Subir a la corona de la Estatua de la Libertad exige reservar con meses
La Estatua de la Libertad se visita en ferry desde Battery Park (Manhattan) o Liberty State Park (Nueva Jersey). El boleto básico para adultos incluye el pedestal; subir a la corona tiene un pequeño costo adicional, pero hay que reservarlo con meses de anticipación porque se agota rápido. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.
Por Natalia · Publicado el 5 de septiembre de 2026
La Estatua de la Libertad está en Liberty Island, en la bahía de Nueva York, y sólo se llega en ferry — no hay puente ni forma de acceder por tierra.
Es uno de los símbolos más reconocidos del mundo, un regalo del pueblo francés a Estados Unidos inaugurado en 1886, obra del escultor Frédéric Auguste Bartholdi con la estructura interna diseñada por Gustave Eiffel, el mismo ingeniero de la torre de París.

Un regalo que casi no se pudo pagar
Francia se encargó de construir la estatua, pero Estados Unidos debía pagar el pedestal — y la recaudación de fondos iba mal, al punto de poner en riesgo el proyecto.
Fue el editor de diarios Joseph Pulitzer quien lanzó una campaña en su periódico pidiendo donaciones de cualquier monto a sus lectores, y consiguió juntar el dinero que faltaba con aportes de gente común, no de grandes filántropos.
La estatua llegó desmontada en 214 cajas desde Francia y se ensambló en la isla.
- Sale desde
- Battery Park (Manhattan) o Liberty State Park (Nueva Jersey)
- Altura mínima para la corona
- 1,07 m — hay que subir 162 escalones angostos, sin ascensor
- Inaugurada
- 1886
- Cómo llegar
- Subte líneas 1, 4, 5, R o W hasta South Ferry, y de ahí caminando a Battery Park
Por qué es verde y qué dice la placa del pedestal
La estatua está hecha de láminas de cobre sobre una estructura de hierro diseñada por Gustave Eiffel — el mismo cobre que, con el paso de los años expuesto al aire y la lluvia, se oxida y toma ese color verde característico (una pátina llamada verdín).
La antorcha es la excepción: se reemplazó en 1984 por una réplica bañada en oro, así que hoy se ve dorada mientras el resto del cuerpo sigue verde.
En el pedestal hay una placa de bronce con el soneto «El nuevo coloso», escrito por la poeta Emma Lazarus en 1883 para una subasta que buscaba juntar fondos para terminar de pagar el pedestal — France se había encargado de la estatua, pero Estados Unidos debía cubrir el pedestal, y la recaudación iba mal hasta que el editor Joseph Pulitzer lanzó una campaña pidiendo donaciones de cualquier monto a los lectores comunes de su diario, no sólo a grandes filántropos.
El poema, con versos como «dame tus cansados, tus pobres», terminó transformando el sentido original de la estatua —un símbolo de la república— en el símbolo de bienvenida a los inmigrantes que llegaban a Estados Unidos que hoy todo el mundo conoce.
Qué elegir: sólo ferry, pedestal o corona
El boleto básico ya incluye acceso al pedestal, con un mirador a media altura y el museo de la estatua — la diferencia de precio para subir además a la corona es de centavos, pero la disponibilidad es lo que realmente limita: entran pocas personas por franja horaria, y se agota con mucha anticipación.
Si te interesa la corona, convine reservar apenas tengas la fecha del viaje confirmada, no dejarlo para la semana anterior.
El ferry en sí ya pasa cerca de la estatua y de Ellis Island, así que aunque no consigas entrada para el pedestal o la corona, el paseo en barco solo ya vale la pena. Todos los boletos incluyen la parada en Ellis Island, con el museo de inmigración, que para muchos visitantes termina siendo tan interesante como la estatua misma.
Antes de subir al ferry hay un control de seguridad similar al de un aeropuerto, con detector de metales — no se puede entrar con valijas grandes ni con determinados objetos, así que conviene viajar liviano ese día.
Battery Park, de donde sale el ferry desde Manhattan, también es un buen punto para combinar la visita con un paseo por el bajo Manhattan: el Castillo Clinton, el Distrito Financiero y Wall Street quedan a pocas cuadras caminando.
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los mejores momentos para ir: hace buen clima para el paseo en barco y para subir a la corona sin el calor húmedo del verano neoyorquino, y hay algo menos de gente que en temporada alta.
Reserva siempre para primera hora de la mañana si puedes elegir horario — las salidas del mediodía en adelante acumulan más demora tanto en el control de seguridad como en la fila para subir al pedestal.
Para quien quiere ver la estatua sin gastar en ferry ni hacer ninguna reserva, existe una alternativa real y gratuita: el Staten Island Ferry, que cruza la bahía todos los días, las 24 horas, y pasa cerca de Liberty Island —no permite bajar en la isla, pero sí ver la estatua de cerca desde la cubierta, sin costo y sin necesidad de reservar con anticipación.
El museo que sacó la antorcha original del pedestal
En 2019 abrió, en la propia Liberty Island, el Statue of Liberty Museum: un edificio nuevo, de unos 100 millones de dólares, pensado para sacar del pedestal el cuello de botella que generaban miles de visitantes tratando de ver de cerca la estatua por dentro.
