Casi 380 capiteles en la Sé Velha, la catedral románica de Coimbra
La Sé Velha de Coimbra, que recibió su impulso definitivo en 1162 con el obispo Miguel Salomão y el maestro Roberto, ya estaba en uso en 1185, décadas después de que Afonso Henriques se proclamara rey de Portugal tras la Batalla de Ourique en 1139 y eligiera Coimbra como capital del reino. Con casi 380 capiteles esculpidos, es uno de los principales núcleos de la escultura románica portuguesa, y la única catedral románica de la Reconquista que sobrevive relativamente intacta.
Por Florencia
- Ubicación
- Centro histórico de Coimbra
- Construcción
- Desde 1162
- Estilo
- Románico coimbrão, con aspecto de fortaleza
- Claustro
- Iniciado en 1218, primer gótico de Portugal
La Sé Velha es la antigua catedral de Coimbra, una de las mejor conservadas de su época.

Una catedral para la nueva capital del reino
La catedral recibió su impulso definitivo en 1162, con el apoyo del obispo Miguel Salomão y la dirección del maestro Roberto, posiblemente de origen francés; en 1185 ya se coronó en ella a Sancho I.
El proyecto nació tras la Batalla de Ourique de 1139, cuando Afonso Henriques se proclamó primer rey de Portugal y eligió precisamente Coimbra como capital de su nuevo reino, una decisión que dio a la ciudad un peso simbólico que todavía conserva.
Una fortaleza con casi 380 capiteles esculpidos
Vista desde el exterior, la Sé Velha se asemeja a un pequeño castillo, con muros altos coronados de almenas y ventanas escasas y estrechas, un aspecto de fortaleza compartido por otras catedrales de la época y explicado por el clima bélico de la Reconquista todavía vigente.
El edificio, en la segunda fase del estilo románico conocido como 'coimbrão', reúne cerca de 380 capiteles esculpidos, uno de los principales núcleos de escultura románica de todo Portugal.
Su claustro, iniciado en 1218, está considerado la primera experiencia gótica del país, y la propia Sé Velha es la única catedral románica de la época de la Reconquista que sobrevive hasta hoy relativamente intacta.
La fachada principal y la Porta Especiosa
La fachada oeste es la imagen más reconocible de la Sé Velha. El cuerpo central sobresale del muro como si fuera una torre, con una portada de arcos de medio punto y, encima, un gran ventanal que repite el mismo esquema.
Las almenas que coronan el edificio y la escasez de aberturas refuerzan esa sensación de fortaleza que tanto llama la atención a quien llega por primera vez desde las callejuelas de la Alta.
En el lado norte aparece un contraste muy marcado: la Porta Especiosa, una portada renacentista del siglo XVI atribuida al taller del escultor francés João de Ruão, uno de los grandes nombres del Renacimiento en Coimbra.
Sus columnas, medallones y relieves, labrados en la piedra caliza blanda de la región, muestran cómo cambió el gusto de la ciudad en apenas unos siglos. El desgaste de esa piedra se nota hoy en muchos detalles, pero el conjunto sigue siendo uno de los mejores ejemplos de su época.
Un recorrido por el interior
Al entrar, la penumbra y la solidez de los muros confirman lo que se intuye desde fuera. La iglesia tiene tres naves, con una galería superior que recorre los laterales, y una cabecera donde se concentran las piezas más valiosas.
El ambiente es mucho más recogido que el de la Sé Nova, y conviene dejar unos minutos para que los ojos se acostumbren a la luz antes de fijarse en los detalles.
El retablo mayor, una gran obra gótica tardía de madera tallada, realizada entre 1498 y 1502 por los maestros flamencos Olivier de Gand y Jean d'Ypres.
Los azulejos de estilo hispano-morisco que revisten parte de los muros, traídos de Sevilla hacia el cambio del siglo XV al XVI.
Un altar renacentista del escultor Nicolau de Chanterenne, en el ábside del lado norte.
Los capiteles esculpidos, con motivos vegetales, animales y figuras fantásticas.
El claustro, al que se accede desde el interior y que marca el paso del románico al gótico.
Los capiteles merecen una mirada atenta. Muchos combinan hojas estilizadas con animales enfrentados, aves y seres imaginarios, y algunos estudiosos han visto en ellos influencias que llegaron a Coimbra desde la antigua tradición mozárabe de la ciudad y desde los talleres del sur de Francia.
No hace falta ser especialista para disfrutarlos: basta con levantar la vista y recorrer las columnas una por una.
El claustro, entre dos épocas
El claustro es uno de los rincones más tranquilos de la Alta.
Se empezó cuando el románico de la iglesia ya estaba terminado y por eso combina elementos de los dos estilos: arcos apuntados agrupados bajo arcos mayores, una solución que lo convierte en una de las primeras muestras del gótico en Portugal.
En sus galerías se conservan sepulcros y capillas, y desde el patio central se ve la catedral desde un ángulo muy distinto al de la plaza.
El acceso al claustro suele estar sujeto a una entrada de pago, que también permite recorrer el interior con más calma.
Como las condiciones pueden variar, conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir, sobre todo en temporada alta, cuando la Alta recibe grupos organizados durante buena parte del día.
Curiosidades: fado y estudiantes en la escalinata
La escalinata y el largo frente a la fachada principal tienen un papel especial en la vida de Coimbra.
Durante la Queima das Fitas, la fiesta estudiantil de fin de curso, aquí se celebra la Serenata Monumental: de noche, con las luces apagadas, estudiantes vestidos con la capa negra interpretan fado de Coimbra frente a la catedral, ante una multitud que escucha en silencio. Es una de las tradiciones más emotivas de la ciudad.
El fado de Coimbra es distinto del de Lisboa. Está muy ligado a la universidad, lo interpretan tradicionalmente hombres, a menudo estudiantes o antiguos alumnos, y la guitarra de Coimbra tiene un sonido propio.
Si no coincides con la Serenata, en los alrededores de la Sé Velha hay locales dedicados a este género donde puedes escucharlo durante buena parte del año.
Consejos para la visita
Para dedicarle tiempo al interior y al claustro, calcula entre media hora y una hora.
La forma clásica de llegar es subir desde la Baixa por el Arco de Almedina y la Rua de Quebra Costas, una calle empinada y escalonada cuyo nombre ya avisa de lo que espera, así que lleva calzado cómodo y con buena suela.
Las primeras horas de la mañana suelen ser más tranquilas, y por la tarde la luz cálida favorece las fotos de la fachada.
Ten en cuenta que la Sé Velha sigue siendo un templo con culto, de modo que durante las celebraciones religiosas la visita puede quedar restringida.
Una buena idea es combinarla con un paseo sin prisa por las calles que la rodean: el Arco de Almedina fue una de las puertas de la antigua muralla medieval, y en la subida hay tiendas de artesanía, librerías de viejo y pequeños cafés donde hacer una pausa antes de seguir hacia la Alta.
Qué ver cerca
La Sé Velha es una parada natural en el camino hacia la universidad. Subiendo unos minutos llegas a la Sé Nova, la catedral que la sustituyó en el siglo XVIII, y un poco más arriba al Paço das Escolas, con la Biblioteca Joanina.
Muy cerca está también el Museu Nacional Machado de Castro, instalado en el antiguo palacio episcopal sobre los restos del criptopórtico romano de la ciudad. Al bajar hacia la Baixa, el Mosteiro de Santa Cruz guarda los sepulcros de los primeros reyes de Portugal.





