Morondava, la costa de los baobabs y los atardeceres rojos

Morondava y la mítica Avenida de los Baobabs constituyen el epicentro paisajístico y botánico de la costa occidental de Madagascar. Dominada por colosales ejemplares milenarios de Adansonia grandidieri que se alzan sobre pistas de tierra roja, la región combina atardeceres legendarios con los bosques secos de Kirindy, la cultura marinera de los pescadores Vezo y el acceso a los Tsingy de Bemaraha.

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Morondava y la mítica Avenida de los Baobabs constituyen el epicentro paisajístico y botánico de la costa occidental de Madagascar. Dominada por colosales ejemplares milenarios de Adansonia grandidieri que se alzan sobre pistas de tierra roja, la región combina atardeceres legendarios con los bosques secos de Kirindy, la cultura marinera de los pescadores Vezo y el acceso a los Tsingy de Bemaraha.

Especie emblemática
Adansonia grandidieri (baobabs gigantes de hasta 30 metros de altura)
Ubicación geográfica
Región de Menabe, costa del canal de Mozambique en el oeste malgache
Acceso terrestre
Carretera nacional RN35 (pavimentada desde Antsirabe) y pista de arena RN8
Conexión aérea
Aeropuerto de Morondava (MOQ), con vuelos regulares desde Antananarivo
Población étnica
Comunidades Sakalava (agricultores de Menabe) y Vezo (pescadores nómadas)
Mejor época de visita
De mayo a noviembre (temporada seca, pistas transitables y puestas de sol limpias)
Espectacular atardecer dorado en la legendaria Avenida de los Baobabs de Morondava.
Rod Waddington (CC BY-SA 2.0)

Historia y origen: la Catedral vegetal del Reino Menabe

La estampa de la Avenida de los Baobabs recortada contra el cielo crepuscular es el icono visual indiscutible de Madagascar ante el mundo. Sin embargo, este corredor de árboles gigantescos no fue concebido originalmente como una avenida ceremonial por la mano del hombre.

Hace más de ochocientos años, estos colosos vegetales formaban parte de una densa e impenetrable selva tropical caducifolia que cubría por entero las planicies litorales del canal de Mozambique.

Con el paso de los siglos y la expansión de las comunidades agrícolas del reino Sakalava de Menabe, el bosque primario circundante fue talado progresivamente para abrir campos de cultivo de arroz, maíz y pastos para el ganado cebú.

En medio de esta intensa deforestación, los campesinos locales respetaron escrupulosamente a los ejemplares de Adansonia grandidieri.

Considerados sagrados y reverenciados como 'renala' ('la madre del bosque' en dialecto malgache), los baobabs no solo eran morada de los espíritus de los antepasados, sino también fuentes vitales de agua dulce almacenada en sus troncos esponjosos, fibras para cordelería y frutos comestibles ricos en vitamina C.

Desde una perspectiva biológica evolutiva, el baobab de Grandidier es un prodigio de adaptación a la aridez extrema del suroeste de Madagascar.

Durante los breves meses de lluvias torrenciales estivales, el tronco suculento y fibroso del árbol absorbe y retiene hasta ciento veinte mil litros de agua dulce, lo que le permite sobrevivir a los siete o más meses de sequía invernal absoluta en los que pierde por completo su follaje.

Sus grandes flores blancas y olorosas se abren exclusivamente al caer la noche y marchitan en veinticuatro horas, dependiendo para su polinización cruzada de murciélagos frugívoros nocturnos y de pequeños lémures arborícolas que introducen sus hocicos en las corolas en busca de néctar azucarado.

De este modo involuntario nació la avenida: una alineación natural de veinticinco gigantes milenarios que bordea la pista de tierra roja que comunica Morondava con la localidad fluvial de Belon'i Tsiribihina.

En 2007, el Ministerio de Medio Ambiente de Madagascar declaró la zona Monumento Natural Protegido bajo la categoría III de la UICN, blindándola legalmente contra la tala y confiando su custodia a cooperativas locales de conservación comunitaria.

Troncos monumentales de Adansonia grandidieri elevándose sobre la pista de tierra de la avenida.
Heinonlein (CC BY-SA 4.0)

En el plano cultural, la región de Menabe atesora una rica herencia histórica vinculada a la gran dinastía Sakalava Maroseranana, fundada en el siglo XVI.

