Castelo de São Jorge, la colina que fue romana, musulmana y portuguesa
El Castelo de São Jorge, con orígenes que se remontan al dominio romano, cayó bajo control musulmán en el siglo VIII y sirvió como bastión defensivo durante más de 400 años. En 1147, las fuerzas de Afonso Henriques, primer rey de Portugal, junto a cruzados del norte de Europa, conquistaron la fortaleza tras un asedio de tres meses. Más tarde el castillo quedó bajo la advocación de San Jorge, santo guerrero venerado también en Inglaterra.
Por Florencia
- Ubicación
- Una de las colinas más altas del centro de Lisboa
- Dominio musulmán
- Desde el siglo VIII, más de 400 años
- Reconquista cristiana
- 1147, tras un asedio de tres meses
- Nombre en honor a
- San Jorge, santo guerrero
El Castelo de São Jorge corona una de las colinas más altas del centro de Lisboa.

Cuatro siglos bajo dominio musulmán
El castillo tiene orígenes que se remontan a la época del dominio romano, aunque en el siglo VIII cayó bajo control musulmán y pasó a llamarse Al-Ushbuna o Lissabona.
Durante más de 400 años, la fortaleza sirvió de residencia a los gobernadores musulmanes y de bastión defensivo frente a los ataques cristianos que llegaban desde el norte de la península.
El asedio de 1147 y la leyenda de Martim Moniz
En el contexto de la Reconquista cristiana de la península ibérica, y tras conquistar Santarém, las fuerzas de Afonso Henriques, primer rey de Portugal, con la ayuda de cruzados normandos, flamencos, alemanes e ingleses que se dirigían a Tierra Santa, asediaron esta fortaleza musulmana, que finalmente capituló tras tres meses de cerco en 1147.
Una leyenda posterior narra que el caballero Martim Moniz, al ver una de las puertas del castillo entreabierta, sacrificó su propia vida interponiendo su cuerpo para impedir que los moros la cerraran, permitiendo así la victoria de sus compañeros.
Una de las versiones sitúa la dedicación del castillo a San Jorge en tiempos del rey Juan I, a finales del siglo XIV.
Una colina habitada desde la antigüedad
La colina del castillo ha sido un lugar atractivo para asentarse desde mucho antes de que existiera la fortaleza actual. Dominaba el estuario del Tajo, ofrecía una posición defendible y permitía controlar tanto el río como las tierras de alrededor.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en el recinto han sacado a la luz restos de distintas épocas, lo que demuestra que la ocupación del lugar fue continua y que cada pueblo fue levantando sus construcciones sobre las de los anteriores.
Tras la conquista cristiana, el castillo siguió siendo residencia de la corte durante siglos. Fue palacio real hasta que los monarcas se trasladaron a la zona ribereña, y después pasó a usos militares y de almacén.
El deterioro se aceleró con el terremoto de 1755, que dañó buena parte de las estructuras, y durante mucho tiempo el conjunto quedó medio abandonado. Las obras de recuperación del siglo XX le devolvieron el aspecto de fortaleza medieval que se ve hoy.
Qué ver dentro del recinto
El conjunto se organiza en torno a una gran plaza de armas, desde la que se accede a las murallas y a las torres. Subir al adarve, el paso que recorre lo alto del muro, permite caminar sobre las almenas y asomarse a Lisboa desde distintos ángulos.
Varias torres jalonan el perímetro, y cada una ofrece una perspectiva diferente de la ciudad: hacia la Baixa y el río, hacia Alfama, hacia el puente y las colinas del otro lado del Tajo.
En el interior también se conserva el núcleo del antiguo palacio, con salas que hoy sirven de espacio expositivo, y una zona arqueológica donde se aprecian cimientos de viviendas de épocas muy distintas. Es una buena ocasión para entender cómo era la vida cotidiana en la ciudad medieval.
Los paneles explicativos ayudan a situar cada hallazgo, y la cámara oscura instalada en una de las torres proyecta imágenes en vivo del paisaje urbano, algo que sorprende sobre todo a los niños.
Curiosidades de la fortaleza
Por los jardines y los patios es habitual encontrarse con pavos reales que se pasean con total naturalidad, un detalle inesperado en un castillo medieval. Los cañones expuestos en algunas explanadas apuntan hacia la ciudad baja.
Una de las historias que más se cuentan es la de la devoción a San Jorge.
Aunque la tradición popular la vincula a los cruzados que participaron en la conquista, el culto a este santo se consolidó en Portugal más adelante, en tiempos de la estrecha alianza con Inglaterra, país donde San Jorge es patrón.
Con el tiempo se convirtió en protector de los ejércitos portugueses y dio nombre a la fortaleza.
Consejos para disfrutar de la visita
La subida es empinada, de modo que lo más sensato es tomártelo con calma y reservar energía para recorrer las murallas, que incluyen escaleras estrechas y tramos sin barandilla alta. Si viajas con niños pequeños, vigila especialmente los desniveles.
Conviene consultar en la web oficial las condiciones de acceso, las entradas y los horarios antes de salir, porque pueden variar según la temporada y los eventos que se celebren en el recinto.
Para el camino de vuelta, lo más agradable es bajar a pie por las callejuelas de Alfama, uno de los barrios más antiguos de la ciudad, con sus escaleras, sus patios y sus pequeños miradores.
Desde allí puedes enlazar con la catedral, que queda a poca distancia, y seguir hacia la Baixa. Con esa combinación tendrás una buena idea de cómo se superponen la Lisboa medieval, la de la Reconquista y la que se reconstruyó después del terremoto.





