Con forma de portaaviones, el Oceanário de Lisboa nació con la Expo

El Oceanário de Lisboa se construyó como parte de la Expo 98, la exposición universal que celebró los 500 años del viaje de Vasco da Gama a la India, y abrió sus puertas el 22 de mayo de 1998. Diseñado por el arquitecto estadounidense Peter Chermayeff con forma de portaaviones, su gran tanque central, del tamaño de unas dos piscinas olímpicas, alberga numerosas especies marinas. Es uno de los mayores acuarios de Europa.

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Ubicación
Parque das Nações, antigua Doca dos Olivais, Lisboa
Inauguración
22 de mayo de 1998, para la Expo 98
Arquitecto
Peter Chermayeff
Tanque central
5.000 m³, numerosas especies

El Oceanário de Lisboa es el gran acuario de Lisboa, en el Parque das Nações.

El edificio del Oceanário de Lisboa.
Cassiaferreira (CC BY-SA 3.0)

Un legado de la Expo 98

El Oceanário se construyó como pabellón central de la Expo 98, la exposición universal organizada para celebrar los 500 años del histórico viaje de Vasco da Gama a la India, y abrió al público el 22 de mayo de 1998.

El edificio, obra del arquitecto estadounidense Peter Chermayeff, recuerda deliberadamente a un portaaviones flotante, instalado sobre la dársena conocida como Doca dos Olivais, a orillas del propio río Tajo.

Uno de los mayores acuarios de Europa

Su gran tanque central, del tamaño de unas dos piscinas olímpicas con 5.000 metros cúbicos de agua, alberga numerosas especies marinas, entre ellas rayas, barracudas, morenas y un enorme pez luna que suele ser uno de los grandes atractivos para los visitantes.

Con una amplia colección adicional de aves, mamíferos y otras especies acuáticas repartidas en distintos ecosistemas temáticos, el Oceanário es hoy uno de los mayores acuarios del continente europeo.

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Un océano en un solo edificio

La idea que vertebra el Oceanário es presentar el océano mundial como un único sistema conectado, y no como una simple colección de peceras. En el centro se encuentra el gran depósito, rodeado por varios espacios que representan hábitats de distintas regiones del planeta.

Cada uno de ellos reproduce un ambiente con sus propias especies, su temperatura y su vegetación, de modo que a medida que avanzas pasas de costas rocosas del Atlántico a mares fríos y otros ecosistemas, sin salir del edificio.

El diseño del recorrido ayuda a comprender esa unidad. Desde distintos niveles puedes asomarte al mismo gran tanque central, y en cada plano cambia lo que ves: arriba, los peces que nadan cerca de la superficie, y abajo, las especies que prefieren el fondo.

Ese juego de miradas permite observar tiburones, rayas y bancos de peces que cruzan frente a ti, y contribuye a que el conjunto resulte envolvente incluso para quienes no son aficionados a la biología marina.

Los habitantes más llamativos

Además de las especies del gran tanque, el Oceanário reúne animales que no suelen verse en un acuario convencional, como aves marinas de costas frías y mamíferos que se desenvuelven con soltura entre las rocas y el agua.

Las nutrias marinas, por ejemplo, destacan por su comportamiento juguetón y se han convertido en una de las paradas más populares del recorrido. También hay zonas dedicadas a organismos pequeños y delicados, como medusas y caballitos de mar, que se aprecian mejor a corta distancia.

El pez luna, de cuerpo redondeado y aspecto casi irreal, es otro de los protagonistas. Su silueta aplastada lateralmente y sus movimientos lentos llaman la atención de los visitantes de todas las edades.

En paralelo, el centro desarrolla trabajo de conservación y divulgación sobre la protección del medio marino, y a menudo presenta exposiciones temporales sobre la biodiversidad y los problemas que amenazan los mares.

El Parque das Nações y consejos para la visita

El acuario se encuentra en el Parque das Nações, el barrio moderno que surgió sobre una antigua zona industrial para acoger la exposición universal de 1998, y hoy es un área de paseos junto al río, jardines, edificios contemporáneos y espacios abiertos, muy diferente de la Lisboa histórica.

Merece la pena dedicar un rato a caminar por el paseo ribereño y a observar la arquitectura moderna de la zona, con puentes, pabellones y plazas amplias.

Es una visita especialmente recomendable con niños, o cuando el tiempo es incierto, porque se desarrolla en el interior. Conviene tener en cuenta que las zonas de agua fría pueden resultar frescas, así que una prenda ligera es buena idea.

Consulta en la web oficial las condiciones de acceso, los billetes y los horarios, y valora reservar con antelación en los periodos de más afluencia para evitar esperas innecesarias.

Un solo océano visto desde cuatro rincones

La idea que vertebra el Oceanário es sencilla y poderosa: los océanos del planeta están conectados y forman, en realidad, un único océano global.

Para transmitirlo, el edificio organiza su colección en torno a un gran depósito central que representa el mar abierto, rodeado de espacios que reproducen las costas del Atlántico Norte, el Antártico, el Pacífico templado y el Índico tropical.

Recorrer esas galerías es como viajar por los grandes ambientes marinos sin salir del recinto.

Presta atención a cómo cambia la luz, la temperatura visual y el tipo de fauna en cada zona.

Las aves que se zambullen, las nutrias marinas, los bosques de algas y los corales de aguas cálidas permiten comparar ecosistemas muy distintos y comprender por qué cada especie depende de su hábitat.

Arte, conservación y educación

El Oceanário no se limita a exhibir animales. También desarrolla programas educativos y proyectos de sensibilización sobre la protección del mar, un tema cada vez más presente en las exposiciones temporales y en las actividades para familias.

Es un buen lugar para hablar con los niños sobre la pesca responsable, la contaminación por plásticos y la fragilidad de los ecosistemas marinos.

Entre las exposiciones temporales que pasaron por aquí figura «Forests Underwater», del artista japonés Takashi Amano, un acuario de agua dulce con plantas acuáticas que cerró en septiembre de 2026, una pieza pensada para mostrar que la belleza natural también puede ser un lenguaje artístico. Consulta en la web oficial las exposiciones temporales vigentes durante tu visita.

Reserva tiempo para detenerte frente al gran acuario central sin mirar el reloj. Ver cómo cruzan rayas, tiburones y peces de banco en un mismo espacio, con una calma casi hipnótica, es una de las experiencias que más recuerdan quienes pasan por aquí.

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