Los reyes de Menabe establecieron complejas tradiciones espirituales en torno al culto de los ancestros reales (Fitampoha), ceremonias donde las reliquias de los antiguos monarcas son bañadas solemnemente en las aguas del río Tsiribihina cada cinco años, congregando a miles de peregrinos ataviados con túnicas ceremoniales rojas y blancas.

Para los habitantes de Menabe, los baobabs más antiguos funcionan como santuarios vivientes donde aún hoy se celebran plegarias familiares, se depositan ofrendas de miel silvestre, monedas de plata y mechones de pelo de ganado cebú, y se consultan oráculos en busca de lluvia o curación médica.

Esta imbricación entre botánica, religión animista ancestral y geografía sagrada convierte a los bosques de Morondava en un territorio de profundo significado antropológico.

Cómo llegar y transporte en Morondava

Llegar a Morondava y a la Avenida de los Baobabs requiere planificar adecuadamente la ruta según el presupuesto y el tiempo disponible.

La vía más rápida y descansada es el transporte aéreo: la aerolínea nacional Madagascar Airlines (anteriormente Air Madagascar) opera vuelos comerciales regulares que conectan el Aeropuerto Internacional Ivato de Antananarivo con el Aeropuerto de Morondava (MOQ) en aproximadamente una hora de trayecto, con dos a cuatro frecuencias semanales durante la temporada alta.

Por carretera asfaltada, el viaje desde Antananarivo cubre unos seiscientos cincuenta kilómetros a través de la carretera nacional RN7 hasta la ciudad balnearia de Antsirabe, desviándose después hacia el oeste por la carretera nacional RN35, ya rehabilitada pasando por Miandrivazo y Mahabo.

El viaje por carretera en vehículo todoterreno 4x4 privado con chófer profesional toma entre doce y catorce horas de conducción diurna, por lo que la gran mayoría de expediciones lo dividen pernoctando en Antsirabe o Miandrivazo.

La opción de los taxis-brousse (microbuses colectivos) parte a diario desde la estación terrestre Fasan'ny Karana en Antananarivo.

Aunque es el medio más económico, los trayectos en taxi-brousse pueden prolongarse entre veinte y veintiséis horas continuas debido a las paradas en aldeas intermedias, el estado cambiante del firme y las comprobaciones mecánicas en ruta, por lo que solo se recomienda a viajeros curtidos con tiempo holgado.

Navegación fluvial en barcaza a través de los cañones y desfiladeros del río Tsiribihina.
NASA Earth Observatory image by Mike Taylor, using Landsat data from the U.S. Geological Survey. Story by Adam Voiland. (Public domain)

Para quienes disponen de mayor espíritu de aventura y tiempo, la aproximación más espectacular se realiza navegando el río Tsiribihina en barcaza fluvial chaland o piragua tradicional durante dos o tres días desde Miandrivazo hasta Belo sur Tsiribihina, para luego continuar en vehículo 4x4 rumbo al sur atravesando la Avenida de los Baobabs al atardecer.

Una vez establecidos en Morondava, el alquiler de un 4x4 con conductor es indispensable para internarse por las pistas de arena de Kirindy, Andranomena y los Tsingy de Bemaraha.

Dentro de la ciudad de Morondava, el medio de transporte más popular y pintoresco son los tuk-tuks motorizados amarillos y los tradicionales pousse-pousse de tracción humana, idóneos para desplazarse con rapidez entre la península costera de Nosy Kely, el concurrido Bazar Be y el puerto marítimo.

Las 10 principales atracciones de Morondava y los Baobabs

La costa de Menabe cautiva a los viajeros por su extraordinaria amalgama de maravillas botánicas milenarias, reservas de fauna virgen, tradiciones marineras y paisajes fluviales inexplorados:

1. Avenida de los Baobabs al atardecer

La célebre Avenida de los Baobabs, situada a diecinueve kilómetros al noreste de Morondava sobre la pista de tierra RN8, constituye una auténtica catedral vegetal.

Sus ejemplares de Adansonia grandidieri, con troncos cilíndricos de hasta treinta metros de altura y copas aparasoladas, ofrecen un espectáculo místico cuando el sol se oculta en el horizonte del canal de Mozambique.

El juego cromático durante la hora dorada es el más llamativo del día: la luz rasante tiñe de tonos anaranjados y ocres la corteza pulida de los árboles, mientras el polvo fino levantado por las carretas de bueyes cebú crea una atmósfera etérea y cinematográfica.

Se aconseja acudir tanto al atardecer —para compartir la atmósfera comunitaria— como al amanecer, cuando el paraje amanece en absoluta soledad envuelto en una suave bruma matinal.

