Cruzar a pie el puente de Brooklyn cuando amanece
El puente de Brooklyn conecta Manhattan con Brooklyn cruzando el río East River. Inaugurado en 1883, mide 1,8 km y tiene un paseo peatonal elevado, separado del carril de bicicletas. Cruzarlo a pie es gratis y lleva entre 30 y 60 minutos; las mejores vistas son al amanecer o un rato antes del atardecer.
Por Natalia · Publicado el 5 de septiembre de 2026
El puente de Brooklyn cruza el East River y conecta Manhattan con Brooklyn.
En su momento fue el puente colgante más largo del mundo, y hoy sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de Nueva York — tanto que aparece en cientos de películas y postales, mucho antes de que existiera Instagram.

Una construcción que costó vidas
El puente lo diseñó el ingeniero John Augustus Roebling, un pionero en el diseño de puentes colgantes.
Pero Roebling nunca llegó a verlo terminado: en 1869, apenas empezada la obra, sufrió un accidente en el que un ferry le aplastó el pie contra el muelle, y murió semanas después de tétanos.
Su hijo, Washington Roebling, tomó la posta como ingeniero jefe — pero él también terminó gravemente enfermo, con el mal de descompresión por trabajar en las cámaras subacuáticas de los cimientos.
Quien terminó llevando adelante buena parte de la obra en su lugar fue su esposa, Emily Warren Roebling, que se instruyó en ingeniería para poder supervisar la construcción día a día.
La obra llevó 14 años, y no fue sin víctimas: el historiador David McCullough calculó 21 muertos en accidentes de obra, un incendio subterráneo y casos de mal de descompresión, aunque otras fuentes de la época hablan de hasta 40. El puente finalmente se inauguró el 24 de mayo de 1883.
Una estampida y 21 elefantes
Apenas una semana después de la inauguración, el 30 de mayo de 1883 (Día de los Caídos en Estados Unidos), una multitud enorme se acumuló en el puente y una mujer se cayó en una escalera — otra gritó, y el pánico generado provocó una estampida real que dejó 12 muertos y 36 heridos graves.
El episodio sembró dudas sobre si el puente era realmente seguro para tanta gente junta.
Para despejar esas dudas de una vez, el showman P. T. Barnum organizó al año siguiente, el 17 de mayo de 1884, un cruce con 21 elefantes —incluido su elefante estrella, Jumbo— y 17 camellos caminando de Manhattan a Brooklyn.
Miles de personas miraron la escena, y los animales cruzaron sin ningún inconveniente: fue la demostración pública que terminó de instalar la confianza en la estructura.
- Longitud
- 1,8 km (los accesos peatonales quedan a unos 2,6 km entre sí)
- Inaugurado
- 1883
- Duración a pie
- 30 a 60 minutos caminando, 1 a 2 horas con paradas para fotos
- Mejor horario
- Alrededor de las 8 de la mañana, o una hora antes del atardecer
Cómo cruzarlo bien
El paseo peatonal va elevado por encima del tránsito de autos, con su propio nivel separado para las bicicletas — así que se puede caminar tranquilo sin compartir el paso con las bicis, algo que generaba bastantes choques cuando compartían el mismo carril.
Conviene empezar del lado de Brooklyn y caminar hacia Manhattan: así el perfil de rascacielos queda de frente durante todo el cruce, en vez de a la espalda, que es la foto que la mayoría busca.
Entre media mañana y el atardecer, sobre todo los fines de semana, el puente se llena de gente parada sacando fotos en los mismos puntos — si buscas una caminata más tranquila, ese no es el horario.
El invierno, en cambio, es una época subestimada: hace frío pero las multitudes desaparecen casi por completo, y el perfil de la ciudad se ve muy bien con el aire más limpio.
Más de 140 años después de su inauguración, el puente sigue en uso pleno todos los días: además del paseo peatonal y el carril de bicicletas, todavía carga tránsito vehicular real, con un flujo estimado de más de 100.000 vehículos diarios entre autos y camiones — un volumen que sus ingenieros originales jamás imaginaron, y que explica por qué la ciudad le hace mantenimiento estructural de forma constante.
DUMBO, del lado de Brooklyn
Si cruzas hacia Brooklyn, vale la pena quedarse un rato en DUMBO (acrónimo de «Down Under the Manhattan Bridge Overpass»), el barrio justo debajo del acceso al puente.
Ahí está uno de los rincones más fotografiados de la ciudad: la esquina de Washington Street y Water Street, desde donde se ve el Puente de Manhattan enmarcado perfectamente entre dos edificios, con el Empire State asomando al fondo.
El barrio tiene además varios cafés, librerías y un parque sobre el río con vistas directas al puente y al skyline de Manhattan.
El primer puente colgante de acero del mundo
Más allá de la anécdota de los elefantes, el puente de Brooklyn fue una proeza de ingeniería real en su momento: fue el primer puente del mundo en usar cables de alambre de acero en vez de hierro, y durante los siguientes 30 años sostuvo el récord de mayor luz (distancia entre torres) de cualquier puente colgante del planeta.
La obra también fue la primera en usar explosivos dentro de un cajón neumático —la estructura hermética que permitía excavar los cimientos bajo el agua—, una técnica que después se volvió estándar en la construcción de puentes similares.
