Un puerto circular con islote escondía la flota de Cartago

Los puertos púnicos de Cartago constituyeron una de las grandes obras de ingeniería marítima del mundo antiguo y la base del dominio comercial y militar cartaginés por todo el Mediterráneo occidental. Diseñados como un sistema dual interconectado, combinaban una cuenca comercial rectangular exterior y un puerto militar circular interior dotado de un islote central inexpugnable.

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Los puertos púnicos de Cartago constituyeron una de las grandes obras de ingeniería marítima del mundo antiguo y la base del dominio comercial y militar cartaginés por todo el Mediterráneo occidental.

Diseñados como un sistema dual interconectado, combinaban una cuenca comercial rectangular exterior y un puerto militar circular interior dotado de un islote central inexpugnable.

Laguna circular del histórico puerto militar púnico de la antigua Cartago.
Sharon Hahn Darlin (CC BY 2.0)
Ubicación
Sector sur de Cartago, barrio de Khereddine / Salambó
Acceso al islote del almirantazgo
Consulta las condiciones de acceso en la web oficial
Capacidad militar histórica
Hasta 220 naves de guerra, según el relato de Apiano
Museo naval
Pequeño centro de interpretación con maquetas en el islote central
Ambiente actual
Serena laguna residencial rodeada de palmeras, patos y barcas

El puerto militar circular y la isla del almirante

La cuenca circular interior (Kothon) estaba estrictamente reservada a la flota de guerra y oculta de la vista del mar mediante murallas concéntricas.

En su centro emergía la isla del almirantazgo, desde cuya torre el comandante en jefe de la armada cartaginesa supervisaba las maniobras, enviaba órdenes mediante trompetas y controlaba los diques de reparación cubiertos.

Estandarización y potencia naval fenicia

La superioridad naval de Cartago radicaba en la producción en serie de navíos de guerra con piezas de madera prefabricadas y numeradas con letras púnicas, lo que permitía ensamblar y botar naves a un ritmo que aterrorizaba a sus rivales de Roma y Grecia. Los diques del puerto circular permitían reparar y resguardar simultáneamente más de doscientas embarcaciones.

La visita en la actualidad

Hoy en día, las dos cuencas de agua salada continúan llenas de agua y conservan nítidamente su trazado geométrico original.

Cruzar la pasarela hacia el islote central permite visitar el modesto museo naval, recorrer los alrededores y disfrutar de un paseo apacible y sombreado muy apreciado por los viajeros amantes de la arqueología.

El Kothon artificial y la proeza de la ingeniería hidráulica

Los puertos púnicos de Cartago constituyeron una de las mayores hazañas de ingeniería marítima del mundo antiguo, concebida para dotar a la metrópoli fenicia de una base logística inexpugnable.

Conocido en las fuentes clásicas como Kothon (término semítico que designa una dársena artificial excavada por la mano del hombre), este complejo portuario adquirió su forma definitiva en el siglo segundo antes de nuestra era para responder al auge comercial y al desafío naval de las guerras con Roma.

El diseño se estructuraba en dos cuencas de agua salada intercomunicadas pero claramente independientes en sus funciones.

La cuenca meridional, de planta rectangular alargada, servía como puerto mercante donde fondeaban los navíos comerciales que transportaban estaño de Britania, plata de Hispania, marfil africano y millares de ánforas colmadas de aceite y vino.

Desde este primer estanque se accedía a través de un angosto canal al puerto septentrional, una dársena estrictamente circular reservada a la flota de guerra.

Para salvaguardar el secreto militar, una doble muralla concéntrica ocultaba por completo la dársena circular de las miradas indiscretas de los marineros extranjeros y de los vigías que oteaban desde alta mar.

La bocana exterior disponía de gruesas cadenas de hierro forjado que se izaban entre baluartes de sillería para cerrar el fondeadero ante cualquier amenaza naval.

Los diques secos radiales y la tecnología del quinquerreme

El rasgo más admirable del puerto militar circular era su colosal sistema de diques secos y varaderos cubiertos.

Alrededor del perímetro exterior de la cuenca se alineaban rampas de carenado, a las que se sumaban otras distribuidas en la orilla del islote central del Almirantazgo, permitiendo resguardar y mantener de forma simultánea a más de doscientas naves de combate.

Cada rampa presentaba una suave inclinación empedrada y estaba techada por una estructura sostenida por elegantes columnas jónicas de piedra caliza estucada.

Este techado protegía la madera de los cascos del abrasador sol veraniego y de las lluvias invernales, evitando que el calafateado de resina y pez vegetal se secara y resquebrajara. Delante de cada dique se disponían talleres de carpintería naval y almacenes para jarcias, velas y remos de repuesto.

