El cubo de hormigón de Ricciotti que alberga el MuCEM
El MuCEM, Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo, abrió sus puertas en junio de 2013, el año en que Marsella fue Capital Europea de la Cultura. El edificio J4, obra de los arquitectos Rudy Ricciotti y Roland Carta, forma un cuadrado de 72 metros de lado en hormigón ultra reforzado de alto rendimiento, material que le da su fachada de celosía. Desde el primer año recibió una gran afluencia de visitantes.
Por Florencia
- Ubicación
- Entrada del Vieux-Port, Marsella
- Inauguración
- Junio de 2013
- Arquitectos
- Rudy Ricciotti y Roland Carta
- Dimensiones
- Cuadrado de 72 metros de lado
El MuCEM marca la entrada al Vieux-Port de Marsella.

Un museo nacido con la Capital Europea de la Cultura
El Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo inauguró su edificio principal, conocido como J4, en junio de 2013, coincidiendo con el año en que Marsella ostentó el título de Capital Europea de la Cultura.
Situado en el paseo marítimo a la entrada del Vieux-Port, el conjunto incluye además el monumento histórico del Fuerte Saint-Jean, de origen medieval y reforzado en siglos posteriores, conectado al edificio principal por pasarelas.
Una fachada de hormigón que se volvió icónica
Los arquitectos Rudy Ricciotti y Roland Carta diseñaron un edificio de forma cuadrada perfecta, de 72 metros de lado, construido con un material entonces revolucionario: hormigón ultra reforzado de alto rendimiento, ligero y duradero, cuya textura fibrosa le da a la fachada su característico aspecto de celosía calada.
El museo, que combina antropología, historia, arqueología e historia del arte para explorar las distintas facetas del mundo mediterráneo, tuvo una gran acogida de público desde su apertura.
De las artes populares de Francia al Mediterráneo
Las colecciones del MuCEM no nacieron en Marsella. Una parte importante procede del antiguo museo nacional de artes y tradiciones populares de París, dedicado a la vida cotidiana de las regiones francesas.
Al trasladarlas al sur, el proyecto cambió de mirada: en lugar de limitarse a Francia, propuso hablar de los pueblos que comparten la cuenca mediterránea, con sus intercambios, sus conflictos y sus herencias comunes.
Por eso el museo no se centra en una época ni en un estilo, sino en temas como la fe, el comercio, la ciudadanía o la relación con el mar, que conectan a Europa, el norte de África y Oriente Próximo.
Esa mezcla explica que las salas alternen objetos muy distintos: utensilios domésticos, piezas rituales, documentos, obras de arte contemporáneo y materiales arqueológicos. No esperes una sucesión cronológica clásica de vitrinas.
Muchas exposiciones se organizan por preguntas y por relatos, y algunas se renuevan con el tiempo, así que conviene mirar en la web oficial qué muestras temporales están en curso antes de planificar la visita.
Qué ver en el edificio J4
Antes de entrar, dedica unos minutos a rodear el cubo. La celosía de hormigón filtra la luz y proyecta sobre los pasillos interiores sombras que cambian a lo largo del día.
Entre la piel exterior y el volumen acristalado hay un corredor que funciona como paseo cubierto, con vistas al mar y a la ciudad, de modo que parte del recorrido se hace casi al aire libre.
El dibujo de la fachada recuerda a una red de pesca o a un encaje.
En el interior, la exposición permanente sobre el Mediterráneo suele ser el punto de partida más sencillo para entender el enfoque del museo.
Después puedes subir a la terraza de la cubierta, uno de los mejores lugares para ver el puerto, el fuerte y las colinas de la ciudad en una sola mirada.
Desde allí se distingue también la basílica de Notre-Dame de la Garde, que corona la colina al otro lado de la bahía.
El Fuerte Saint-Jean y su pasarela
El segundo gran protagonista del conjunto es el Fuerte Saint-Jean.
Su historia arranca en la Edad Media, cuando en este promontorio se asentó una encomienda vinculada a la orden de San Juan de Jerusalén, y las fortificaciones que ves hoy se fueron ampliando con los siglos para vigilar la entrada del puerto y también a la propia ciudad.
Tras su restauración, se abrió al público como espacio de paseo, con jardines, terrazas y rincones sombreados que invitan a bajar el ritmo.
Una pasarela elevada une el fuerte con el J4 y permite cruzar sobre el agua con la sensación de caminar entre dos mundos, el militar y el contemporáneo.
Otra pasarela conecta el fuerte con el barrio del Panier, de modo que puedes entrar por un lado y salir por el otro sin deshacer el camino.
En el recinto hay jardines con plantas mediterráneas y vistas muy abiertas hacia las islas y la rada, ideales para una pausa tranquila a media visita.
Curiosidades y detalles de la visita
El museo forma parte de un pequeño barrio cultural junto al puerto. A pocos pasos se levanta otro edificio moderno, de fachada de vidrio y un gran voladizo sobre un espejo de agua, que acoge exposiciones y debates sobre el Mediterráneo.
Si te interesa la arquitectura contemporánea, merece la pena recorrer las tres piezas juntas: el cubo, el fuerte y ese vecino cristalino ofrecen tres lenguajes muy distintos en apenas unos metros.
Una buena idea es combinar la visita con la catedral de la Major, que queda muy cerca, y con un paseo por el Panier hasta el Vieux-Port. Si viajas con niños, los espacios abiertos del fuerte les dan margen para correr.





