Palau de la Música Catalana: joya del modernismo

El Palau de la Música Catalana, obra del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner, se construyó en apenas tres años (1905-1908) con financiación popular como sede del Orfeó Català. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se visita mediante recorridos guiados o libres de unos 50 minutos, con precios desde 18 euros.

Por Quique

Ubicación
Carrer Sant Pere Més Alt, 8, Barcelona
Arquitecto
Lluís Domènech i Montaner
Construcción
1905-1908, financiación popular
Precio
Desde 18 € (visita libre); 22 € (con audioguía o guiada)

El Palau de la Música Catalana es una de las joyas del modernismo catalán, en el barrio de Sant Pere de Barcelona.

Fachada modernista del Palau de la Música Catalana en Barcelona.
Cattzy (CC BY-SA 3.0)

Encargado al arquitecto Lluís Domènech i Montaner como sede del Orfeó Català, la agrupación coral que impulsaba el movimiento cultural catalán de la época, el edificio se construyó en apenas tres años, entre 1905 y 1908, en plena efervescencia del modernismo. Su financiación combinó aportaciones de la burguesía ilustrada con una campaña de suscripción popular entre la clase obrera, un modelo poco habitual para un edificio de esta escala y ambición decorativa.

La sala de conciertos y su lucernario de cristal

El interior, con su gran lucernario invertido de vidrio policromado que inunda la sala de luz natural, su escultura del coro y el órgano, y una escalera construida con hierro y vidrio, se puede recorrer en visitas libres o guiadas de unos 50 minutos, disponibles en varios idiomas. La sala sigue en pleno funcionamiento como auditorio de conciertos, así que la mejor forma de conocerla en su función original es asistir a un concierto además de la visita diurna.

El Orfeó Català y el contexto de la Renaixença

Para entender el Palau hay que mirar primero a quien lo encargó. El Orfeó Català nació a finales del siglo XIX como una sociedad coral dedicada a recuperar y difundir la canción popular catalana, en el marco de la Renaixença, el movimiento que reivindicaba la lengua y la cultura de Cataluña. Sus fundadores, Lluís Millet y Amadeu Vives, querían un coro abierto a todas las clases sociales, y el edificio debía reflejar esa idea: un lugar para la música que fuera también un símbolo colectivo de la ciudad.

Domènech i Montaner, uno de los grandes nombres del modernismo junto a Gaudí y Puig i Cadafalch, aprovechó la ocasión para mostrar lo que podían hacer los oficios artesanales catalanes. En el Palau trabajaron escultores, ceramistas, vidrieros, herreros y mosaiquistas, y el resultado es un edificio donde la estructura de hierro permite abrir grandes superficies de vidrio y la decoración cubre prácticamente cada rincón. El conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997, junto al Hospital de Sant Pau, obra del mismo arquitecto.

La fachada: qué mirar desde la calle

El Palau está encajado en calles estrechas del barrio de Sant Pere, así que la fachada se descubre casi de golpe. En la esquina destaca el gran grupo escultórico de Miquel Blay dedicado a la canción popular catalana, con una figura femenina central rodeada de personajes que representan al pueblo, desde pescadores hasta ancianos y niños. Sobre la fachada principal aparecen los bustos de grandes compositores de la tradición europea, entre ellos Palestrina, Bach, Beethoven y Wagner, una declaración de intenciones sobre el tipo de música que el Orfeó quería llevar a la ciudad.

Fíjate también en las columnas del balcón del primer piso, revestidas de mosaico con motivos florales distintos en cada una, y en el ladrillo visto combinado con cerámica de colores. En los años ochenta el edificio se amplió con un proyecto de Óscar Tusquets que liberó parte del espacio lateral y añadió nuevas dependencias, lo que permite hoy ver el Palau con algo más de perspectiva desde la pequeña plaza contigua. Aun así, la mejor forma de apreciar la fachada es levantar la vista despacio, porque los detalles se escapan con facilidad.

Detalles del interior que no conviene perderse

La sala de conciertos es uno de los pocos auditorios de Europa iluminados por luz natural, gracias a los ventanales laterales y al lucernario central. Este gran lucernario, obra del vidriero Antoni Rigalt, representa un sol dorado rodeado de figuras femeninas que forman un coro, en tonos azules y dorados que cambian según la hora y el tiempo. En el fondo del escenario, las musas emergen de la pared: la parte superior de sus cuerpos está esculpida en relieve, mientras que la inferior se resuelve en mosaico, cada una con un instrumento musical distinto.

Los dos lados del arco del escenario funcionan como un diálogo entre la música popular y la culta. A la izquierda, un busto de Anselm Clavé, impulsor de los coros obreros en Cataluña, aparece junto a un árbol en flor que alude a una de sus canciones. A la derecha, un busto de Beethoven se acompaña de una espectacular cabalgata de valquirias que salen de entre nubes, en referencia a Wagner. En el foyer y en el piso superior, las columnas cubiertas de flores de cerámica y las lámparas completan una visita que conviene hacer sin prisas.

  • El lucernario invertido de vidrio policromado, en el centro del techo.

  • Las musas del escenario, mitad escultura y mitad mosaico.

  • Las valquirias de la derecha del escenario, en homenaje a Wagner.

  • Las columnas de mosaico del balcón exterior, cada una diferente.

Consejos para la visita

Las visitas diurnas se hacen en grupos con aforo limitado y franjas concretas, así que lo más sensato es reservar con antelación, sobre todo en temporada alta. Si tu viaje lo permite, plantéate además asistir a un concierto: la programación incluye música clásica, coral, flamenco, guitarra y otros géneros, y ver la sala llena cambia por completo la experiencia. Los precios y la programación varían mucho según el espectáculo, por lo que conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.

La luz natural del interior se aprecia mejor en días claros y a horas centrales, cuando el lucernario brilla con más intensidad. Si llegas con tiempo, el bar del foyer, en la planta baja, es un buen lugar para tomar algo y observar la decoración con calma. Presta atención a las indicaciones del personal sobre las fotografías, porque las normas pueden variar según el tipo de visita o si hay un ensayo en marcha en la sala.

Qué ver cerca

El Palau está a pocos minutos a pie de la Via Laietana y de la Catedral de Barcelona, en una zona perfecta para seguir explorando Ciutat Vella. Muy cerca se encuentra el Mercat de Santa Caterina, con su cubierta ondulada de cerámica de colores diseñada por Enric Miralles y Benedetta Tagliabue. Si continúas hacia el este llegas al barrio del Born, con la basílica de Santa Maria del Mar y el Museu Picasso, y desde allí al Arc de Triomf y al Parc de la Ciutadella, ideales para cerrar el día paseando.

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