El Mosteiro dos Jerónimos, pagado con el comercio de la ruta a la India

El Mosteiro dos Jerónimos, cuya construcción comenzó el 6 de enero de 1501, fue ordenado por el rey Manuel I para celebrar el descubrimiento de la ruta marítima a la India por Vasco da Gama, financiado con un impuesto del 5% sobre el comercio con África y Oriente. Con el tiempo se convirtió además en panteón real de la dinastía de Avís. Hoy alberga las tumbas de Vasco da Gama, Luís de Camões y varios reyes portugueses.

Por

Ubicación
Barrio de Belém, Lisboa
Inicio de la construcción
6 de enero de 1501
Encargado por
El rey Manuel I
Financiación
Impuesto del 5% sobre el comercio con África y Oriente

El Mosteiro dos Jerónimos es la gran obra manuelina de Lisboa, en el barrio de Belém.

Fachada del Monasterio de los Jerónimos en Lisboa.
Dennis G. Jarvis (CC BY-SA 2.0)

Un monasterio para celebrar la ruta a la India

El rey Manuel I ordenó la construcción del monasterio para conmemorar el histórico viaje de Vasco da Gama, que había descubierto la ruta marítima hacia la India, y las obras comenzaron el 6 de enero de 1501.

La financiación provino de la 'Vintena da Pimenta', un impuesto del 5% sobre el comercio con África y Oriente, de manera que el propio éxito comercial de los descubrimientos pagó su monumento conmemorativo.

El arquitecto Diogo de Boitaca proyectó y comenzó las obras, y hacia 1517 tomó el relevo João de Castilho.

De monasterio a panteón de la dinastía de Avís

Con el tiempo, el propósito original del edificio se amplió y su iglesia pasó a ser panteón real de la dinastía de Avís.

La noche de julio de 1497, antes de zarpar hacia la India, el propio Vasco da Gama había velado en la ermita de Santa María que ocupaba este mismo lugar.

Hoy el monasterio es el lugar de descanso final de numerosas personalidades célebres de Portugal, entre ellas el propio Vasco da Gama, el poeta Luís de Camões, y los reyes Manuel I y Juan III.

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El estilo manuelino en piedra

El Mosteiro dos Jerónimos es el mejor ejemplo del estilo manuelino, una variante tardogótica propia de Portugal que mezcla elementos góticos, renacentistas y motivos inspirados en los viajes marítimos.

Verás cuerdas retorcidas, esferas armilares, corales, algas y conchas esculpidos en la piedra caliza clara, como si el mar hubiera dejado su huella en la arquitectura.

Esa decoración exuberante, que contrasta con la solidez del conjunto, refleja la riqueza que llegaba a Lisboa gracias a las rutas comerciales abiertas por los navegantes.

El portal sur, que da al río, es la pieza más ornamentada del exterior. Está cubierto de esculturas de santos, figuras y detalles heráldicos, y en lo alto aparece la imagen de Nuestra Señora de Belém.

Merece la pena detenerse a mirarlo con calma, de abajo arriba, porque cada nivel guarda escenas y motivos diferentes. Conviene recordar que la comunidad religiosa de los jerónimos habitó el edificio durante siglos, hasta que en el siglo XIX se disolvieron las órdenes religiosas en Portugal.

El claustro y la iglesia

El claustro es, para muchos viajeros, el verdadero corazón del monasterio. Tiene dos pisos de arcadas con columnas, pilares y bóvedas cubiertas de decoración, y su forma cuadrada crea un espacio recogido, casi ajeno al bullicio exterior.

Los efectos de luz y sombra a lo largo del día cambian el aspecto de la piedra, y por eso resulta fotogénico a cualquier hora. En las galerías se conservan también antiguas dependencias de los monjes, como el refectorio, decorado con azulejos.

La iglesia de Santa María de Belém sorprende por sus tres naves de igual altura, separadas por esbeltas columnas ornamentadas que parecen ramas de palmera y que sostienen una bóveda de crucería de enorme ligereza.

Allí descansan Vasco da Gama y Luís de Camões, en sepulcros situados a ambos lados de la entrada, y también varios reyes.

En el monasterio se encuentran asimismo los restos del escritor Alexandre Herculano y del poeta Fernando Pessoa, lo que lo convierte en un panteón de figuras de la historia y la cultura portuguesas.

Un patrimonio reconocido y su entorno

El monasterio fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1983, junto con la cercana Torre de Belém. Ese reconocimiento subraya su valor como símbolo de la época en que Portugal se lanzó a explorar los océanos.

Hoy es uno de los monumentos más visitados del país, por lo que es habitual encontrar colas en las horas centrales. Conviene consultar en la web oficial las condiciones de visita, los billetes y los horarios, porque pueden cambiar según la temporada.

El barrio de Belém concentra más lugares de interés en un espacio muy reducido: la torre fortificada junto al río, el monumento a los descubrimientos y varios museos. Los jardines que se extienden frente al monasterio son un buen lugar para descansar y repasar lo visto.

Si quieres probar el dulce más famoso de la zona, el pastel de nata local, ten en cuenta que en el barrio hay varias pastelerías con tradición, y que a menudo se forman filas, especialmente a media mañana.