The High Line, un parque sobre una vía de tren abandonada

The High Line es un parque elevado construido sobre una vía de tren en desuso, que corre unos 2,4 km por el oeste de Manhattan. Es gratis y abre todos los días, con horario más extendido en los meses cálidos (7 a 22) que en invierno (7 a 20).

Por · Publicado el 5 de septiembre de 2026

The High Line es un parque público construido sobre una antigua vía elevada de tren de carga, que corre por el oeste de Manhattan atravesando los barrios de Meatpacking District, Chelsea y Hudson Yards.

Es gratis, está abierto todos los días del año, y ofrece vistas del río Hudson y del perfil de la ciudad desde unos 9 metros por encima de la calle.

Vista del parque elevado The High Line en Manhattan, con su vegetación y la pasarela sobre las antiguas vías del tren.
Crocodiletiger~commonswiki, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

De vía de carga abandonada a parque de referencia

La vía se construyó en los años 30 para sacar los trenes de carga de la calle, después de que los cruces a nivel causaran demasiados accidentes.

Con el auge del transporte por camión, el uso de la vía cayó y quedó completamente abandonada desde 1980, con plantas creciendo solas entre los rieles durante más de dos décadas.

En vez de demolerla, un grupo de vecinos impulsó reconvertirla en un parque público, con un diseño a cargo del estudio Diller Scofidio + Renfro que abrió por tramos entre 2009 y 2014.

Longitud
Unos 2,4 km (1,5 millas)
Abandonada entre
1980 y su reconversión, que abrió por tramos entre 2009 y 2014
Cómo llegar
Subte líneas A, C, E, L hasta 14th St-8th Av, entrada más al sur del recorrido

A lo largo del recorrido hay jardines con plantas nativas (parte del diseño original buscaba conservar el aspecto silvestre que tenía la vía abandonada), instalaciones de arte que cambian con el tiempo, murales y una vista directa al río Hudson en varios tramos.

Los fines de semana de primavera y verano suele estar bastante lleno, así que si buscas recorrerlo con más calma, temprano a la mañana entre semana es el mejor momento.

Qué hay alrededor

El extremo sur del parque queda a metros de Chelsea Market, un mercado gastronómico armado dentro de una vieja fábrica de galletitas Nabisco, con locales de comida de todo tipo — es habitual combinar los dos en la misma salida.

En el extremo norte está Hudson Yards, un desarrollo más nuevo con locales de compras y el Vessel, una estructura de cobre con 154 tramos de escalera en espiral que se volvió un ícono fotográfico propio (la entrada es gratis, pero hay que reservar turno online por la capacidad limitada).

Cerca también está Little Island, un parque flotante sobre el río Hudson con forma de plataformas elevadas.

Se puede entrar y salir por cualquiera de sus varios accesos a lo largo del recorrido, no hace falta hacerlo entero de punta a punta — muchos visitantes lo suman como un tramo caminando entre otras dos paradas (por ejemplo, entre Chelsea Market y Hudson Yards) en vez de tratarlo como una actividad aparte.

En otoño y primavera el clima acompaña mejor la caminata que en pleno verano, cuando el sol pega fuerte sin demasiada sombra en varios tramos elevados.

El proyecto tomó como modelo a la Promenade Plantée de París, una vía elevada reconvertida en paseo verde unos años antes — la diferencia es que The High Line se volvió mucho más conocida internacionalmente, y hoy es citada como referencia en proyectos similares de reconversión de infraestructura abandonada en varias ciudades del mundo.

El Plinth: arte que cambia cada año y medio

Desde junio de 2019, un tramo del parque tiene un espacio fijo llamado The Plinth, dedicado exclusivamente a una obra de arte contemporáneo monumental que rota cada 18 meses — es de los pocos lugares de toda la ciudad pensados específicamente para eso.

