Dar Lasram, la casa de un ministro del bey en plena medina

Edificado a comienzos del siglo XIX por Hamouda Lasram, acaudalado terrateniente al servicio del Beylik de Túnez, el Palacio Dar Lasram es una de las residencias palaciegas más refinadas y armoniosas de la Medina. Actualmente funciona como sede de la prestigiosa Asociación de Salvaguarda de la Medina (ASM).

Por

Calle adoquinada de Sidi Bou Said con fachadas blancas, celosías azules y buganvillas.
Amy Keus (CC BY-SA 2.0)
Ubicación
24 Rue du Tribunal, Medina de Túnez
Elementos destacados
Patio central de mármol, azulejos de Qallaline y salas abovedadas en T
Función actual
Conservación patrimonial, biblioteca y exposiciones de urbanismo histórico

Arquitectura señorial y refinamiento andalusí

Dar Lasram personifica el clímax de la vivienda aristocrática urbana tunecina. La mansión se organiza en torno a un espacioso patio pavimentado en mármol blanco de Carrara, rodeado de galerías de arcos de medio punto sobre columnas y muros revestidos de cerámicas policromadas de Qallaline con vibrantes motivos florales, pájaros y cipreses.

Distribución espacial: familia, servicio e invitados

El complejo no solo albergaba las habitaciones señoriales en torno al patio noble (dribet), sino también plantas superiores destinadas a las mujeres y la familia, una residencia independiente para los invitados de paso (dyaf), amplias cocinas de servicio, reflejando el rango de la familia.

Labor de rescate del Patrimonio urbano

Convertido en sede de la Asociación de Salvaguarda de la Medina desde 1968, el palacio desempeña un papel trascendental en la restauración y catalogación de cientos de monumentos históricos de Túnez.

Su visita permite comprender la ingeniería social, la acústica interior y las técnicas de ventilación pasiva de las viviendas árabes tradicionales.

El linaje militar de los Lasram y la construcción del palacio

Ubicado en el número veinticuatro de la Rue du Tribunal, en el interior de la medina de Túnez, el Palacio Dar Lasram encarna el apogeo del poder político y la sofisticación doméstica de las élites tunecinas del siglo diecinueve.

El linaje de los Lasram, de remoto origen árabe yemení afincado primero en Kairuán, alcanzó gran preponderancia militar y administrativa al servicio de la dinastía husainí, ocupando influyentes cargos en la cancillería de estado.

La erección del palacio fue acometida entre 1812 y 1819 por Hamouda Lasram, acaudalado terrateniente y jodja, secretario de los regimientos de caballería bereber.

Para configurar la extensa finca urbana, Lasram adquirió varias viviendas contiguas y solares degradados, unificándolos en un suntuoso complejo residencial de más de dos mil metros cuadrados concebido tanto para la vida familiar íntima como para la recepción protocolaria de embajadores y mandatarios otomanos.

Tras permanecer en manos de los descendientes de la familia durante casi siglo y medio, la propiedad fue adquirida en 1964 por el Ayuntamiento de Túnez.

Cuatro años después se convirtió en la sede de la Asociación de Salvaguarda de la Medina, entidad pionera que ha liderado la catalogación y restauración científica del casco medieval.

En la actualidad, las antiguas salas nobles de Dar Lasram albergan una rica biblioteca especializada y el archivo documental de la Asociación de Salvaguarda de la Medina.

Investigadores, arquitectos y estudiantes consultan en este enclave colecciones de planos históricos, fotografías de época y memorias técnicas que atestiguan la evolución de los tejidos urbanos tunecinos a lo largo de las distintas etapas dinásticas.

La planta en T y el diseño de los salones de recepción

La organización espacial de las estancias nobles de Dar Lasram sigue con fidelidad el esquema clásico de la arquitectura residencial magrebí: la disposición de los salones en forma de letra T invertida.

Al ingresar desde el patio porticado, el salón principal se abre en una amplia sala central de recepción (bayt) destinada a banquetes y audiencias, flanqueada en sus extremos por dos alcobas laterales cuadradas (maqsuras) concebidas como dormitorios o zonas de tertulia privada.

La decoración interior exhibe un despliegue artesanal de notable maestría.

Las paredes lucen zócalos de azulejos policromos de Qallaline con esmaltes en verde, ocre y azul turquesa, sobre los que se elevan muros decorados con yeserías caladas (naqch hadida) labradas a mano con motivos de encaje vegetal y caligrafía árabe entrelazada.