Para los entusiastas de la fotografía, se recomienda posicionarse junto a los estanques estacionales de lirios de agua situados en los márgenes de la pista, donde es posible capturar los reflejos especulares de los colosos invertidos en el agua quieta.

La entrada al monumento cuenta con un aparcamiento señalizado y un centro de interpretación gestionado por la comunidad local.

2. Baobabs Enamorados (Baobabs Amoureux)

A siete kilómetros al norte de la avenida principal se alzan los Baobabs Enamorados, dos imponentes árboles de la especie Adansonia za cuyos troncos gemelos crecieron entrelazados en una espiral leñosa inseparable. Constituyen un célebre símbolo popular de amor imperecedero y fidelidad venerado por las parejas malgaches.

Según la leyenda local Sakalava, los árboles representan la reencarnación de dos jóvenes enamorados de aldeas rivales a quienes el tabú social impidió unirse en matrimonio.

Desde el punto de vista botánico, se trata de una extraordinaria anomalía en la que dos semillas germinaron juntas y fundieron sus fustes sin estrangularse, creando una escultura viviente en mitad de la sabana.

El entorno de los Baobabs Enamorados ofrece un remanso de tranquilidad idóneo para contemplar la vegetación espinosa circundante, adquirir tallas conmemorativas de madera realizadas por artesanos locales y comprender la mitología vernácula que envuelve cada rincón del bosque seco malgache.

Los famosos Baobabs Enamorados, dos gigantescos árboles entrelazados en un abrazo natural.
Cactus0625 (CC BY-SA 4.0)

3. Reserva Forestal de Kirindy

Emplazada sesenta kilómetros al norte de Morondava, la Reserva Forestal de Kirindy es un santuario biológico de diez mil hectáreas que protege uno de los ecosistemas de bosque seco caducifolio más amenazados del planeta.

Es uno de los mejores lugares de Madagascar para observar al fosa (Cryptoprocta ferox), el mayor mamífero carnívoro de Madagascar.

Durante los safaris diurnos y nocturnos a pie acompañados por guías rastreadores locales, es habitual avistar lémures saltadores de cola roja, tropas de sifakas blancos y al lémur ratón de Madame Berthe (el primate más diminuto de la Tierra, con solo treinta gramos de peso).

La reserva alberga además árboles de baobab en botella (Adansonia rubrostipa) con troncos rojizos inflados.

La caminata nocturna es la experiencia estelar de Kirindy: equipados con linternas frontales y bajo un cielo estrellado impoluto, los visitantes recorren los senderos de arena descubriendo los ojos fosforescentes de gecos de cola plana, camaleones dormidos en finas ramitas y lémures de cola anillada o ratón activos en la copa de los árboles.

Lémur enano de cola gruesa en las ramas de los bosques secos caducifolios de la Reserva de Kirindy.
Frank Vassen from Brussels, Belgium (CC BY 2.0)
El fosa (Cryptoprocta ferox), el mayor carnívoro terrestre y depredador endémico de Madagascar.
Phylogeny Figures (CC BY 2.0)

4. Playa de Morondava y la península de Nosy Kely

La extensa Playa de Morondava, en el barrio marítimo de Nosy Kely, ofrece una franja infinita de arena dorada bañada por las aguas cálidas del canal de Mozambique. Es el escenario cotidiano donde los pescadores de la etnia Vezo desembarcan sus capturas frescas al mediodía.

Pasear por la orilla permite contemplar las piraguas tradicionales de madera con balancín lateral y velas de lona remendadas varadas sobre la arena.

En Nosy Kely se concentran varios restaurantes costeros y ecolodges de la ciudad, donde degustar camarones gigantes a la brasa con vistas frontales a la puesta de sol sobre el mar.

Las mareas en Nosy Kely son sumamente pronunciadas, retirando las aguas cientos de metros durante la bajamar y descubriendo amplias planicies intermareales donde los niños locales juegan partidos de fútbol descalzos mientras las mujeres buscan bivalvos y pequeños moluscos entre los bancos de arena.

Extensas playas de arena y aguas cálidas del canal de Mozambique en la costa de Morondava.
Rod Waddington (CC BY-SA 2.0)

5. Gargantas del Río Tsiribihina

El Descenso del Río Tsiribihina es una de las grandes aventuras fluviales del continente africano, un viaje de dos a tres días en barcaza a motor o piragua tradicional que desciende ciento cuarenta kilómetros de curso fluvial serpenteando entre imponentes cañones kársticos de piedra caliza.

