Desde la colina de Byrsa, Cartago cuenta su historia púnica y romana
Emplazadas sobre el promontorio costero del golfo de Túnez, las legendarias ruinas de Cartago condensan el poderío de una gran potencia marítima fenicia y su posterior refundación imperial romana. Según la tradición, fundada en el 814 a.C. por la reina Dido, su colina de Byrsa conserva los cimientos del barrio residencial púnico anterior a la destrucción de las Guerras Púnicas.
Por Daniel
Emplazadas sobre el promontorio costero del golfo de Túnez, las legendarias ruinas de Cartago condensan el poderío de una gran potencia marítima fenicia y su posterior refundación imperial romana.
Según la tradición, fundada en el 814 a.C. por la reina Dido, su colina de Byrsa conserva los cimientos del barrio residencial púnico anterior a la destrucción de las Guerras Púnicas.

- Ubicación
- Cartago, a 15 km al noreste del centro de Túnez (tren TGM)
- Transporte recomendado
- Línea de tren ligero TGM (estación Carthage Hannibal o Byrsa)
- Duración de visita
- Medio día para abarcar Byrsa, termas y puertos
La Acrópolis de Byrsa y el barrio púnico
La colina de Byrsa fue el corazón político, militar y sagrado de la Cartago púnica.
En sus laderas surorientales, las excavaciones franco-tunecinas sacaron a la luz viviendas de varios pisos del siglo II a.C. dotadas de cisternas privadas de agua de lluvia, pavimentos de opus signinum y desagües, que demuestran la refinada técnica constructiva previa al asedio romano del 146 a.C.
El santuario del Tophet y el culto a Tanit
Hacia el sur, cercano a los puertos, se encuentra el recinto arqueológico del Tophet de Salambó.
Este espacio sagrado al aire libre atesora cientos de estelas votivas de piedra grabadas con el símbolo triangular de la diosa Tanit y el dios Baal Hammon, marcando un sitio de ofrendas fúnebres infantiles y ceremoniales muy debatido por los especialistas.
Consejos prácticos para recorrer el sitio
El billete arqueológico unificado permite el acceso a varios yacimientos dispersos por el municipio de Cartago durante el mismo día.
La mejor estrategia consiste en comenzar temprano en Byrsa para admirar el panorama general del golfo, descender hacia las Termas de Antonino y culminar en los Puertos Púnicos antes de tomar el TGM hacia Sidi Bou Said.
La fundación mítica de Dido y el auge comercial fenicio
El nacimiento de Cartago se funde de manera inseparable con la tradición mítica mediterránea. Según las crónicas grecolatinas, la urbe fue fundada en el año 814 antes de nuestra era por la reina Elisa o Dido, hermana del monarca de la ciudad fenicia de Tiro.
Tras huir de las intrigas dinásticas de su patria, la princesa fenicia desembarcó en este golfo protegido y solicitó al caudillo berberisco local tanta tierra como pudiera abarcar la piel de un buey.
Haciendo gala de un ingenio proverbial, Dido cortó el cuero en tiras finísimas e interminables, logrando circundar toda la colina que domina la costa, bautizada desde entonces con el vocablo fenicio Byrsa (que alude tanto a una ciudadela elevada como a la piel de buey).
A partir de ese modesto núcleo fortificado creció Qart-Hadasht, la Ciudad Nueva que en pocos siglos transformó las rutas de cabotaje en un imperio comercial hegemónico por todo el Mediterráneo occidental.
Bajo la explanada de la cumbre de Byrsa, las misiones arqueológicas franco-tunecinas sacaron a la luz el denominado barrio de Aníbal, un conjunto de viviendas de planta ortogonal con muros de adobe sobre zócalos de sillería de piedra caliza.
En estas casas se aprecian letrinas conectadas a colectores cloacales, bañeras de terracota y hornos domésticos que demuestran el notable grado de confort urbano alcanzado por los cartagineses antes de la conquista romana.
Bajo el liderazgo de influyentes linajes como el de los Bárcidas, con figuras estelares como Amílcar Barca y su hijo Aníbal, Cartago plantó cara a la pujante República romana en las tres Guerras Púnicas, hasta su trágica caída en el 146 a.C. y su posterior refundación como colonia romana bajo Julio César y Augusto.
Las monumentales Termas de Antonino frente al mar
Entre los vestigios de la época imperial romana que salpican el litoral, las Termas de Antonino constituyen el conjunto arquitectónico más imponente de Cartago.
Construidas a mediados del siglo segundo de nuestra era, entre los mandatos de los emperadores Antonino Pío y Marco Aurelio, este balneario público monumental fue el mayor de todo el continente africano y el tercero en extensión del mundo romano, superado únicamente por las termas imperiales de Roma.
