¿Piso 86 o piso 102? Los dos miradores del Empire State
El Empire State Building tiene dos miradores: el piso 86, al aire libre, y el 102, cerrado, con un coste extra. Hace falta reservar franja horaria; el edificio recibe visitantes todos los días del año. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.
Por Natalia · Publicado el 5 de septiembre de 2026
El Empire State Building, en el número 350 de la Quinta Avenida, fue durante casi 40 años el edificio más alto del mundo.
Se terminó en 1931, en plena Gran Depresión, en apenas 410 días de construcción — un ritmo de obra que hoy sería difícil de igualar incluso con tecnología moderna.

Dos miradores, dos experiencias distintas
El piso 86 es el mirador clásico, al aire libre, con vista de 360 grados y la posibilidad de sentir el viento de verdad — es el que aparece en la mayoría de las películas.
El piso 102, más nuevo y bastante más caro, está cerrado con vidrio y queda casi 60 metros más arriba, con una vista todavía más amplia pero sin la experiencia al aire libre.
No hace falta pagar el 102 para tener una buena visita: el 86 solo ya es la experiencia completa para la mayoría.
- Terminado en
- 1931, en 410 días de construcción
- Altura del piso 86
- 320 metros · Piso 102: 381 metros
- Cómo llegar
- Subte B/D/F/M/N/Q/R/W hasta 34th St-Herald Square, o la línea 6 hasta 33rd St
Hace falta reservar franja horaria al comprar, y se suma un cargo fijo por transacción sea cual sea el boleto elegido.
Como con cualquier mirador de Nueva York, el atardecer es el horario más pedido —y el más caro en las plataformas de reventa—, así que si el presupuesto es ajustado, ir de mañana entre semana suele ser bastante más tranquilo y a veces más barato.
El edificio que King Kong hizo famoso
El Empire State fue el edificio más alto del mundo durante casi 40 años, desde que se terminó en 1931 hasta que la Torre Norte del World Trade Center lo superó en 1970.
Pero buena parte de su fama mundial se la debe al cine: en la película original de King Kong, estrenada el 2 de marzo de 1933 —apenas dos años después de que se terminara el edificio—, el gorila gigante trepa hasta la punta para escapar de sus captores.
La escena quedó tan asociada al edificio que todavía hoy, casi un siglo después, sigue siendo una de las referencias culturales más repetidas sobre el Empire State.
Está en pleno Midtown, así que se puede combinar fácil con otras cosas del mismo día: Herald Square y sus tiendas quedan a metros, y caminando hacia el norte por la Quinta Avenida se llega en 15-20 minutos a la Biblioteca Pública de Nueva York y a Bryant Park.
Si buscas la foto clásica del edificio completo desde la calle, el mejor ángulo es unas cuadras al sur, sobre la Quinta Avenida.
Los días despejados son los que más aprovechan la vista, algo difícil de garantizar con anticipación al comprar la entrada en Nueva York — conviene revisar el pronóstico un día antes y, si el sitio de venta lo permite, reprogramar la franja horaria en caso de que amanezca muy nublado.
La noche también tiene su encanto propio: la ciudad iluminada se ve distinta, y suele haber bastante menos gente que durante el día.
El edificio tiene 102 pisos en total, aunque el público sólo accede a los dos miradores — el resto son oficinas privadas.
Su antena, agregada después de la construcción original, se pensó en un principio como mástil de amarre para dirigibles, una idea que nunca llegó a funcionar en la práctica por los fuertes vientos a esa altura y se abandonó rápido, aunque la estructura quedó.
El avión que se estrelló contra el piso 79
El 28 de julio de 1945, un sábado a la mañana, un bombardero B-25 del ejército —perdido en una niebla espesa sobre Manhattan— se estrelló contra la cara norte del edificio, a la altura del piso 79, volando a unos 320 km/h.
El impacto abrió un boquete de 6 por 5,5 metros, y 3.000 litros de combustible de avión se derramaron en llamas por pasillos y escaleras, con fuego visible hasta el mirador del piso 86.
Murieron 14 personas —los tres tripulantes y once personas que estaban en el edificio— y aunque los daños se calcularon en un millón de dólares de la época, la estructura del edificio no sufrió ningún daño de fondo: siguió en pie y en uso sin interrupciones mayores.
Por qué la punta cambia de color
La primera luz de la torre fue un simple reflector blanco encendido en noviembre de 1932 para celebrar la victoria electoral de Franklin D. Roosevelt.
El sistema de colores llegó recién en 1976, cuando se iluminó de rojo, blanco y azul por el Bicentenario de Estados Unidos — desde entonces, la punta cambia de color para señalar fechas y causas distintas: verde y rojo en Navidad, lavanda por el orgullo LGBT desde 1990 (hoy con los colores del arcoíris), rosa por la lucha contra el cáncer de mama, y así con decenas de combinaciones a lo largo del año.
Desde 2012, un sistema de LED puede mostrar más de 16 millones de colores distintos, mucho más flexible que los filtros de gel que se usaban antes.
Una carrera de 1.576 escalones
Desde 1978, el edificio organiza todos los años el Empire State Building Run-Up, una carrera a pie por la escalera hasta el piso 86 —1.576 escalones— que la disputan desde atletas profesionales hasta bomberos, policías y corredores amateurs anotados por sorteo.
Es una de las carreras de escaleras más antiguas del mundo en su tipo.