Durante la navegación se contempla una fauna exuberante: murciélagos frugívoros gigantes colgando de los acantilados, camaleones en las ramas de ribera y cocodrilos en los bancos de fango.

Los campamentos nocturnos bajo el cielo estrellado y la parada para bañarse en la cascada natural de Anosin'Ampela convierten a esta travesía en un hito del viaje.

Las noches a orillas del río se amenizan con fogatas sobre los arenales, donde los guías y barqueros locales entonan cantos tradicionales malgaches al compás de la guitarra kabosy, mientras se prepara la cena a base de pescado del día y arroz humeante.

6. Belo sur Mer y los astilleros tradicionales

Ochenta kilómetros al sur de Morondava se halla Belo sur Mer, una remota aldea de pescadores Vezo famosa mundialmente por sus astilleros artesanales al aire libre sobre la misma arena de la playa.

Aquí maestros carpinteros navales construyen a mano goletas botry de madera siguiendo diseños bretones del siglo XIX sin maquinaria moderna.

La aldea está rodeada por un archipiélago de siete islotes coralinos vírgenes que ofrecen aguas transparentes ideales para el buceo y el snorkel con tortugas marinas.

En tierra firme, inmensas salinas marinas donde bandadas de flamencos rosas se alimentan al atardecer completan un paisaje de sosiego absoluto alejado de las rutas convencionales.

Llegar a Belo sur Mer constituye una auténtica expedición en 4x4 cruzando pistas de arena blanda y ríos secos en temporada seca, o bien una travesía marítima en piragua a motor desde Morondava que permite avistar delfines jorobados del Indo-Pacífico surcando las olas.

Construcción artesanal de goletas de madera tradicionales en la playa pesquera de Belo sur Mer.
Cactus0625 (CC BY-SA 4.0)

7. Reserva Especial de Andranomena

A treinta kilómetros al noreste de la ciudad, la Reserva Especial de Andranomena protege más de seis mil cuatrocientas hectáreas de bosque deciduo seco. Es un santuario botánico excepcional donde coexisten tres especies distintas de baobab en un mismo territorio.

Sus senderos sombreados permiten avistar al sifaka de Verreaux (célebre por su pelaje blanco y máscara oscura), lémures marrones y el esquivo camaleón de alfombra.

Durante la época de lluvias, cuatro lagunas estacionales se llenan de agua atrayendo a ornitólogos internacionales en busca de la amenazada cerceta malgache y el martín pescador pigmeo.

Al encontrarse menos concurrida que Kirindy, Andranomena regala una atmósfera de serenidad prístina en la que el crujido de las hojas secas bajo las patas de los lémures y el canto aflautado de los cucos de Madagascar dominan el ambiente sonoro de la floresta.

Baobabs de la especie Adansonia za emergiendo en el dosel de la reserva especial de Andranomena.
Cactus0625 (CC BY-SA 4.0)

8. Tumbas Sakalava del Menabe

En claros aislados del bosque seco se ubican las Tumbas Sakalava del Menabe, imponentes monumentos funerarios de madera y piedra decorados con esculturas 'aloalo' que representan escenas eróticas, maternidades y figuras de la vida cotidiana que simbolizan la continuidad de la vida y el culto a los ancestros.

Para los Sakalava, la tumba es la verdadera morada permanente del espíritu humano. Las tallas de madera de aloalo plasman la cosmovisión del clan, donde el difunto intercede ante Dios por la fertilidad y la prosperidad de su familia.

La visita debe realizarse siempre con un guía local de la comunidad para respetar escrupulosamente los tabúes fady del cementerio.

Está rigurosamente prohibido señalar directamente con el dedo índice hacia los monumentos mortuorios o tocar las esculturas sagradas, debiendo indicarse las direcciones con los nudillos cerrados como signo elemental de deferencia hacia los espíritus de los difuntos.

Esculturas tradicionales de madera tallada aloalo que decoran las tumbas funerarias Sakalava.
AnonymousUnknown author (Public domain)

9. Manglares del Delta de Morondava

Los extensos Manglares de Morondava forman un laberinto estuarino de canales salobres protegidos donde los ríos vierten sus sedimentos al mar. Navegados en piraguas de madera impulsadas a pértiga por remeros locales, constituyen un vivero natural crítico para cangrejos gigantes y aves marinas.

