Padrão dos Descobrimentos: una carabela de piedra en Belém

El Padrão dos Descobrimentos, monumento con forma de carabela de más de 50 metros de altura, se construyó originalmente en materiales perecederos en 1940 para la Exposición del Mundo Portugués, y fue reconstruido de forma permanente en piedra entre 1958 y 1960, inaugurándose el 9 de agosto de ese año para conmemorar los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante. El arquitecto José Ângelo Cottinelli Telmo y el escultor Leopoldo de Almeida son sus autores.

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Ubicación
Ribera del Tajo, Belém, Lisboa
Versión original
1940, en materiales perecederos
Reconstrucción permanente
1958-1960
Altura
Más de 50 metros, con forma de carabela

El Padrão dos Descobrimentos conmemora la Era de los Descubrimientos junto al Tajo, en Lisboa.

El Padrão dos Descobrimentos junto al río Tajo en Lisboa.
Alvesgaspar (CC BY-SA 3.0)

De monumento temporal a permanente

El monumento se erigió por primera vez en 1940 con materiales perecederos, una estructura ligera de hierro y cemento con esculturas de yeso, como parte de la Exposición del Mundo Portugués organizada por el régimen de António de Oliveira Salazar.

Esa versión original fue posteriormente desmontada, hasta que en febrero de 1958 el gobierno impulsó la construcción de un monumento permanente, que se levantó entre noviembre de ese año y enero de 1960 con cemento y piedra caliza rosada de Leiria, mientras que las esculturas se realizaron en piedra caliza de Sintra.

Cincuenta metros en honor a Enrique el Navegante

El monumento permanente se inauguró el 9 de agosto de 1960, dentro de las Comemorações Henriquinas, las festividades organizadas para conmemorar los 500 años de la muerte del infante Enrique el Navegante, impulsor decisivo de la expansión marítima portuguesa.

Con más de 50 metros de altura y forma de carabela, la obra del arquitecto José Ângelo Cottinelli Telmo y el escultor Leopoldo de Almeida rinde homenaje a marineros, mecenas reales y a todos aquellos que participaron en la Era de los Descubrimientos.

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Las figuras de la proa y los laterales

El monumento tiene forma de carabela lista para zarpar, y su proa avanza hacia el Tajo. En el extremo delantero aparece la figura de Enrique el Navegante, con una pequeña nave entre las manos, como símbolo del impulso que dio a la exploración atlántica.

Detrás de él se despliega una procesión de figuras escalonadas a cada lado: navegantes, cartógrafos, misioneros, cronistas, artistas y otros personajes que, de un modo u otro, tuvieron un papel en aquellas empresas.

Entre esas figuras se reconocen nombres como Vasco da Gama, Pedro Álvares Cabral, Fernão de Magalhães, Bartolomeu Dias y el poeta Luís de Camões, que dejó en versos la gesta de los navegantes. Hay también una presencia femenina, la reina Filipa de Lancaster, madre del infante.

En total son una treintena de figuras de piedra. Si te acercas por la parte lateral, verás con claridad cómo se ordenan en un movimiento ascendente y cómo cada una tiene un gesto distinto.

La rosa de los vientos y el mapa del suelo

Al pie del monumento, el pavimento de la explanada forma un enorme mapamundi de piedra con las rutas de los navegantes portugueses y las fechas de los principales descubrimientos.

En el centro se destaca una gran rosa de los vientos, que fue un regalo de un país extranjero con motivo de la inauguración.

Es un recurso muy visual para comprender el alcance de aquellas travesías, y conviene observarlo desde la plataforma o desde algún punto elevado para apreciar el dibujo completo.

El mapa invita a hacer un ejercicio de imaginación: seguir con la vista las líneas que parten de Lisboa, rodean África, llegan a la India y se adentran en el Atlántico occidental.

Los niños suelen disfrutar buscando los nombres de los lugares y descubriendo los itinerarios, y es un buen modo de entender por qué este punto de la ribera, desde el que zarpaban las naves, se eligió para un monumento de esta naturaleza.

Subir al mirador y recorrer el entorno

Por dentro, el monumento se puede recorrer con un ascensor y unas escaleras que llevan a una terraza situada en la parte alta. Desde allí obtendrás una panorámica excelente del barrio de Belém: el monasterio, los jardines, la torre junto al río y el largo puente que cruza el Tajo.

También se aprecia con nitidez el diseño de la plaza y la rosa de los vientos del suelo. En el interior suele haber espacios de exposición sobre la época de los descubrimientos.

Antes de ir, consulta en la web oficial los horarios y las condiciones de acceso al mirador, porque pueden variar. La explanada es muy abierta y con poca sombra, así que en verano conviene llevar agua y protección.

Para completar la jornada, puedes dar un paseo por la ribera hacia la torre, o cruzar hacia los jardines que separan el monumento del monasterio, formando un recorrido muy completo por Belém.