Los primeros reyes de Portugal descansan en el Mosteiro de Santa Cruz
El Mosteiro de Santa Cruz, fundado en 1131 por la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín bajo el patrocinio de Afonso Henriques, primer rey de Portugal, se convirtió en la iglesia más importante del país en el momento de su fundación, cuando Coimbra era capital del reino. Se reconoce como Panteón Nacional desde 2003 por albergar las tumbas de Afonso Henriques y de su hijo Sancho I, los dos primeros monarcas portugueses.
Por Florencia
- Ubicación
- Centro de Coimbra
- Fundación
- Año 1131
- Fundador
- São Teotónio, con patrocinio de Afonso Henriques
- Panteón Nacional desde
- 2003
El Mosteiro de Santa Cruz guarda los restos de los primeros reyes de Portugal en Coimbra.

El templo más importante del reino recién nacido
El monasterio se fundó en 1131 por la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín, con el respaldo de los primeros reyes de Portugal, dos de los cuales, Afonso Henriques y Sancho I, están enterrados allí. Su fundador, São Teotónio, sería con el tiempo declarado el primer santo de Portugal.
En el momento de su fundación, la iglesia del Mosteiro de Santa Cruz se consideraba el templo más importante de todo el país, ya que Coimbra era entonces la capital del reino.
El descanso final de los dos primeros reyes
En 2003, el Mosteiro de Santa Cruz recibió oficialmente el estatus de Panteón Nacional, en reconocimiento a que allí descansan las tumbas de Afonso Henriques y Sancho I, los dos primeros reyes de la historia de Portugal.
El rey Manuel I ordenó una profunda reforma de la iglesia y del claustro románicos originales, que se reconstruyeron en estilo manuelino, y encargó nuevas tumbas para ambos monarcas dentro de la nueva capilla mayor, un conjunto que sigue siendo hoy uno de los lugares con mayor carga simbólica de toda la historia portuguesa.
Un centro de saber antes de la universidad
Además de templo y panteón, Santa Cruz fue durante la Edad Media uno de los grandes focos culturales del reino. Los canónigos regulares de San Agustín reunieron una biblioteca importante, copiaron manuscritos y mantuvieron una escuela por la que pasaron muchos de los hombres más cultos de su tiempo.
El monasterio llegó a funcionar como una especie de taller de la memoria del reino: en su scriptorium se redactaron crónicas y textos que contribuyeron a fijar el relato de los orígenes de Portugal.
Entre sus alumnos más célebres figura un joven canónigo nacido en Lisboa que estudió aquí teología antes de ingresar en la orden franciscana y marcharse a Italia: el futuro San Antonio, conocido en buena parte del mundo como San Antonio de Padua y en Portugal como Santo António de Lisboa.
Siglos más tarde, cuando la universidad se trasladó de forma estable a Coimbra, Santa Cruz siguió vinculado a la enseñanza, y la cercana Rua da Sofia se abrió en el siglo XVI para acoger a varios colegios universitarios.
Qué ver en la iglesia
Lo primero que llama la atención es la fachada, con un gran pórtico de estilo manuelino y renacentista, poblado de esculturas, pináculos y doseles.
Se levantó en el siglo XVI, durante la reforma ordenada por Manuel I, y en ella trabajaron algunos de los maestros más destacados de la época, como Diogo de Castilho y el escultor francés Nicolau Chanterene, que dejaron su huella en varios monumentos de Coimbra.
Con la luz de la tarde, la piedra clara adquiere tonos dorados y los detalles se aprecian mucho mejor.
En el interior, la nave única está revestida con paneles de azulejos blancos y azules del siglo XVIII con pasajes bíblicos. Fíjate también en el púlpito renacentista de piedra, una de las piezas escultóricas más finas del templo.
Pero el centro de la visita está en la capilla mayor, donde se encuentran los sepulcros de Afonso Henriques y Sancho I, enfrentados a ambos lados del altar. Son tumbas monumentales, labradas con figuras yacentes y una rica decoración, atribuidas al taller de Chanterene.
El claustro del silencio y el coro alto
Desde la iglesia se accede a la sacristía, decorada con pinturas de los siglos XVI y XVII, y al Claustro do Silêncio, el claustro del silencio, de estilo manuelino. Es un espacio recogido, de proporciones pequeñas, con arcos y bóvedas decorados y relieves de tema religioso en sus muros.
Su ambiente sereno contrasta con el movimiento de la plaza que queda a pocos metros, al otro lado de los muros.
Otra de las joyas del conjunto es el coro alto, situado sobre la entrada de la iglesia, con una sillería de madera tallada del siglo XVI. La talla, minuciosa y llena de detalles, es un buen ejemplo de la habilidad de los tallistas portugueses de aquel momento.
Según la temporada y las condiciones de visita, no siempre está abierto al público, así que pregunta al llegar.
El pórtico manuelino de la fachada
Los azulejos del siglo XVIII con pasajes bíblicos
Los sepulcros de Afonso Henriques y Sancho I
El Claustro do Silêncio y la sacristía
La sillería del coro alto
Curiosidades
Con la extinción de las órdenes religiosas en Portugal en 1834, el monasterio perdió su comunidad y sus dependencias se repartieron entre distintos usos civiles. Parte del antiguo edificio alberga hoy la Câmara Municipal, el ayuntamiento de Coimbra.
Y un antiguo espacio religioso junto a la iglesia se convirtió en el Café Santa Cruz, uno de los cafés históricos más bonitos de Portugal, donde se puede tomar algo bajo bóvedas góticas y vitrales. Es un lugar muy ligado a la vida estudiantil y política de la ciudad.
Los antiguos jardines del monasterio también sobreviven con otros nombres. El Jardim da Manga, detrás de la iglesia, conserva una fuente renacentista que formaba parte del claustro, con un templete central rodeado de agua.
Y el Parque de Santa Cruz, conocido popularmente como Jardim da Sereia, fue la huerta y el lugar de recreo de los canónigos, con escalinatas, fuentes y azulejos.
Consejos para la visita
El acceso a algunas zonas, como la sacristía, el claustro o el coro alto, puede tener condiciones distintas a las de la iglesia.
Consulta los horarios y los precios en la web oficial antes de ir, y ten en cuenta que, al ser un templo con culto, la visita puede verse limitada durante las misas y ceremonias.
Calcula alrededor de una hora para verlo todo con calma, y respeta el silencio y la vestimenta adecuada propia de un lugar religioso.
Qué ver cerca
El monasterio preside la Praça 8 de Maio, al final de las calles comerciales de la Baixa, de modo que es un punto de partida ideal para explorar la ciudad.
Por la Rua Visconde da Luz y la Rua Ferreira Borges llegarás al Arco de Almedina y a la subida hacia la Sé Velha y la universidad.
Hacia el norte, la Rua da Sofia conserva las fachadas de los antiguos colegios universitarios, y a pocos minutos están el Jardim da Manga y el Parque de Santa Cruz.





