Coliseo, Foro Romano y Palatino con un solo boleto de 24 horas
El Coliseo, el Foro Romano y el Palatino se visitan con una sola entrada combinada, válida 24 horas. Hay que reservar franja horaria con anticipación en el sitio oficial; la entrada es gratis el primer domingo de cada mes, y conviene comprar el boleto con hasta 30 días de anticipación. Conviene consultar precios en la web oficial antes de ir.
Por Florencia · Publicado el 5 de septiembre de 2026
El Coliseo, el Foro Romano y el Palatino se visitan con una sola entrada combinada, válida por 24 horas desde el primer ingreso.
Los tres están a pocos minutos a pie entre sí, en el centro arqueológico de Roma, y juntos forman el conjunto de ruinas romanas más visitado del mundo.

Ocho años para levantar el anfiteatro más grande del imperio
La construcción del Coliseo empezó en el año 72 d.C. por orden del emperador Vespasiano, de la dinastía Flavia, y la terminó su hijo Tito en el año 80 d.C. — un tiempo sorprendentemente corto, entre 8 y 10 años, para semejante tamaño y complejidad.
Se levantó sobre el terreno donde antes había un lago artificial, parte de la Domus Aurea, la villa privada del emperador Nerón. Originalmente se llamaba Anfiteatro Flavio; el nombre «Coliseo» llegó siglos después, por una estatua colosal de Nerón que había cerca.
Tenía capacidad para entre 50.000 y 80.000 espectadores, estaba revestido de mármol, y con sus tres pisos de arcos alcanzaba la altura de un edificio moderno de 12 pisos. Tito lo inauguró con 100 días seguidos de juegos, en los que participaron unos 9.000 animales y miles de gladiadores.
Con el paso de los siglos, buena parte de sus piedras se reutilizó para construir otras obras de Roma — incluida la Basílica de San Pedro.
- Construcción
- 72 a 80 d.C., bajo Vespasiano y Tito
- Capacidad original
- Entre 50.000 y 80.000 espectadores
- Reserva
- Obligatoria por franja horaria, se abre hasta 30 días antes
- Visitantes por año
- Unos 7,4 millones — la atracción más visitada de Italia
El hipogeo, debajo del piso de arena
Lo que hoy parece el piso de arena del Coliseo es en realidad una reconstrucción parcial de madera, instalada recién en los años 90 sobre una parte del hipogeo — la red de túneles de dos niveles construida hacia el año 90 d.C., bajo el emperador Domiciano.
Ahí esperaban en jaulas los gladiadores y los animales, antes de subir a la arena mediante sistemas de poleas mecánicas. Los túneles se excavaron recién en la década de 1930, y una restauración los reabrió al público en 2021 con visitas guiadas específicas, aparte de la entrada combinada estándar.
El Foro Romano y el Palatino
El Foro Romano era el centro político, religioso y comercial de la antigua Roma — ahí estaban el Senado, los templos principales y los tribunales.
El Palatino, la colina justo al lado, es donde según la tradición se fundó la ciudad, y donde vivieron los emperadores: se pueden recorrer los restos de varios de sus palacios.
Los tres sitios se cubren cómodo en una visita de 3 a 4 horas si además se quiere caminar con calma por el Foro y el Palatino, no sólo el Coliseo.
Compren siempre en el sitio oficial del Parco Archeologico del Colosseo — hay muchas reventas de terceros a precios más altos por la misma entrada. El horario cambia bastante según la época del año (se acorta mucho en invierno), así que conviene confirmarlo en el sitio oficial antes de reservar franja.
Una idea muy repetida es que ahí arrojaban cristianos a los leones — los historiadores coinciden en que sí hubo ejecuciones públicas de distinto tipo en el Coliseo, pero la evidencia concreta de cristianos específicamente devorados por leones ahí es bastante más floja de lo que dice la tradición popular, y buena parte viene de relatos posteriores, no de fuentes de la época.
