Barro de Guellala, alfarería desde tiempos púnicos en el sur de Djerba
Ubicada en la costa meridional de la isla, la aldea de Guellala es el centro alfarero indiscutible de Djerba desde la Antigüedad, gracias a sus canteras subterráneas de arcilla de excelente calidad. En lo alto de una colina domina el pueblo el Museo de Guellala, un centro etnográfico dedicado a las artes populares y tradiciones del pueblo djerbiano.
Por Daniel
Ubicada en la costa meridional de la isla, la aldea de Guellala es el centro alfarero indiscutible de Djerba desde la Antigüedad, gracias a sus canteras subterráneas de arcilla de excelente calidad.
En lo alto de una colina domina el pueblo el Museo de Guellala, un centro etnográfico dedicado a las artes populares y tradiciones del pueblo djerbiano.

- Ubicación
- Colina de Guellala, extremo sur de Djerba (a 20 km de Houmt Souk)
- Talleres alfareros
- Talleres familiares artesanales con visitas y tornos en vivo
- Mirador
- Una de las zonas más altas de Djerba, con vistas al atardecer
Tornos subterráneos y hornos milenarios
Al recorrer las calles de Guellala, cientos de tinajas gigantescas de terracota se apilan ante las puertas de las alfarerías familiares excavadas bajo tierra para conservar la humedad idónea de la arcilla.
Los alfareros moldean en minutos jarras sin soldadura, botijos de agua fresca y lámparas de aceite utilizando tornos manuales transmitidos de generación en generación.
El museo etnográfico de usos y costumbres
El museo recrea meticulosamente los ritos de paso y las tradiciones de la vida insular: el minucioso ritual del matrimonio djerbiano con sus trajes bordados de hilos de oro, los métodos de extracción de aceite en molinos subterráneos movidos por camellos y la música tradicional con gaitas mizwad y tambores bendir.
Vistas y atardecer sobre el golfo de Boughrara
Dado que se alza en una de las zonas más elevadas de la isla, la terraza exterior del museo ofrece una buena panorámica al caer la tarde, divisando el golfo de Boughrara.
Historia de un pueblo hecho de barro
La alfarería de Guellala tiene raíces muy antiguas. Las colinas del sur de Djerba esconden vetas de arcilla de buena calidad, y desde la Antigüedad los habitantes de la isla supieron aprovecharlas para fabricar recipientes de almacenaje, ánforas para el aceite y vasijas de uso cotidiano.
Durante siglos, las piezas salidas de estos talleres viajaron en barco por el Mediterráneo y abastecieron mercados de la costa tunecina y de otros puertos de la región, lo que convirtió al pueblo en un pequeño centro comercial además de artesanal.
Guellala es también uno de los rincones de Djerba donde mejor se ha conservado la identidad amazigh, es decir, bereber.
En algunas familias todavía se habla la variante local de la lengua bereber, y muchas costumbres que el museo explica, desde la forma de vestir hasta la organización de las fiestas, tienen ese origen.
Entender esta herencia ayuda a mirar con otros ojos tanto las vitrinas del museo como los talleres del pueblo, porque ambos forman parte de la misma historia.
El oficio se transmite de padres a hijos y, aunque hoy buena parte de la producción se orienta al visitante, siguen fabricándose piezas utilitarias.
Las ánforas que usan los pescadores de pulpo en el puerto de Houmt Souk, por ejemplo, salen en buena medida de estos hornos, una muestra de que la alfarería de Guellala sigue ligada a la vida diaria de la isla.
Cómo se trabaja la arcilla en Guellala
Si entras en uno de los talleres familiares, verás que el proceso empieza mucho antes del torno. La arcilla se extrae de galerías excavadas en la colina, se deja secar, se tritura y se mezcla con agua hasta obtener una pasta homogénea.
Después se amasa a mano o con los pies para eliminar burbujas de aire, un paso que parece sencillo pero del que depende que la pieza no se agriete en el horno. Muchos artesanos explican estas fases con gusto si les preguntas.
