Agua del Durance y fuentes monumentales en el Palais Longchamp
El Palais Longchamp se construyó entre 1862 y 1869 para celebrar la llegada del agua del río Durance a Marsella, tras las obras de un canal de más de 80 km iniciadas en 1839, consecuencia de la epidemia de cólera de 1835 causada por la falta de agua potable. Diseñado por Henri Espérandieu, el conjunto es a la vez torre de agua, museo de Bellas Artes y museo de historia natural. El acceso a los jardines es libre.
Por Florencia
- Ubicación
- Barrio de Longchamp, Marsella
- Construcción del palacio
- 1862-1869
- Canal de Marsella
- Más de 80 km, obras iniciadas en 1839
- Arquitecto
- Henri Espérandieu
El Palais Longchamp conmemora la llegada del agua potable a Marsella.

Una epidemia de cólera que impulsó una obra colosal
En 1835, una epidemia de cólera causada por la falta de agua potable azotó Marsella con fuerza, lo que llevó al ingeniero civil Franz Mayor de Montricher a dirigir las obras de un canal de más de 80 kilómetros para transportar agua del río Durance hasta la ciudad.
Tras unas obras iniciadas en 1839, que exigieron construir conductos subterráneos y 18 grandes puentes acueducto, en 1849 el agua llegó finalmente a Marsella.
Un palacio, un museo y una torre de agua en uno
Para celebrar ese logro de ingeniería, la ciudad encargó al arquitecto Henri Espérandieu, el mismo que levantaba entonces la Basílica de Notre-Dame de la Garde, la construcción de un gran complejo monumental entre 1862 y 1869.
El Palais Longchamp funciona simultáneamente como torre de agua, donde llega el caudal del canal, museo de Bellas Artes y museo de historia natural, un triple uso poco habitual que refleja la ambición con la que Marsella quiso conmemorar la llegada de un recurso tan vital como el agua.
Una fuente monumental para recibir el agua
El Palais Longchamp no es un palacio al uso. Lo que ves desde el bulevar es, en realidad, el remate monumental de una obra hidráulica: el punto donde el agua traída desde lejos desembocaba en la ciudad y se mostraba como un espectáculo público.
El diseño toma recursos de la arquitectura de las fuentes monumentales, con una gran columnata en forma de arco que abraza el conjunto y abre el paso hacia el parque posterior. Marsella quiso que el agua, que durante siglos había sido escasa, se celebrara como un auténtico triunfo.
Qué ver en el conjunto
Al centro destaca la composición escultórica, con un grupo escultórico que representa al río Durance sobre un carro tirado por cuatro toros camargueses.
Desde ahí, el agua desciende por cascadas y escalinatas hasta un estanque, en un movimiento pensado para impresionar a quien se acerca desde el eje principal. Conviene acercarse un poco y mirar los detalles de los relieves y de las esculturas, porque desde lejos se aprecia sobre todo el conjunto.
A ambos lados de la columnata se extienden dos alas con funciones muy distintas. Una acoge el museo de Bellas Artes, con pintura y escultura de los siglos pasados, y la otra el museo de historia natural, con colecciones de zoología, geología y prehistoria.
Es un buen plan si el tiempo no acompaña, porque permite combinar paseo exterior y visita cultural sin salir del mismo recinto. Antes de ir, consulta en la web oficial qué salas están abiertas, ya que algunas cambian según las exposiciones.
El parque trasero y su pasado
Detrás del palacio se abre un jardín de trazado paisajista, con senderos sinuosos, estanques, grandes árboles y pequeñas cascadas. Es un oasis de calma en un barrio muy urbano, y los vecinos lo usan a diario para pasear, leer o hacer deporte.
Durante años albergó un jardín zoológico, hoy desaparecido, y en la parte alta del recinto se instaló un observatorio astronómico, un detalle poco conocido que recuerda que el lugar nació con vocación de espacio científico y educativo además de monumental.
El parque se recorre con calma y ofrece sombra en verano, algo que se agradece en una ciudad tan soleada. Si subes hasta la parte posterior del palacio, obtienes una perspectiva distinta del conjunto, con las columnas y las cúpulas recortadas contra el cielo.
Es un lugar agradable para una pausa lenta, sin la multitud que suele concentrarse en otros puntos de Marsella.
Cómo encajarlo en tu recorrido
El palacio se encuentra algo alejado del puerto, por lo que funciona bien como parada de media mañana o de tarde dentro de una jornada de ciudad.
Puedes llegar desde la Canebière subiendo por el bulevar que lleva su nombre, y así descubres una parte más residencial y menos turística de Marsella.
Combínalo con el Vieux-Port, la Major o el MuCEM si quieres ver varios grandes símbolos de la ciudad con una buena base de contexto histórico, empezando por esta obra que explica por qué Marsella pudo crecer como lo hizo.





