Leonardo pintó una sala del Castello Sforzesco para Ludovico el Moro

El Castello Sforzesco fue reconstruido a partir de 1450 por Francesco Sforza, fundador de la dinastía que gobernó Milán durante el Renacimiento. Bajo Ludovico el Moro atrajo a Leonardo da Vinci, autor del fresco de la Sala delle Asse. El patio y el parque son gratuitos; los museos cobran entrada aparte.

Por · Publicado el 7 de septiembre de 2026

Junto al Parco Sempione, el Castello Sforzesco fue la sede del poder de la dinastía que gobernó Milán durante el Renacimiento: una fortaleza convertida, bajo Ludovico el Moro, en una de las cortes artísticas más brillantes de toda Italia.

De la destrucción de 1447 a la reconstrucción de Francesco Sforza

La primera construcción en este lugar, de 1358, fue ordenada por Galeazzo II Visconti bajo el nombre de Castello di Porta Giovia.

La caída de los Visconti y el breve período de la Ambrosiana llevaron a su destrucción total en 1447, apenas tres años antes de que el condottiero Francesco Sforza, fundador de la nueva dinastía dominante, ordenara reconstruirlo desde 1450, con el arquitecto Filarete a cargo de la torre central.

El patio interior del Castello Sforzesco.
Radosław Botev, Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

Leonardo da Vinci en la sala delle Asse

Bajo Ludovico el Moro, hijo de Francesco, el castillo se convirtió en una corte que atrajo a artistas como Leonardo da Vinci y Bramante.

En la torre Falconiera, la Sala delle Asse conserva un fresco de Leonardo con un entramado de ramas de morera entrelazadas, oculto bajo capas de pintura posterior durante siglos hasta su redescubrimiento a finales del siglo XIX.

Ubicación
Piazza Castello, junto al Parco Sempione
Reconstrucción
Desde 1450, por Francesco Sforza
Arquitecto
Filarete
Fresco de Leonardo
Sala delle Asse, torre Falconiera

Cómo es el castillo por dentro y por fuera

El conjunto tiene planta cuadrangular, con grandes muros de ladrillo rojizo y torres en las esquinas.

La entrada se hace por la torre del Filarete, una estructura alta y estrecha que preside la fachada hacia la plaza y que fue reconstruida a comienzos del siglo XX tras haber saltado por los aires siglos antes.

Al cruzarla se llega a la amplia explanada de armas, un espacio abierto donde caben con holgura los visitantes y desde el que se aprecian las distintas partes del castillo.

Más allá se abre la Corte Ducal y, al fondo, la Rocchetta, el último reducto defensivo. Esta parte conserva los patios más íntimos y es la que mejor transmite cómo era la vida de la familia gobernante.

Pasear por ellos permite ver las galerías, los arcos y los restos de decoración, y entender que el edificio fue a la vez fortaleza y residencia, con ambientes defensivos y salas de representación.

Los museos del castillo

Hoy el castillo alberga varios museos municipales que reúnen colecciones muy diversas. Hay una importante sección de escultura, con piezas medievales y renacentistas, y una pinacoteca con pinturas de maestros italianos de distintas épocas.

También se muestran muebles, instrumentos musicales, objetos de artes decorativas y una colección egipcia, lo que convierte la visita en un recorrido por muchos siglos de cultura sin salir del mismo recinto.

La obra más comentada es la última escultura de Miguel Ángel, la Piedad Rondanini, que se expone en una sala propia. Quedó inacabada, y esa condición de obra interrumpida atrae a quienes buscan algo más íntimo que los grandes tesoros.

Como las colecciones son extensas, conviene decidir antes qué secciones te interesan y consultar en la web oficial qué salas están abiertas el día de tu visita.

El parque y las vistas hacia la ciudad

Detrás del castillo se extiende el Parco Sempione, un gran espacio verde de aire inglés con caminos sinuosos, estanques y zonas de césped donde los milaneses salen a correr o a descansar. Es un buen lugar para hacer una pausa después de los museos.

Al fondo se divisa el Arco della Pace, un arco triunfal neoclásico que se levantó en la época napoleónica y que marca el final de la perspectiva desde el castillo.

Al otro lado, cerca del parque, se alza una torre metálica construida en el siglo XX para una exposición, desde la que antiguamente se obtenían vistas amplias.

El paseo de ida y vuelta entre el castillo y el arco resulta agradable y casi sin desniveles, así que es una buena opción si viajas con niños o si prefieres una caminata tranquila antes de volver hacia el centro histórico.

Cómo combinarlo con el resto de la ciudad

El castillo queda a un paso de la zona del centro más animada. Desde la plaza del Castello parte una calle peatonal que baja en línea recta hacia el Duomo y pasa por una rotonda donde confluyen varias calles comerciales.

Es un recorrido corto y cómodo que suele hacerse al final de la visita, y que enlaza muy bien con otras paradas como el Cenacolo Vinciano o la galería comercial junto a la catedral, que verás en otras guías de esta misma ciudad.

Si te interesa el Renacimiento, el castillo es una parada obligada antes de acercarte al refectorio donde Leonardo pintó la Última Cena.

Ambos lugares están unidos por la figura de Ludovico el Moro, el mecenas que apostó por el artista y que convirtió su corte en uno de los focos culturales más brillantes de la Italia de su tiempo.

¿Por qué se destruyó el castillo original en 1447?

Tras la caída de la dinastía Visconti y durante el breve período de la Ambrosiana, el castillo original fue destruido casi por completo, antes de que Francesco Sforza ordenara su reconstrucción en 1450.

¿Qué obra de Leonardo da Vinci hay en el castillo?

El fresco de la Sala delle Asse, con un entramado de ramas de morera, que permaneció oculto bajo pintura posterior durante siglos hasta su redescubrimiento a finales del siglo XIX.

Sigue conociendo Milán: el Cenacolo Vinciano, el Teatro alla Scala y toda la guía de Milán.

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