El Arco de Almedina, la vieja puerta árabe de Coimbra
El Arco de Almedina, cuyo nombre viene del árabe 'al-madina' (la ciudad), es una puerta medieval cuya parte más antigua data del siglo IX, con dos torres unidas por un arco. Tras la conquista cristiana de Coimbra en 1064 por Fernando I de León, el conde Sesnando Davides reorganizó la defensa de la ciudad, reforzando la estructura, remodelada varias veces, entre ellas a comienzos del XVI.
Por Florencia
- Ubicación
- Casco histórico de Coimbra
- Origen del nombre
- Del árabe 'al-madina', la ciudad
- Parte más antigua
- Siglo IX
- Conquista cristiana
- Año 1064, por Fernando I de León
El Arco de Almedina es el símbolo del barrio histórico homónimo de Coimbra.

Una puerta islámica que da nombre a un barrio
El nombre 'Almedina' proviene del árabe 'al-madina', que significa simplemente 'la ciudad', un origen que refleja la importancia histórica de esta puerta como acceso principal a la ciudad amurallada.
La parte más antigua de la estructura data del siglo IX, y estaba compuesta originalmente por dos torres unidas mediante un arco, controlando el acceso desde el río Mondego hacia el interior de la ciudad.
De bastión militar a centro del poder municipal
Tras la conquista cristiana de Coimbra en 1064 a manos de Fernando I de León, el conde mozárabe Sesnando Davides reorganizó por completo la línea defensiva de la ciudad, reforzando esta estructura de manera notable.
La puerta se remodeló varias veces a lo largo de los siglos, y su aspecto actual puede deberse a una reforma de comienzos del siglo XVI ordenada por Manuel I.
Desde finales de la Edad Media y hasta bien entrado el siglo XIX, la Torre de Almedina dejó de ser un simple bastión militar para convertirse en centro del poder municipal, y hoy alberga el Centro de Interpretación de la Ciudad Amurallada, con exposiciones y maquetas a escala del antiguo perímetro defensivo medieval.
La frontera entre la Baixa y la Alta
Para entender el Arco de Almedina hay que entender cómo está organizada Coimbra.
La ciudad se divide desde hace siglos en dos mundos: la Alta, en lo alto de la colina, donde se concentraban la catedral, el palacio real y, más tarde, la universidad; y la Baixa, en la parte llana junto al Mondego, donde vivían artesanos y comerciantes.
El arco es precisamente la bisagra entre ambos. Desde la animada Rua Ferreira Borges, una de las calles comerciales de la Baixa, basta atravesarlo para empezar a subir hacia el antiguo recinto amurallado.
Esa división tuvo también un sentido social. Durante siglos, quien vivía dentro de las murallas, en la Almedina, formaba parte del núcleo del poder religioso, político y académico, mientras que la ciudad de abajo crecía alrededor del comercio y del río.
Hoy la frontera es solo simbólica, pero sigue notándose al caminar: a un lado del arco quedan las tiendas, los cafés y el bullicio de las calles peatonales; al otro, las cuestas empedradas, el silencio y las fachadas antiguas.
Qué mirar en el arco y la torre
Antes de cruzar, vale la pena detenerse frente a la cara que mira hacia la Baixa.
Sobre el vano del arco se conserva una hornacina con una imagen de la Virgen con el Niño, un detalle religioso habitual en las puertas de las ciudades portuguesas, que se ponían bajo protección divina.
La torre que se alza sobre el paso conserva el aspecto macizo de una estructura defensiva, con muros gruesos de piedra y pocas aberturas, y deja ver las distintas etapas de obra que fue recibiendo a lo largo de los siglos.
Al atravesar el arco, fíjate en el grosor de los muros y en lo estrecho del paso, pensado para que unos pocos defensores pudieran controlar quién entraba en la ciudad. Justo detrás comienzan las calles y escalinatas que suben hacia la Sé Velha y la universidad.
En el interior de la torre, el Centro de Interpretación de la Ciudad Amurallada permite ver con maquetas y paneles cómo era el recinto medieval y por dónde corría la muralla, buena parte de la cual quedó absorbida por las casas que se fueron construyendo encima.
Las otras huellas de la muralla
El Arco de Almedina era la puerta principal, pero no la única. La muralla medieval rodeaba toda la colina y tenía varios accesos y torres de las que todavía quedan restos dispersos por la Alta.
Uno de los más conocidos es la Torre de Anto, muy cerca del arco, que debe su nombre al poeta António Nobre, quien vivió allí durante su etapa de estudiante y firmaba algunos de sus textos como Anto.
Otro vestigio es la Porta da Traição, la puerta de la traición, un acceso secundario de la muralla cuyo nombre alimenta todo tipo de relatos sobre asedios y conspiraciones. Recorrer la Alta buscando estos restos es una buena manera de descubrir rincones que no aparecen en los itinerarios más habituales.
Muchas veces el trazado de la antigua muralla se adivina en la curva de una calle o en un muro de piedra que destaca entre las fachadas encaladas.
Curiosidades
Muy cerca del arco arranca la Rua de Quebra-Costas, cuyo nombre significa algo así como rompe espaldas.
La denominación habla por sí sola de lo empinado de su trazado, y los habitantes de Coimbra la usan desde hace generaciones como ejemplo del esfuerzo que supone subir de la Baixa a la Alta.
Hoy está llena de pequeñas tiendas, librerías y locales donde, por la noche, se puede escuchar fado de Coimbra, la variante estudiantil y masculina del fado, tradicionalmente interpretada por estudiantes con capa negra.
El propio nombre del arco recuerda que Coimbra fue durante varios siglos una ciudad bajo dominio musulmán, antes de la conquista cristiana de 1064.
Aunque la mayor parte de lo que se ve hoy es fruto de reformas posteriores, la palabra Almedina se ha mantenido en el habla cotidiana para designar todo el barrio alto amurallado.
Y aún antes de los árabes, la colina estaba ocupada por la ciudad romana de Aeminium, cuyos restos más notables se conservan en el criptopórtico del Museo Nacional Machado de Castro, a pocos minutos de subida.
Consejos para la visita
El arco se puede ver en cualquier momento, ya que forma parte de la vía pública, pero la mejor experiencia es usarlo como puerta de entrada a un paseo a pie por la Alta.
Empieza en la Baixa, crúzalo y sube sin prisa hacia la Sé Velha, la universidad y los miradores sobre el Mondego. Calcula un par de horas para ese recorrido si te detienes en los principales monumentos, y algo más si entras a visitarlos por dentro.
Usa calzado cómodo y con buena suela: el empedrado de las cuestas es irregular y puede resbalar con lluvia. En verano, las primeras horas de la mañana y el final de la tarde son más llevaderas para subir.
Si quieres visitar el centro de interpretación de la torre, consulta antes en la web oficial del ayuntamiento los horarios y las condiciones de acceso, porque pueden cambiar según la temporada.
Qué ver cerca
A pocos minutos de subida se encuentra la Sé Velha, la catedral románica del siglo XII, uno de los templos más importantes de ese estilo en Portugal.
Un poco más arriba están el Museo Nacional Machado de Castro y el conjunto de la universidad, con el Paço das Escolas y la Biblioteca Joanina.
En sentido contrario, bajando por la Rua Ferreira Borges y la Rua Visconde da Luz, se llega a la Praça 8 de Maio, presidida por el Mosteiro de Santa Cruz y el panteón de los primeros reyes de Portugal.





