Djerbahood, murales de 150 artistas entre las cúpulas de Erriadh
Nacido en el verano de 2014 por iniciativa del galerista Mehdi Ben Cheikh, Djerbahood transformó la apacible aldea tradicional de Erriadh en un colosal museo de arte urbano al aire libre. Más de un centenar de artistas de unos treinta países pintaron murales e instalaciones en perfecta armonía con los muros encalados, cúpulas y celosías tunecinas.
Por Daniel
Nacido en el verano de 2014 por iniciativa del galerista Mehdi Ben Cheikh, Djerbahood transformó la apacible aldea tradicional de Erriadh en un colosal museo de arte urbano al aire libre.
Más de un centenar de artistas de unos treinta países pintaron murales e instalaciones en perfecta armonía con los muros encalados, cúpulas y celosías tunecinas.

- Ubicación
- Aldea histórica de Erriadh (adyacente a la Sinagoga de la Ghriba)
- Artistas célebres
- Roa, eL Seed, Swoon, Seth, Inti, C215 y reconocidos muralistas globales
- Tiempo recomendado
- 2 a 3 horas de recorrido fotográfico a pie o en bicicleta
Diálogo entre tradición vernácula y Graffiti contemporáneo
Lo que hace único a Djerbahood no es la mera acumulación de arte callejero, sino el respeto absoluto por el patrimonio arquitectónico de la isla.
Las obras dialogan con la textura de la cal viva, abrazan puertas de madera con forma de arco o utilizan las ramas de buganvillas y parras como parte de la propia composición pictórica.
Caligrafía árabe y animales mitológicos
Doblar cada esquina en Erriadh depara una sorpresa estética: monumentales caligrafías árabes contemporáneas ('calligraffiti') firmadas por eL Seed, animales hiperrealistas de gran formato del belga Roa que trepan por fachadas centenarias, o poéticos retratos infantiles del francés Seth asomándose a ventanas tradicionales.
Consejos para la visita y vida local
Erriadh ha conservado intacta su atmósfera comunitaria y apacible.
Se aconseja caminar en silencio respetando la privacidad de las viviendas residenciales, detenerse a tomar un té con piñones en los cafés del centro de la aldea y combinar la visita en una misma mañana con la vecina Sinagoga de la Ghriba.
Erriadh antes de los murales
Mucho antes de llenarse de arte urbano, Erriadh era conocida como Hara Sghira, el pequeño barrio, uno de los dos núcleos históricos de la comunidad judía de Djerba, una de las más antiguas del mundo árabe que se han mantenido de forma continuada.
A pocos pasos se levanta la Sinagoga de la Ghriba, centro de una peregrinación anual que atrae a fieles de distintos países y que da al pueblo una identidad muy particular dentro de la isla.
El trazado de Erriadh responde al modelo tradicional djerbí: casas bajas encaladas, patios interiores que protegen del sol, cúpulas, arcos y puertas de madera pintadas de azul o amarillo.
Durante buena parte del siglo XX fue un pueblo tranquilo, alejado del turismo de playa que se concentraba en la costa este. Precisamente esa calma y esa arquitectura de muros blancos fueron las que convencieron a los impulsores del proyecto de que era el lienzo perfecto.
Cómo nació Djerbahood
Mehdi Ben Cheikh, galerista franco-tunecino al frente de la galería Itinerrance de París, ya había organizado un proyecto colectivo de arte urbano en un edificio a punto de ser demolido en la capital francesa.
Con Djerbahood quiso dar un paso más: invitar a artistas de todo el mundo a pintar no en un edificio, sino en un pueblo vivo, con sus vecinos dentro de las casas y sus rutinas diarias en marcha.
La propuesta se negoció con los habitantes de Erriadh, que debían autorizar la intervención en sus fachadas. Los artistas pasaron semanas en la isla, conversando con los vecinos y buscando inspiración en el entorno: la cerámica de Guellala, las palmeras, los animales del desierto o la caligrafía.
El resultado fue un museo sin paredes ni horarios, que se convirtió rápidamente en una de las visitas más fotografiadas de Túnez.
Qué mirar al recorrer el pueblo
No hay un recorrido fijo, y eso es parte de la gracia. Lo mejor es perderse sin rumbo por las callejuelas que rodean la plaza central y dejarse sorprender.
Algunas obras ocupan fachadas enteras y se ven desde lejos; otras son pequeñas intervenciones en una puerta, un banco o un trozo de muro, fáciles de pasar por alto si caminas con prisa. Mira hacia arriba, hacia las cúpulas y las azoteas, y también hacia el suelo y los rincones.
Fíjate en cómo cada artista resolvió el diálogo con la arquitectura. Hay murales que aprovechan una ventana como si fuera el ojo de un personaje, otros que se adaptan a la curva de un arco y otros que juegan con las sombras de las palmeras a ciertas horas.
Los retratos realizados con plantilla, los motivos geométricos inspirados en los azulejos tradicionales y la caligrafía contemporánea conviven con figuras surrealistas y escenas de la vida cotidiana.
Busca las obras que incorporan elementos reales, como plantas, rejas o puertas.
Recorre el pueblo dos veces, a horas distintas: la luz cambia por completo la percepción de los murales.
Entra en las pequeñas tiendas de artesanía, donde a veces venden mapas de las obras.
Curiosidades sobre los murales
El arte urbano es efímero por naturaleza, y en Djerba el sol, la sal y el viento aceleran el proceso. Desde la edición original, varias obras se han desvanecido, otras han desaparecido al reformarse una casa y algunas se han restaurado o sustituido por intervenciones nuevas.
Por eso lo que verás no coincide del todo con las fotos de los primeros años, y cada visita ofrece una versión ligeramente distinta del pueblo.
Otra curiosidad es el impacto en la vida local. El proyecto atrajo visitantes a un rincón de la isla que antes recibía pocos, y algunos vecinos abrieron cafés, pequeñas tiendas o casas de huéspedes.
Al mismo tiempo, Erriadh sigue siendo un pueblo residencial, y muchas de las fachadas pintadas son viviendas habitadas. Mantener ese equilibrio depende en buena medida de la actitud de quienes lo visitan.
Más ideas para disfrutar de la visita
Dedícale entre una y dos horas si solo quieres ver los murales principales, o media mañana si te gusta fotografiar con calma y sentarte a tomar algo en la plaza. El calor del verano puede ser intenso a mediodía, así que lleva agua, sombrero y calzado cómodo.
Pide permiso antes de fotografiar a personas, especialmente a mujeres y niños, y evita apoyarte en puertas o asomarte a los patios privados.
La primavera y el otoño son las épocas más agradables para pasear por Erriadh, con temperaturas suaves y una luz limpia que realza el blanco de las fachadas.
En pleno verano, lo más cómodo es llegar a primera hora y terminar antes de que apriete el calor, o bien esperar al final de la tarde, cuando las calles recuperan vida y los vecinos sacan sillas a la puerta.
Si viajas sin coche, los taxis desde Houmt Souk son la forma más práctica de llegar.
Qué ver cerca
La Sinagoga de la Ghriba, a un corto paseo, es la visita complementaria obvia; conviene llevar ropa que cubra hombros y piernas. Houmt Souk, la capital de la isla, queda a pocos kilómetros al norte y permite pasar la tarde entre zocos y fondouks.
Hacia el sur, el pueblo alfarero de Guellala ofrece talleres de cerámica y un museo dedicado a las tradiciones de Djerba, ideal para entender muchos de los motivos que inspiraron a los artistas de Erriadh.