Se suma al programa de arte del High Line en general, que desde la apertura del parque viene incorporando instalaciones, murales y esculturas temporales a lo largo de todo el recorrido, todas de acceso gratuito los 365 días del año.

El modelo que se copió en medio mundo

Desde que abrió su primer tramo en 2009, The High Line se convirtió en el modelo de referencia para reconvertir infraestructura urbana abandonada en espacio verde, y varias ciudades del mundo copiaron la idea de forma directa: Chicago abrió en 2015 The 606, un parque de 4,3 km sobre una vieja vía elevada en el barrio de Logan Square; Seúl inauguró en 2017 el Seoullo 7017, un jardín elevado de un kilómetro con 24.000 plantas construido sobre una autopista en desuso; y Filadelfia viene transformando por tramos el viejo viaducto ferroviario de Reading Avenue en su propio Rail Park.

Ninguno alcanzó la fama mundial de Nueva York, pero todos citan a The High Line como la referencia directa del proyecto.

Un parque que no paga la ciudad

The High Line no lo mantiene mayormente el gobierno de la ciudad, sino Friends of the High Line, la organización sin fines de lucro que fundaron en 1999 los vecinos Joshua David y Robert Hammond después de conocerse en una audiencia pública donde casi todos los demás pedían demoler la vía.

Hoy esa organización recauda cerca del 98% del presupuesto operativo anual del parque —unos 14 millones de dólares— y ya juntó más de 300 millones de dólares en fondos públicos y privados desde su fundación.

El resultado se nota en la cantidad de gente: más de 7,6 millones de visitas por año, muchísimo más que lo que sus impulsores originales imaginaban en 1999.

Reposeras sobre rieles y un balcón sobre el tráfico

Dos tramos del recorrido son particularmente fotografiados.

El Diller-von Furstenberg Sundeck tiene reposeras de madera montadas sobre ruedas que se deslizan literalmente por las vías del tren original, junto a un espejo de agua poco profundo donde se puede caminar descalzo — es uno de los mejores puntos para ver el atardecer sobre el río Hudson.

Más al sur, el 10th Avenue Square es una plataforma de acero elevada sobre la propia Décima Avenida, con asientos escalonados de madera a modo de anfiteatro y ventanales recortados en el piso que dejan ver el tráfico pasando por debajo — una de las postales más particulares de todo el parque.

Un jardín pensado para verse silvestre

El diseño de plantas, a cargo del paisajista holandés Piet Oudolf —referente del llamado «movimiento perenne», que privilegia plantas vivaces por sobre las anuales y valora su aspecto en las cuatro estaciones, no sólo en flor—, tomó como inspiración directa la vegetación silvestre que había crecido sola entre los rieles durante las dos décadas de abandono.

La idea, en palabras del propio Oudolf, es «no copiar la naturaleza, sino recrear la emoción» que provoca.

Buena parte de las especies plantadas son nativas de la región —en algunos tramos, más del 75% del total—, y el equipo de jardineros del parque sigue sumando variedad pensando en polinizadores y aves silvestres, no sólo en el efecto visual para quien camina.

Un parque que se terminó de construir en tres etapas

El parque no abrió de una sola vez: el primer tramo, entre la calle Gansevoort y la calle 20, se inauguró en 2009; un segundo tramo extendió el recorrido poco después; y el tramo final, entre las calles 30 y 34 sobre los antiguos patios ferroviarios del West Side, recién se completó en septiembre de 2014 — cinco años después de la primera apertura.

Con esa última etapa, el parque terminó ocupando 22 de las 41 cuadras que originalmente recorría la vía de carga elevada, cubriendo los 2,4 kilómetros que se caminan hoy de punta a punta.

Un concurso de cientos de propuestas

El equipo que terminó diseñando el parque no fue una elección obvia desde el principio: un concurso de ideas en 2003, seguido de un concurso de diseño en 2004 que recibió cientos de propuestas, terminó eligiendo en octubre de ese año al estudio de paisajismo James Corner Field Operations como líder del proyecto, junto a los arquitectos Diller Scofidio + Renfro y el paisajista holandés Piet Oudolf a cargo de la vegetación.