Adentrarse en silencio entre las raíces zancudas de los mangles rojos durante la pleamar permite observar bandadas de garcetas dimorfas, martines pescadores y colonias de cangrejos violinistas que mueven sus pinzas de colores en los bancos de lodo, descubriendo una faceta ecológica interesante de la costa del Menabe.

La excursión en piragua tradicional suele culminar en pequeñas aldeas pesqueras asentadas sobre montículos de conchas marinas en el corazón del manglar, donde se puede degustar pescado asado al fuego de leña preparado al instante por las familias recolectoras.

10. Salinas Costeras de Morondava

Las Salinas Costeras de Morondava son cuadrículas de evaporación marina artesanal situadas entre los arrabales de la ciudad y las marismas litorales. Explotadas por familias locales mediante técnicas transmitidas de generación en generación, crean un paisaje hipnótico de piscinas salinas que brillan como espejos al atardecer.

La concentración de algas microscópicas halófilas tiñe las balsas de tonalidades rosadas y púrpuras, contrastando con las pirámides de sal blanca cosechadas a mano que se secan bajo la brisa marina. Es un enclave fotogénico insólito que refleja la dureza del trabajo salinero en el oeste malgache.

Al caer la tarde, el reflejo del sol bajo sobre las cuencas de evaporación saturadas genera un degradado cromático de malvas, dorados y turquesas, perfecto para fotógrafos que buscan encuadres minimalistas de gran impacto visual.

Marismas costeras y canales de manglar en los alrededores litorales de Morondava.
Artvill (CC BY-SA 4.0)

Dónde Alojarte en Morondava: zonas y establecimientos

La oferta de alojamiento en Morondava y sus inmediaciones está estructurada principalmente en dos polos geográficos muy definidos, respondiendo a perfiles de viaje y presupuestos distintos:

Zona / Enclave

Perfil de Viajero

Características y Ventajas

Nosy Kely (Frente Marítimo)

Turistas costeros y parejas

Playa a pie, restaurantes de marisco y hoteles confortables

Centro Urbano de Morondava

Viajeros de paso y negocios

Próximo a bancos, mercado central y estación de transporte

Campamentos de Kirindy

Aficionados a la fauna y safaris

Bungalows rústicos inmersos en el bosque seco para safaris nocturnos

Belo sur Mer (Costa Sur)

Ecoturismo y descanso remoto

Ecolodges sobre la playa virgen junto a los astilleros tradicionales

La inmensa mayoría de los visitantes eligen alojarse en la península de Nosy Kely, donde agradables hoteles como Palissandre Côte Ouest, Baobab Café o Chez Maggie ofrecen bungalows construidos con techos de palma, piscinas frente al mar y cocinas con pescados del día.

Para quienes planean explorar a fondo la fauna nocturna de Kirindy, conviene pernoctar al menos una noche en el campamento rústico del Centre National de Formation Forestière o en el Relais du Kirindy.

Durante los meses punta de temporada turística (de julio a octubre), la capacidad hotelera en Nosy Kely y en los campamentos de Kirindy se satura con facilidad debido a la afluencia internacional, por lo que es imperativo efectuar las reservas con varias semanas o meses de anticipación.

Cabe señalar que muchos establecimientos operan con suministro eléctrico por generador y paneles solares durante franjas horarias determinadas, un detalle a tener en cuenta para la carga de baterías de cámaras y dispositivos móviles.

Siluetas de majestuosos árboles baobab al atardecer en los paisajes naturales de Madagascar.
Rod Waddington (CC BY-SA 2.0)

Gastronomía del Menabe: sabores marinos y sabana

La cocina de Morondava destaca con orgullo como una de las más frescas y sabrosas de Madagascar, gracias a la conjunción entre los frutos del canal de Mozambique y los productos ganaderos de la sabana interior del Menabe. En las mesas costeras, los mariscos son los protagonistas indiscutibles:

Piragua tradicional a vela del pueblo pescador Vezo en las orillas de arena blanca del Índico.
Rod Waddington from Kergunyah, Australia (CC BY-SA 2.0)

El plato estrella son los 'camarons' (camarones tigre de tamaño gigante) preparados a la brasa con mantequilla de ajo y limón verde, las langostas cocinadas al vapor servidas con salsa de vainilla bourbon y el cangrejo de manglar guisado en leche de coco aromática con jengibre rallado.

En los asadores locales del centro se degusta el clásico zebu a la parrilla (brochettes de zébu) acompañado de puré de mandioca y salsa picante de chiles sakay.