El torneado es el momento más vistoso. El alfarero centra el bloque de barro y, con movimientos rápidos de las manos, levanta las paredes de una jarra o un cuenco en pocos minutos.
Las piezas se dejan secar a la sombra y luego se cuecen en hornos tradicionales, algunos de ellos semienterrados, que se alimentan con leña o restos de palmera. El color final depende de la arcilla y de la cocción: verás tonos rojizos, ocres y blanquecinos.
Además de la cerámica sin esmaltar, típica de la tradición local, encontrarás piezas vidriadas en verde, amarillo o azul, platos decorados y objetos pensados como recuerdo.
Si buscas algo auténtico, fíjate en las jarras para agua y en las vasijas de formas sencillas, que son las que mejor reflejan el oficio histórico del pueblo.
Qué mirar dentro del museo
El museo se organiza en salas temáticas con escenas a tamaño real, maniquíes vestidos con trajes tradicionales y objetos de uso cotidiano.
La idea es mostrar cómo era la vida en Djerba antes de la llegada del turismo: el trabajo en el campo y en el mar, las labores domésticas, los oficios artesanales y las celebraciones que marcaban el calendario familiar.
Es un recorrido muy visual, apto incluso para quienes no suelen disfrutar de los museos.
Presta atención a las salas dedicadas a la vestimenta y a la joyería. Los tejidos de lana, los bordados y las piezas de plata cuentan mucho sobre las diferencias entre comunidades y sobre el papel de cada prenda en momentos clave como el matrimonio.
También resultan interesantes las reconstrucciones de oficios como la tejeduría, la cestería con hojas de palmera y la propia alfarería, que conectan directamente con lo que verás después en las calles.
Escenas de bodas y ritos familiares, con sus trajes y adornos
Reconstrucciones de oficios tradicionales de la isla
Objetos domésticos, instrumentos musicales y aperos de labranza
La terraza exterior, con vistas sobre el sur de Djerba y el mar
Consejos para la visita
Calcula entre una hora y media y dos horas y media para ver el museo con calma y recorrer algunos talleres del pueblo.
Las primeras horas de la mañana son las más agradables en los meses cálidos, porque el sol del sur de Djerba aprieta con fuerza al mediodía y buena parte del paseo entre alfarerías es al aire libre.
Si te interesan las vistas, otra opción es dejar el museo para el final de la tarde y quedarte en la terraza mientras baja la luz.
Lleva calzado cómodo, agua y algo para cubrirte del sol. En los talleres es habitual que te inviten a mirar y a probar el torno; es una buena experiencia, pero ten en cuenta que muchas tiendas esperan que acabes comprando algo.
Si no te convence ninguna pieza, basta con agradecer con amabilidad. Para comprar, compara un par de talleres y negocia con calma, como es costumbre en Túnez. Horarios y precios del museo pueden cambiar, así que conviene consultarlos antes de ir.
Para llegar, lo más práctico es ir en coche de alquiler o en taxi desde Houmt Souk o desde la zona turística de Midoun.
Si quieres embalar cerámica para el viaje de vuelta, pide en el taller que te la envuelvan bien y llévala en el equipaje de mano siempre que el tamaño lo permita.
Qué ver cerca de Guellala
Guellala se combina muy bien con otros puntos del sur y del centro de la isla.
Al este queda El Kantara, donde arranca la calzada que une Djerba con el continente y cuyo origen se remonta a época antigua; en sus alrededores se han estudiado restos de la ciudad romana de Meninx, una de las más importantes de la isla en la Antigüedad.
Al oeste, la costa conduce hacia Ajim, el puerto desde el que salen los transbordadores hacia el continente.
En dirección norte, a pocos kilómetros, está Erriadh, con la Sinagoga de la Ghriba y los murales de arte urbano de Djerbahood, dos visitas que encajan bien en la misma jornada.
Una ruta cómoda consiste en empezar por la sinagoga por la mañana, pasear por Erriadh, comer en el camino y terminar en Guellala con la luz de la tarde.





