Fiesta de la Cruz y memoria del Derg en la plaza Meskel
Epicentro neurálgico de las grandes concentraciones de Addis Abeba, la Plaza Meskel acoge cada septiembre la multitudinaria fiesta de la Verdadera Cruz (Meskel), declarada Patrimonio Inmaterial por la UNESCO. En su flanco oriental se alza el Museo del Terror Rojo, dedicado a las víctimas de la dictadura comunista del Derg.
Por Daniel

- Ubicación
- Confluencia de Bole Road y Churchill Avenue, centro de Addis
- Festividad anual
- Meskel (27 de septiembre), con la gran hoguera sagrada Demera
- Patrimonio UNESCO
- Fiesta de Meskel (inscrita como Patrimonio Cultural Inmaterial en 2013)
- Renovación urbana
- Gran explanada escalonada moderna con pantallas y áreas de paseo
La solemne hoguera del Demera en Meskel
La fiesta de Meskel conmemora el hallazgo en el siglo IV de la Vera Cruz por la emperatriz Elena.
Cientos de miles de personas vestidas de blanco se congregan en la plaza presididas por el Patriarca ortodoxo para bendecir y prender fuego al Demera, una colosal pira piramidal de leña y margaritas amarillas (adey abeba).
El Museo conmemorativo a los Mártires del Terror Rojo
Inaugurado en 2010, este conmovedor museo documenta las atrocidades y ejecuciones sumarias perpetradas a finales de los años 1970 por el régimen militar marxista del Derg encabezado por Mengistu Haile Mariam, exhibiendo fotografías, pertenencias personales de detenidos y osarios conmemorativos.
Punto de encuentro social y conectividad
Totalmente remodelada con graderíos semicirculares y plazas peatonales, la Plaza Meskel es el corazón vial donde convergen las líneas del moderno tren ligero de Addis Abeba (Addis Light Rail) y donde cientos de jóvenes se reúnen al atardecer para practicar deporte y socializar.
De Plaza de la Revolución a Plaza Meskel
El nombre actual de la plaza es relativamente reciente. Durante los años del Derg, la junta militar que gobernó Etiopía desde 1974, este gran espacio abierto se llamaba Plaza de la Revolución y era el escenario de los desfiles militares y de las concentraciones oficiales del régimen.
Sobre las gradas colgaban enormes retratos de Marx, Engels y Lenin, y desde la tribuna se dirigían los discursos a la multitud. La plaza era, en la práctica, el escaparate de la Etiopía socialista.
Con la caída del régimen en 1991 los retratos desaparecieron y el lugar recuperó el nombre de la fiesta religiosa que se celebraba allí mucho antes y que nunca dejó de celebrarse.
Esa superposición de usos es lo que hace interesante la visita: en el mismo espacio conviven la memoria de la dictadura, la tradición cristiana ortodoxa más antigua del país y la vida cotidiana de una capital que crece a toda velocidad. Mirar la plaza sabiendo todo esto cambia mucho la experiencia.
La fiesta de Meskel paso a paso
La tradición cuenta que la emperatriz Elena, madre de Constantino, no sabía dónde buscar la cruz en la que murió Cristo y encendió una hoguera: el humo se elevó y se inclinó hacia el lugar donde estaba enterrada. Por eso el fuego es el centro de la celebración.
La Iglesia ortodoxa etíope sostiene además que un fragmento de esa cruz llegó al país y se guarda en el monasterio de Gishen Mariam, en la región de Amhara, lo que da a la fiesta un peso especial en Etiopía.
La víspera, que suele caer el 26 de septiembre, es el día grande en la plaza. Los sacerdotes con sus capas bordadas y parasoles de colores, los coros y los grupos de fieles con velas encendidas desfilan alrededor del Demera antes de que se prenda la pira.
Según una creencia popular, la dirección hacia la que cae el Demera al consumirse anuncia cómo será el año que empieza. La fiesta coincide además con el final de la temporada de lluvias, cuando los campos se llenan de las flores amarillas que la acompañan.
Si quieres vivirla, conviene llegar con mucha antelación, porque la plaza se llena por completo y los accesos se cortan.
Ve con ropa discreta, preferiblemente clara, sigue las indicaciones de los voluntarios y ten presente que se trata de una celebración religiosa: la gente agradece que se pida permiso antes de fotografiar de cerca a sacerdotes y fieles.
Cómo recorrer el museo del Terror Rojo
El Terror Rojo fue la campaña de represión que el Derg lanzó a finales de los años setenta contra sus opositores, en especial contra los grupos de izquierda que le disputaban el control de la revolución.
Detenciones masivas, torturas y ejecuciones afectaron sobre todo a jóvenes y estudiantes, y las estimaciones sobre el número total de víctimas varían mucho según las fuentes. Mengistu Haile Mariam huyó del país en 1991 y fue juzgado y condenado en ausencia por los tribunales etíopes.
El museo es pequeño y se recorre en una hora aproximadamente, pero su contenido es duro.
Además de las fotografías de las víctimas y los objetos personales, se exponen restos humanos, ataúdes y reconstrucciones de los métodos de tortura, algo a tener en cuenta si viajas con niños o prefieres evitar imágenes impactantes.
Muchas personas lo visitan con un guía del propio museo, lo que ayuda a entender el contexto político de la época y a ubicar cada sala dentro de la historia del país.
Consejos para la visita
La plaza es un gran nudo de tráfico, así que conviene cruzarla por los pasos habilitados y con atención.
Las gradas son un buen lugar para sentarse un rato y observar el ambiente, sobre todo al final de la tarde, cuando se llenan de gente que sale a caminar o a hacer ejercicio. Si llegas en tren ligero, la parada de la plaza deja el recinto a pocos pasos.
Como en cualquier zona muy concurrida de la ciudad, vigila tus pertenencias entre la multitud.
Para el museo, lo recomendable es ir con tiempo y sin prisas, y consultar antes en su web oficial o en tu alojamiento los días y horarios de apertura, que pueden variar.
Una buena forma de organizar la jornada es visitar primero el museo por la mañana, dejar un rato para asimilar lo visto con un café etíope en alguno de los locales cercanos y reservar la tarde para pasear por la plaza y sus alrededores.
Qué ver cerca de la Plaza Meskel
A pocos minutos se encuentra el Museo de la Ciudad de Addis Abeba, instalado en una antigua residencia aristocrática en un extremo de la plaza, que repasa con fotografías y objetos la historia de la capital desde su fundación.
También muy cerca, sobre la avenida Menelik II, se alza el Africa Hall, sede de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África, famoso por las grandes vidrieras del artista etíope Afewerk Tekle dedicadas al pasado y al futuro del continente.
El estadio de Addis Abeba queda igualmente a un paseo, y la plaza es el punto de salida y llegada habitual de la Gran Carrera Etíope, la prueba popular de diez kilómetros que cada año llena las calles de corredores.
Desde aquí es fácil tomar un taxi o el tren ligero hacia Piazza, el barrio histórico del centro, o hacia la avenida Bole, con sus cafés, restaurantes y la zona más moderna de la ciudad.