Ahí se exhibe, entre otras piezas, la antorcha original de cobre que la estatua llevó desde 1886 hasta 1984, cuando se reemplazó por la réplica bañada en oro que hoy se ve desde el ferry.
El acceso a la corona no siempre estuvo disponible: se cerró durante casi siete años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 por razones de seguridad, y volvió a cerrarse en marzo de 2020 al inicio de la pandemia.
Una renovación de 30 millones de dólares, completada en 2019, reemplazó la escalera original por una menos empinada y sumó salidas de emergencia — antes de esa obra, subir era una experiencia bastante más angosta e incómoda de lo que es hoy.
Qué significa cada símbolo de la estatua
Ningún detalle de la estatua es casual. Las cadenas rotas a sus pies, poco visibles desde el ferry pero bien documentadas en los planos originales de Bartholdi, representan la liberación de la tiranía.
En la tablilla que sostiene con el brazo izquierdo está grabada en números romanos la fecha de la Declaración de Independencia de Estados Unidos: 4 de julio de 1776 (JULY IV MDCCLXXVI), un recordatorio de que la ley, no la fuerza, es lo que sostiene la libertad.
Y los siete picos de su corona no son un simple detalle decorativo: representan los siete mares y los siete continentes, la idea de que el ideal de libertad que encarna la estatua se proyecta al mundo entero, no sólo a Estados Unidos.
La primera campaña de micromecenazgo de la historia
La campaña que lanzó Joseph Pulitzer en 1885 desde su diario The World no fue una colecta cualquiera: en apenas cinco meses reunió a más de 120.000 donantes que aportaron, en su mayoría, sumas muy pequeñas, y el propio diario publicaba el nombre de cada donante, sin importar cuán chico fuera el aporte.
Hoy se la considera, en los hechos, la primera campaña de micromecenazgo (crowdfunding) de la historia de Estados Unidos, y le sirvió también a Pulitzer: la circulación de su diario creció en más de 200.000 suscriptores en esos dos años.
No siempre fue verde
Cuando se inauguró en 1886, la estatua tenía el color brillante y rojizo del cobre recién pulido —como una moneda nueva—, no el verde que hoy todo el mundo asocia con ella.
El cambio fue gradual: hacia 1903 ya se notaban los primeros tonos oscuros, y recién hacia 1920 —unos 30 años después de su inauguración— el proceso de oxidación había cubierto por completo la superficie con la pátina verde característica del carbonato de cobre.
Esa capa, aunque cambia el aspecto, también protege el metal de debajo de un deterioro mayor: es, en los hechos, una forma natural de conservación.
El mismo arquitecto que diseñó el Met
El pedestal de granito no lo diseñó Bartholdi, el escultor de la estatua, sino el arquitecto Richard Morris Hunt —el mismo que años después firmaría la fachada del Museo Metropolitano de Arte—.
Hunt pasó dos años probando distintos diseños, varios de ellos rechazados, antes de llegar a la versión final de 1884: un presupuesto ajustado lo obligó a reducir su propuesta original, inspirada en el antiguo Faro de Alejandría, de 35 a poco más de 27 metros de altura.
Por su trabajo donó sus honorarios por completo de vuelta al comité encargado de recaudar fondos para la estatua.
El ferry que lleva hasta la isla no es un servicio cualquiera de transporte turístico: es operado por Statue Cruises, la única empresa autorizada por el Servicio de Parques Nacionales para llegar hasta ahí, lo que explica por qué no existen alternativas de otras compañías compitiendo por el mismo trayecto.
Reservar con la mayor anticipación posible sigue siendo el consejo más repetido por cualquier guía real de la isla, sobre todo si el plan incluye subir hasta la corona.


¿Cuánto cuesta subir a la corona de la Estatua de la Libertad?
Prácticamente lo mismo que el ferry básico —apenas 30 centavos más—, pero hay que reservarlo con meses de anticipación porque las franjas horarias se agotan rápido.
¿Se puede llegar por tierra?
No, Liberty Island sólo se accede en ferry, ya sea desde Battery Park en Manhattan o desde Liberty State Park en Nueva Jersey.
¿El boleto incluye Ellis Island?
Sí, todos los boletos de ferry paran también en Ellis Island, con su museo de inmigración.
¿Por qué la estatua es verde pero la antorcha es dorada?
La estatua es de cobre, que se oxida y toma ese color verde con los años. La antorcha se reemplazó en 1984 por una réplica bañada en oro, por eso se ve de un color distinto al resto del cuerpo.
¿Dónde está la antorcha original de la estatua?
En el Statue of Liberty Museum, inaugurado en 2019 en la propia isla. Es la antorcha de cobre original que la estatua llevó desde 1886 hasta 1984, cuando se reemplazó por la réplica bañada en oro actual.
¿Quién diseñó el pedestal de la estatua?
El arquitecto Richard Morris Hunt, el mismo que después diseñó la fachada del Museo Metropolitano de Arte. Donó sus honorarios por completo de vuelta al comité de fondos.
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