Los baobabs que pintó Thomas Baines siguen casi iguales en Nxai Pan
Los Baobabs de Baines son un célebre conjunto de siete gigantescos baobabs situados sobre un promontorio arenoso que bordea la depresión de Kudia-kam Pan en Nxai Pan. Inmortalizados en 1862 por el explorador Thomas Baines, su fisonomía continúa asombrosamente intacta más de 160 años después.
Por Daniel
Los Baobabs de Baines son un célebre conjunto de siete gigantescos baobabs situados sobre un promontorio arenoso que bordea la depresión de Kudia-kam Pan en Nxai Pan. Inmortalizados en 1862 por el explorador Thomas Baines, su fisonomía continúa asombrosamente intacta más de 160 años después.
- Descubrimiento pictórico
- Pintados por Thomas Baines en 1862
- Número de ejemplares
- Grupo de 7 baobabs (uno de ellos postrado)
- Ubicación
- Sur del Parque Nacional Nxai Pan
- Edad estimada
- Alrededor de mil años de antigüedad, según estimaciones
- Alojamiento cercano
- Campings designados de Baines Baobabs

El testimonio vivo de la inmortalidad botánica
Comparar las pinturas de Thomas Baines con los árboles actuales produce una honda impresión: las ramas, la inclinación del baobab caído que sigue vivo y las raíces conservan formas muy parecidas, demostrando la prodigiosa longevidad vegetal en Botsuana.
El contraste con el blanco infinito de Kudia-kam
Ubicados en la entrada meridional de Nxai Pan, los baobabs dominan la cuenca resplandeciente del salar seco. Durante las tardes, el sol proyecta sombras kilométricas sobre la sal, brindando uno de los encuadres fotográficos más conocidos del país.
El lienzo histórico de Thomas Baines y la geomorfología de Kudia-kam Pan
En un promontorio arenoso que emerge como un islote solitario sobre la inmensa costra blanca de Kudia-kam Pan, en el sector sur del Parque Nacional Nxai Pan, se yergue el legendario conjunto de siete baobabs colosales (Adansonia digitata) conocido universalmente como los Baobabs de Baines.
Este paraje fue inmortalizado en 1862 por el célebre pintor y explorador británico Thomas Baines durante su expedición hacia las cataratas Victoria junto a James Chapman.
Lo más llamativo de este monumento vegetal es constatar que la disposición de los siete gigantes milenarios, sus troncos bulbosos y sus ramas desnudas retorcidas se parecen notablemente a la pintura original de Baines hace más de un siglo y medio.
Esta inmutabilidad revela la colosal longevidad de los baobabs, árboles que crecen a un ritmo imperceptible y cuya madera esponjosa almacena decenas de miles de litros de agua para sobrevivir a las sequías más extremas del desierto del Kalahari.
El contraste entre el tono cobrizo y grisáceo de las cortezas centenarias y la blancura cegadora del salar que se desvanece en el horizonte crea uno de los paisajes más poéticos y magnéticos de África austral.
Durante la estación de lluvias, las aguas efímeras que inundan la cubeta actúan como un espejo prodigioso donde los árboles y los cielos tempestuosos se reflejan con gran nitidez.
En las inmediaciones existen zonas de acampada rústicas sin vallas donde pernoctar bajo una de las bóvedas celestes más limpias y estrelladas del planeta.
Comparar la silueta actual de los árboles con una reproducción de la famosa acuarela de Baines de 1862.
Visitar el salar a primera hora de la mañana para admirar el juego de sombras alargadas sobre la salina.
Disfrutar de la acampada nocturna bajo los baobabs escuchando el rumor del viento en la aridez del Kalahari.
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Cómo es un baobab por dentro
El baobab es uno de los árboles más reconocibles de África, con un tronco enormemente grueso que le permite almacenar grandes cantidades de agua. Durante la estación seca pierde las hojas y sus ramas desnudas recuerdan a raíces, de ahí la leyenda popular que cuenta que fue plantado al revés.
Cuando llegan las lluvias, vuelve a cubrirse de verde y aprovecha la humedad que ha reservado.
Sus flores, grandes y blancas, se abren por la noche y son visitadas por insectos y murciélagos que contribuyen a la polinización. Los frutos, de cáscara dura y pulpa harinosa, son un recurso apreciado por las personas y por la fauna del entorno.
Mirar un baobab, por tanto, es observar un auténtico sistema de vida que sostiene a numerosas especies.
No es raro que los ejemplares muy viejos desarrollen huecos en el tronco, que sirven de refugio a aves, murciélagos y pequeños mamíferos. Esa capacidad para acoger vida es otra razón por la que se les ha considerado símbolos de longevidad y de comunidad en muchas culturas africanas.
Thomas Baines, el artista que los hizo famosos
Thomas Baines fue un artista y explorador británico que viajó por el sur de África en el siglo diecinueve y dejó numerosos dibujos y pinturas de paisajes, personas y fauna.
Su obra no solo tiene valor estético, sino también documental, porque permite comparar cómo eran los lugares entonces y cómo son ahora. Los baobabs de Nxai Pan que llevan su nombre son uno de los ejemplos más conocidos.
Ver los árboles hoy y recordar que fueron retratados hace más de un siglo y medio invita a reflexionar sobre el paso del tiempo.
Muchos viajeros llevan una reproducción de la pintura original para compararla con la escena actual, y descubren que, a pesar de todo lo que ha cambiado en el mundo, el grupo sigue casi igual en su promontorio.
Para disfrutar del lugar, llega con margen para ver cambiar la luz sobre el salar y quédate unos minutos en silencio. La combinación de árboles milenarios, horizonte despejado y cielo inmenso es una de esas escenas que se recuerdan mucho tiempo después de volver a casa.
Preguntas frecuentes
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¿Cómo se llega a los Baobabs de Baines?
Desde la carretera asfaltada A3 (Nata-Maun), se toma la pista de arena profunda hacia Nxai Pan; los baobabs están en el sur del parque y conviene preguntar el desvío exacto en la puerta.
¿Se puede acampar junto a los baobabs?
Existen zonas de acampada rústica a poca distancia de los árboles; consulta las condiciones y la reserva antes de ir.
¿Siguen vivos todos los árboles pintados por Baines?
Sí, los siete árboles siguen vivos, incluido el baobab que ya estaba inclinado en 1862.





