Al-Zaytuna, la mezquita de la oliva que fue universidad islámica

Según la tradición, fundada hacia el año 698 d.C. por el conquistador árabe Hassan Ibn Numan y reconstruida en el 864 bajo la dinastía aglabí, la Gran Mezquita Al-Zaytuna ('de la Oliva') es el corazón espiritual, histórico y cultural de la Medina de Túnez, habiendo albergado una de las primeras y más influyentes universidades del mundo islámico.

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Patio porticado y alminar de la Gran Mezquita Al-Zaytuna en el corazón de la Medina.
Sami Mlouhi (CC BY-SA 4.0)
Ubicación
Centro geográfico y neurálgico de la Medina de Túnez
Acceso no musulmanes
Permitido al patio exterior (sala de oración reservada al culto)
Alminar
Torre cuadrangular decorada con yeserías almohades y caliza ocre (43 m)
Código de vestimenta
Ropa modesta (hombros y rodillas cubiertos; pañuelo para mujeres)

Centro de saber y sabios universales

Durante más de un milenio, Al-Zaytuna no fue solo un templo de plegaria, sino una célebre universidad islámica donde florecieron las matemáticas, la astronomía, la teología y el derecho.

Por sus columnatas pasaron figuras fundamentales de la historia universal, entre las que destaca el padre de la sociología e historiografía moderna, Ibn Jaldún.

Columnas antiguas y Espolios de Cartago

El patio porticado interior y la gran sala de oración hipóstila están sostenidos por unas 160 columnas y capiteles antiguos de mármol, pórfido y granito reaprovechados, en su mayoría probablemente de las ruinas de Cartago.

Esta reutilización confiere al templo una síntesis visual entre la elegancia clásica grecorromana y la mística espiritual islámica.

Normas de visita y vistas desde los zocos

Los visitantes no musulmanes pueden acceder al armonioso patio porticado durante las horas intermedias fuera de los momentos de plegaria.

Para contemplar el alminar y el mar de cúpulas de la mezquita desde las alturas, es muy recomendable acudir a las azoteas de las tiendas de alfombras circundantes del Souk El Trouk.

La leyenda del olivo solitario y los orígenes aglabíes

El nombre de la Mezquita Al-Zaytuna encierra un hermoso relato fundacional profundamente arraigado en la memoria popular tunecina.

La tradición narra que cuando el comandante omeya Hassan ibn al-Numan estableció el primer campamento musulmán en este promontorio a finales del siglo séptimo, halló un frondoso olivo silvestre (zaytuna en lengua árabe) bajo cuya sombra solían descansar los pastores y viajeros.

En ese exacto emplazamiento se erigió el primer oratorio provisional, dando origen a una denominación que perduraría a través de los siglos.

La monumental estructura que contemplamos en la actualidad es el resultado de la gran reedificación promovida en el año 864 por la dinastía aglabí, con el patrocinio del califa abasí al-Mustaín.

Los maestros constructores tomaron como modelo de referencia la Gran Mezquita de Kairuán, consolidando una planta rectangular orientada con precisión hacia La Meca y adaptada a la escala de la creciente metrópoli norteafricana.

Alrededor de este colosal templo se estructuró de manera radial todo el tejido de la medina.

Los gremios mercantiles más solemnes y silenciosos, dedicados al comercio de libros sagrados, esencias florales y telas finas, se instalaron junto a los muros del santuario, mientras que los talleres ruidosos o que requerían hornos se desplazaron hacia las periferias amuralladas.

La sala hipóstila y la cúpula del mihrab

El corazón espiritual de Al-Zaytuna es su gran sala de oración hipóstila, un bosque pétreo articulado en quince naves longitudinales cortadas transversalmente por naves secundarias.

Este espacio solemne está sustentado por decenas de columnas monolíticas rematadas por capiteles clásicos procedentes de yacimientos romanos y bizantinos cercanos, conformando una soberbia galería donde cada fuste exhibe vetas y tonalidades minerales singulares.

En la cabecera de la nave central, justo delante del nicho del mihrab que indica la dirección de la plegaria, se alza una cúpula ochavada de enorme relevancia arquitectónica.

Construida durante la reforma aglabí del siglo noveno, esta bóveda descansa sobre trompas con forma de venera marina y tambor circular decorado con arquillos ciegos e inscripciones coránicas grabadas en caligrafía cúfica arcaica, constituyendo uno de los testimonios de arte islámico temprano más notables del Magreb.

