Mosaicos romanos en los sótanos de una kasbah: el museo de Susa

Instalado en los patios y salas de la histórica Kasbah del siglo IX en el punto más alto de la Medina, el Museo Arqueológico de Susa alberga la segunda colección de mosaicos romanos más destacada de Túnez tras el Museo del Bardo, exhibiendo excepcionales obras musivarias descubiertas en las ricas villas patricias de la antigua Hadrumetum.

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Extraordinario mosaico romano expuesto en las salas de la Kasbah del Museo de Susa.
A.Stephan (CC BY-SA 2.0 de)
Ubicación
En la Kasbah de Susa, en la avenida del Mariscal Tito
Obra maestra
Mosaico del Triunfo de Baco
Torre Khalef
Torre vigía adyacente del año 859 d.C. que sirvió como faro marítimo

Mosaicos romanos de gran maestría

Las salas del museo presentan pavimentos de teselas de mármol con una vivacidad de color y detalle figurativo prodigiosos.

Entre sus joyas destacan la dramática cabeza de Medusa con serpientes entrelazadas, el panel de Baco victorioso coronado de pámpanos y escenas de temática marina.

Antigüedades púnicas y Paleocristianas

Además de la sección romana, el museo custodia estelas votivas púnicas recuperadas del santuario Tophet de Susa, lápidas paleocristianas procedentes de las extensas catacumbas locales y sarcófagos de mármol finamente labrados que reflejan la transición religiosa del paganismo imperial al cristianismo en el norte de África.

Paseo por los jardines de la Kasbah

La museografía moderna inaugurada en 2012 bajo los patios ajardinados permite disfrutar tanto de salas climatizadas de iluminación cuidada como de las murallas exteriores de la fortaleza, desde donde se admira una de las mejores panorámicas de la ciudad vieja y el golfo de Hammamet.

La vida marina y los banquetes en la mitología clásica

Entre las piezas más destacadas del Museo Arqueológico de Susa sobresalen los paneles que recrean el universo mitológico acuático. El mosaico de Neptuno sobre su carro marino es una de las piezas de temática acuática.

La viveza de los tonos esmeralda y turquesa transmite el movimiento ondulante de las olas con notable realismo.

Otra sala de gran interés acoge mosaicos dedicados a celebraciones dionisíacas y banquetes privados. En ellos se observan servidores escanciando vino de ánforas, músicos tañendo flautas dobles y mesas colmadas de manjares costeros.

Estas representaciones decoraban los comedores principales de las mansiones patricias de Hadrumetum, funcionando como símbolos de hospitalidad y estatus ante las familias invitadas. Los comensales disfrutaban de estas composiciones mientras compartían tertulias literarias y debates cívicos.

Arquitectura museográfica subterránea

La reforma espacial del recinto reorganizó las salas de exposición permanente dentro de la antigua alcazaba.

Las salas cerradas protegen los sensibles pavimentos musivarios de la radiación solar directa y mantiene unas condiciones estables de temperatura y humedad a lo largo de todo el año.

Los grandes mosaicos pueden contemplarse con calma en las salas, bajo una iluminación cuidada.

La iluminación focalizada resalta el relieve de las teselas individuales, permitiendo apreciar los detalles anatómicos de las figuras mitológicas y las complejas cenefas geométricas que enmarcan cada cuadro.

Asimismo, paneles explicativos y recursos didácticos situados en las salas intermedias describen los métodos de extracción y restauración aplicados por los conservadores. Estas muestras permiten valorar el minucioso trabajo técnico requerido para rescatar los pavimentos de los yacimientos del Sahel y preservarlos adecuadamente.

Recomendaciones para recorrer las galerías

Para sacar el máximo provecho de tu recorrido por esta valiosa pinacoteca de la antigüedad, ten en cuenta las siguientes pautas:

  • Detente ante el célebre mosaico de la cabeza de Medusa para observar la disposición radial de las serpientes.

  • Combina la visita interior con un paseo por las almenas y adarves de la fortaleza para contemplar el mar.

  • Aprovecha el patio superior ajardinado para descansar un rato antes de regresar a la medina.

Hadrumetum: una ciudad con mucha historia

Antes de ser Susa, la ciudad se llamó Hadrumetum y fue una colonia fenicia vinculada a Cartago. Su puerto natural la convirtió en un enclave estratégico del Mediterráneo central.

Durante la Segunda Guerra Púnica, el general cartaginés Aníbal regresó de Italia y organizó desde esta costa la defensa de su patria antes de la batalla de Zama. Más tarde, en época romana, la ciudad se transformó en una próspera capital provincial.

Con el tiempo atravesó etapas vándalas y bizantinas, y los bizantinos la rebautizaron con un nombre imperial. Después llegaron los árabes, y la dinastía aglabí la convirtió en un puerto de primer orden.

Pasear por el museo con esta cronología en la cabeza permite comprender por qué en una misma colección conviven objetos púnicos, romanos, cristianos primitivos e islámicos, y por qué la ciudad ha sido siempre un cruce de culturas.

Cómo se hace un mosaico

Los mosaicos romanos se componían de pequeñas piezas llamadas teselas, cortadas en piedra, mármol, cerámica o pasta de vidrio. Los artesanos extendían una capa de mortero fresco y colocaban cada tesela siguiendo un dibujo previo, trabajando por zonas para que el material no se secara antes de tiempo.

Los colores se obtenían de piedras de diferentes procedencias, y los detalles más finos exigían teselas diminutas, colocadas con gran precisión.

Observa de cerca los contornos de las figuras, el sombreado de los rostros y las transiciones de color. Verás que los maestros utilizaban hileras de teselas para dar volumen, imitar telas o crear efectos de agua.

En el norte de África, las villas de familias acaudaladas se llenaron de estos pavimentos, y hoy constituyen uno de los grandes tesoros artísticos de la región. Detenerte unos minutos ante una sola pieza permite apreciar horas de trabajo minucioso.

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