La Ghriba, una sinagoga que la tradición une al Templo de Salomón

Ubicada en la aldea de Erriadh (Hara Sghira), la Sinagoga de la Ghriba ('la Milagrosa' o 'la Solitaria') es el epicentro espiritual de la histórica comunidad judía de Djerba y una de las sinagogas más veneradas y antiguas del mundo, fundada según la tradición con piedras del Templo de Salomón tras el exilio de Babilonia en 586 a.C.

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Interior sagrado de la milenaria Sinagoga de la Ghriba con arcos turquesas y azulejería.
IssamBarhoumi (CC BY-SA 4.0)
Ubicación
Aldea de Erriadh, a 8 km al sur de Houmt Souk
Código de respeto
Descalzarse y cubrirse la cabeza (kipá facilitada en el control)
Peregrinación anual
Celebración multitudinaria durante la festividad de Lag Baomer (mayo)

Historia sagrada y la piedra del Templo de Jerusalén

La leyenda fundacional narra que sacerdotes hebreos que huían de la destrucción del Primer Templo de Jerusalén se establecieron en Djerba trayendo consigo una puerta y piedras sagradas del santuario salomónico.

Otra venerada tradición local recuerda a una misteriosa doncella milagrosa (la Ghriba) respetada por todos los habitantes de la isla.

Arquitectura interior: azulejos turquesas y plata

El edificio actual, reconstruido en el siglo XIX, deslumbrará al visitante por su santuario interior ricamente ornamentado con columnas, azulejos pintados a mano de estilo morisco y lámparas votivas.

La gruta de las peticiones y los rollos de la Torá

En el extremo del templo se custodia un armario sagrado (Hejal) con rollos de la Torá.

Debajo se encuentra la cavidad milagrosa donde peregrinos judíos y musulmanes colocan huevos cocidos con nombres y deseos de fertilidad y salud antes de repartirlos entre la comunidad.

La comunidad judía de Djerba

La presencia judía en Djerba es una de las más antiguas y continuas del norte de África.

Durante siglos, la comunidad se concentró en dos núcleos principales: la Hara Kebira, el barrio grande, junto a Houmt Souk, y la Hara Sghira, el barrio pequeño, que corresponde al actual Erriadh, donde se encuentra la Ghriba.

Ambos mantuvieron sinagogas, escuelas religiosas y una vida comunitaria propia, con oficios como la orfebrería, el comercio y la artesanía.

A lo largo del siglo XX, muchas familias emigraron, sobre todo a Israel y a Francia, y la población judía de Túnez se redujo mucho. Aun así, Djerba conserva una comunidad activa que mantiene sus tradiciones, sus escuelas y sus celebraciones, algo poco común en el mundo árabe actual.

La Ghriba es el símbolo más visible de esa continuidad y un lugar de referencia para los judíos de origen tunecino repartidos por el mundo, que vuelven a la isla para reencontrarse con sus raíces.

La peregrinación de Lag Baómer

El momento más importante del año en la Ghriba es la peregrinación que se celebra en torno a Lag Baómer, una festividad judía que cae treinta y tres días después del comienzo de la Pascua judía, generalmente en primavera.

Durante esos días llegan a Erriadh peregrinos de Túnez y de muchos otros países, y el ambiente se transforma: la sinagoga se llena de velas, rezos y cantos, y las familias se reúnen en un clima que mezcla devoción y fiesta.

Uno de los momentos más esperados es la procesión de la menara, una gran estructura decorada con pañuelos y ofrendas que se pasea por las calles de la aldea. Los peregrinos encienden velas, hacen peticiones y comparten comida y bebida.

Si quieres asistir, ten en cuenta que en esas fechas hay más controles de seguridad y mucha más afluencia, y que conviene informarse con antelación sobre el acceso y las condiciones del año en curso.

Junto a la sinagoga se encuentra un antiguo albergue para peregrinos, un edificio con patio porticado que tradicionalmente acogía a quienes llegaban de lejos para la celebración. Aunque fuera de esas fechas está mucho más tranquilo, ayuda a imaginar la importancia del santuario como lugar de encuentro.

Una historia también marcada por la violencia

La Ghriba ha sido escenario de episodios trágicos. En 2002, un atentado con un camión cargado de explosivos frente a la sinagoga causó numerosas víctimas, entre ellas turistas extranjeros, y en 2023 un ataque armado durante la peregrinación volvió a sembrar el dolor.

Estos hechos explican las medidas de seguridad que rodean hoy el recinto, con controles en el acceso y presencia policial en los alrededores.

Lejos de frenar la vida del santuario, estos episodios reforzaron su valor simbólico como espacio de convivencia.

Tanto las autoridades tunecinas como la comunidad local han insistido en mantener abierta la Ghriba y en defender la peregrinación como parte del patrimonio compartido de la isla, donde judíos y musulmanes conviven desde hace siglos y comparten muchas costumbres.

Consejos para la visita

Al llegar pasarás un control de seguridad, así que lleva tu documento de identidad y la menor cantidad de bolsos posible. La visita se hace con ropa respetuosa, cubriendo hombros y piernas, y dentro del santuario se suele pedir quitarse los zapatos y cubrirse la cabeza.

La sinagoga cierra durante el shabat, que va del atardecer del viernes al del sábado, y también en algunas festividades judías, por lo que conviene consultar horarios antes de ir.

Dedica entre media hora y una hora al interior y al patio. Observa la luz que entra por las ventanas y se refleja en los azulejos, las inscripciones en hebreo y las placas de agradecimiento que dejan los fieles.

Pregunta antes de fotografiar a personas y mantén un tono de voz bajo, especialmente si hay alguien rezando. Si quieres dejar un donativo, puedes hacerlo con total libertad en la entrada.

  • Lleva tu documento de identidad para el control de acceso

  • Viste ropa que cubra hombros y rodillas

  • Evita el viernes por la tarde y el sábado, por el shabat

  • Respeta a quienes están rezando y pide permiso para las fotos

Qué ver cerca de la Ghriba

La sinagoga está en las afueras de Erriadh, una aldea que en los últimos años se ha hecho conocida por Djerbahood, un proyecto de arte urbano que reunió a artistas de muchos países para pintar murales en sus fachadas.

Pasear por sus calles después de la visita es un contraste interesante entre la tradición más antigua y el arte contemporáneo, y permite descubrir también la arquitectura blanca de la aldea.

Houmt Souk queda a pocos kilómetros al norte, con su medina, su puerto y el antiguo barrio judío de la Hara Kebira. Hacia el sur, la carretera lleva a Guellala, la aldea alfarera con su museo etnográfico.

Con coche o taxi, las tres visitas pueden encajar en una misma jornada dedicada a la historia y la cultura de la isla.

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