Las techumbres presentan artesonados de madera de cedro trabajados al estilo italiano con casetones dorados y cornisas pintadas, reflejando el intenso intercambio cultural entre el norte de África y los talleres artesanales de Génova y Livorno durante las primeras décadas del siglo diecinueve.

Las puertas interiores de acceso a las alcobas están construidas en madera de pino y nogal ensamblado, luciendo paneles pintados al óleo con jarrones de rosas, granadas y guirnaldas florales que evocan la botánica de los vergeles periurbanos de Túnez, aportando una nota de frescura pictórica que armoniza con la geometría de los estucos calados.

La driba monumental y los espacios de transición

Uno de los elementos arquitectónicos más característicos de Dar Lasram es su driba, un vestíbulo de acceso acodado que separa la vía pública del corazón de la vivienda.

Este espacio cuadrangular abovedado disponía de bancas corridas de piedra caliza (dukkana) cubiertas con esteras, donde los secretarios y escribanos atendían asuntos administrativos sin permitir la visión directa hacia el patio interior.

El complejo palaciego se subdividía en módulos funcionales perfectamente articulados: el palacio noble para el cabeza de familia y sus esposas; la residencia independiente para invitados forasteros (dar ed-dyaf), provista de su propio patio; los cuartos de servicio doméstico; y dependencias de almacenaje.

Bajo los patios se excavaron amplios aljibes pluviales que proporcionaban un suministro hídrico constante y fresco, un ingenio hidrogeológico esencial para el mantenimiento de los jardines y las fuentes de mármol que refrescaban el ambiente interior en los meses de verano.

  • Mansión aristocrática de más de dos mil metros cuadrados construida entre 1812 y 1819.

  • Gran patio de honor con mármol blanco de Carrara y azulejos polícromos de Qallaline.

  • Salones de recepción con planta en T, yeserías caladas y artesonados dorados.

  • Sede activa de la Asociación de Salvaguarda de la Medina y centro de investigación.

La red de residencias nobiliarias de la Medina

La visita a Dar Lasram permite comprender la evolución de la vivienda aristocrática tunecina en relación con otros grandes palacios conservados en la medina.

Frente a la sobriedad monumental de Dar Othman, erigido a finales del siglo dieciséis con austeras fachadas bícromas de mármol blanco y negro, Dar Lasram representa una fase más tardía donde la influencia andalusí se fusiona con elementos neoclásicos occidentales.

Asimismo, comparte soluciones distributivas con Dar Ben Abdallah, residencia nobiliaria del siglo dieciocho reconvertida en museo etnográfico, donde se muestra la vida cotidiana de la alta burguesía tunecina de los siglos XIX y XX, con paneles de cerámica, estucos tallados y un patio de mármol.

Otro hito señorial de gran relevancia para calibrar la riqueza civil de la medina es el Palacio Dar Hussein, situado en la plaza del Castillo.

Esta residencia palaciega, ampliada y reformada a lo largo de los siglos, que sirvió como cuartel general militar y posterior sede del Instituto Nacional del Patrimonio, comparte con Dar Lasram la organización en torno a patios con arquerías y columnas de mármol.

Pautas de visita y exploración de la medina

Dar Lasram funciona como espacio cultural y patrimonial, y conviene confirmar antes si se puede visitar. Según la época, puede haber exposiciones de planos históricos, maquetas arquitectónicas o proyectos de restauración urbana que resultan sumamente instructivos para los amantes del urbanismo islámico.

El palacio goza de una ubicación ideal para explorar el interior de la medina, una de las zonas con mayor autenticidad vecinal de la capital.

En el barrio de Bab Souika se localiza la mezquita y zawiya de Sidi Mahrez, dedicada al santo patrón de Túnez y distinguida por su silueta de cúpulas blancas de inspiración otomana.

Conviene planificar la visita en horario de oficina, previa consulta, ya que es sede de una asociación, y confirmar qué zonas están abiertas al público.

Recuerda solicitar autorización antes de tomar fotografías en las áreas administrativas y disfruta del silencio solemne del patio central, donde la fuente borbotea con una cadencia que invita a la contemplación pausada.

Para culminar la jornada, se sugiere recorrer a pie los callejones comerciales adyacentes para saborear una taza de café turco o té de piñones en las cafeterías de la medina, empapándose de la animada vida cotidiana de este sector tradicional de la capital tunecina.

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