Capilla Sixtina

La Capilla Sixtina se visita siempre como parte de los Museos Vaticanos, nunca por separado: la entrada general se reserva online, con acceso sólo por internet desde 2024. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir. Está cerrada los domingos, salvo el último de cada mes, que es gratis.

Por Quique

La Capilla Sixtina no tiene entrada propia: se visita como parte del recorrido de los Museos Vaticanos, caminando unos 20 a 30 minutos a través de las galerías hasta llegar a ella — no hay forma de entrar directo. Es, aun así, la razón por la que la inmensa mayoría de la gente compra esa entrada: ahí están el techo y el Juicio Final de Miguel Ángel.

El techo de la Capilla Sixtina, con los frescos de Miguel Ángel.
Gary Todd, Wikimedia Commons (dominio público)

Doce apóstoles que terminaron siendo más de 300 figuras

El papa Julio II le encargó a Miguel Ángel pintar el techo en 1508, con una idea original bastante más modesta: sólo los doce apóstoles. El artista terminó pintando solo, entre 1508 y 1512, más de 300 figuras que narran escenas del Antiguo Testamento, entre ellas la célebre «Creación de Adán». Veinticinco años después, ya con casi 67 años, volvió a la capilla para pintar el Juicio Final en la pared del altar: empezó en 1535 y lo terminó en 1541, con más de 300 figuras más, casi todas originalmente desnudas —muchas se cubrieron después con paños pintados por orden de un papa posterior, incómodo con la desnudez.

Reserva
Obligatoria y sólo online desde enero de 2024
Fotos
Prohibidas dentro de la capilla, sin excepción

No existe combinación posible para saltearse el resto del museo: la capilla es la parada final de un recorrido de sentido único por las galerías vaticanas, así que quien compra la entrada camina antes por salas de arte egipcio, tapices, mapas y estatuas clásicas, quiera o no. Conviene calcular al menos dos o tres horas para el recorrido completo, no sólo el rato final en la capilla.

El domingo gratis del mes se llena mucho más que cualquier otro día — si el presupuesto lo permite, mejor pagar la entrada un día de semana que sumarse a esa multitud. La apertura nocturna de los viernes suele tener bastante menos gente que la mañana de un fin de semana cualquiera.

Donde se elige al papa

La Capilla Sixtina no es sólo un museo: sigue siendo, hoy, el lugar donde los cardenales se reúnen a puertas cerradas para elegir a un nuevo papa, en lo que se llama cónclave. La tradición de quemar los votos en papel es antigua, de al menos el siglo XV, pero el mundo sólo pudo ver el humo resultante desde el siglo XVIII, cuando se instaló una chimenea pensada en realidad para proteger los frescos de Miguel Ángel del hollín, no para comunicar nada hacia afuera.

Ese humo es hoy la forma en que el mundo entero se entera del resultado de la votación: si ningún candidato consigue los dos tercios necesarios (89 votos, con el número actual de cardenales electores), los votos se queman con una mezcla química que produce humo negro. Cuando alguien sí alcanza esa mayoría, se agrega otra mezcla —clorato de potasio, lactosa y resina de pino— que produce el humo blanco que anuncia «habemus papam» a la plaza de San Pedro.

Los colores que nadie sabía que estaban ahí

Entre 1980 y 1994, una restauración larga y muy discutida limpió siglos de hollín de velas y humedad acumulados sobre los frescos —producto, entre otras cosas, del propio brasero que calentaba la capilla durante los cónclaves de invierno—. El resultado sorprendió a todo el mundo: debajo de esa capa oscura aparecieron colores mucho más vivos y saturados de lo que cualquiera imaginaba, tan distintos a la paleta apagada que todos conocían que en su momento hubo especialistas que dudaron en público de si la limpieza no había sido demasiado agresiva. Hoy esos colores restaurados son los que ve cualquier visitante.