En la cúspide de la torre del almirantazgo se ubicaba el puesto de mando supremo de la flota.

Desde esta atalaya circular, el almirante cartaginés disfrutaba de una perspectiva panorámica completa hacia el mar abierto y hacia el interior de la dársena, pudiendo impartir órdenes a los capitanes de los navíos mediante toques de cuerno militar y señales visuales de banderas sin que los vigías enemigos apostados en la costa pudieran percibir sus maniobras.

En estas instalaciones se albergaban los célebres quinquerremes cartagineses, poderosos navíos de guerra con cinco remeros por cada sección vertical de remos y un espolón de bronce en la proa destinado a perforar el casco de las embarcaciones enemigas.

La producción naval cartaginesa se caracterizaba por un avanzado método de piezas prefabricadas marcadas con signos del alfabeto púnico, lo que facilitaba un ensamblaje en serie extraordinariamente rápido.

El asedio romano y el relato de Apiano

Durante el dramático asedio final de la Tercera Guerra Púnica, entre los años 149 y 146 antes de nuestra era, los puertos se convirtieron en el epicentro de la resistencia desesperada de Cartago frente a las legiones consulares romanas.

El general romano Escipión Emiliano construyó un gigantesco dique de escollera para bloquear la bocana marítima del puerto mercantil y estrangular por hambre a la ciudad cercada.

Ante esa situación límite, los cartagineses emprendieron una réplica inesperada: toda la población civil, incluyendo mujeres y ancianos, cavó día y noche en el sector oriental de la dársena circular hasta abrir una nueva salida secreta directa hacia el mar abierto.

Ante la atónita mirada de las tropas romanas, una recién construida escuadra de cincuenta trirremes emergió por sorpresa a mar abierto, protagonizando una de las páginas más épicas descritas por el historiador griego Apiano.

Tras el asalto y la destrucción de la ciudad en 146 a.C., los romanos reconstruyeron las instalaciones portuarias adaptándolas a sus necesidades comerciales, pero conservando la singular traza circular que las excavaciones arqueológicas del siglo veinte sacaron nuevamente a la luz.

  • Complejo portuario dual excavado artificialmente, con su forma definitiva en el siglo segundo a.C.

  • Dársena militar circular con capacidad para más de doscientas naves en diques secos.

  • Islote central del Almirantazgo con centro de interpretación arqueológico.

  • Escenario histórico del heroico asedio y batalla naval de la Tercera Guerra Púnica.

El centro arqueológico y el paseo por el islote de Salambó

En la actualidad, las dos cuencas continúan anegadas por las aguas del Mediterráneo en medio de un apacible barrio residencial ajardinado.

Una pasarela de madera permite cruzar hacia el islote central del Almirantazgo, donde se ubica un pequeño centro de interpretación arqueológico que exhibe maquetas explicativas del puerto en su época de apogeo, planos topográficos de las excavaciones y piezas de anclas y sillares recuperados de los fondos marinos.

En la lámina de agua de las dársenas es habitual observar aves marinas como garcetas blancas, gaviotas patiamarillas y cormoranes que descansan sobre las antiguas piedras sumergidas.

El entorno residencial que rodea las cuencas, salpicado de buganvillas, jazmines y villas bajas de color blanco, ofrece un remanso de paz idóneo para pasear sin prisas tras la visita a las grandes ruinas monumentales de la colina de Byrsa.

En las inmediaciones se encuentra asimismo el Museo Oceanográfico de Salambó, conocido como Dar El Hout, una venerable institución científica inaugurada en la década de 1920 que alberga salas dedicadas a la biología marina mediterránea, acuarios con especies autóctonas y maquetas de artes de pesca tradicionales tunecinas.

Consejos prácticos y enlace en el tren TGM

Para llegar a los puertos púnicos desde la capital, el medio de transporte más cómodo y pintoresco es el tren de cercanías TGM, que parte de la estación Tunis Marine al final de la avenida Habib Bourguiba.

Se sugiere apearse en la parada Carthage Salammbô, desde donde una caminata llana de apenas diez minutos entre calles arboladas conduce hasta la orilla de las cuencas.

El recorrido por las márgenes de los puertos resulta sumamente placentero a primera hora de la mañana o durante las últimas luces de la tarde, cuando la superficie del agua permanece en calma y las palmeras se reflejan en el espejo salino.

La visita se complementa de forma natural con el cercano santuario púnico del Tophet, situado a escasa distancia a pie.

Conviene llevar calzado cómodo para caminar por los senderos de tierra y gravilla que bordean las dársenas, así como protección solar para las horas centrales del día, ya que los bordes del agua cuentan con escasos tramos sombreados.

Una botella de agua fresca te permitirá mantener la hidratación durante este instructivo recorrido costero.

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