Lo que sí está bien documentado son los combates de gladiadores, las cacerías de animales exóticos traídos de todo el imperio, y hasta recreaciones de batallas navales en los primeros años, cuando la arena todavía se podía inundar.
Se llega fácil en transporte público: la estación de metro Colosseo, de la línea B, está a metros de la entrada.
Conviene evitar las horas centrales del día en verano, cuando el calor de Roma se siente fuerte y hay poca sombra dentro del recinto — las primeras horas de la mañana son las más cómodas tanto por temperatura como por cantidad de gente.
Un toldo gigante manejado por mil marineros
El Coliseo tenía su propio sistema de sombra: el velarium, un enorme toldo de lino tejido —la misma tela que se usaba para las velas de los barcos de guerra romanos— que cubría las gradas (aunque no la arena central, siempre a cielo abierto).
Se sostenía con un sistema de cuerdas y mástiles de madera encajados en 240 puntos del último piso del edificio, pesaba unas 24 toneladas en total, y lo operaba un equipo permanente de 1.000 marineros trasladados especialmente desde la flota naval romana con base en Miseno, cerca de Nápoles — una solución naval para un estadio que no tenía nada de marítimo.
El acceso también estaba resuelto con una lógica moderna: de los 80 arcos de entrada, 76 estaban numerados, y cada espectador recibía una tessera —una ficha de arcilla, el equivalente romano de una entrada de teatro— con el número de puerta, fila y asiento grabado, para poder ubicarse sin perder tiempo entre una multitud de decenas de miles de personas.
Una restauración pagada por una marca de zapatos
La limpieza y restauración más grande de las últimas décadas —terminada en 2021, después de casi ocho años de obra— no la pagó el Estado italiano sino un privado: el empresario Diego Della Valle, dueño de la marca de zapatos y accesorios Tod's, se comprometió en 2011 a poner 25 millones de euros de su bolsillo para financiarla por completo.
El trabajo, que arrancó en 2013, limpió siglos de suciedad y contaminación acumulada en la fachada exterior y consolidó buena parte de la estructura.
Ni cristianos ni leones, pero sí un anfiteatro con nombre prestado
El propio nombre «Coliseo» no viene del tamaño del edificio, como mucha gente asume, sino de una estatua colosal de bronce del emperador Nerón que estaba parada cerca, en los terrenos de su antigua villa privada, la Domus Aurea.
Con el correr de los siglos la estatua desapareció, pero el apodo «junto al Coloso» le quedó pegado al anfiteatro para siempre, reemplazando su nombre oficial original, Anfiteatro Flavio.
De dónde salió la piedra, y quién la cargó
El Coliseo se construyó con unos 100.000 metros cúbicos de travertino, una piedra caliza extraída en las canteras de Tívoli, a unos 30 kilómetros de Roma.
Los romanos construyeron un camino específico para trasladar los bloques desde la cantera, y buena parte del trayecto lo hacían flotando sobre el río Aniene antes de maniobrar las piedras por las calles de la ciudad con rodillos de madera y carros tirados por bueyes — una logística descomunal para la época, sin ningún tipo de maquinaria a motor.
El trabajo físico más duro —arrastrar y levantar esos bloques— recayó en un contingente estimado de entre 60.000 y 100.000 prisioneros judíos, capturados durante el sitio romano de Jerusalén del año 70 d.C. y traídos a Roma como mano de obra esclava; la propia construcción del anfiteatro se financió en buena parte con el botín de esa misma campaña militar, un dato que todavía hoy se puede leer en una inscripción reconstruida sobre una de sus entradas.
El trabajo especializado —arquitectos, ingenieros, decoradores— sí corría por cuenta de ciudadanos romanos libres y pagados. En la propia zona de la cantera de Tívoli se conserva un templo del siglo I d.C. que los propios canteros construyeron para su dios protector, Hércules Saxanus.
