Santa Clara-a-Velha, el monasterio que el Mondego fue inundando

El Mosteiro de Santa Clara-a-Velha se fundó a fines del siglo XIII cuando Dona Mor Dias estableció una comunidad de clarisas junto al convento franciscano de la orilla izquierda del Mondego, con permiso de 1283 para construir bajo el patrocinio de Santa Clara e Isabel de Hungría. Las inundaciones cíclicas del río, la primera en 1331, obligaron a adaptaciones hasta que en 1677 la comunidad abandonó el edificio por otro en una colina cercana.

Por

Ubicación
Orilla izquierda del río Mondego, Coimbra
Fundación
Finales del siglo XIII, permiso en 1283
Primera inundación
Año 1331
Abandono definitivo
Año 1677

El Mosteiro de Santa Clara-a-Velha es el monasterio que perdió su batalla contra el río, en Coimbra.

Ruinas del Monasterio de Santa Clara-a-Velha en Coimbra.
Alvesgaspar (CC BY-SA 3.0)

Una comunidad de clarisas junto al Mondego

A finales del siglo XIII, inspirada por los ideales de San Francisco de Asís y Santa Clara, Dona Mor Dias fundó una casa de clarisas pobres cerca del convento franciscano existente en la orilla izquierda del río Mondego.

En 1283 obtuvo permiso para construir un monasterio dedicado a Santa Clara y a Santa Isabel de Hungría, aunque conflictos internos llevaron a su extinción en 1311; fue la reina Isabel de Aragón quien se comprometió con su refundación a partir de 1314.

Siglos de lucha contra las crecidas del río

La historia del monasterio estuvo marcada a lo largo de los siglos por sucesivas inundaciones causadas por el río Mondego, la primera de ellas ya en 1331, apenas un año después de la consagración del templo.

La solución adoptada durante generaciones fue ir elevando sucesivamente el nivel del suelo, pero a comienzos del siglo XVII las monjas se vieron obligadas a construir una planta superior a lo largo del templo y abandonar por completo el nivel inferior.

Las crecidas cíclicas del Mondego terminaron por hacer insostenible la vida dentro del monasterio, forzando su abandono en 1677 a favor de un nuevo convento, el Mosteiro de Santa Clara-a-Nova, construido en una colina cercana a salvo de las aguas.

La reina santa y su monasterio

La refundación del monasterio está íntimamente ligada a la figura de Isabel de Aragón, esposa del rey Dionisio I, a quien los portugueses llaman la Rainha Santa.

Tras quedar viuda, la reina se instaló en un palacio construido junto al convento, desde donde siguió de cerca las obras y la vida de la comunidad.

Su devoción y su fama de caridad, alimentada por leyendas como el milagro de las rosas, convirtieron el lugar en un centro de peregrinación, y a su muerte fue enterrada en la iglesia que ella misma había impulsado.

El monasterio guarda también otra historia célebre de la Edad Media portuguesa. Inés de Castro, la dama gallega cuyo amor con el infante Pedro terminó en tragedia, fue sepultada aquí en un primer momento tras su asesinato en 1355.

Años más tarde, ya rey, Pedro I mandó trasladar sus restos al Monasterio de Alcobaça, donde ambos descansan hoy frente a frente. La cercana Quinta das Lágrimas conserva la memoria de esa historia de amor que ha inspirado a poetas y dramaturgos durante siglos.

Un gótico con bóvedas de piedra

La iglesia es uno de los ejemplos más importantes del gótico mendicante en Portugal, pero con una particularidad: mientras las iglesias de las órdenes mendicantes solían cubrirse con techumbres de madera, aquí se optó por bóvedas de piedra en todo el templo.

Esa elección, ambiciosa para la época, se relaciona con el patrocinio real y con la voluntad de levantar un edificio a la altura de la reina.

Las obras estuvieron a cargo de maestros de obras de la época, y el resultado es un templo de tres naves, sobrio y de proporciones muy armoniosas.

La paradoja es que esa construcción sólida fue la que permitió que la iglesia sobreviviera a siglos de inundaciones.

Cuando las monjas se mudaron, la parte inferior quedó cubierta de agua y lodo, y durante generaciones solo asomaba la mitad superior del edificio, con su gran rosetón y los arranques de las bóvedas.

Esa imagen de templo semihundido en el barro se convirtió en una de las estampas románticas de Coimbra y atrajo la atención de viajeros y pintores.

La recuperación arqueológica

A finales del siglo XX se emprendió un gran proyecto de recuperación. Para poder excavar, fue necesario rodear el monasterio con una barrera impermeable que impidiera la entrada del agua freática del Mondego y bombear de forma continua el terreno.

Solo así los arqueólogos pudieron llegar hasta el suelo original de la iglesia y del claustro, sepultados bajo varios metros de sedimentos acumulados durante siglos de crecidas.

Las excavaciones sacaron a la luz una cantidad enorme de objetos de la vida cotidiana de las monjas: cerámicas, vidrios, piezas de vajilla, objetos de devoción y pequeños elementos personales que el lodo había conservado.

Esos hallazgos se exponen hoy en el centro de interpretación que acompaña a las ruinas, y permiten imaginar cómo era el día a día en un convento de clausura de la Baja Edad Media y de los primeros siglos de la Edad Moderna.

Qué ver en la visita

El recorrido suele empezar en el centro de interpretación, donde un audiovisual y las vitrinas explican la historia del monasterio y de su lucha contra el río.

Después se sale al exterior para recorrer la iglesia, que hoy puede verse en toda su altura, y los restos del claustro, del que se conservan arcos, la base de la fuente y parte de la estructura de las dependencias.

Fíjate en las marcas que dejaron los distintos niveles del suelo, testimonio de cómo las monjas fueron elevando el piso para escapar del agua.

  • El centro de interpretación con los objetos encontrados en las excavaciones

  • La iglesia gótica, con sus bóvedas de piedra y el rosetón

  • Los restos del claustro y de su fuente

  • Las huellas de los sucesivos niveles del suelo

Consejos para la visita

Calcula alrededor de una hora y media para ver con calma el centro de interpretación y las ruinas.

Buena parte del recorrido es al aire libre y con poca sombra, así que en verano es mejor ir a primera hora o al final de la tarde y llevar agua y protección para el sol.

Consulta horarios y precios en la web oficial antes de ir, porque pueden variar según la temporada. Desde el centro histórico se llega caminando en unos quince o veinte minutos cruzando el puente de Santa Clara.

Qué ver cerca

Subiendo la colina que queda detrás se encuentra el Mosteiro de Santa Clara-a-Nova, el convento al que se trasladaron las monjas en el siglo XVII, donde hoy se venera el sepulcro de la Rainha Santa.

A pocos minutos a pie están Portugal dos Pequenitos, el parque con réplicas de monumentos y casas de todo el país, y la Quinta das Lágrimas, con sus jardines y la fuente ligada a la leyenda de Inés de Castro.

De regreso hacia el río, el Parque Verde do Mondego ofrece un paseo agradable y una de las mejores vistas de la Alta coronada por la torre de la universidad.

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• Arco de Almedina

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