Dos kilómetros de murallas almenadas rodean la medina de Susa

Fundada por los fenicios con el nombre de Hadrumetum y reconstruida en época aglabí en el siglo IX, la Medina de Susa es un formidable ejemplo de ciudadela marítima islámica fortificada. Inscrita en el Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1988, conserva su cinturón de murallas almenadas de unos 2,25 kilómetros que desciende en terrazas hacia el puerto mediterráneo.

Por

Fundada por los fenicios con el nombre de Hadrumetum y reconstruida en época aglabí en el siglo IX, la Medina de Susa es un formidable ejemplo de ciudadela marítima islámica fortificada.

Inscrita en el Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1988, conserva su cinturón de murallas almenadas de unos 2,25 kilómetros que desciende en terrazas hacia el puerto mediterráneo.

Murallas defensivas de piedra dorada que rodean la Medina histórica de Susa.
Maison Méditerranéenne Des Sciences de l'Homme Phonothèque, André Raymond (Licence Ouverte)
Ubicación
Centro histórico de Susa, junto a la plaza de los Mártires y el puerto
Zocos principales
Souk el Caid (cuero y telas) y Rue d'Angleterre (artesanía y platería)
Patrimonio UNESCO
Inscrita en 1988 como obra maestra del urbanismo militar y comercial islámico
Vistas panorámicas
Desde las almenas de la Kasbah y la torre del Ribat

Un bastión defensivo contra invasiones marítimas

A diferencia de la Medina de Túnez, de vocación predominantemente civil y palaciega, la Medina de Susa fue concebida como una avanzada militar y naval para vigilar las rutas del Mediterráneo.

Sus imponentes murallas de piedra arenisca, reforzadas con torreones cuadrangulares y semicirculares, han resistido siglos de ataques llegados por mar.

Vida comercial entre especias y cerámica

El interior de la medina bulle de actividad comercial sin perder su sosiego residencial. Los zocos escalonados ofrecen alfombras de lana merina, artículos de madera de olivo tallada a mano, jabones perfumados de laurel y los característicos orfebres del oro de Susa.

En las estrechas calles residenciales, los zaguanes encalados decorados con jazmines reflejan la serenidad de la vida costera del Sahel.

Estrategia para recorrer la ciudadela

Se recomienda comenzar la visita desde la parte baja junto a la Gran Mezquita y el Ribat, ascender pausadamente por el dédalo de callejones comerciales hacia el Museo Arqueológico situado en la Kasbah en la cota más alta, y descender luego por el tranquilo barrio residencial de Bab el Gharbi.

Puertas monumentales y el cinturón de murallas

El trazado perimetral de la Medina de Susa conserva varias puertas históricas que articulaban el acceso de caravanas y mercancías portuarias. Destaca Bab el Gharbi, o puerta occidental, una de las puertas históricas que se conservan.

En el sector meridional, Bab Kairouan comunicaba con los caminos agrícolas que cruzaban los olivares del Sahel, permitiendo a los comerciantes introducir grano y aceite en los almacenes comunales.

Caminar junto a los lienzos exteriores de la muralla permite apreciar el aparejo de piedra caliza y arenisca, con sillares de distintas épocas. En el recorrido se aprecian los distintos materiales con que se levantó y reparó la muralla. La muralla protegía los almacenes de los mercaderes ante incursiones marítimas.

Arquitectura doméstica y vida comunitaria

Al alejarse de las arterias comerciales más concurridas, las callejuelas residenciales revelan la esencia de la vida tradicional magrebí. Las fachadas encaladas presentan puertas de madera claveteada pintadas en azul o amarillo brillante, adornadas con motivos de peces y medias lunas que simbolizan protección y buen augurio.

Los arcos pasadizos elevados cruzan sobre las calles estrechas, uniendo viviendas familiares y arrojando sombras bien recibidas durante las horas de calor estival. Las ventanas enrejadas con celosías de hierro forjado preservan la privacidad de los hogares mientras permiten que la brisa marina ventile los patios interiores con frescura.

Asimismo, en el corazón del tejido urbano se encuentran fuentes públicas comunitarias y antiguos baños tradicionales que abastecían a la población local.

Estos espacios de convivencia vecinal atestiguan el refinado manejo del agua en las ciudades islámicas, donde aljibes colectivos canalizaban el caudal de las lluvias para abastecer a familias y talleres artesanales durante todo el año.

Recomendaciones para orientarse en el laberinto urbano

Para disfrutar de una jornada placentera y sin contratiempos por este núcleo histórico amurallado, ten en cuenta las siguientes pautas:

  • Utiliza la colina de la alcazaba o las torres del ribat como puntos cardinales visibles para no desorientarte.

  • Conversa con cortesía y paciencia si decides adquirir piezas artesanales en los talleres de los zocos.

  • Lleva calzado con suela antideslizante para caminar sobre los adoquines desgastados de las cuestas residenciales.

La Gran Mezquita de Susa: un templo con aspecto de fortaleza

Muy cerca del ribat se encuentra la Gran Mezquita, construida a mediados del siglo IX. Su exterior recuerda más a una fortaleza que a un lugar de culto: muros gruesos, torres redondeadas en las esquinas y un remate almenado.

Esa apariencia refleja el contexto de la época, en el que los edificios religiosos de la costa debían ofrecer también refugio y protección. El interior se organiza en torno a un patio rectangular con arcadas sobrias y sin adornos excesivos.

Contemplar la mezquita y el ribat desde la parte alta de la medina permite apreciar cómo se complementan. Ambos edificios comparten un lenguaje arquitectónico basado en piedra bien tallada, proporciones claras y una voluntad de durar.

Antes de intentar entrar, infórmate de las normas de visita, porque los horarios y las condiciones de acceso a los lugares de culto pueden cambiar, y en cualquier caso conviene vestir con respeto.

Oficios y rincones de la vida diaria

Más allá de los monumentos, la medina vive de sus talleres y comercios. Entre las callejuelas se encuentran tiendas de tejidos, cerámica, cuero, latón y objetos de madera, además de pequeños cafés donde los vecinos se sientan a conversar.

Observar el trabajo de un artesano, preguntar con curiosidad y aceptar con naturalidad una invitación a tomar un té de menta son maneras de acercarse a la ciudad con respeto.

Si decides comprar, tómate tu tiempo, compara y negocia con amabilidad, tal como es costumbre en los zocos. Pregunta por los materiales, por quién ha elaborado cada pieza y por su procedencia.

Y recuerda que un buen recuerdo no siempre es un objeto: a veces es la conversación que mantuviste en una esquina, el aroma de un puesto de especias o el sonido de los martillos en un taller de metal.

Explora más destinos y recursos

Para saber más