Su emplazamiento a orillas de la orilla marítima no obedecía únicamente a razones estéticas, sino a una meticulosa planificación higiénica y funcional que aprovechaba la cercanía del mar.
De la suntuosa planta superior apenas sobreviven los cimientos, pero el laberinto de sótanos abovedados de servicio, donde se ubicaban las calderas de leña (praefurnia) y los hipocaustos que calentaban el suelo, permite apreciar la monumentalidad de la obra.
En la gran sala del frigidarium o piscina fría se alzaban ocho colosales columnas monolíticas de más de doce metros de altura.
En el siglo XX, los arqueólogos volvieron a erigir una de estas columnas completa con su capitel corintio de mármol blanco, ofreciendo una referencia visual fidedigna de la escala colosal que alcanzaban las bóvedas originales.
Pasear entre las ruinas de las termas permite disfrutar además de un extenso parque ajardinado frente al mar salpicado de pinos piñoneros, eucaliptos y cipreses.
Desde los miradores situados sobre las antiguas plataformas se divisa con nitidez la silueta del monte Boukornine al otro lado del golfo, componiendo una estampa donde la grandiosidad arqueológica se funde con la serenidad marina.
Las villas romanas y el mosaico de los caballos
En la ladera oriental de la colina del Odeón se extiende el Parque de las Villas Romanas, un barrio aristocrático donde los patricios de la Cartago imperial levantaron sus lujosas residencias suburbanas con vistas panorámicas al golfo.
El edificio más representativo de este sector es la denominada Villa de la Pajarera (Maison de la Volière), cuidadosamente restaurada para ilustrar la vida cotidiana de las clases acomodadas.
La villa se organiza en torno a un elegante peristilo con columnas de mármol blanco y un jardín central cuyo suelo luce un famoso mosaico octogonal decorado con decenas de aves autóctonas y exóticas posadas en ramas entrelazadas.
Asimismo, en el barrio se han hallado pavimentos musivarios con escenas de aurigas victoriosos y corceles de carreras rotulados con sus nombres de competición, dejando patente la devoción popular por los espectáculos del circo.
Colina de Byrsa con los vestigios del barrio púnico anterior a la destrucción romana.
Termas monumentales de Antonino con sótanos abovedados y columna gigante erguida.
Parque de las Villas Romanas y residencia reconstruida de la Maison de la Volière.
Cisternas gigantescas de La Malga y restos del acueducto imperial de Zaghouan.
Las cisternas monumentales de La Malga y el acueducto de Zaghouan
Para abastecer de agua corriente a una gran metrópoli, los ingenieros romanos diseñaron un prodigioso sistema hidráulico.
El corazón de esta red lo conformaban las colosales cisternas de La Malga, compuestas por varias inmensas naves abovedadas subterráneas paralelas capaces de almacenar unos cincuenta millones de litros de agua dulce.
Estas reservas se nutrían de forma continua a través del Acueducto de Zaghouan, una titánica canalización de mampostería construida en el siglo II que recorría unos ciento treinta kilómetros desde los manantiales montañosos del macizo de Zaghouan, salvando llanuras y barrancos mediante altas arquerías de piedra que todavía se divisan al aproximarse a la capital.
Organización del circuito arqueológico y desplazamientos
El patrimonio arqueológico de Cartago no se encuentra concentrado en un único parque cerrado, sino distribuido en varios sectores protegidos dispersos a lo largo del municipio residencial moderno. El billete arqueológico unificado emitido por las autoridades patrimoniales permite visitar todos los recintos a lo largo de una misma jornada.
Si dispones de tiempo suficiente, merece la pena incluir en el itinerario el anfiteatro romano de Cartago, ubicado al oeste de Byrsa.
Aunque gran parte de su graderío fue expoliado a lo largo de los siglos, la arena central y las galerías subterráneas evocan los espectáculos de fieras y los célebres episodios de la historia clásica acaecidos a comienzos del siglo tercero.
Para desplazarse entre los distintos yacimientos se puede emplear el tren de cercanías TGM, que cuenta con varias paradas estratégicas a lo largo del recorrido (Carthage Salammbô para los puertos y el Tophet, Carthage Byrsa para la acrópolis y Carthage Hannibal para las termas y villas romanas).
También resulta muy práctico pactar una tarifa cerrada con un taxi local para enlazar los puntos más distantes.
Se aconseja calzar calzado cerrado con suela antideslizante para caminar sobre terrenos rocosos irregulares y llevar sombrero de ala ancha, gafas de sol y abundante agua potable, especialmente si recorres las terrazas de Byrsa y las termas en los meses de mayor radiación estival.





