La Catedral de la Major tardó cuatro décadas en levantarse

La Catedral de la Major, en Marsella, se construyó entre 1852 y 1893 según los planos del arquitecto Léon Vaudoyer, en estilo románico-bizantino. Luis Napoleón Bonaparte, futuro Napoleón III, colocó su primera piedra el 26 de septiembre de 1852. Con unos 142 metros de largo y capacidad para unas tres mil personas, su decoración recuerda a las iglesias orientales. Fue una de las pocas catedrales levantadas en Francia durante el siglo XIX.

Por

Ubicación
Junto al puerto, Marsella
Construcción
1852-1893
Primera piedra colocada por
Luis Napoleón Bonaparte, futuro Napoleón III
Arquitecto
Léon Vaudoyer

La Catedral de la Major se alza junto al puerto de Marsella.

La Catedral de la Major de Marsella.
Jarke (CC BY-SA 4.0)

Una catedral monumental del siglo XIX

La construcción de la nueva catedral comenzó el 26 de septiembre de 1852, cuando el entonces príncipe-presidente Luis Napoleón Bonaparte, futuro Napoleón III, colocó la primera piedra durante una visita a la ciudad.

El proyecto, diseñado por el arquitecto Léon Vaudoyer, se prolongó durante más de cuarenta años, completándose finalmente en 1893, un plazo muy largo para una de las grandes catedrales levantadas en Francia en el siglo XIX.

Un estilo que evoca Oriente y rivaliza con el Vaticano

El edificio, poco habitual en Francia, evoca el mundo oriental a través de su estilo románico-bizantino, con una decoración interior tan suntuosa que recuerda inevitablemente a las grandes iglesias del Mediterráneo oriental.

Por sus dimensiones monumentales, la catedral está considerada una de las grandes obras religiosas construidas después de la Edad Media, un símbolo del gran crecimiento económico y demográfico que vivía Marsella como principal puerto mediterráneo y polo comercial de Francia en esa época.

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Por qué Marsella quiso una catedral nueva

A mediados del siglo XIX Marsella vivía un momento de expansión. La apertura de nuevos muelles, el comercio con el Mediterráneo oriental y la llegada de población atraían riqueza y ambición a una ciudad que quería proyectar una imagen a la altura de su peso económico.

La antigua catedral, una iglesia medieval de proporciones modestas, resultaba pequeña para una urbe en plena transformación. De esa necesidad, y del deseo de dejar una marca visible desde el mar, nació el proyecto de levantar un templo mucho mayor junto al puerto.

El diseño se encargó a Léon Vaudoyer, arquitecto interesado en las formas del románico y del arte bizantino. Tras su fallecimiento, la dirección de las obras pasó a otros arquitectos que mantuvieron el espíritu original del proyecto.

Esa continuidad explica en parte que el conjunto conserve una coherencia notable pese a las décadas que duró la construcción.

Qué mirar en el exterior

Lo primero que llama la atención es el contraste cromático. Las fachadas combinan hiladas de piedra clara con otras de tono verdoso, formando franjas horizontales que dan al edificio un aspecto muy particular y poco habitual en las catedrales francesas.

Sobre ellas se elevan cúpulas y cimborrios que, vistos desde el paseo marítimo, componen una silueta inconfundible. Si te acercas, fíjate en los detalles de los arcos y en la solidez de los volúmenes, que parecen concebidos para desafiar al viento y al paso del tiempo.

A un lado queda un resto de la antigua catedral, la llamada Vieille Major, un edificio medieval del que se conserva una parte. Verlas casi juntas permite comparar dos épocas y dos gustos muy distintos: la sobriedad de la piedra románica frente a la exuberancia del siglo XIX.

Es una de las vistas más instructivas del barrio y suele pasar desapercibida para quien solo mira el templo principal.

El interior y sus mosaicos

Al entrar, el ambiente cambia por completo. El espacio es amplio, con una nave central rodeada de arcadas, y la decoración abunda en mármoles de colores, mosaicos y detalles dorados que recuerdan a las iglesias del Mediterráneo oriental, tal como sugiere su estilo.

Dedica un rato a levantar la vista hacia las bóvedas y a recorrer las capillas laterales sin prisa. La luz, que entra de manera irregular, cambia el aspecto de las superficies según la hora del día y hace que cada visita resulte algo distinta.

Al tratarse de un lugar de culto, conviene respetar el silencio y las normas del recinto. Si coincides con una celebración, quizá algunas zonas estén reservadas. Consulta los horarios de visita en la web oficial antes de ir, porque pueden variar por actos religiosos.

Qué ver cerca de la catedral

La catedral se levanta a poca distancia de Le Panier, el barrio antiguo, de modo que es fácil unir ambos lugares en un mismo paseo.

Hacia el mar encontrarás la zona renovada del puerto, con museos y paseos que se prolongan frente al agua y regalan buenas vistas del templo desde fuera. Desde allí, el Vieux-Port queda a un corto trayecto a pie, ideal para completar el recorrido con un paseo tranquilo por la ciudad.

Para saber más