Las paredes laterales, obra de otros maestros del Renacimiento

Buena parte de los visitantes entra tan concentrada en el techo que no repara en las paredes laterales, pintadas 25 años antes que Miguel Ángel siquiera empezara su trabajo. Entre 1481 y 1482, el papa Sixto IV —el mismo que le da nombre a la capilla— encargó a un equipo de los mejores pintores del momento, entre ellos Sandro Botticelli, Pietro Perugino y Domenico Ghirlandaio, doce escenas enfrentadas en las dos paredes largas: seis de la vida de Moisés en un lado, y seis de la vida de Cristo en el otro, pensadas como un paralelo deliberado entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Perugino, maestro de Rafael, fue quien tuvo a cargo la mayor parte del proyecto original y probablemente diseñó el esquema completo antes de que Miguel Ángel llegara casi tres décadas después a redefinir la capilla con su techo y su Juicio Final. Conviene, aunque el cuello ya esté cansado de mirar hacia arriba, dedicarle al menos unos minutos a estas escenas laterales: son Renacimiento temprano de primer nivel, y pasan casi desapercibidas frente al peso visual del techo.

Una televisora japonesa pagó la limpieza del techo

La restauración de 1980 a 1994 no la pagó el Vaticano ni el Estado italiano: la financió por completo, con 4,2 millones de dólares, la cadena de televisión japonesa Nippon Television, a cambio de los derechos exclusivos de fotografía y filmación durante el proceso y sobre el resultado final. El acuerdo surgió en 1981, cuando el papa Juan Pablo II, de visita en Japón, le propuso la idea directamente al presidente de la cadena. Esa exclusividad venció apenas tres años después de terminada cada etapa de la obra —para 1997 ya no tenía validez—, pero la prohibición total de sacar fotos dentro de la capilla, que nació de ese mismo acuerdo, se mantuvo después por su cuenta y sigue vigente hoy, mucho después de que el motivo original perdiera sentido.

El mito de que pintó el techo acostado

Una idea muy repetida —alimentada sobre todo por la película «El tormento y el éxtasis» de 1965, donde Charlton Heston pinta gimiendo de espaldas— dice que Miguel Ángel pintó todo el techo tumbado boca arriba. En realidad pintó de pie, en un andamio propio que diseñó junto al arquitecto Piero Rosselli: una estructura de puentes de madera apoyada en soportes empotrados en la pared, muy por encima del piso, que le permitía trabajar estirando los brazos hacia arriba y torciendo el cuello durante horas — una postura agotadora mientras el yeso húmedo obligaba a pintar rápido, antes de que secara. Se conserva un boceto del propio Miguel Ángel dibujándose a sí mismo en esa posición de pie, prueba directa de cómo trabajó de verdad; tumbarse boca arriba, según los expertos, sólo hizo falta en algún tramo puntual difícil de alcanzar de otra forma, no como método habitual.

El «Braghettone» que le puso ropa interior a los santos

El mismo año de la muerte de Miguel Ángel, 1564, un decreto papal ordenó cubrir las figuras desnudas del Juicio Final que se consideraban demasiado indecorosas para una capilla — parte de un clima de censura religiosa más amplio impulsado por el Concilio de Trento y la Contrarreforma, que reafirmaba el papel moralizante que debía tener el arte dentro de las iglesias. El encargo recayó en Daniele da Volterra, un alumno y admirador del propio Miguel Ángel, que pasó a la historia con el apodo burlón de «Il Braghettone» («el que hace calzoncillos») por la cantidad de paños y velos que pintó encima de las figuras originales, tapando genitales con tanto celo que llegó a repintar por completo a dos santos, Catalina y Blas, cuya postura original se consideraba directamente escandalosa.

Cuando la restauración de los años 80 y 90 limpió el resto del techo y reveló los colores originales de Miguel Ángel, muchos esperaban que también se retiraran los añadidos de Volterra — pero los restauradores decidieron conservarlos: para entonces, esos paños censores llevaban más de cuatro siglos formando parte de la historia real de la obra, y borrarlos habría sido borrar también un capítulo genuino de cómo la Iglesia trató el arte de Miguel Ángel después de su muerte.