La decisión la tomó un comité mixto formado por representantes de la ciudad de Nueva York y de Friends of the High Line, la organización vecinal que unos años antes había evitado que la vía terminara demolida.

El propio recorrido conserva, a propósito, tramos de las vías de tren originales integradas al diseño del paisaje —algunas cubiertas de plantas, otras a la vista entre la vegetación—, una decisión estética deliberada del equipo de diseño para que el visitante nunca pierda del todo la sensación de estar caminando sobre una vía de tren real, y no sobre un parque construido desde cero que simplemente imita esa idea.

Entre su historia como vía abandonada y su vida actual como parque, pocos espacios públicos de Nueva York resumen tan bien la idea de reinventar lo que la ciudad ya tenía.

Cada temporada del año le cambia la cara al recorrido: la vegetación se ve completamente distinta en primavera que en pleno invierno, algo que muchos visitantes descubren recién en una segunda vuelta.

Recorrerlo de punta a punta, sin apuro, sigue siendo la mejor forma de entender por qué tantas otras ciudades del mundo intentaron copiar la misma idea después.

Un tramo del High Line cerca de la antigua fábrica Nabisco, hoy Chelsea Market.
Jim Henderson, Wikimedia Commons (dominio público)
El recorrido elevado del High Line, con su vegetación y las vías de tren integradas.
Jakub Hałun, Wikimedia Commons (CC BY 4.0)
¿The High Line es gratis?

Sí, la entrada es gratuita todos los días, sin excepción.

¿Qué es y por qué está elevado?

Es un parque construido sobre una antigua vía de tren de carga elevada, en desuso desde 1980 y reconvertida en espacio público entre 2009 y 2014.

¿Cuánto se tarda en recorrerlo entero?

Caminar los 2,4 km completos lleva alrededor de una hora sin parar; con paradas para ver el arte y los jardines, entre 1 y 2 horas.

¿Qué es el Vessel y cuánto cuesta?

Una estructura de cobre con 154 tramos de escalera, en Hudson Yards, cerca del extremo norte de The High Line. La entrada es gratis pero hay que reservar turno online por la capacidad limitada.

¿Qué es The Plinth?

Un espacio fijo del parque, desde 2019, dedicado a una obra de arte contemporáneo monumental que se renueva cada 18 meses. Es gratuito, como el resto de The High Line.

¿Hay parques parecidos a The High Line en otras ciudades?

Sí, varios inspirados directamente en él: The 606 en Chicago (2015), el Seoullo 7017 en Seúl (2017) y el Rail Park de Filadelfia, todos sobre infraestructura elevada en desuso reconvertida en parque público.

¿Quién diseñó los jardines de The High Line?

El paisajista holandés Piet Oudolf, referente del «movimiento perenne», que tomó como inspiración directa la vegetación silvestre que había crecido sola entre los rieles durante el abandono. Buena parte de las especies son nativas de la región.

¿Quién paga el mantenimiento de The High Line?

Mayormente Friends of the High Line, la organización sin fines de lucro fundada en 1999, que recauda cerca del 98% del presupuesto operativo anual del parque — no la ciudad de Nueva York.

¿Cuántas especies de plantas tiene el parque?

Cientos, la mayoría nativas de la región de Nueva York, elegidas por el paisajista Piet Oudolf para recrear el aspecto silvestre que había tomado la vía abandonada.

¿Cómo se eligió al equipo que diseñó el parque?

A través de un concurso de ideas en 2003 y un concurso de diseño en 2004, con cientos de propuestas, decidido por un comité mixto de la ciudad y de Friends of the High Line.

Sigue conociendo Nueva York: toda la guía de la ciudad, qué ver en Times Square y cómo cruzar el puente de Brooklyn.