Monjes guerreros vigilaban el mar desde el Ribat de Monastir
Fundado en el año 796 d.C. por el gobernador abasí Harthama Ibn Ayan, el Gran Ribat de Monastir (Harthama) es una de las fortalezas islámicas más antiguas del Magreb. Concebido para albergar a los monjes guerreros (al-murabitun) que combinaban oración y vigía militar, domina majestuosamente la orilla del mar Mediterráneo.
Por Daniel
Fundado en el año 796 d.C. por el gobernador abasí Harthama Ibn Ayan, el Gran Ribat de Monastir (Harthama) es una de las fortalezas islámicas más antiguas del Magreb.
Concebido para albergar a los monjes guerreros (al-murabitun) que combinaban oración y vigía militar, domina majestuosamente la orilla del mar Mediterráneo.

- Ubicación
- Paseo marítimo de Monastir, junto a la plaza Bourguiba
- Torre Nador
- Torre vigía cilíndrica con escaleras de caracol y vistas de 360 grados
- Escenario de cine
- Rodaje de películas como 'La vida de Brian' de Monty Python y 'Jesús de Nazaret'
Monasterio y bastión de fe islámica
El ribat articulaba una doble dimensión espiritual y defensiva. Sus residentes dedicaban las jornadas al estudio del Corán, la meditación teológica y la vigilancia de la costa frente a incursiones de flotas cristianas y piratas bizantinos.
El conjunto creció a lo largo de los siglos mediante sucesivas ampliaciones aglabíes, fatimíes y otomanas hasta formar un complejo laberinto de patios superpuestos.
Ascenso a la torre Nador y vistas marinas
Subir los empinados escalones de piedra de la torre de señales Nador constituye el punto culminante de la visita.
Desde su cumbre se divisa una panorámica amplia: las aguas azules del Mediterráneo, las islas Kuriat y el imponente Mausoleo de Bourguiba y la bahía de Monastir recortada por palmeras.
Museo de Artes Islámicas de Monastir
En la antigua sala de oración de la primera planta se aloja un selecto museo que custodia preciosos manuscritos coránicos sobre pergamino con caligrafía cúfica, madera tallada, estelas funerarias, cerámicas, cristalería y monedas
Estructura arquitectónica y evolución del recinto
El Ribat de Monastir creció a partir de un núcleo cuadrangular primitivo fundado en época abasí, al que se agregaron nuevos pabellones defensivos y alas residenciales durante los mandatos aglabí y otomano.
El conjunto cuenta con varios patios escalonados a diferentes alturas, rodeados por galerías de arcos apuntados de piedra arenisca y pasarelas de ronda almenadas. La superposición de murallas crea un recinto fortificado sumamente intrincado capaz de resistir asedios por tierra y mar.
Las celdas de los murabitun o monjes guerreros eran diminutas y austeras, concebidas para favorecer el recogimiento y la oración individual.
Al recorrer los pasillos abovedados se descubren troneras orientadas al horizonte, escaleras de caracol empotradas en los muros y aspilleras que permitían vigilar el litoral sin exponerse al tiro enemigo desde embarcaciones corsarias.
En la planta baja se hallan antiguos almacenes para grano y armas que aseguraban el abastecimiento durante los cercos prolongados.
Escenario cinematográfico internacional
La notable integridad de sus murallas y su apariencia intemporal convirtieron al ribat en una cotizada localización para directores de cine durante la segunda mitad del siglo XX. Sus lienzos almenados y patios empedrados sirvieron como escenario para representar la Jerusalén bíblica en grandes producciones históricas de proyección mundial.
La versatilidad de sus volúmenes de piedra permitió recrear desde fortalezas de cruzados hasta ciudadelas de Oriente Próximo. Pasear por sus terrazas superiores y rampas de acceso evoca escenas reconocibles de conocidas películas clásicas, añadiendo un singular atractivo cultural para los aficionados al séptimo arte.
Asimismo, paneles informativos colocados en varias galerías recogen fotografías de los rodajes históricos y testimonios de las producciones que tuvieron lugar en el complejo.
Esta perspectiva documental permite comparar el aspecto cinematográfico con la auténtica configuración medieval de los espacios, enriqueciendo la experiencia para los visitantes interesados en el patrimonio audiovisual.
Recomendaciones para una visita completa
Para aprovechar tu paso por este bastión defensivo y espiritual junto al mar, toma nota de las siguientes sugerencias prácticas:
Sube con precaución los estrechos peldaños de caracol que conducen a la cima de la torre de señales.
Dedica tiempo a examinar los manuscritos coránicos y las cerámicas expuestos en la sala de artes islámicas.
Combina el recorrido con la visita a pie al cercano mausoleo presidencial, situado al otro lado de la explanada.
Monastir y Bourguiba: la ciudad natal del primer presidente
Monastir es conocida en Túnez por ser la ciudad natal de Habib Bourguiba, líder de la independencia y primer presidente del país, que gobernó desde 1957 hasta 1987.
Nacido en 1903, volvió a su ciudad a lo largo de su vida y la convirtió en un símbolo de su proyecto nacional. Allí se encuentra el mausoleo donde reposa, un conjunto monumental que domina la explanada cercana al ribat y que forma parte de las visitas habituales.
Este vínculo político ha marcado el desarrollo de la ciudad, con avenidas amplias, edificios públicos y espacios abiertos que contrastan con la medina. Conocer esta dimensión ayuda a entender por qué un lugar relativamente pequeño tiene una presencia tan fuerte en la historia reciente del país.
Mientras paseas, observa cómo conviven la herencia medieval, la huella del siglo XX y la vida cotidiana de los vecinos.
Dos fortalezas para comparar: Monastir y Susa
Visitar los ribats de Monastir y Susa en una misma jornada permite apreciar diferencias. El de Monastir, fundado a finales del siglo VIII, es más antiguo y ha crecido a lo largo de los siglos con ampliaciones y reformas, de modo que su planta resulta más compleja.
El de Susa, levantado ya en el siglo IX, presenta una geometría más pura y unitaria. Cada uno refleja una etapa distinta de la arquitectura defensiva de la costa.
El cine también ha aprovechado el aspecto atemporal del ribat de Monastir. Se han rodado aquí escenas de películas ambientadas en Oriente Próximo y en la Antigüedad, entre ellas producciones de renombre internacional. Reconocer esos rincones mientras recorres terrazas y pasillos puede resultar un pequeño juego.
Y, sobre todo, permite entender cuánto trasciende el edificio su función original, convertido en escenario de historias muy variadas a lo largo del tiempo.





