Jardim Botânico de Coimbra, hijo de la reforma del Marqués de Pombal

El Jardín Botánico de la Universidad de Coimbra se fundó en 1772 como parte del Museo de Historia Natural instituido por el Marqués de Pombal, dentro de su reforma universitaria. Un primer intento de 1731, con un proyecto de Jacob de Castro Sarmento inspirado en el Chelsea Physic Garden de Londres, se consideró demasiado modesto. Los trabajos en firme comenzaron en 1774, dirigidos primero por Vandelli y luego por Brotero.

Por

Ubicación
Cerca del centro de Coimbra
Fundación
Año 1772
Impulsor
El Marqués de Pombal
Antigüedad en Portugal
Segundo jardín botánico más antiguo del país

El Jardín Botánico de la Universidad de Coimbra es el segundo más antiguo de Portugal.

El Jardín Botánico de Coimbra.
Alvesgaspar (CC BY-SA 3.0)

Un primer intento demasiado modesto

Hubo un primer intento de establecer un jardín botánico en Coimbra en 1731, con un proyecto elaborado por Jacob de Castro Sarmento tomando como referencia el Chelsea Physic Garden de Londres.

Sin embargo, los profesores de la época consideraron aquel proyecto demasiado modesto para las ambiciones de la universidad, por lo que decidieron ampliarlo notablemente para cumplir con los requisitos que después impondría el Marqués de Pombal.

Parte de la gran reforma pombalina

El jardín se fundó finalmente en 1772 como parte integral del Museo de Historia Natural instituido por el Marqués de Pombal, en el marco de su profunda reforma de los estudios universitarios portugueses.

Los trabajos de plantación comenzaron en 1774, bajo la responsabilidad inicial de Domingos Vandelli, y a partir de 1791 bajo la de Avelar Brotero, profesor de Botánica y Agricultura.

Con esta fundación, Coimbra obtuvo el segundo jardín botánico más antiguo de todo Portugal, un espacio que sigue funcionando hoy como extensión académica de la universidad y como parque público de gran valor paisajístico.

Un jardín para enseñar ciencia

El Jardín Botánico no nació como un parque de recreo, sino como un aula al aire libre.

La reforma universitaria impulsada por el Marqués de Pombal quería renovar la enseñanza de la medicina, la química y la historia natural siguiendo las ideas científicas de la Ilustración, y para eso necesitaba laboratorios, gabinetes y colecciones vivas.

Las plantas medicinales y las especies traídas de otros continentes servían para que los estudiantes aprendieran a reconocerlas, clasificarlas y estudiar sus propiedades.

Durante el siglo XIX el jardín fue creciendo y adquiriendo la forma que tiene hoy.

Uno de sus directores más influyentes en esa etapa fue el botánico Júlio Henriques, que impulsó el intercambio de semillas con otras instituciones científicas y la llegada de especies de distintos rincones del mundo, muchas de ellas procedentes de los territorios con los que Portugal mantenía relación.

El jardín se convirtió así en una especie de catálogo vivo de la botánica de su tiempo, y todavía hoy cumple funciones de investigación y conservación dentro de la universidad.

El primer responsable de los trabajos, Domingos Vandelli, era un naturalista italiano que Pombal había llamado a Portugal para modernizar la enseñanza científica, y su presencia muestra hasta qué punto la reforma buscaba ponerse al nivel de las universidades europeas más avanzadas.

Bajo su dirección y la de sus sucesores, el jardín se organizó según los sistemas de clasificación de la época, de modo que recorrerlo era también una lección de botánica.

Esa vocación didáctica explica el trazado ordenado de la parte alta, donde las plantas se agrupaban por familias para facilitar el estudio.

Recorrido por el jardín

El terreno ocupa una ladera entre la Alta universitaria y el valle, y se organiza en terrazas escalonadas unidas por escalinatas, balaustradas y rejas de hierro forjado.

La parte alta, la más formal, tiene un trazado geométrico con parterres, caminos rectos y una plaza central con fuente, rodeada de árboles de gran porte.

Es la zona más visitada y la más cómoda para pasear, con bancos a la sombra y vistas sobre la vegetación de las terrazas inferiores.

Uno de los edificios más llamativos es la gran estufa, un invernadero de hierro y vidrio construido en el siglo XIX, con el estilo típico de la arquitectura industrial de la época. En su interior se cultivaban especies tropicales que no habrían sobrevivido al invierno de Coimbra.

Merece la pena verla aunque sea desde fuera, porque su silueta transparente entre los árboles es una de las imágenes más características del jardín.

Más abajo, la vegetación se vuelve más libre y frondosa. En la zona conocida como la mata, un bosque que desciende por la ladera, destaca un bosquecillo de bambú de gran altura que crea un pasillo en penumbra muy fotogénico.

Junto a él crecen ejemplares de árboles exóticos de varios continentes que, con el paso de los siglos, han alcanzado dimensiones notables. El contraste entre la parte ordenada de arriba y este bosque casi salvaje es una de las experiencias más agradables del recorrido.

  • Terrazas superiores con parterres geométricos y fuente central

  • La gran estufa de hierro y vidrio

  • Escalinatas y rejas de forja entre niveles

  • La mata, con su bosque de bambú y grandes árboles exóticos

Curiosidades

Dentro del jardín se encuentra una estatua de Avelar Brotero, el profesor que dirigió el jardín desde finales del siglo XVIII y que es considerado uno de los padres de la botánica portuguesa.

Su nombre está tan ligado a la institución que una sociedad científica dedicada a la botánica, fundada en Coimbra, adoptó el nombre de Sociedade Broteriana en su honor.

El jardín linda con el Aqueduto de São Sebastião, un acueducto del siglo XVI construido sobre el trazado de uno anterior de época romana, que llevaba agua a la Alta de la ciudad.

Sus arcos, que cruzan la calle junto a una de las entradas, forman parte del paisaje del jardín y sirven como referencia para orientarte. Además, el conjunto forma parte del área declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2013 junto con la universidad.

Consejos para la visita

La primavera es la época más vistosa, cuando florecen muchas de las especies de los parterres y los árboles recuperan sus hojas, aunque el jardín resulta agradable todo el año.

En los meses de calor, la sombra de los grandes árboles lo convierte en uno de los lugares más frescos de la ciudad para descansar entre visita y visita.

Para recorrer la parte alta basta con una hora; si quieres bajar a la mata y verlo todo con calma, calcula entre dos y tres.

Ten en cuenta que hay bastantes desniveles y escaleras, así que conviene llevar calzado cómodo, y que algunas zonas, como el invernadero o la parte del bosque, pueden tener condiciones de acceso o visitas guiadas específicas.

Consulta los horarios, los precios y las actividades programadas en la web oficial de la universidad antes de ir.

Qué ver cerca

Desde el jardín se sube en pocos minutos a la Alta universitaria, con el Paço das Escolas, la Biblioteca Joanina y la Sé Nova.

En la dirección contraria, el barrio de Celas y la Praça da República concentran cafés y vida estudiantil, y no muy lejos queda el Penedo da Saudade, un mirador ajardinado ligado a la tradición poética de los estudiantes.

También puedes bajar hacia el río y el Parque Verde do Mondego, o cruzar el puente hacia la orilla de Santa Clara para visitar Portugal dos Pequenitos y los monasterios de Santa Clara.

Para saber más