sede del ayuntamiento.
Desde aquí, a pocos pasos, comienza la Galería Vittorio Emanuele II, que conduce directamente hasta la plaza del Duomo.
Es un rincón muy fotografiado, así que merece la pena volver por la tarde-noche, cuando la iluminación cambia el ambiente y las puertas del teatro reciben a los espectadores vestidos de gala.
¿Por qué se llama Teatro alla Scala?
Porque se construyó entre 1776 y 1778 sobre el solar de la antigua iglesia de Santa Maria alla Scala, demolida para dar paso al nuevo teatro.
¿Quién reabrió el teatro tras la Segunda Guerra Mundial?
El director Arturo Toscanini, en 1946, apenas tres años después de que los bombardeos aliados de 1943 destruyeran el edificio casi por completo.
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