Una capilla, no sólo un museo

Más allá de su fama artística, la Capilla Sixtina sigue siendo, en el sentido más literal, una capilla en funciones: tiene su propio altar, se celebran misas puntuales fuera del horario turístico, y su nombre viene directamente del papa que ordenó construirla, Sixto IV, a fines del siglo XV — el mismo pontífice que también le dio a los Museos Capitolinos su primera colección pública.

El propio Juicio Final incluye un detalle que suele pasar inadvertido: un grupo de ángeles sin alas, agrupados en la parte superior derecha, soplando trompetas descomunales para anunciar el fin de los tiempos — una escena que Miguel Ángel resolvió con un dramatismo casi teatral, muy distinto de la serenidad ordenada que domina el resto del techo pintado casi tres décadas antes.

La reserva online, obligatoria desde 2024, terminó además con una práctica habitual hasta entonces: la reventa informal de entradas por parte de guías no oficiales a la salida del metro Cipro, un problema real que las autoridades vaticanas llevaban años intentando frenar sin éxito.

El Juicio Final de Miguel Ángel, en la pared del altar de la Capilla Sixtina.
Miguel Ángel (obra), Wikimedia Commons (dominio público)
Una de las galerías de los Museos Vaticanos que se recorren antes de llegar a la Capilla Sixtina.
Ank Kumar, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
¿Se puede comprar entrada sólo para la Capilla Sixtina?

No, siempre se entra como parte de los Museos Vaticanos, caminando 20 a 30 minutos por las galerías hasta llegar a ella.

¿Se pueden sacar fotos adentro?

No, la prohibición es total, no sólo del flash.

¿Cuándo es gratis?

El último domingo de cada mes, pero suele estar mucho más lleno que cualquier día pago.

¿Cuánto tardó Miguel Ángel en pintar el techo?

Cuatro años, entre 1508 y 1512, solo, pintando más de 300 figuras aunque el encargo original era apenas los doce apóstoles.

¿Por qué hay una chimenea en la Capilla Sixtina?

Se instaló en el siglo XVIII para proteger los frescos de Miguel Ángel del hollín, no para comunicar nada hacia afuera — pero hoy es justamente por donde sale el humo blanco o negro que anuncia si hay papa nuevo.

¿Los colores del techo son los originales de Miguel Ángel?

Sí: una restauración entre 1980 y 1994 limpió siglos de hollín acumulado y reveló colores mucho más vivos de lo que se conocía hasta entonces, aunque en su momento generó debate sobre si la limpieza había sido demasiado agresiva.

¿Quién pintó las paredes laterales de la capilla?

Un equipo de maestros del Renacimiento temprano, entre ellos Botticelli, Perugino y Ghirlandaio, entre 1481 y 1482 — 25 años antes de que Miguel Ángel empezara el techo.

¿Quién pagó la restauración del techo de la Capilla Sixtina?

La cadena de televisión japonesa Nippon Television, con 4,2 millones de dólares, a cambio de derechos exclusivos de filmación — de ahí surgió, de rebote, la prohibición actual de sacar fotos.

¿Cuánto costó pintar el techo originalmente?

No hay una cifra moderna comparable, pero sí se sabe que Miguel Ángel lo pintó casi en soledad entre 1508 y 1512, con más de 300 figuras, aunque el encargo original de Julio II era apenas los doce apóstoles.

¿Se puede visitar la capilla de noche?

Sí, con la apertura especial de los viernes de abril a octubre, hasta entrada la noche — suele tener bastante menos gente que un fin de semana a la mañana.

¿La Capilla Sixtina tiene aire acondicionado?

Sí, un sistema climático moderno instalado junto con la restauración de los años 80 y 90, pensado para proteger los frescos de la humedad que genera la respiración de miles de visitantes por día.

¿Hay audioguía disponible?

No dentro de la propia capilla (por las normas de silencio), pero sí para el recorrido de los Museos Vaticanos en general, en varios idiomas incluido el español.

¿Cuántos visitantes recibe por día?

Miles, ya que comparte el flujo con todos los Museos Vaticanos, uno de los conjuntos museísticos más visitados del mundo.

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