Recorre en piragua el laberinto de manglares de Morondava
Los Manglares de Morondava forman un laberinto estuarino protegido de canales salobres donde los ríos desembocan en el canal de Mozambique frente a la ciudad. Navegados silenciosamente en piraguas de madera a pértiga por los pescadores locales, constituyen un vivero natural crítico para cangrejos de manglar, peces loro y bandadas de aves zancudas migratorias como flamencos y garzas malgaches.
Por Daniel
Los Manglares de Morondava forman un laberinto estuarino protegido de canales salobres donde los ríos desembocan en el canal de Mozambique frente a la ciudad. Navegados silenciosamente en piraguas de madera a pértiga por los pescadores locales, constituyen un vivero natural crítico para cangrejos de manglar, peces loro y bandadas de aves zancudas migratorias como flamencos y garzas malgaches.
- Ecosistema
- Bosque de manglar intermareal de Rhizophora y Avicennia
- Modo de exploración
- Piragua tradicional de madera a remo y pértiga con marea alta
- Fauna invertebrada
- Cangrejos gigantes de manglar (Scylla serrata) y cangrejos violinistas
- Avistamiento de aves
- Martines pescadores malgaches, garcetas dimorfas y águilas pescadoras
- Rol ecológico
- Barrera protectora natural contra ciclones y erosión costera

El bosque anfibio de raíces zancudas
Adentrarse en los canales del delta durante la pleamar revela un ecosistema peculiar donde los árboles parecen caminar sobre las aguas.
Las intrincadas raíces zancudas del mangle rojo filtran los sedimentos fluviales y crean un laberinto protector sumergido donde millones de alevines de peces marinos encuentran refugio seguro frente a los grandes depredadores del canal de Mozambique.
La pesca artesanal del cangrejo de manglar
Los pescadores de las aldeas de ribera son maestros en la captura sostenible del cangrejo de fango (cangrejo gigante de manglar), una de las delicias gastronómicas más cotizadas de Madagascar.
Con ganchos de hierro forjado y pequeñas nasas de caña, localizan las madrigueras sumergidas en el lodo con una destreza transmitida de generación en generación.
Navegación silenciosa al atardecer
Los paseos en piragua al caer la tarde ofrecen una serenidad absoluta.
Sin motores que perturben la tranquilidad de las marismas, solo se escucha el chasquido de los cangrejos violinistas en los bancos de fango y el aleteo de garcillas bueyeras que regresan en formación a sus dormideros en las copas de los mangles bajo el cielo crepuscular.
Un delta entre el río y el mar
Morondava está construida sobre la desembocadura del río del mismo nombre, en una costa baja y arenosa donde el agua dulce y la salada se mezclan a diario.
Esa mezcla, junto con las mareas del canal de Mozambique, es la que permite que crezcan los manglares: bosques de árboles capaces de vivir con las raíces sumergidas en agua salobre y en suelos fangosos pobres en oxígeno, algo que casi ninguna otra planta tolera.
Los manglares de la zona actúan como una barrera viva. Frenan la fuerza de las olas y de las crecidas, retienen sedimentos y ayudan a estabilizar la orilla, un papel especialmente importante en Morondava, una ciudad que desde hace años sufre la erosión del mar en su frente costero.
Además almacenan grandes cantidades de carbono en el lodo, lo que los convierte en un ecosistema valioso también frente al cambio climático.
Para las familias que viven en las orillas, el manglar es a la vez despensa, cantera y camino.
De él salen el pescado, los cangrejos y los moluscos que se venden en el mercado de la ciudad, la madera para construir y los canales por los que se mueven las piraguas.
Esa dependencia explica que en la región existan iniciativas locales de replantación y de uso más cuidadoso del bosque, porque perderlo significaría perder también buena parte del sustento de las aldeas del delta.
Qué mirar durante el paseo
Desde la piragua se aprecia muy bien cómo cambia el bosque según la distancia al mar.
Cerca de los canales principales dominan los mangles de raíces en arco, que forman arcos y enredos sobre el agua; más hacia el interior aparecen otras especies, algunas con pequeñas raíces que asoman del fango como lápices verticales y les sirven para respirar.
Fíjate en las hojas: muchas especies de mangle expulsan el exceso de sal a través de ellas, y a veces se ven cristales blanquecinos en su superficie.
En el barro de las orillas se mueven los cangrejos violinistas, con su pinza desproporcionada que agitan como si saludaran, y los peces saltarines, capaces de pasar largos ratos fuera del agua arrastrándose con sus aletas.
Entre las ramas es fácil ver garzas, garcetas y martines pescadores, y con algo de suerte alguna rapaz posada en un árbol alto. El paseo es tranquilo y silencioso, y lo mejor es hablar en voz baja para no espantar a los animales.
Curiosidades del manglar
Las semillas de algunos mangles germinan cuando todavía cuelgan del árbol y caen ya como pequeñas plántulas alargadas que se clavan en el fango o flotan hasta encontrar un sitio donde enraizar.
Muchos peces que después se pescan en mar abierto pasan sus primeras semanas de vida protegidos entre las raíces del manglar.
La madera de mangle es dura y resistente al agua, por eso se ha usado tradicionalmente para construir casas y embarcaciones, y su tala excesiva es una de las amenazas del ecosistema.
El paisaje cambia por completo en pocas horas: con marea alta los canales se llenan y la piragua avanza entre las raíces; con marea baja quedan al descubierto grandes bancos de lodo.
Consejos para la visita
Los paseos suelen salir desde el barrio de Nosy Kely o desde la orilla del río, en piragua con un pescador o un guía local.
Lo más importante es la marea: con el agua alta se puede entrar en los canales más estrechos, mientras que con la marea baja algunos pasos quedan en seco. Pregunta la noche anterior en tu alojamiento a qué hora conviene salir.
Las primeras horas de la mañana y la última de la tarde son las más agradables por la luz y la temperatura, y también las de más actividad de las aves.
Lleva sombrero, protector solar, agua y repelente, porque los mosquitos abundan al atardecer. Usa ropa que no te importe mojar y un calzado que puedas meter en el barro si hay que bajar de la piragua. Guarda el teléfono y la cámara en una bolsa estanca.
Un paseo de dos o tres horas suele ser suficiente para conocer los canales principales sin cansarse. Precios y condiciones se acuerdan con el barquero antes de salir; conviene dejarlo claro para evitar malentendidos.
Qué ver cerca
Muchos recorridos por el manglar se combinan con una visita a una aldea de pescadores al otro lado de la desembocadura, como Betania, donde se puede ver cómo viven las familias vezo: la reparación de redes, el secado del pescado y la construcción de piraguas.
De vuelta en tierra firme, la playa de Morondava y Nosy Kely son buenos lugares para ver el atardecer sobre el mar.
Hacia el interior, a menos de una hora por carretera, espera la Avenida de los Baobabs, y más al norte los Baobabs Enamorados y la Reserva Forestal de Kirindy.
Con un par de días en Morondava se pueden combinar el agua y el bosque seco: una mañana en los manglares, una tarde entre baobabs y una salida nocturna para buscar lémures.





