Casi seis siglos tardó en terminarse el Duomo de Milán
El Duomo de Milán, la catedral gótica más grande de Italia, se empezó a construir en 1386 y no se terminó del todo hasta 1965. Tiene 135 agujas de mármol y más de 3.400 estatuas. Se puede subir a las terrazas con entrada aparte, con vistas a toda la llanura lombarda y, en días claros, a los Alpes.
Por Florencia · Publicado el 7 de septiembre de 2026
En el centro exacto de Milán, el Duomo domina la ciudad con un bosque de 135 agujas de mármol blanco: la catedral gótica más grande de Italia y una de las construcciones religiosas más elaboradas de Europa, con más de 3.400 estatuas repartidas entre su interior y su fachada.
579 años de construcción
Las obras arrancaron en 1386, cuando el arzobispo Antonio da Saluzzo convocó a los fieles a financiar una nueva gran catedral, un proyecto que ganó impulso decisivo gracias a Gian Galeazzo Visconti, señor de Milán, que acababa de unificar los territorios Visconti tras derrocar a su tío. La construcción avanzó durante siglos con varios estilos arquitectónicos distintos superpuestos.
La fachada principal se completó en 1813, por orden de Napoleón Bonaparte, y la obra no se consideró formalmente terminada hasta 1965, con la instalación de la última puerta de bronce: 579 años entre el inicio y el final simbólico de la construcción.

La Madonnina y el límite de altura de la ciudad
En lo más alto de la aguja principal, la Madonnina —una estatua dorada de la Virgen de unos cuatro metros, obra de Giuseppe Perego en 1774— marcó durante generaciones el punto más elevado permitido en Milán, una regla no escrita que se respetó durante décadas.
Cuando los rascacielos modernos finalmente superaron ese límite de 108,5 metros, cada uno colocó en su propia cúspide una réplica de la Madonnina como gesto de respeto: hoy hay copias en la Torre Pirelli, el Palazzo Lombardia y la Torre Allianz, uno de los edificios más altos de la ciudad.
- Ubicación
- Piazza del Duomo, centro de Milán
- Construcción
- 1386 a 1965 (579 años, con fachada de 1813)
- Agujas de mármol
- 135
- Estatuas
- Más de 3.400
El mármol de Candoglia y el trabajo que nunca termina
El mármol rosado de la cantera de Candoglia, en el norte del Piamonte, llegó a Milán por los canales, los mismos Navigli que verás en otra guía de esta ciudad.
Durante siglos, la propia fábrica de la catedral ha gestionado ese suministro, y todavía hoy cuenta con talleres de canteros y escultores que sustituyen las piezas desgastadas por la lluvia, la contaminación y el paso del tiempo.
De ahí que se diga que el Duomo es una obra que nunca se acaba del todo.
Esa labor continua se nota en los detalles. Si te fijas bien, verás piedras de tonos algo diferentes, restauraciones recientes junto a elementos centenarios y estatuas con distintos estilos de talla.
Es una forma de entender la catedral como un organismo vivo, mantenido por generaciones de artesanos que repiten técnicas heredadas, lo que en cierto modo conecta el edificio con los oficios medievales que lo vieron nacer.
Un interior de columnas enormes
Al entrar, el espacio sorprende por su escala. Cinco naves separadas por columnas gigantescas sostienen unas bóvedas muy altas, y la luz llega teñida de colores a través de vidrieras que cuentan escenas bíblicas.
La penumbra y la sensación de bosque de piedra se acentúan en las naves laterales, donde los capiteles de las columnas incluyen pequeñas hornacinas con figuras de santos.
Entre los elementos más curiosos del interior hay una línea de latón incrustada en el suelo, que funciona como meridiano: un rayo de sol que entra por un pequeño orificio en la bóveda marca sobre ella el mediodía solar.
Es un instrumento astronómico del siglo XVIII que permitía a los milaneses ajustar sus relojes, y un detalle que muchos visitantes pasan por alto al ir mirando hacia arriba.
Las terrazas y el paseo entre las agujas
Subir a la cubierta cambia por completo la experiencia. Desde allí caminas casi a la altura de las agujas, rodeado de pináculos, contrafuertes y estatuas que de lejos apenas se distinguen.
Cada rincón guarda figuras distintas, muchas de ellas con gestos expresivos, y se comprende la dimensión del trabajo artesanal que supone una catedral de estas características.
Hay que decidir si se sube por escaleras o en ascensor, algo que conviene consultar en la web oficial junto con las condiciones de acceso. Los días despejados ofrecen buenas vistas de la ciudad y, con suerte, de la cadena alpina.
Evita las horas centrales de calor en verano, porque la piedra clara refleja mucha luz, y lleva calzado cómodo, ya que algunos tramos son estrechos.
Alrededor de la plaza
La plaza del Duomo es el punto de partida de muchos paseos. En un lado arranca la galería comercial con su cúpula de cristal; en otro se abre el Palazzo Reale, que suele acoger exposiciones temporales.
Muy cerca queda el museo dedicado a la propia catedral, donde se conservan estatuas originales retiradas de la fachada, y desde la plaza se llega caminando al teatro más famoso de la ciudad.
¿Por qué el Duomo tardó tanto en construirse?
Porque las obras atravesaron siglos y varios estilos arquitectónicos distintos, desde el gótico original de 1386 hasta el neoclásico de la fachada de Napoleón en 1813, y no se dieron por concluidas formalmente hasta 1965.
¿Qué es la Madonnina?
La estatua dorada de la Virgen de 1774 que corona la aguja principal del Duomo, que durante siglos marcó el límite de altura no escrito de toda la ciudad de Milán.
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