Junto al mihrab se custodia el minbar o púlpito ritual desde el cual el imán pronuncia la jutba durante la oración comunitaria del viernes.

Esta obra de ebanistería islámica está construida con maderas nobles de cedro ensambladas con gran precisión sin piezas metálicas vistas, luciendo paneles tallados con arabescos geométricos y motivos caligráficos que reflejan la destreza de los carpinteros altomedievales.

El suelo de la sala se halla cubierto por tradicionales esteras vegetales trenzadas y alfombras ceremoniales, sobre las que penden lámparas circulares de latón que iluminan tenuemente la techumbre de vigas de madera noble pintadas con motivos florales.

El minarete cuadrangular y la herencia almohade

Visible desde casi cualquier punto de la medina, el alminar de la mezquita domina el perfil urbano con sus cuarenta y tres metros de altura.

La torre actual fue levantada en 1894 y sustituyó un minarete anterior del siglo diecisiete por una estilizada estructura de base cuadrada inspirada directamente en la estética almohade.

Los cuatro lienzos de la torre presentan un refinado tratamiento decorativo en piedra caliza ocre.

Sobre los muros ciegos se abren ventanales geminados coronados por arcos de herradura apuntados y paneles de tracería geométrica en bajorrelieve que reproducen el motivo decorativo de sebka, un diseño romboidal que evoca de inmediato las grandes torres del occidente islámico como la Giralda sevillana o la Kutubiyya de Marrakech.

El cuerpo superior culmina en un balcón perimetral para el almuédano rematado por una linterna cubierta de tejas esmaltadas en verde esmeralda y un remate metálico de tres esferas doradas decrecientes.

  • Templo de origen temprano, reconstruido por los emires aglabíes en el año 864.

  • Sala hipóstila de quince naves sostenida por columnas antiguas reaprovechadas.

  • Cúpula altomedieval del mihrab decorada con trompas de concha e inscripciones cúficas.

  • Alminar cuadrangular de cuarenta y tres metros inspirado en el arte almohade magrebí.

El patio porticado y el reloj de sol astronómico

Precediendo a la sala de plegaria se abre el amplio sahn o patio claustral a cielo abierto, pavimentado con losas de mármol blanco pulido por el tránsito de incontables generaciones de fieles.

Este patio se encuentra rodeado en tres de sus costados por pórticos de arcos peraltados apeados sobre columnas clásicas coronadas por capiteles corintios y bizantinos de hojas de acanto.

La fachada que separa el patio de la sala hipóstila exhibe una soberbia galería porticada con arcos de medio punto peraltados que descansan sobre capiteles de mármol blanco.

En el centro de esta arquería sobresale un tramo más elevado rematado por una arcada doble que enfatiza el acceso principal hacia la quibla, creando una armoniosa transición entre la luz abierta del patio y la serena penumbra del interior.

En el suelo del patio se conserva un antiguo reloj de sol astronómico grabado directamente sobre la piedra.

Este tipo de instrumento gnomónico servía para calcular el momento de las cinco oraciones cotidianas en función del ángulo y longitud de la sombra proyectada por el sol.

Bajo el enlosado del patio se extienden profundos aljibes abovedados que recogen las aguas pluviales a través de rejillas de piedra caliza, asegurando el caudal de agua fresca empleado históricamente para las abluciones rituales previas a la plegaria.

Pautas de acceso respetuoso y vistas desde las terrazas

Al tratarse del principal centro religioso en funcionamiento de Túnez, el acceso para los visitantes no musulmanes está delimitado al patio exterior fuera de los horarios de oración, permaneciendo la sala hipóstila interior reservada de forma exclusiva a los fieles.

Para acceder al recinto se requiere vestir con moderación, cubriendo hombros y rodillas, y las mujeres deben cubrirse el cabello con un pañuelo antes de cruzar la cancela. Conviene confirmar en el lugar las condiciones de acceso, porque pueden cambiar.

Dentro del patio se ruega mantener un tono de voz bajo y abstenerse de realizar grabaciones o fotografías dirigidas directamente a personas en actitud de rezo, favoreciendo un clima de serenidad y recogimiento espiritual.

Para disfrutar de una vista cenital del complejo, una opción sumamente recomendable consiste en subir a las terrazas superiores de los comercios tradicionales de alfombras que rodean la mezquita en el Souk El Trouk.

Desde estas azoteas elevadas se obtiene una panorámica extraordinaria del alminar, los tejados de tejas verdes y el bullicioso enramado de cúpulas que componen el corazón de la medina.

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