De la cuarentena a las playas, la historia de las islas de Frioul

Las Islas de Frioul, frente al puerto de Marsella, se usaron como cuarentena para barcos del extranjero, sobre todo tras la peste de 1720, y en 1828 se inauguró allí el Hôpital Caroline, un hospital neoclásico diseñado para aislar a los enfermos con la ayuda del viento marino. Tras funcionar como hospital hasta 1941 y sufrir bombardeos aliados en 1944, hoy son un destino de playas y senderismo a poca distancia en barco desde el Vieux-Port.

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Ubicación
Frente al puerto de Marsella
Uso como cuarentena
Sobre todo desde la peste de 1720
Hôpital Caroline
Inaugurado en 1828
Acceso
Barco regular desde el Vieux-Port

Las Islas de Frioul forman un pequeño archipiélago frente al puerto de Marsella.

Las islas del archipiélago de Frioul, frente a Marsella.
Anfrx (CC BY-SA 4.0)

Una frontera sanitaria para Marsella

Tras la peste de 1720, el archipiélago de Frioul pasó a ser clave en la protección sanitaria de Marsella y se utilizó como zona oficial de cuarentena para los barcos que llegaban del extranjero, con el objetivo de frenar la propagación de enfermedades contagiosas hacia el continente.

A principios del siglo XIX, el temor a una epidemia de fiebre amarilla en los puertos del Mediterráneo impulsó la construcción de instalaciones sanitarias más ambiciosas en las islas.

El Hôpital Caroline y el viento como remedio

El Hôpital Caroline, inaugurado en 1828 y bautizado en honor a Carolina de Borbón-Sicilia, viuda del duque de Berry, es un ejemplo perfecto de arquitectura neoclásica, con pabellones separados pensados para aislar a los enfermos de los convalecientes.

Abierto por todos sus lados al viento, el pabellón de pacientes reflejaba el pensamiento higienista del siglo XIX, que atribuía al aire propiedades curativas capaces de arrastrar los miasmas infecciosos.

El hospital funcionó hasta 1941 y fue en gran parte destruido durante los bombardeos aliados de agosto de 1944. Hoy las islas, a poca distancia en barco desde el Vieux-Port, son un destino apreciado por sus playas y senderos costeros.

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Dos islas unidas por un dique

El archipiélago de Frioul está formado principalmente por dos islas, Ratonneau y Pomègues, que hoy se recorren como si fueran una sola.

En el siglo XIX se levantó un dique que las conectó y creó un puerto protegido entre ambas, pensado entre otras cosas para facilitar la gestión de los barcos en cuarentena.

Aquella obra cambió la geografía del lugar y todavía define su organización: el pequeño puerto se encuentra en la unión, y desde él parten los caminos hacia las zonas más agrestes y hacia las calas.

Son islas de roca caliza, secas y expuestas al viento, con una vegetación baja de matorral mediterráneo que se adapta muy bien a las condiciones extremas.

El contraste entre el blanco de la piedra, el verde apagado de las plantas y el azul del mar da a la visita un aire casi de isla griega, a pocos minutos de una gran ciudad.

Qué hacer en las islas

El plan más habitual es caminar. Una red de senderos recorre las costas y las partes altas, y permite descubrir antiguas instalaciones militares, miradores y rincones donde apenas se oyen más sonidos que el viento y las gaviotas.

Desde las zonas elevadas se ven la bahía de Marsella, el Château d'If y, con claridad, la costa de las Calanques. Es una buena opción para quien busca vistas amplias sin alejarse demasiado de la ciudad.

Otra posibilidad es dedicar la jornada al baño. Las calas de Frioul son de piedra y roca más que de arena fina, y el agua suele ser clara. Lleva calzado que puedas mojar para entrar con comodidad y, si te gusta el snorkel, aprovecha para observar los fondos rocosos.

Respeta las normas de protección del entorno, ya que las islas forman parte del espacio natural del parque.

Un patrimonio sanitario y militar

El pasado de Frioul no se limita al Hôpital Caroline. Las islas albergaron durante mucho tiempo instalaciones destinadas a controlar la entrada de enfermedades, y más tarde se fortificaron para defender la bahía. Aún se ven restos de baterías, fortines y edificios de aquella etapa.

Entre ellos, el hospital destaca por su tamaño y por el aspecto de ruina que conserva, con arcadas abiertas al cielo que le dan un aire melancólico y atraen a muchos aficionados a la fotografía.

Caminar entre esos restos ayuda a comprender por qué las islas se mantuvieron tanto tiempo apartadas de la vida urbana: durante siglos eran un lugar al que se enviaba lo que la ciudad prefería tener lejos. Ese pasado explica en parte su carácter actual, tranquilo y algo salvaje.

Consejos para la jornada

Las islas ofrecen poca sombra natural y pocos servicios fuera de la zona del puerto, así que conviene llevar agua, algo de comida y protección solar.

Mira la previsión del viento antes de ir, porque las condiciones del mar pueden alterar el servicio de barcos, y consulta los horarios y las normas del parque en la web oficial. Reserva un margen para no depender de la última salida de regreso.

Frioul se combina bien con el Château d'If, que queda a poca distancia, y con una tarde en el Vieux-Port al regresar. Si dispones de tiempo, es una forma sencilla de ver Marsella desde el agua y de entender la relación de la ciudad con su costa.

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