Las dos torres de piedra, de 84 metros de altura, están hechas de granito, piedra caliza y cemento, con un estilo neogótico tan marcado que muchos las comparan con la fachada de una catedral: los cables cruzados imitan el trazado de un vitral, los arcos ojivales del paso vehicular recuerdan una doble puerta de iglesia, y los contrafuertes salientes completan la semejanza.
John Roebling buscaba, en sus propias palabras, una «gran armonía de fuerzas opuestas»: el acero de los cables trabajando a tracción, la piedra de las torres trabajando a compresión.
El primero en saltar
El 19 de mayo de 1885, apenas dos años después de la inauguración, el nadador y saltador profesional Robert Odlum se convirtió en la primera persona en saltar desde el puente de Brooklyn — y en morir haciéndolo.
Buscaba demostrar que una persona podía sobrevivir a una caída al agua desde una altura considerable, con la idea de que eso animara a la gente a saltar desde un incendio a una red de rescate sin miedo a morir en el aire.
El viento lo desvió en la caída de 43 metros: golpeó el agua de costado, con la cadera y no con los pies, y murió poco después por las lesiones internas.
El episodio no impidió que, décadas más tarde, el propio puente se volviera un símbolo de resistencia estructural gracias a la demostración de Barnum con los elefantes.
Un centavo por cruzar
Al inaugurarse en 1883, cruzar el puente a pie no era gratis: costaba un centavo, con tarifas aparte para quien lo cruzaba a caballo (5 centavos) o con un carro tirado por caballos (10 centavos) — hasta los animales de granja pagaban peaje, 5 centavos por vaca y 2 por oveja o cerdo.
El primer día completo de funcionamiento, 150.300 personas lo cruzaron a pie pagando esa tarifa, y se estima que al día siguiente lo hicieron unas 250.000.
La presión de vecinos y organizaciones civiles logró que el peaje peatonal se eliminara en 1891, ocho años después de la inauguración — desde entonces cruzarlo a pie es y fue siempre gratis.
El mal de los buzos que dejó a Washington Roebling postrado
Washington Roebling, el ingeniero jefe que tomó la obra tras la muerte de su padre, terminó él mismo gravemente afectado por trabajar dentro de los cajones neumáticos —estructuras selladas y presurizadas que se hundían hasta el lecho del río para excavar los cimientos en seco—.
En 1872, después de una larga jornada bajo presión, subió a la superficie y se desmayó: había desarrollado lo que hoy se conoce como enfermedad por descompresión (el «mal de los buzos»), que lo dejó parcialmente paralizado, sordo y con problemas de vista de por vida.
Desde entonces dirigió la obra a distancia, mirando el progreso con un telescopio desde la ventana de su casa y enviando instrucciones escritas a través de su esposa, Emily, que terminó aprendiendo ingeniería por su cuenta para poder representarlo en el lugar.
Un paseo pensado desde el principio, no agregado después
El paseo peatonal elevado no fue una ocurrencia tardía: John Roebling lo incluyó en el diseño original del puente desde el comienzo, convencido de que un espacio así tendría un valor incalculable para una ciudad tan superpoblada como Nueva York.
Su idea, adelantada para un ingeniero industrial de la época, era darle a la gente un lugar elevado por encima del tráfico donde poder caminar, respirar aire más limpio y mirar el horizonte sin obstáculos — algo parecido, en espíritu, a lo que Frederick Law Olmsted acababa de lograr con Central Park apenas diez años antes.
El resultado es el contraste que define al puente hasta hoy: las torres de piedra y los cables de acero, pensados en términos puramente estructurales, enmarcando una pasarela de madera pensada exclusivamente para el placer de caminar.
Cruzarlo una sola vez alcanza para entender por qué sigue siendo, casi siglo y medio después, uno de los símbolos más repetidos de toda la ciudad.


¿Es verdad que Barnum cruzó elefantes por el puente de Brooklyn?
Sí, es un hecho histórico real: el 17 de mayo de 1884, P. T. Barnum cruzó 21 elefantes y 17 camellos por el puente para demostrar públicamente que era seguro, después de una estampida el año anterior que había sembrado dudas.
¿Se puede cruzar el puente de Brooklyn en bicicleta?
Sí, tiene un carril propio separado del paseo peatonal desde una reforma reciente, así que ya no hay que compartir el espacio con quienes caminan.
¿Por dónde conviene empezar el cruce?
Desde Brooklyn hacia Manhattan: así tienes el perfil de rascacielos de frente durante todo el paseo, en vez de verlo sólo al final mirando hacia atrás.
¿Hay que pagar algo para cruzarlo?
No, cruzarlo a pie o en bicicleta es completamente gratis, a cualquier hora del día.
¿Qué es DUMBO y vale la pena parar ahí?
Es el barrio de Brooklyn justo debajo del acceso al puente, con una de las esquinas más fotografiadas de Nueva York (Washington St. y Water St., con el Puente de Manhattan enmarcado entre dos edificios). Tiene cafés, librerías y un parque sobre el río, vale la pena parar un rato después de cruzar.
¿Qué récord de ingeniería tuvo el puente de Brooklyn?
Fue el primer puente colgante del mundo en usar cables de acero, y sostuvo el récord de mayor luz entre torres de cualquier puente colgante durante 30 años después de su inauguración.
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