El edificio funciona además con electricidad eólica renovable desde 2011, y entre sus inquilinos de oficina actuales están LinkedIn y Shutterstock — lejos de la torre semivacía que fue buena parte de sus primeras décadas, cuando se la apodaba en broma «Empty State Building» por la cantidad de pisos sin alquilar durante la Gran Depresión.
73 ascensores que generan su propia energía
El edificio funciona con 73 ascensores modernizados con tecnología Otis ReGen, que recuperan la energía del frenado en cada bajada y la devuelven a la red eléctrica del propio edificio —hasta un 75% más eficientes que los equipos originales—, energía que después se usa para alimentar el aire acondicionado de los pisos bajos y hasta las luces LED de la punta de la torre.
Es apenas una parte de una renovación energética de más de una década que ya redujo el consumo total del edificio en un 49%, y que en 2026 le valió la certificación LEED Platinum, la más alta que otorga el Consejo de Construcción Verde de Estados Unidos — un contraste llamativo para un edificio de 1931 frente al que muchos rascacielos nuevos ni siquiera llegan a esa categoría.
Un código postal propio, y millones de visitantes
El edificio es tan grande que tiene su propio código postal, el 10118, algo poco habitual incluso para otros rascacielos de Manhattan.
Sus dos miradores reciben en conjunto varios millones de visitantes al año —las cifras varían según la fuente y el año, entre 2,7 y 4 millones—, lo que lo mantiene entre las atracciones pagas más visitadas de toda la ciudad, más de nueve décadas después de su inauguración.
Entre sus inquilinos de oficina actuales están LinkedIn, que ocupa la mayor superficie de todo el edificio, junto a Shutterstock y otras empresas tecnológicas y de medios.
3.400 obreros por día, fotografiados desde el aire
En el momento de mayor actividad de la obra llegaron a trabajar unos 3.400 obreros por día, levantando hasta cuatro pisos y medio por semana — un ritmo que hoy sigue considerándose extraordinario, incluso con maquinaria moderna.
El fotógrafo Lewis Hine documentó ese proceso desde una canasta que se balanceaba a más de 300 metros de altura sobre la Quinta Avenida, retratando a los obreros —apodados «sky boys»— caminando sobre vigas sin ninguna de las protecciones que hoy exige cualquier obra en altura.
Esas fotos, publicadas después en el libro «Men at Work» de 1932, se convirtieron con el tiempo en documentos fundacionales de la fotografía laboral estadounidense.
El edificio remplazó en ese mismo terreno al primer hotel Waldorf-Astoria, demolido específicamente para hacer lugar a la nueva construcción — un dato que sorprende a muchos visitantes, acostumbrados a pensar en el Waldorf actual (varias cuadras más allá) como si siempre hubiera estado en ese otro lugar.
Entre los rascacielos que definieron el perfil de Nueva York en el siglo XX, pocos acumularon tantas capas de historia real —récords, cine, tragedias, restauraciones— como este edificio.
Con el correr de las décadas, el edificio pasó de símbolo de un logro de ingeniería puntual a marca registrada de toda la ciudad, presente en postales, películas y logotipos mucho más allá de Nueva York.
Sea cual sea el horario elegido para subir, conviene revisar el pronóstico del día anterior: la vista depende por completo de que el cielo esté despejado, algo que ninguna entrada garantiza de antemano.


¿Vale la pena pagar el piso 102 además del 86?
No es imprescindible: el piso 86, al aire libre, ya da la experiencia completa. El 102 suma altura y una vista más amplia, pero cerrada con vidrio, a un costo bastante mayor.
¿Hasta qué hora se puede subir?
El edificio recibe visitantes los 365 días del año. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.
¿Fue realmente el edificio más alto del mundo?
Sí, desde su inauguración en 1931 hasta 1970, cuando lo superó la Torre Norte del World Trade Center — casi 40 años sosteniendo el récord.
¿Es cierto que un avión chocó contra el Empire State?
Sí, el 28 de julio de 1945 un bombardero B-25 perdido en la niebla se estrelló contra el piso 79. Murieron 14 personas, pero la estructura del edificio no sufrió daño estructural de fondo.
¿Por qué la punta del edificio cambia de color?
Desde 1976 la torre se ilumina con distintos colores para señalar fechas y causas —Navidad, orgullo LGBT, lucha contra el cáncer, entre muchas otras—, hoy con un sistema de LED capaz de mostrar más de 16 millones de tonos.
¿El Empire State es un edificio sustentable?
Sí: una renovación energética de más de una década, con ascensores que recuperan energía al bajar, redujo su consumo un 49% y le valió la certificación LEED Platinum en 2026, la más alta posible.
¿Cuántos ascensores tiene el edificio?
73, modernizados con tecnología Otis ReGen que recupera energía del frenado y la devuelve a la red eléctrica del propio edificio.
¿Por qué lo apodaron alguna vez «Empty State Building»?
Porque durante buena parte de sus primeras décadas, en plena Gran Depresión, tuvo muchísimos pisos de oficina sin alquilar — un apodo burlón que quedó bien lejos de la realidad actual del edificio.
¿Quién fotografió la construcción del edificio?
El fotógrafo Lewis Hine, que retrató a los obreros desde una canasta suspendida a más de 300 metros de altura — esas fotos se publicaron después en el libro «Men at Work» (1932).
Sigue conociendo Nueva York: toda la guía de la ciudad, qué ver en Times Square y cómo cruzar el puente de Brooklyn.