En los puestos callejeros y merenderos populares del Bazar Be conviene degustar al atardecer las frituras de plátano, los buñuelos de arroz fermentado (mofo gasy) y los pastelillos de pescado especiado conocidos como sambos, acompañados de una refrescante taza de infusión de hierba limón o café de vainilla.

De postre o merienda, nada más refrescante tras una calurosa jornada en la sabana que un zumo natural de pulpa de fruto de baobab (voan-tsidiky), de sabor agridulce exquisito, alto contenido en antioxidantes y calcio, o un vaso de leche de coco fresca en los puestos de la playa.

Seguridad, pistas y consejos prácticos

Viajar por la región de Morondava y el Menabe es una experiencia acogedora si se siguen pautas elementales de sentido común y planificación logística.

Dado que las pistas de tierra hacia los Baobabs, Kirindy y los Tsingy son polvorientas y muy exigentes mecánicamente, es indispensable contratar vehículos 4x4 en perfecto estado de mantenimiento provistos de dos ruedas de repuesto, gato hidráulico y conductor profesional experimentado.

En el plano económico, en Morondava existen apenas dos sucursales bancarias principales dotadas de cajeros automáticos (ATM) que aceptan tarjetas Visa internacionales (Mastercard tiene menor compatibilidad).

Fuera del núcleo urbano, en las pistas de Kirindy o Belo sur Mer, no existen servicios bancarios ni terminales de pago con tarjeta, por lo que conviene proveerse de abundante dinero en efectivo en moneda local (Ariary) en billetes pequeños para gastos corrientes, propinas a guías y compras en aldeas.

En el plano sanitario, la región de Morondava es zona de riesgo de transmisión de malaria (paludismo) durante todo el año, por lo que es preceptivo seguir el tratamiento profiláctico prescrito, utilizar repelente antimosquitos tropical con DEET al amanecer y al atardecer, y dormir bajo mosquitera impregnada.

El agua corriente de la ciudad no es potable bajo ninguna circunstancia, debiendo consumirse exclusivamente agua mineral embotellada con tapón precintado.

Preguntas frecuentes sobre Morondava y los Baobabs

¿A qué hora es mejor visitar la Avenida de los Baobabs?

El momento más emblemático y fotogénico es el atardecer, cuando el sol poniente tiñe los troncos de dorado y proyecta largas sombras sobre la tierra roja. Sin embargo, el amanecer regala una experiencia mágica sin apenas turistas, con bruma matinal y rebaños de cebúes cruzando la pista.

¿Es necesario contratar un vehículo todoterreno 4x4?

Para visitar la Avenida de los Baobabs en temporada seca puede bastar un vehículo convencional con buena altura libre al suelo, pero para continuar hacia los Baobabs Enamorados, la Reserva de Kirindy o los Tsingy de Bemaraha el uso de un todoterreno 4x4 con reductora y conductor experimentado es estrictamente imprescindible debido a los tramos de arena profunda y baches.

¿Cuántos días se necesitan para explorar Morondava y alrededores?

Se recomiendan al menos dos o tres días completos para conocer Morondava: una tarde para la Avenida de los Baobabs y los Baobabs Enamorados, una jornada completa para los safaris en la Reserva de Kirindy con noche en la selva, y un día para disfrutar de la playa de Nosy Kely y los manglares. Si se añade la expedición a los Tsingy de Bemaraha, se precisan al menos 5 o 6 días.

¿Cómo es el clima en Morondava y cuándo viajar?

Morondava goza de un clima semiárido cálido con temperaturas diurnas de 28 a 33 °C todo el año. La mejor temporada de viaje discurre de mayo a noviembre (estación seca), cuando las precipitaciones son casi inexistentes y todas las pistas están abiertas. Entre diciembre y abril las lluvias intensas pueden anegar los caminos e impedir el paso por los ríos.

¿Qué vestimenta y calzado se deben llevar a los safaris?

Se recomienda ropa ligera de algodón o lino de manga larga para protegerse del sol y de los mosquitos, sombrero de ala ancha, gafas de sol, calzado cerrado de trekking para caminar por los bosques secos de Kirindy y una linterna frontal potente para las excursiones nocturnas de avistamiento de fauna.

¿Se pueden comprar souvenirs artesanales de baobab?

Sí, en los pequeños puestos comunitarios autorizados junto a la Avenida de los Baobabs se pueden adquirir bellas tallas en madera, pequeñas figuras de baobabs esculpidas a mano, pulpa de fruto de baobab en polvo y semillas germinadas listas para plantar procedentes de los viveros locales de reforestación.

Para saber más