Por qué dejaron de hacer batallas navales
Cuando el Coliseo se inauguró en el año 80 d.C., todavía no tenía el hipogeo —la red de túneles subterráneos que se ve hoy— y la arena se podía inundar para representar batallas navales completas, con barcos de verdad flotando sobre la arena convertida en lago artificial.
Eso cambió cuando el emperador Domiciano mandó construir el hipogeo poco después: un laberinto de dos niveles con 32 trampillas conectadas a pozos verticales, cada una con su propio sistema de poleas y contrapesos operado por equipos de esclavos, capaz de subir una jaula con un animal salvaje —o un decorado completo— desde la oscuridad hasta la arena iluminada por el sol en cuestión de segundos.
Con esa estructura de madera y cuerdas ocupando todo el subsuelo, inundar la arena para una batalla naval se volvió, de un día para el otro, estructuralmente imposible: hubo que elegir entre las dos cosas, y la elección fue el hipogeo.
El efecto sobre el público era parte del espectáculo calculado: un animal apareciendo de golpe por una trampilla, como surgido de la nada, con hasta 60 elevadores funcionando al mismo tiempo en los años de mayor actividad.
El propio Foro, como escenario de cine improvisado
El conjunto arqueológico entero —no sólo el Coliseo— sigue siendo, siglo tras siglo, uno de los escenarios más filmados del mundo: desde «Gladiador» hasta series documentales de History Channel o National Geographic, buena parte de lo que el público mundial imagina como «la Roma antigua» sale de tomas reales hechas ahí mismo, no de decorados construidos en estudio.


¿La entrada al Coliseo incluye el Foro Romano y el Palatino?
Sí, es una sola entrada combinada válida por 24 horas para los tres sitios, no hace falta comprar por separado.
¿Hace falta reservar con anticipación?
Sí, la reserva de franja horaria para el Coliseo es obligatoria y las ventas se abren 30 días antes de la fecha elegida — conviene comprar apenas se pueda, sobre todo en temporada alta.
¿Se puede visitar el hipogeo (la parte subterránea)?
Sí, pero es una visita guiada aparte de la entrada combinada estándar — se reabrió al público en 2021 después de una restauración, y muestra los túneles donde esperaban gladiadores y animales antes de subir a la arena.
¿Cuándo es gratis la entrada?
El primer domingo de cada mes. Ese día suele haber más gente, así que conviene llegar bien temprano.
¿Es cierto que ahí tiraban cristianos a los leones?
Hubo ejecuciones públicas reales en el Coliseo, pero la evidencia histórica concreta de cristianos arrojados específicamente a leones ahí es bastante más débil de lo que dice la tradición popular — gran parte de esa idea viene de relatos posteriores, no de fuentes de la época.
¿Por qué el Coliseo tenía un toldo?
Para dar sombra a los espectadores: el velarium, un toldo de lino de unas 24 toneladas operado por 1.000 marineros de la flota romana de Miseno, cubría las gradas —nunca la arena central, siempre a cielo abierto.
¿Quién pagó la última gran restauración del Coliseo?
El empresario italiano Diego Della Valle, dueño de la marca Tod's, que en 2011 se comprometió a aportar 25 millones de euros de su propio bolsillo. Las obras terminaron en 2021.
¿De dónde viene el nombre «Coliseo»?
De una estatua colosal de bronce del emperador Nerón que estaba cerca del edificio. Su nombre oficial original era Anfiteatro Flavio.
¿Se puede visitar el hipogeo del Coliseo?
Sí, con una entrada específica aparte de la combinada estándar, reabierta al público en 2021 después de una restauración — se recorre la red de túneles bajo lo que era el piso de arena.
Sigue conociendo Roma: toda la guía de la ciudad, por qué no conviene sentarse en la escalinata de la Plaza de España, y si después sigues viaje a Venecia, cómo moverte en vaporetto.








