El bronce dorado del León de Judá ante la estación de Legehar

Situado en la gran rotonda frente a la histórica estación de ferrocarril franco-etíope de Legehar, el Monumento del León de Judá es uno de los iconos patrióticos más célebres de Addis Abeba. Esculpido en bronce dorado sobre un pedestal de granito negro, simboliza el linaje de la dinastía salomónica etíope.

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Estatua histórica del León de Judá en bronce frente a la plaza de la estación de tren de Addis Abeba.
Ondřej Žváček (CC BY 2.5)
Ubicación
Plaza de la Estación de Legehar, final de Churchill Avenue
Inauguración
1930 con motivo de la coronación del emperador Haile Selassie
Episodio histórico
Llevado a Roma por las tropas italianas y devuelto por Italia en la década de 1960
Símbolo
El León Conquistador de la Tribu de Judá, blasón del imperio
Entorno
Edificio de la antigua estación de trenes Addis Abeba–Yibuti

Símbolo Salomónico de la monarquía milenaria

El león rampante portando la cruz procesional etíope representa la legendaria filiación de los monarcas etíopes con la estirpe del rey Salomón de Jerusalén y la reina de Saba (Makeda), proclamada formalmente en el libro sagrado nacional, el Kebra Nagast.

El expolio y la hazaña de Zerai Deres

Tras la ocupación fascista de 1936, la estatua fue trasladada como botín de guerra a Roma. En 1938, el joven patriota eritreo-etíope Zerai Deres divisó el león junto al obelisco de Dogali, cerca de la estación de Termini, y se arrodilló a rendirle honores, desenvainando su sable contra oficiales coloniales en una histórica protesta anticolonial.

La estación de ferrocarril de Legehar

A espaldas del monumento se alza la elegante terminal ferroviaria de Legehar, levantada por ingenieros franceses a comienzos del siglo XX para el ferrocarril que conectaba la capital con el puerto de Yibuti en el mar Rojo, cuya arquitectura colonial y salones de espera conservan el aroma del siglo XX.

El León de Judá en la identidad etíope

El león coronado que sostiene una cruz fue durante siglos el gran emblema de la monarquía etíope. Figuraba en el estandarte imperial, en sellos, monedas y documentos oficiales, y se asociaba al título que ostentaban los emperadores, conquistador león de la tribu de Judá.

Esa fórmula conectaba a la dinastía con la tradición bíblica y con el relato del Kebra Nagast, según el cual Menelik I, hijo de Salomón y la reina de Saba, fundó el linaje real etíope.

Con el fin de la monarquía en 1974, el león desapareció de la bandera oficial, pero no del imaginario popular.

Sigue apareciendo en esculturas, recuerdos, grafitis y banderas usadas por quienes reivindican la herencia imperial, y el movimiento rastafari lo ha convertido en uno de sus símbolos más reconocibles en todo el mundo. Por eso este monumento atrae tanto a etíopes como a visitantes extranjeros interesados en esa historia compartida.

Un viaje de ida y vuelta

La historia de la estatua es inseparable de la ocupación italiana. Tras la toma de Adís Abeba, las autoridades coloniales retiraron varios símbolos de la monarquía y la escultura fue enviada a Roma, donde se colocó cerca de la estación de Termini como trofeo de guerra.

Allí protagonizó el célebre gesto de Zerai Deres, que se ha convertido en un episodio emblemático de la resistencia contra el colonialismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Etiopía reclamó la devolución de los bienes expoliados durante la ocupación, entre ellos el León de Judá y el obelisco de Axum. El león regresó a Adís Abeba décadas después y recuperó su lugar frente a la estación.

Su retorno se vivió como una reparación simbólica, y hoy la estatua recuerda tanto el esplendor de la monarquía como las heridas de la ocupación.

Qué mirar en el monumento

Acércate al pedestal para observar los detalles de la escultura: la corona sobre la cabeza del león, la cruz que sostiene con una pata y la postura en movimiento que transmite fuerza y orgullo.

El contraste entre el bronce y la piedra oscura del basamento hace que la figura destaque incluso a distancia, sobre todo con la luz baja de la mañana o del final de la tarde.

Después, gira la vista hacia la antigua estación de Legehar. El conjunto formado por la estación y el monumento fue concebido como una entrada solemne a la capital: quienes llegaban en tren desde la costa se encontraban con este emblema de la monarquía al salir.

La plaza ha cambiado mucho con el tráfico y las nuevas construcciones, pero esa idea de puerta de la ciudad sigue siendo perceptible.

La estación y el ferrocarril

El ferrocarril entre Adís Abeba y Yibuti fue durante gran parte del siglo XX la principal salida de Etiopía al mar y un factor decisivo en el crecimiento de la capital.

Con la construcción de la nueva línea electrificada hacia Yibuti, inaugurada en la década de 2010, los trenes de pasajeros dejaron de salir de Legehar y pasaron a operar desde una terminal nueva en las afueras. El viejo edificio quedó así como testimonio de una época.

Aunque la estación histórica ya no funciona como antes, su fachada sigue siendo una de las imágenes clásicas de la ciudad. Muy cerca pasa el tren ligero de Adís Abeba, que tiene una parada en la zona y facilita llegar al monumento sin depender del tráfico.

Curiosidades del monumento

  • El obelisco de Axum, llevado a Roma en la misma época, tardó mucho más en volver: su devolución se completó ya en el siglo XXI, y hoy se alza de nuevo en su ciudad de origen.

  • En Adís Abeba hay otras representaciones del León de Judá, en edificios públicos, puertas y jardines, así que es un buen ejercicio buscarlas mientras recorres el centro.

  • La figura de Zerai Deres es recordada en Etiopía y Eritrea como un héroe, y su gesto frente a la estatua se cita a menudo como ejemplo de dignidad ante la ocupación.

Consejos para la visita

El monumento está en una rotonda con mucho tráfico, así que presta atención al cruzar y busca los pasos peatonales. La visita en sí es breve, de unos quince o veinte minutos, por lo que conviene integrarla en un paseo más amplio por el centro.

Si quieres fotografiar el león con la estación de fondo, busca un ángulo desde la acera y evita detenerte en la calzada. Como en otros puntos del centro, mantén tus pertenencias a la vista en las zonas más concurridas.

Qué ver cerca

Desde la plaza de Legehar puedes subir por la avenida Churchill, el gran eje del centro, hacia el Ayuntamiento y el barrio de Piazza, donde se encuentra la Catedral de San Jorge.

En la otra dirección, a poca distancia, está la Plaza Meskel, escenario de la gran festividad de Meskel en septiembre, y junto a ella el Museo Memorial de los Mártires del Terror Rojo, dedicado a las víctimas del régimen del Derg.

Combinar estos lugares permite recorrer en una sola jornada distintos capítulos de la historia moderna de Etiopía.

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