Más de 75 metros y 240 escalones en la Torre dos Clérigos de Nasoni

La Torre dos Clérigos, construida entre 1754 y 1763 por encargo de la Hermandad de Clérigos Pobres, es obra del arquitecto italiano Nicolau Nasoni, uno de los grandes exponentes del barroco en el norte de Portugal. Con más de 75 metros de altura y 240 escalones interiores, funcionaba también como punto de referencia para los barcos que navegaban por el río Duero, y hoy ofrece una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.

Por

Ubicación
Centro de Oporto
Construcción
1754-1763
Arquitecto
Nicolau Nasoni
Altura
Más de 75 metros, 240 escalones

La Torre dos Clérigos es el símbolo vertical de Oporto.

La Torre dos Clérigos en Oporto.
Medullaoblongata Projekt (CC BY-SA 4.0)

El maestro del barroco portuense

La construcción de la torre comenzó en 1754 por encargo de la Hermandad de Clérigos Pobres, y se completó en 1763, obra del arquitecto italiano Nicolau Nasoni, uno de los máximos exponentes del arte barroco en la ciudad portuguesa.

Tanto la iglesia como la torre adyacente son obra de Nasoni, construidas en granito, el material predominante en buena parte de la arquitectura histórica de Oporto.

Más de doscientos escalones hasta la mejor vista de la ciudad

Con más de 75 metros de altura, la torre se puede subir por una escalera interior de más de 240 escalones que conduce hasta la cima, desde donde se disfruta de una de las mejores panorámicas de la ciudad.

El diseño original de Nasoni contemplaba en realidad dos torres, aunque la segunda nunca llegó a construirse.

Además de su función religiosa como campanario, la torre sirvió también como punto de referencia para los barcos que navegaban por el río Duero, convirtiéndose con el tiempo en el símbolo por excelencia de Oporto.

Planifica tu viaje a Oporto:

• Guía de Oporto

• Livraria Lello

• Sé do Porto

Detalles arquitectónicos de la linterna y el campanario barroco

La silueta esbelta de la torre destaca con fuerza en el perfil urbano por su minuciosa ornamentación en granito. Este material pétreo domina la arquitectura monumental del norte portugués gracias a su resistencia frente a la erosión.

El maestro italiano diseñó seis cuerpos escalonados que alternan molduras clásicas con motivos vegetales y cornisas salientes. Cada nivel incorpora vanos con arcos decorados que reducen la pesadez de los muros y dotan al conjunto de dinamismo visual.

En el cuerpo superior se emplaza el campanario dotado de un carillón de campanas de bronce. La estructura culmina en una linterna octogonal rodeada por una barandilla calada de piedra y coronada por una cruz de hierro forjado.

Las cornisas voladas y los pináculos acentúan la sensación de ligereza en las alturas. Esta combinación de arte religioso y solidez estructural convirtió al edificio en una baliza de orientación para los barcos que navegaban por el río Duero.

La iglesia de los Clérigos y el legado funerario de Nicolau Nasoni

Adosada al campanario se alza la iglesia de la cofradía, concebida con una audaz planta elíptica que supuso una auténtica revolución estética. Esta innovadora distribución ovalada introdujo el lenguaje del barroco italiano más dinámico en territorio luso.

Los visitantes acceden a una nave central envolvente donde la luz cenital baña retablos elaborados en mármoles de tonos rosados y ocres. El retablo principal sobresale por sus tallas complejas creadas por destacados maestros de la escuela escultórica portuguesa.

El templo conserva también los restos de su insigne creador, quien decidió reposar eternamente entre estos muros que consagraron su genio artístico. Nicolau Nasoni fue sepultado en la propia iglesia.

Recorrer el interior permite comprender la devoción y el talento técnico de un maestro que redefinió para siempre el paisaje monumental de Oporto.

La experiencia del ascenso y la panorámica sobre el Duero

Subir hasta la plataforma superior exige superar doscientos cuarenta escalones de granito distribuidos en empinadas escaleras de caracol. A medida que avanzas por los pasillos interiores, los muros de sillería se vuelven más estrechos y las aberturas dejan entrar ráfagas de aire fresco.

Varios rellanos intermedios facilitan una pausa reparadora durante el ascenso. La subida requiere cierta calma pero recompensa con creces a quien emprende el recorrido.

Al salir a la balconada superior descubres una vista panorámica abierta de trescientos sesenta grados sobre toda la región urbana. Los tejados de teja roja del casco medieval forman un denso mosaico que desciende en terrazas hacia la orilla fluvial.

Hacia el sur se aprecian las naves bodegueras de Vila Nova de Gaia y los elegantes arcos de los puentes de hierro. En los días despejados puedes contemplar la desembocadura atlántica de Foz do Douro y la línea azulada del horizonte oceánico.

Un arquitecto italiano en la Oporto del siglo XVIII

Nicolau Nasoni, nacido en la Toscana, llegó a Portugal en la década de 1720 y acabó estableciéndose en Oporto, donde dejó una huella decisiva en el paisaje de la ciudad.

Su estilo, de un barroco ágil y teatral, se aprecia en varias iglesias y palacios, pero pocas obras lo resumen tan bien como la torre y la iglesia de los Clérigos, levantadas para la hermandad de los clérigos pobres.

La torre, terminada a mediados del siglo XVIII, se convirtió enseguida en una referencia visual para los barcos que se aproximaban al río Duero. Todavía hoy domina el perfil urbano y sirve de punto de orientación para quienes recorren las calles del centro histórico.

Una iglesia de planta oval

Lo más singular del conjunto es la iglesia, concebida con una planta elíptica, una solución poco habitual en la arquitectura religiosa portuguesa de su época. Esa forma crea un espacio interior fluido, sin ángulos duros, que acentúa la sensación de movimiento propia del barroco.

La fachada, con sus volutas, balaustradas y ornamentos de granito, completa un conjunto que combina teatralidad y rigor.

El granito, material característico del norte de Portugal, da a la torre su tono grisáceo y su aspecto sólido.

Con el paso del tiempo, la lluvia y la vegetación que asoma en las junturas le han añadido una pátina que forma parte de su personalidad, y que conviene mirar de cerca mientras subes.

Cuando llegues arriba, tómate un momento para identificar desde la altura los puentes sobre el Duero, la catedral y los tejados de barro que se extienden hasta el mar. Esa vista ayuda a comprender cómo se organiza la ciudad y por qué Oporto se explica tan bien desde sus colinas.

Para saber más