Pasea por el Vieux-Port, donde Protis y Gyptis fundaron Marsella

El Vieux-Port de Marsella nació hacia el año 600 a.C., cuando colonos griegos de Focea desembarcaron en la ensenada de Lacidonia y fundaron Massalia, según la leyenda a partir de un romance entre el marinero griego Protis y la princesa ligur Gyptis. Protegida por tres colinas, la ciudad más antigua de Francia sigue teniendo aquí su corazón, con un pequeño mercado de pescado por las mañanas. El acceso al puerto es libre.

Por

Ubicación
Centro de Marsella
Fundación
Hacia el año 600 a.C., por griegos focenses
Nombre original
Massalia
Mercado de pescado
Cada mañana en el muelle

El Vieux-Port es el corazón histórico de Marsella, la ciudad más antigua de Francia.

El Viejo Puerto de Marsella con el Fuerte de Pharo al fondo.
Wikimedia Commons contributor (Public domain)

Una leyenda griega en el origen de Francia

Hacia el año 600 antes de Cristo, marineros griegos procedentes de Focea, en la actual Turquía, desembarcaron en la ensenada de Lacidonia, entonces habitada por un pueblo celto-ligur.

Según la leyenda fundacional, la ciudad nació de una historia de amor entre el marinero griego Protis y la princesa ligur Gyptis, que eligió a Protis como esposo durante un banquete organizado por su padre.

Los colonos griegos fundaron allí Massalia, aprovechando una orilla protegida por tres colinas (Saint-Laurent, Les Moulins y Les Carmes) y la protección natural de la ensenada de Lacydon.

Un puerto defendido por islas y vivo desde hace siglos

Frente a la bahía se extiende el archipiélago del Frioul, que forman islas como Pomègues y Ratonneau.

Hoy, el Vieux-Port, situado al pie de la avenida de La Canebière y repartido entre tres distritos de la ciudad, sigue siendo el centro neurálgico de Marsella: cada mañana, un pequeño mercado de pescado llena de vida y de olores el muelle principal.

Planifica tu viaje a Marsella:

• Guía de Marsella

• Notre-Dame de la Garde

• Le Panier

Un puerto que cambió de manos y de funciones

A lo largo de los siglos, el Vieux-Port fue puerto griego, romano, medieval y comercial, y el testigo de intercambios con todo el Mediterráneo. Durante siglos fue el centro de la actividad marítima de Marsella, por donde entraban mercancías, viajeros y noticias de otras costas.

Cuando los barcos de mayor tamaño fueron necesitando muelles más amplios, la actividad comercial se desplazó hacia las nuevas dársenas del norte, y el puerto antiguo se transformó poco a poco en lo que es hoy, un lugar dedicado sobre todo a la navegación de recreo, a los paseos en barco y a la vida social de los marselleses.

Qué ver alrededor de los muelles

Cada orilla tiene su carácter. Una concentra la fachada más animada del puerto, con terrazas y mucho movimiento, y la otra tiene un ambiente más de barrio.

En el muelle norte se encuentra el Ayuntamiento, del siglo XVII, un edificio de aspecto barroco que refleja la época en que la ciudad crecía como potencia comercial.

Cerca se conservan restos del antiguo puerto griego en un yacimiento arqueológico, una ventana a los orígenes de Massalia que sorprende a quien solo busca el paseo.

Presta atención al conjunto de mástiles que llena la ensenada, un bosque de barcos de todos los tamaños.

En la entrada se vigilan los dos extremos con dos fuertes de épocas pasadas, el de Saint-Jean y el de Saint-Nicolas, que desde la Edad Moderna cumplieron una doble función: proteger el puerto y recordar a los marselleses quién mandaba.

El techo reflectante del muelle

Una de las imágenes más comentadas del puerto es una gran estructura rectangular, de acero pulido, que cubre una parte de la explanada.

Funciona como un enorme espejo horizontal en el que se refleja a la gente, el cielo y los barcos, y se ha convertido en un lugar muy fotografiado. Fue una intervención reciente que cambió la forma de usar el espacio, pensada para que el muelle fuera más peatonal y cómodo.

Merece la pena situarte debajo para ver el efecto del reflejo desde dentro.

Consejos para disfrutar el puerto

El Vieux-Port se disfruta de formas muy diferentes según la hora. De mañana, cuando se instalan los puestos de pescado, el ambiente es más auténtico y menos turístico. Al atardecer, la luz sobre los cascos y las fachadas gana calidez, y las terrazas se llenan.

Si buscas una vista general, puedes tomar uno de los barcos que cruzan la ensenada o dirigirte al mirador de Notre-Dame de la Garde.

Desde aquí parten también excursiones en barco hacia las islas del Frioul, el Château d'If y las calanques, lo que convierte al puerto en una excelente base de operaciones.

Si dispones de tiempo, deja un rato para perderte por el Panier, el barrio más antiguo de la ciudad, que sube desde el norte de la ensenada con callejuelas, murales y pequeñas plazas. Es un contrapunto perfecto al bullicio de los muelles.