Un ancla gigante de petrolero vigila el mar en Seroe Colorado

Seroe Colorado, en el extremo sureste de Aruba, fue la zona residencial construida por la Lago Oil Company para sus empleados, y hoy conserva un mirador con vistas al mar abierto y un ancla histórica de gran tamaño rescatada de un antiguo petrolero.

Por

Historia
Antigua zona residencial de empleados de la Lago Oil Company
Elemento destacado
Ancla de casi 5 metros, en recuerdo de los marinos fallecidos en el mar
Ubicación
Extremo sureste de Aruba, cerca de San Nicolas
Vistas
Mar abierto y acantilados de la costa sureste
Ancla histórica cerca de Seroe Colorado, en el extremo sureste de Aruba.
Serge Melki from Indianapolis, USA (CC BY 2.0)

Historia y consejos de visita

Seroe Colorado fue la zona residencial que la compañía Lago Oil construyó para alojar a parte de su plantilla de empleados durante el auge de la refinería de San Nicolas, con viviendas de estilo estadounidense que contrastaban con el resto de la arquitectura local de la época.

Hoy, además de conservar parte de ese trazado urbano particular, la zona ofrece un mirador sobre el mar abierto donde se exhibe un ancla de aproximadamente cinco metros, colocada en 1985, año del cierre de la refinería, en recuerdo de los marinos fallecidos en el mar, un punto de parada breve pero interesante para quien recorre el extremo sureste de la isla.

Los acantilados de piedra coralina, los bufaderos marinos y la costa venezolana

Elevándose sobre las aguas del mar Caribe en el extremo más suroriental de Aruba, la meseta rocosa de Seroe Colorado (Colorado Point) constituye uno de los miradores naturales más agrestes de la isla.

A diferencia de las suaves y concurridas costas arenosas del noroeste de la isla, este promontorio de roca caliza coralina fósil está perpetuamente batido por la fuerza implacable de las olas atlánticas y las ráfagas continuas de los vientos alisios.

A lo largo de la base de los acantilados, la constante erosión marina ha horadado grietas profundas y cavernas sumergidas que funcionan como bufaderos naturales o blowholes: cuando las olas rompientes penetran con fuerza en las hendiduras kársticas, expulsan columnas verticales de agua pulverizada y aire comprimido que se elevan varios metros por encima de las cornisas de piedra con un potente rugido sibilante.

En las mañanas límpidas y sin calima, el mirador ofrece una recompensa visual extraordinaria: oteando el horizonte hacia el sur es posible divisar con nitidez la silueta montañosa de la península de Paraguaná y los cerros de Santa Ana en el litoral de Venezuela, situada a tan solo veintisiete kilómetros de distancia a través del canal marítimo.

El enclave posee asimismo un notable valor histórico militar.

En la cumbre de la colina se conservan las plataformas circulares de hormigón y los parapetos de cantería que albergaron baterías de artillería instaladas durante la Segunda Guerra Mundial para proteger la vital refinería petrolera de San Nicolas frente a incursiones de submarinos del Eje.

En el punto más saliente se alza el faro automático de Seroe Colorado, una baliza marítima fundamental que guía a los buques cisterna y cargueros que surcan las aguas meridionales de las Antillas.

La visita resulta especialmente cautivadora durante la caída de la tarde, cuando los acantilados adoptan tonalidades cobrizas bajo la luz del crepúsculo.

El entorno semidesértico circundante alberga colonias de cactus melón espinoso y pequeñas lagartijas de cola látigo que se camuflan entre las rocas calizas, conformando un paisaje donde la geología litoral y la brisa marina reinan en soledad.

  • Contemplar la costa continental de Venezuela en el horizonte sur durante los días despejados.

  • Observar los bufaderos marinos que lanzan columnas de agua entre las rocas fósiles.

  • Explorar los restos históricos de las baterías de artillería costera de la Segunda Guerra Mundial.

  • Sentir la potencia del viento alisio y el oleaje oceánico batiendo sobre los acantilados de caliza.

Un extremo de la isla muy distinto al turístico

Quien llega a Aruba suele conocer primero las playas de arena blanca y las avenidas de hoteles del lado oeste. El extremo sureste es otra cosa: más seco, más ventoso y mucho más silencioso.

El paisaje abierto, con pocos árboles y mucha roca, revela una cara de la isla que sorprende a los viajeros acostumbrados a la imagen de playa, y que conecta con el carácter árido que domina la mayor parte del territorio.

Esta diferencia no es solo estética. Los vientos alisios soplan con fuerza continua desde el este y modelan la vegetación, que crece baja y retorcida, y el mar de este lado llega con oleaje que no invita al baño en muchos tramos.

Por eso el mirador es un lugar para mirar y escuchar más que para bañarse, con una lección clara sobre el clima de la isla.

La vida silvestre del interior árido

En Aruba viven especies adaptadas a la sequedad, como el shoco, una pequeña lechuza que anida en madrigueras en el suelo y que se ha convertido en un símbolo de la isla, y varias lagartijas que se calientan al sol sobre las piedras.

Con paciencia y un poco de silencio es posible detectar movimientos entre los cactus, sobre todo a primera y última hora del día.

Los cactus columnares y las plantas espinosas forman una vegetación que parece hostil, pero sostiene a insectos, aves y reptiles. Observarlos de cerca, sin tocar ni arrancar nada, ayuda a comprender cómo funciona un ecosistema que depende de lluvias escasas y que se recupera con lentitud de cualquier daño.

Si te acercas al borde, mantente a distancia prudente de los acantilados y no salgas de los senderos o las zonas marcadas, porque el terreno es irregular y el viento puede ser fuerte.

Un sombrero bien sujeto, protección solar y agua suficiente son aliados indispensables en este rincón expuesto de la isla.

Sigue explorando San Nicolas, o descubre también El Gran Carnaval de Aruba. Más contexto sobre el país en nuestra Guía de Aruba.

Para saber más